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Metiendome las bolas chinas

La fría mañana, con lluvias ininterrumpidas, auguraba un día gris. Las conversaciones en la sala de trabajo eran variadas y sin sentido.

Yo trataba de resolver un juego de números de los que aparecen en los periódicos cuando un taconeo conocido me hizo alzar la mirada.

Unos zapatos negros, de tacón mediano, unos jeans ajustados y una blusa ajustada eran los portadores de tan rítmico sonido.

Por un momento pensé, medio en serio medio en broma, que sólo la coquetería femenina hacia que alguien usara una blusa de hombros pelados con este clima, pero pronto me retracté de mis pensamientos al observar la deliciosa forma que creaban los huesos de sus clavículas en su deliciosa piel morena.

Después de media mañana, en el receso del café me puse a conversar con ella y me comentó del estrés que sentía. Caballerosamente me levanté y comencé a darle un masaje en los hombros. Su desnudes y el tamaño de mis manos hicieron de este trabajo todo un juego erótico que ninguno de los dos trató de evitar.

De repente recordé que en mi casillero tenía un par de bolas chinas para masajes. Eran un par de bolas verdes, con dibujos dorados de dragones en ellas y una especie de resortes en su interior que las hacían vibrar con el movimiento.

Dejé a mi compañera un instante y volví con las esferas en la mano y proseguí con mi masaje.

Su excitación y la mía eran evidentes, llevábamos tiempo insinuándonos cosas, y sin embargo no dábamos el paso definitivo ninguno de los dos.

Con un poco de morbo le comenté que esas mismas bolas, unidas por un cordoncito eran las que se utilizaban como juguete sexual, y ella coquetamente me comentó que lo había visto en una película pero que no me quería incomodar con el comentario.

Entre insinuaciones van y vienen le dije que cuando quisiera las podía utilizar, que mi casillero siempre estaba abierto y terminé mi masaje. Dejé las esferas en su sitio y me fui a trabajar escuchando como me decía riéndose: – si no encuentras el juguete es que me lo llevé-.

A la hora de almuerzo yo repasaba mentalmente algunas cuestiones de trabajo cuando me percaté de que mi amiga no estaba en el salón. Casi al final del receso y cuando me disponía a salir la vi entrar con una rara expresión en su mirada. Le pregunté que le preocupaba y me esquivó con cualquier excusa retirándose apresuradamente.

A me día tarde decidí ir a buscarla a su cubículo y me la topé caminando hacia el baño, con paso cadencioso, lento, lo que me decía que seguía preocupada. Cuando nos topamos y le hablé pegó un salto como asustaba y sin decirme nada se metió al baño de mujeres.

A la salida del trabajo pasé frente a su oficina y la observé sentada en su escritorio, ida, como sin pensamientos. Entré a su oficina y le dije que me preocupaba su actitud.

Tuvimos una pequeña discusión en que ella insistía en que la dejara en paz y yo en que me hablara, se levantó de su asiento y me enfrentó por lo que la tomé de sus hombros… su reacción me sorprendió. Se abrazó a mí y rompió a llorar haciéndome una confesión increíble: -tengo las bolas adentro y no me las puedo sacar…-

La sorpresa me duró poco y el morbo se apoderó de mí. Le pregunté como había pasado y me confesó que durante la mañana se fue a mi casillero y las tomó para ver como era el asuntó, fue al baño y se las metió lentamente en su vagina y luego bajó por las escaleras tres pisos sólo para sentir la vibración que producían dentro de ella.

Luego había subido al baño pero por la humedad de su vagina y lo grandes de las esferas (estas eran de masaje no sexuales) no las había podido sacar, y que cada vez que lo intentaba la fricción que le producían dentro de su vagina cuando sus dedos las movían para sacarlas la llevaban de orgasmo en orgasmo, y que a pesar del placer estaba preocupada.

Mi pene quería estallar en mis pantalones ante semejante confesión y sólo acaté a decirle que yo la llevaría al hospital para que la ayudaran. Ella se sonrojó y me dijo que jamás, que ya pensaría en algo, y yo, ya un poco repuesto de la sorpresa inicial me ofrecí de partera para su inusitado intruso.

Pensé que se negaría y me quedé mudo cuando la vi despojarse de sus pantalones, luego de sus bragas y colocarse de espaldas a mí, con sus brazos sobre el sillón y las piernas abiertas para que realizara mi trabajo.

Metí uno de mis dedos en su vagina y sentí las esferas dentro. Estaban empapadas igual que su sexo y resbalaban con facilidad, sin embargo la primera salió al primer intento y mi amiga no pudo ocultar su alegría: -sigue metiéndome los dedos y saca la otra por favor-

A pesar de que sus palabras eran de ayuda desesperada a mi me sonaron llenas de morbo y a pesar de que un par de veces casi logró sacar la esfera, adrede la soltaba para seguir jugando dentro de su vagina.

En un momento con dos de mis dedos, mano palma abajo, logré apresar la esfera. Apreté fuertemente mis dedos hacia abajo, hacia la pared frontal de su vagina y comencé a presionar la esfera hacia fuera. Cuando la esfera estaba asomando hacia fuera me acordé de los sensibles que son las mujeres en ese punto y comencé a hacer vibrar mi mano con fuerza… mi amiga ni siquiera pudo reaccionar, las cuerdas de su sexo se tensaron de inmediato por todo el estímulo recibido durante el día y, con orgasmo o sin él, comenzó a orinarse sobre mi mano entre una serie de gemidos de placer que me hicieron eyacular sobre mi ropa.

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Follame cabrón!!

Mirame…estoy desnuda para ti, quiero que me folles. Aqui y ahora. quiero ser penetrada, sentir tu dura verga dentro de mi. Quieres? Dame rico…abro mis piernas…contempla mi coño rasurado de labios prominentes y brillando por los fuidos que emanan de mi mmmm…si, como en un video porno de youjizz.com, asi…coloca la punta de tu pene en el…asi..abreme mas las piernas, siii…que rico..sieno proxima la penetracion…empujas y mis labios vaginales son separados por tu pene. MI boca entreabierta y mi mirada te dicen que quiero toda tu verga dentro de mi….aahhh siento tu empuje, tu verga me entra sintiendo cada centimetro…aaaahsigue…damela toda…ssiii asi entera aaahh que rica penetracion. Siento mi coño llenarse de tu carne candente…mmmm oohhh ya la clavaste entera…la siento toda…metida dentro de mi…asi penetrada te digo entre grito y susurro follame…siii dame rico, follame duro hasta inundar mi coño de tus mecos…dameee…quiero sentir tu polla palpitar dentro de mi cuando eyacules…hazloooo…..Y tu empiezas…asi…con un meneo vigoroso entras y sales de mi…siento esa verga deslizarse en mi interior..ooh..siiii asiiii..no pares…sigueeee dame sin parar…quiero tu lecheeee…plassh…plashhh..nuestros cuerpos chocan siii ricooo mas mas….no paresss..aaahhhh….aaauuhhhhh ssiiii dame tu lecheee..aahaahhh..ya grito mas que gimo…voy a venirme! siento palpitar tu verga….aaahh siiiiii aaahhh me vengo al mismo tiempo que siento el primer chorro inundar mi coño…mmmque ricooo..aaahhhhhh otro masss…ssiiiiiiiiiiiiiiiiii que ricoooo..ooohh…me quedo extasiada y entre susurros te doy las gracias…necesitaba que me follases.

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Noche de lujuria

Mi amor, sabes te quería contar un sueño que tuve contigo fue tan bonito que casi lo sentí real.

Soñé que estábamos en tu sofá, nos estábamos besando un largo y lindo beso, así seguíamos besándonos, me separé y te dije: quiero hacer realidad tus sueños y ansias más profundas. Quiero que enloquezcamos juntos sin límites youjizz.com, quiero…que tus dedos…se deslicen en mi cuerpo jadeante dispuesto sólo para ti, y que perdamos el nivel de la decencia. Déjame amor, perder el control, endurecer tu anatomía hasta que te duelan los miembros y llegar al máximo clímax de éxtasis hasta desmayar entre tus brazos y enloquecer.

Después de aquello comenzamos a quitarnos mutuamente la ropa junto con cálidos abrazos, yo tenia puesto un tanguita y un vestidito, tus manos comenzaron acariciar mi cuerpo, mis piernas, mientras ibas subiendo mi vestido acercaste tus labios a mis piernas y me distes un beso en cada una, luego fuiste metiendo tus manos más arriba hasta que lograste ver mi tanguita, era gris los que a ti te gustan, aquella sensación de calidez y suavidad que sentías al acariciarme y besarme las piernas te excitaron cada vez más.

Tu pene ya estaba creciendo.

La verdad es que ahora estoy húmeda mientras te estoy escribiendo porque me acuerdo de ello, entonces me seguiste besando las piernas ibas subiendo por ellas, mi vestido ya estaba hasta mi cintura, y tenías a la vista todo, mis piernas mi tanguita en los que se me transparentaba mi sexo, seguiste besándome las piernas, ibas por mis muslos por la parte interna de ellos, tenía tu cara entre mis piernas, y yo las había abierto más. Hasta que llegaste a mi entrepierna y pusiste tus labios en mi tanguita sobre mi vagina, estaban húmedos, calientes… me distes un beso en mis labios vaginales, tu lengua jugaba con mi clítoris, yo reaccionaba apretándote entre mis piernas y mis manos sobre tus hombros y lanzando un cálido gemido, tú ya estabas muy caliente por lo que tuve que acariciar tu pene sobre el pantalón.

Nos pusimos de pie y yo te comencé a quitar la camiseta, y te quitaba el pantalón, te saqué la camiseta y te besé en el pecho, luego te bajé el pantalón y te los quité, te quedaste en calzoncillos y tu pene estaba muy erecto, que sobresalía sobre el, quedando tu duro pene a mi vista, te miré, suspiré y gemí de maravilla, mientras me pasabas tu mano sobre mi vagina, entonces nos volvimos a sentar y me fui a tu entrepierna besándote con más calor, cogí tus calzoncillos por los costados y los tiré hacia abajo sacándolos completamente.

Tu pene, palpitaba por mi, vistes mi clítoris, estaba muy caliente querías sentirme bajo tu pone, así que fui lamiendo tus piernas hasta llegar con mi lengua y mis labios a sentir los de tu sexo, besé tu pene…mmm Qué delicia empecé a pasar mi lengua haciendo círculos sobre él, palpitaba estabas muy excitado, metí tu pene dentro de mi boca y fui recorriéndolo, metiéndomela, sacándomela de mi boca como si se tratase de un chupa-chups de chocolate, que duro y grande estaba, seguí chupándolo por un rato, tu pene estaba muy grueso y duro , lo tomé con mis manos y te acercaste hacia mi, me rozaste con tu glande a lo largo de toda mi vagina, especialmente apretando en mi clítoris, ay… qué placer me hacías sentir haciéndome eso mi amor, luego me cogiste de la espalda y de mi culito y te acercaste hacia mí, abrazándome y besándome fuertemente y haciendo rozar nuestros sexos, yo bajé una mano y tomé tu pene acomodándolo en mi vagina para que me penetres, entonces tu glande quedó ahí rodeado de mis labios sintiendo la humedad y mi calor y comenzaste a empujarlo metiendo tu pene despacio y muy rico, ¡ah! qué cosa más deliciosa, tu pene se iba metiendo dentro de mi, hasta que de un solo empujón me lo terminaste de meter, todo tu pene dentro de mi vagina, tus testículos junto a mi culito.

Así comenzamos a movernos, metiendo y sacando tu pene de mi vagina, ¡ah! Adentro y afuera, tú te movías, me tomabas de mi espalda de mi culo, me cogías mis pechos, ponías en la postura que tú querías, me dabas por detrás, por delante, me dabas de tal manera que pensaba que me ibas a romper, eres como un animal en celo tan bestial tan…mmm…me encanta ser tu presa, tu juguete que esta siempre a tu servicio.

Seguimos así por un buen rato hasta que comenzamos a sentir un maravilloso orgasmo, ¡¡¡ah!!! ¡¡¡ah!! ¡¡¡ah!!!, ¡mmmmm! Qué delicia, venían esas cosquillas esas sensaciones fuertes y placenteras que nos estremecían enteros, ¡uff! ¡ahh!, ¡ohh!, fue un orgasmo intenso fuerte, nos quedamos así, unidos por nuestros sexos, por un buen rato disfrutando de nuestro calor de la suavidad de nuestra piel.

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Mi nueva secretaria

Vanina era una joven secretaria de 19 años con mucho por aprender. Era morocha y tenía un físico estupendo. Simplemente les diré que tiene perfectas lolas y una perfecta cola. Las palabras hermosa/s quedan chicas, por eso solamente diremos que sus tetas y su culo son perfectos. Su pelo es negro como ya dije, y lacio, con un flequillo muy sexy.

Trabajando era realmente muy eficiente y eficaz en todas las tareas que le encomendaban, pero se ve que esto no era lo que le interesaba, ni suficiente para su jefe, el arquitecto Fernández.

Un día, Vanina debía aprender una nueva tarea que no sabía realizar con un toque erotico como un videos porno de youjizz.com. Y que el arquitecto Fernández le tenía que enseñar. Era un martes a eso de las 10 hs. cuando el Sr. Fernández llamó a Vanina diciéndole: “Vanina, venga por favor a mi oficina que le voy a enseñar a utilizar el software para preparar las licitaciones”. A lo que Vanina respondió inmediatamente: “Enseguida voy”. Vanina se acercó a la oficina del Sr. Fernández y se paró en la puerta. “Pasé, adelante” dijo el Sr. Fernández. El Sr. Fernández permanecía en su silla al lado de la computadora. No había ninguna otra silla en la oficina. Vanina se acercó a la PC y se quedó parada al lado. El Sr. Fernández comenzó a apretar unas teclas en la computadora y a explicar simultáneamente algunas cosas referidas al uso del software a Vanina. Sin embargo al poquito tiempo, le dijo en tono de sugerencia: “¿Porque no se sienta?”. Vanina no veía a dónde y efectivamente no había a dónde. “Aquí” dijo el Sr. Fernández, al tiempo que con la palma de sus manos daba golpecitos en sus muslos, dando a entender perfectamente cuál era la “silla” que le esperaba a Vanina. Vanina dudó un instante que duró una eternidad para ambos. Y dijo: “No, gracias. Prefiero quedarme parada”. El Sr. Fernández no insistió y continuó explicándole el procedimiento. Al tiempo, unos quince minutos, volvió a insistir pero con más enfásis. Vanina volvió a dudar, pero esta vez el arquitecto la miró de una forma, que finalmente Vanina accedió, aunque sin pensarlo demasiado a sentarse en sus rodillas. Rápidamente el miembro del Sr. Fernández se empezó a erectar y Vanina comenzó a sentir en su culo, la apoyada del miembro del Sr. Fernández. Vanina trataba de no moverse, mientras el Sr. Fernández continuaba explicándole, pero a veces se hacía inevitable y a cualquier movimiento de Vanina, el Sr. Fernández se ponía aún más duro y erecto. Las explicaciones a nivel técnico cada vez eran peores y el Sr. Fernández parecía concentrado en otra cosa. Luego de otros quince minutos de explicaciones, le pidió a Vanina si podía pararse un segundo con la excusa de que le estaba sonando el celular. Vanina se paró y quedó delante del Sr. Fernández, con el culo prácticamente a la altura de su cara. Fernández atendió la llamada y una vez que finalizó cuando Vanina estaba volviendo a sentarsele encima, este muy rápida de reflejos y sin mediar palabra le subió la falda a la cintura, dejándola en tanguita al aire. La tanguita era blanca. Vanina se sentó en tanguita encima del Sr. Fernández, anonadada por la situación. Ahora sentía plenamente al Sr. Fernández que ya tenía una erección descomunal que no podía disimular.

Por otro lado el Sr. Fernández tenía en su oficina, puesto el aire acondicionado en modo calor al máximo y la alta temperatura ya comenzaba a sentirse en el amibiente. Vanina que todavía conservaba puesto su saco del trajecito “sastre” tipo ejecutiva con el que había ido ese día a trabajar decide sacárselo. El Sr. Fernández la ayuda y esta queda en camisa. Sus pezones estaban bien erectos también. En varias oportunidades el Sr. Fernández se inclinaba hacia delante por encima del hombre de Vanina y echaba una buena mirada a su escote. Llegado un punto le pregunto: “¿No tiene calor? Déjeme ayudarla” y acto seguido sin dejar tiempo a que Vanina respondiera, le desabrochó los tres botones superiores de la camisa. Sus senos ya comenzaban a salir afuera. Su corpiño era muy ajustado y estaba a punto de estallar. Era blanco también. Los botones que faltaban de la camisa, se los desabrochó Vanina misma, ya que dada la situación actual, tres botones más o menos era lo mismo y realmente hacía “calor” en esa habitación. Por eso mismo, una vez desabrochada la camisa, se la sacó y la arrojó a un costado. Quedando en lo sostén.

Ahí el Sr. Fernández le dijo: “A ver Vani, parece un segundito”. Vanina obedeció quedando nuevamente con el culo casi a la altura de la cara del Sr. Fernández. “Dese una vueltita” le pidió este último. Y ella así lo hizo. El Sr. Fernández aprovechó la ocasión para terminar de quitarle la pollerita que para ese entonces la tenía de cinturón. Quedando plenamente en ropa interior, el Sr. Fernández le dijo: “Vani, está no es la bombachita reglamentaria de la empresa. No tiene bordado el nombre como es obligación”. A lo que Vanina contestó: “Sí ya lo sé, es que la empresa se llama “Warsmarstein, Fernández, Baciteh & Asociados” y ese nombre tan largo no entra en las diminutas bombachitas que uso yo”. Fernández: “Bueno, puede ser, puede ser. Por esta vez está disculpada”.

“Bueno continuemos con la explicación” dijo el Sr. Fernández y Vanina volvió a sentarse ahora semi-desnuda encima de él. Claro que la situación era rara, pero ella quería conservar y destacarse en ese trabajo. El Sr. Fernández continuó explicándole hasta completar la explicación de todo el procedimiento. Al llegar al final le dijo: “Bueno vamos a practicarlo ahora. Si te equivocas una vez, te desabrocho el corpiño. Si te equivocas dos veces, te saco la bombachita. Si equivocas tres, bueno no sé todavía”. Vani empezó con el procedimiento venía muy bien, había hechó 10 de los 35 pasos sin equivocarse, pero en el nro. 11 se equivocó y sentadita en el Sr. Fernández esperó lo que se venía. El Sr. Fernández desabrochó su corpiño y sus pechos salieron hacia fuera como liberados. Continuó realizando el procedimiento, mientras el Sr. Fernández le acariciaba los pechos. Luego este se calentó aún más y comenzó a apretarlos fuertemente. Vanina continuó bien, pero al paso nro. 27 del procedimiento volvió a fallar y cumpliendo lo que se había dispuesto se paró delante del Sr. Fernández y espero paradita, que le sacaran la tanguita. Y así lo hizo el Sr. Fernández. Muy suavemente le bajó la bombachita y la dejó completamente desnudita en su oficina. Que pedazo de hembra tenía delante de sí. Cuánta líbido y lujuria le despertaba esta niña de 19 años. Que haría ahora se preguntaba, o hasta dónde llegaría. Vanina permanecía desnuda y parada frente a él, hasta que él dijo: “Bueno, de acá en más no importa cuánto te equivoques o no. Si haces el resto del procedimiento perfecto o no. Lo único que yo sé y que me importa es que me vas a chupar la pija, ¡Ahora!”. Vanina que ya estaba “jugada” se arrodillo y comenzó a mamarle la verga. Mamaba y lo miraba. Mamaba y miraba al Sr. Fernández. Al Sr. Fernández le encantaba que lo miraran mientras le chupaban la pija. Y la forma en que lo miraba Vanina, lo calentaba aún más, de manera especial. Cada tanto, Vani lamía los testículos del Sr. Fernández, cada tanto se metía la verga bien hasta el fondo de su garganta, cada tanto se ayudaba con una mano, ya sea para masturbarlo o hacerle “caricias”, pero nunca dejaba de mamar verga. Estuvo así, unos 15 minutitos chupando, y finalmente el Sr. Fernández acabó sin avisar, en la cara de Vanina que terminó tragando buena parte del semen.

Vanina se limpió un poco y se paró. Amagó a vestirse, pero Fernández le dijo bien clarito: “Que hacés, no te vistas todavía nena, que tengo algunas cositas más por enseñarte”. Ese día por suerte no había más nadie en las oficinas de ese sector de la empresa. Por eso Fernández le ordenó a Vanina: “Anda a la cocina y traéte dos cafés”.

Vanina va desnuda a la cocina, prepara los cafés y los trae luego a la oficina Fernández. Se toman un café cada uno, mientras charlan de distintos temas, como si no hubiera pasado lo que acababa de pasar.

Una vez terminados los dos cafés, el Sr. Fernández decide que es el momento de volver a la acción. Fernández permanece sentado en su sillón, del que nunca se movió. Vanina camina hacia él y se le sienta siguiendo sus indicaciones encima. El Sr. Fernández comienza a penetrarla lentamente al principio. Vanina comienza a subir y bajar al ritmo cadencioso del Sr. Fernández. Vanina va sientiéndo como el pene del Sr. Fernández le entra bien adentro, erecto y hacia arriba. Ella como mujer, pone sus pechos bien a disposición de él, es decir, en su cara. Le pone sus dos tetas en la cara, para que este se vea obligado a lamerlos, cosa que le encantaba sentir a Vanina. La excitaba muchísimo que los hombres cayeran rendidos ante el poder de su poderosa delantera y le encantaba que sambulleran sus caras en sus senos. El Sr. Fernández continúa con su ritmo propio al penetrarla, pero comienza a lamer descontroladamente los pezoncitos de Vanina. Los mismos se erectan cada vez más, y Vani se excita cada vez más. Se humedece cada vez más. Las manos del Sr. Fernández, permanecían firme en el culo de Vani, pero de a poco este empieza a alternar y a tocarle un poco las tetas. Mientras tanto, Vanina subía y bajaba, recibiendo la penetración de su jefe. De tanto subir y bajar, subir y bajar, su jefe finalmente no pudo contenerse más y acabó dentro de ella. Ella también lo hizo jadeando y gimiendo casi al mismo tiempo que él. Se tomaron un momento los dos para gozar del punto máximo del orgasmo y luego, Vanina se bajó de encima de él.

Desnudita como estaba, estaba juntando sus ropas, que estaban desperdigadas por todo el suelo de la oficina. Cuando se estaba yendo, desnuda con su ropa en las manos, hacia el baño para cambiarse, escucha desde su espalda que el Sr. Fernández le dice: “Vanina, sos una gran empleada, seguro vas a hacer una larga y prometedora carrera en esta compañía”. Vanina no le contestó y salió de la habitación.

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Un masaje de lujo

Un teléfono equivocado fue la causa de un placer inesperado.

Buscaba algún lugar en mi ciudad donde me pudieran quitar una contractura en la pierna y un cachete, anote varios teléfonos de las ofertas que vi en internet, pero me equivoque en uno de los anuncios por la foto que allí figuraba, la cual parecía de un sitio de masaje deportivo (Si hubiera leído el texto del mensaje habría comprendido) Solo anote el numero junto a otros números, comencé a llamar a los siete u ocho números que tenia anotados, los tres primeros no estaban disponibles (El verano supongo) Al cuarto numero que llame si me contestaron, era una mujer muy amable y muy simpática, le conté donde tenía mi contractura, desde detrás de la rodilla a la base de la espalda, ella muy amable me dijo que ella me dejaría como nuevo, anote la dirección y la hora de la cita.

Al llegar me recibió la señorita muy amablemente y me indico que me tumbara de espaldas en la camilla, que me desnudara y me cubriera con una toalla, que ella volvería en unos minutos, al regresar me pregunto dónde me dolía, de espaldas oí como se frotaba las manos con abundante aceite, tras lo cual me quito la toalla de golpe y comenzó a masajearme las pantorrillas (Ninguna masajista antes me había dejado sin toalla y mucho menos desnudo) Desde las pantorrillas fue subiendo hasta la parte de atrás de los muslos, masajeándome con mucha soltura yo me sentía muy relajado, al llegar a los glúteos, comenzó a frotarme intensamente y recorriendo todo mi trasero, mi sorpresa fue notar cómo me acariciaba los testículos al llegar al final del recorrido por mi trasero,(Mi pene se puso erecto en un instante y lucho por salir hacia atrás conmigo tumbado boca abajo, mas sorpresa aun cuando comenzó a acariciarme el pene con tanta delicadeza ufff.

Le dije: Esto no parece un masaje deportivo y ella me contesto que si es que no había leído el anuncio, que ella solo daba masajes con final feliz y en el anuncio lo ponía.

Me calle (No lo leí) Me dijo que me diera la vuelta, al momento agarro mi pene y con gran ritmo me lo meneo hasta que eyacule hasta en su ropa, acto seguido le page me vestí y salí a la calle, donde seguía con mi contractura pero estaba la mar de contento.

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Mis amigas

Una tarde, estando sola en mi habitación, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar mis pezones por encima del ligero blusón que llevaba puesto y cada vez más excitada, bajé hasta mi rajita.

Estaba ya muy caliente y húmeda cuando ella, mi mejor amiga, entró. Al sorprenderme en tal situación, me sentí avergonzada pero no dije nada. Ella sólo sonrió y me pidió que continuara, que no me preocupase porque también lo hacía muchas veces.

Que ella me estuviese observando me excitó aún más, así que seguí acariciándome suavemente por encima de la braguita, con los ojos cerrados. Entonces me sugirió que me quitase la poca ropa que llevaba puesta y, sorprendida, la miré y vi que tenía la mano por debajo de su mini y también se frotaba. Yo me negué y le pregunté qué se proponía. Se acercó a mí y me susurró cálidamente al oído que se me veía muy linda. Me besó los labios, tocó mis tetas, luego el sexo y yo suspiré de placer.

En un momento reaccioné, ella era como una hermana y le pedí que parasemos. Pero continuó desnudándome toda. El coñito lo tenía hinchado y mojado como nunca, la calentura me estaba haciendo perder el control.

Nos tendimos en la cama y comenzó a acariciarme los senos, a jugar con ellos. Siguió bajando hasta mi sexo y separó los labios de mi vagina para besar mi sexo. Comencé a suspirar… su lengua inquieta no paró hasta que descubrió mi clítoris que lamió, succionó y con ternura lo contuvo entre los dientes. Le tomé la cabeza con las manos apretándola contra mi vulva. Gemí cuando el orgasmo se desencadenó convulsionándome. Entonces subió por mi vientre lentamente y de nuevo me besó apasionadamente la boca.

En justa correspondencia, su sexo respondió rápido a las caricias y lo apretó contra mi mano. Cuando hube ubicado su clítoris, lo estimulé rápido, de arriba hacia abajo. Me detuve para penetrarla con dos dedos que se deslizaron con facilidad en su interior. Los roté dentro y comencé un mete y saca sensual. Gemía y ver su cara hizo que me sintiera de nuevo excitada. Acercamos nuestras vulvas, podíamos sentir el calor y los perfúmenes que emanaban. Una corriente eléctrica nos recorrió el cuerpo cuando nuestras vaginas se besaron. Comenzamos a movernos con rapidez, chocando clítoris con clítoris, transmitiéndonos intensas sensaciones. Ambas tuvimos el mismo orgasmo, al mismo tiempo mientras los jugos de una y otra se mezclaron en coctel de placer.
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Dos amigas chupando pija

Estas dos amigas unas zorras de mucho cuidado, Lucía, de rodillas, observa a su mejor amiga Marta, arrodillada también, y no acaba de creerse hasta donde han llegado hoy. David, su gran amigo, las mira de pie sin creerse tampoco lo que está pasando.

Marta desabrocha el pantalón de David con sumo cuidado, botón tras botón, bajo la atenta mirada de Lucía. De fondo, a lo lejos, se escucha todavía el murmullo de la gente y el ruido embotellado de la discoteca que está al otro lado del paseo. El ruido del mar y la suave brisa otoñal dotan a la situación de un matiz muy especial.

El pantalón de David cede, dejando ver su bóxer, blanco, que reluce bajo la oscuridad. Marta pone su mano sobre el bulto en crecimiento y acercando sus labios lo mima y lo besa. Lucía no sabe que hacer viendo a sus amigos de esa forma. Tímidamente estira sus manos y levanta la camiseta ceñida de David, que muestra sus abdominales bien formados pero no exagerados, y los acaricia sintiendo su tensión y dureza.

David es el típico cielo de amigo, guapo, buen físico, deportista pero no obsesionado con su cuerpo. Un buen amigo cuando se necesita ayuda, nada egoísta y genial compañero de fiestas. Es moreno, 1.75m, pelo corto, mirada penetrante y labios bien marcados, sin vello corporal.

Tal como si fuese uno de esos videos porno, Marta separa sus rodillas en la fría arena, lo que provoca que su ceñido vestido negro suba por sí solo quedándose a la altura de sus nalgas. Aleja su boca del bóxer y mirando a los ojos de su amigo, comienza a acariciarle el bulto con la mano abierta. No deja de crecer. Marta separa la mano y mira para Lucia, que observaba la acción atentamente. Lucía no se lo piensa dos veces y estira su mano para acariciar por encima del bóxer a David. Su miembro se va formando y endureciendo bajo su mano, y lo aprieta suavemente al sentir una dureza cada vez mayor. Pese a que alguna vez habían bromeado sobre ello, ninguna de las dos esperaba que su amigo estuviese tan bien dotado. No era broma. Mientras Lucía sonríe a David, nerviosa, Marta estira su mano agarrando sus testículos y masajeándolos con la mano entera. David suspira al sentir dos manos distintas acariciándole.

Aunque reina la oscuridad, hay una farola justo encima del paseo de tablas de madera bajo el cual están, que genera varias líneas de luz que se cuelan entre los tablones iluminando la morbosa escena. Sólo los pasos de la gente que pasa por encima les tapa la luz de vez en cuando provocando un efecto de luces sobre los cuerpos.

El pelo liso de Marta es más negro que la propia oscuridad y sus penetrantes y grandes ojos parecen quitados de una serie de anime. Cara redondeada, piel muy pálida con labios finos y rosados. Lucía, cabellos de color miel, labios marcados y ojos claros.

Marta acerca su boca nuevamente y la apoya sobre la suave tela del bóxer, con una serie de besos bastante sonoros. Lucía aparta su mano para dejarle hacer a su amiga, que se retuerce sobre la arena. Levanta sus manos, agarrando los extremos del bóxer, y comienza a deslizarlo suave. Su miembro aparece, su glande sale a la tenue luz y sienten rápidamente el olor y calor que desprende. A medida que su bóxer baja, su polla se va desdoblando y adquiere forma erecta, quedándose como un resorte frente a las atentas y sorpresivas miradas de ambas jóvenes. Su bóxer se queda a la altura del pantalón, por las rodillas. Las chicas se miran, todavía sin asimilar muy bien lo que está pasando. Pero se dejan llevar, arrodilladas ante su amigo, semidesnudo. David permanece pasivo, temblando, nervioso. Es un chico tímido, muy tímido, y le cuesta hasta respirar de lo agitado que está. Sus pulsaciones a un ritmo que nunca ha sentido antes. No se le han visto muchas novias, siempre ha sido un chico más de grupo de amigos que de relaciones con chicas.

Marta estira su mano y agarra firme la polla de David. En ese momento se da cuenta tanto de la dureza como del grosor que tiene, sin duda la más grande que ha tenido nunca en su mano. Comienza a masturbarlo, lo que para su sorpresa provoca que crezca todavía más. El glande se humedece debido a las gotas pre-seminales y produce un leve ruido con los movimientos. David comienza a respirar muy profundamente al tiempo que sus piernas se ponen en más tensión. Lucía observa como su amiga se desenvuelve, con su vestido tan subido ya que deja ver un poco de tanga. También se maravilla de la verga de David, una obra de arte que desea sentir. Espera paciente a que su amiga le de la oportunidad. Nunca ha tenido que compartir a un hombre –y menos una polla- y hace que sea una situación muy extraña. Sin embargo, esta espera le produce un morbo que nunca antes había sentido.

Marta se saca el pelo de la cara. Lucía nunca la había visto tan excitada, bueno, ni siquiera excitada, pues son cosas que ni las mejores amistades requieren. Su amiga tiene sus ojos entre cerrados, y es incapaz de dejar sus labios quietos. Siempre los muerte, los aprieta y sus rodillas no dejan de abrirse y cerrarse en la arena. Durante unos minutos, sigue masturbando a David hasta que finalmente se detiene y cede el turno. Lucía se acerca, bajando mas su cuerpo. Ella no tiene el problema de Marta pues lleva pantalones. Estira su mano y agarra la polla de David, que late caliente a escasos centímetros de su mirada. Lo recorre entera con su mano, disfrutando de su tamaño y tacto, desde el durísimo tallo hasta su mojado y brillante glande. Mientras tanto Marta, con mirada pícara hacia David, eleva un poco su cuerpo y agarra su palabra de honor desde arriba deslizándolo junto con el sujetador, dejando a la vista sus pequeños y redondeados pechos. Sus pezones ocupan la mayoría del seno, son pálidos como la nieve. Lucía se fija en la desnudez de su amiga, en lo duro de sus pezones, en como mira a David ofrecida mientras muerde su labio inferior. No es la primera vez que la ve desnuda, pero es una situación totalmente distinta, está endiabladamente sexy.

David no lo sabe, pero la humedad en las bragas de sus amigas aumenta a un ritmo frenético. Sobretodo en Marta, que vuelve a hacerse cargo de su pene, para masturbarlo agarrándolo con la mano entera. Lucía aprovecha para aligerar su ropa, y desabrocha su blusa blanca, dejando a la vista sus generosos pechos todavía bajo el sujetador, también blanco y sencillo.

Marta se decide a ser la primera en probar a David y acerca su boca, deslizando su mano hacia el tallo. Busca directamente el glande con los labios, sin pausa, dejando que entre. Debe abrir la boca más de lo esperado, debido a su tamaño. Lucía contempla sin decir nada. David gime al sentir la humedad y calor cubriéndolo. La joven empuja su cabeza hacia delante y deja entrar todo lo que su boca admite, moviéndose regularmente y saboreando la zona tan íntima de su amigo. Lo hace ansiosa, y el ruido de sus movimientos succionando se une a los anteriormente descritos. Sus rodillas más separadas y su espalda arqueada, lo que hace que su postura sea todavía más atrevida. A David le cuesta mantener el equilibrio.

La temperatura de Lucía va subiendo, siente una humedad increíble mientras contempla a su amiga mamando de esa manera a sólo unos pocos centímetros. Siente envidia de su amiga y espera su turno ansiosa. En una de las embestidas, Marta retira su boca y dirige el pene, con la mano, hacia Lucía, dedicándole una sonrisa. Nunca se imaginaría recibir eso de parte de su amiga. Pero el morbo y la excitación hoy hacen que todo sea un capítulo aparte. Lucía acerca su boca y comienza a lamer el falo de David, todavía agarrado por la mano de su amiga. Siente su sabor, mezclado con el sabor de bebida favorita de Marta, Malibú con piña. Una vez que llega al glande, lo abarca con sus labios y lo succiona, chupando solo la punta. Mueve la cabeza con movimientos cortos buscando la mirada de David, llena de morbo, excitación e incredulidad. Marta retira su mano y en su lugar acerca sus labios para besar la zona del tallo, mientras Lucía sigue mamando la punta. Las jóvenes se acercan más, rozándose los brazos y los hombros, oliéndose sus perfumes. Marta desliza sus besos más hacia la punta, acercándose a donde se encuentra su amiga. Abre la boca y deja que el tronco se vaya deslizando entre sus labios a medida que se desplaza por el. Cuando llega al glande, algo sucede. Ambas petardas se encuentran besando el glande, y pese a que no es pequeño, no es lo suficiente grande para dos bocas. Sus narices se tocan, intentando respetar cada una su parte, pero sus labios inevitablemente comienzan a rozarse. Poco a poco, el glande de David va pasando a un segundo plano, y los labios de las chicas se rozan cada vez más. Están cara a cara y cada una distingue el brillo de los ojos de la otra. Jadean. Sienten sus respiraciones. Hasta que, agitadas, y sin saber por qué, se buscan. Separándose de David, se besan ansiosas bajo la atónita mirada de él. El ruido de sus labios entrelazándose, sus lenguas buscándose hacen que todo el demás sonido ambiente se apague. Marta agarra de la mejilla a Lucía mientras introduce su lengua dentro de todo. Sus labios se deforman. Se separan, jadeando y se centran nuevamente en David, que está temblando corroído por el morbo. Marta se adelanta otra vez, y comienza a succionar más intenso que antes, intentando llevarla hacia la garganta. Se la cede pronto a Lucía que intenta abarcar lo máximo posible. Se turnan rápido varias veces, muy acarameladas entre si. David jadea y tiembla cada vez más, está recibiendo un placer increíble.

Saben que David no aguantará mucho más. Lucía se pone muy nerviosa, su experiencia con el semen no es muy amplia y tampoco es algo que sea muy de su agrado. Pero conoce a su amiga y sabe que ella no tiene tanto problema en ese sentido, por lo que es más que probable que no vaya a parar hasta que David eyacule. Esto le asusta, aunque por otro lado tener a su amiga a su lado y tratándose de David, le da más confianza. Están cada vez más desatadas, apoyan ahora sus lenguas sobre el glande de David, y levantan la mirada observándolo. Es de largo, la escena más morbosa que ha visto David en su vida, y muy probablemente no haya otra que se le acerque. Marta mueve su mano ahora muy rápido, y Lucía usa solo la boca cuando su amiga le deja. Los jadeos de él son cada vez más evidentes e incluso la más experta Marta se va poniendo nerviosa mientras se acerca el momento. Las bragas empapadas. Lucía busca la mirada de su amiga, la necesita en este momento. Ésta se la devuelve, muy excitada pero sin perder de vista a David, ya que su mirada y gestos le ayudan a predecir cuando se va a venir. Éste se aferra a una columna de madera que soporta el paseo. Siente que se viene, su respiración se entrecorta y pone en tensión todos sus músculos. Marta lo capta y sacándosela de la boca, estira su lengua dejando que su glande se apoye. Su miembro convulsiona fuerte y el primero de los chorros sale deslizándose, a borbotones, y cubre rápidamente su lengua. Esto coge desprevenida a Lucía, que se queda parada en un primer momento. La joven reacciona recordando las escenas que salen en las películas x, y pega su mejilla con la de su amiga, saca la lengua y cuando roza la de su amiga descubre el sabor de David que la impregna. Debe ser el morbo, pero sentir su sabor en ese preciso instante le parece placentero. El segundo chorro, golpea con fuerza el paladar de Marta, que tras tragarlo casi al instante, dirige la punta ahora para Lucía, que, desprevenida, recoge el tercero sobre labios y nariz, para luego abrir la boca nerviosa y recibir el cuarto y quinto íntegros. Lo que más le impresiona es lo caliente que sale y la suavidad de la textura. El sabor, es prácticamente inapreciable. David gime doblado sus rodillas. Marta, que es la que sostiene el pene, lo dirige otra vez para ella, saboreando los últimos segundos del orgasmo de su amigo. Un chorrito de semen discurre por la comisura de Lucía, que todavía tiene lo que ha recogido. Se siente muy nerviosa con eso en la boca y no se atreve ni a escupir ni a tragarlo. A su lado, siente a su amiga deleitándose mientras David jadea casi perdiendo el equilibrio tras un orgasmo memorable. Marta se separa y observa a Lucía, bloqueada, sin saber que hacer con eso en la boca las dos putas se abrazan. Sus cuerpos se juntan y sus bocas se buscan. La lengua de Marta descubre pronto el regalo que esconde Lucía, y la leche de David va pasando de una boca a la otra como en los videosxxx. Es un beso lleno de morbo, y pierden el control fácilmente. Tanto, que Marta se abalanza sobre su amiga, separando su blusa y observando sus preciosos pechos, todavía bajo el sujetador. Se retuerce sobre su amiga con su vestido a modo de cinturón, con la espalda y nalgas al aire, solo tapadas por su minúscula tanga negra. El líquido de David va despareciendo debido a lo intenso del beso. David observa a sus amigas tiradas en la arena, comiéndose los morros de una manera increíble, tras haberle hecho entre ambas la felación de su vida. Están muy alteradas, jadeando, ansiosas de dejarse llevar y descubrir nuevas experiencias juntas. Sin embargo, un inoportuno grupo de adolescentes las alerta, haciendo que se incorporen y se refugien en la zona mas recogida de debajo del paseo. Ahí miran a David, ahora mas tranquilo, sin saber que decir. Vuelven del país del morbo a la realidad. No hay palabras para decir en ese momento, solo se les ocurre vestirse para luego abrazarse los tres durante unos minutos.

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Un beso inolvidable

Es jueves de madrugada. He tenido un día largo y agotador. Estudios, trabajo, otros compromisos…etc. Probablemente mañana me espere lo mismo. No me importa. En este momento nada me importa. Cuando estoy junto a ella el tiempo se detiene. Se detiene hasta tal punto que cualquier pensamiento negativo o preocupación vuela de mi mente igual que una hoja arrastrada por el viento. Ahora lo único que me invade es un sentimiento de “felicidad eterna”. Nada más me importa. Solo ella.

Dos caminos tan diferentes pero a la vez tan iguales, que han terminado uniéndose para formar uno solo. Sentirse comprendida en todo momento, apoyada y sobretodo, protegida. Estando las dos sentadas en un cómodo sofá, ella toma mi mano. La toma y la acaricia con suavidad. Puedo sentir el calor de las yemas de sus dedos abrirse paso sobre mi fría piel. Apoyo mi cabeza encima de su hombro, y dejo que siga. Ella me rodea con su brazo y me acerca hacia ella. De nuevo, despierta en mí ese sentimiento de protección. Todas mis inseguridades han desaparecido por completo. Suavemente me besa en mi frente. Puedo sentir sus cálidos labios sobre mí. Levanto mi cabeza y la miro fijamente. Puedo observar ese brillo especial en sus preciosos ojos. Se acerca a mí lentamente. Ambas abrimos ligeramente nuestras bocas. Siento como sus labios rozan los míos. Cierro los ojos. Puedo sentir como la punta de su lengua se une con la mía. Puedo sentir su humedad en mi boca. Comienzo a juguetear yo también con mi lengua. Lamo ligeramente sus labios mientras acaricio su mejilla. Ella sigue con sus lametones en mi lengua. Nos fundimos en un dulce beso en el que a penas intervienen los labios. Lentamente, comienzo a chupar su juguetona lengua como si se tratase de un caramelo. Ella rodea mi cintura con sus manos y me acerca hacia ella, para así seguir lamiendo mi boca. Y comienza a besarme salvajemente. Muerde mi labio inferior con cariño, me besa con pasión introduciendo toda su lengua en mi boca. Sus manos acarician todo mi cuerpo. Me olvido de todo. El tiempo ha vuelto a detenerse.

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Sus piernas me hacen pone palote

Al cruzar las piernas su falda azul se estiró sobre los redondeados muslos, adhiriéndose a su cobriza piel, como un sugerente guante.

Una sobre otra, las piernas mostraban su torneada esbeltez que se extendía hasta los bien trabajados pies.

Entre las carnes se dibujaba el pasaje oscuro que se perdía en una profunda quebrada de oculto límite.

A medida que los ojos se acostumbraban a la oscura penumbra del paso, cubierto por la cobertura de la tela azul, la mirada adivinaba cada poro en su penetración milimétrica de piel.

La vista ardiente imaginaba suave ese camino de pieles superpuestas, abrumadas de sol, camino al mágico cierre del sendero: el fin, o el principio, de la profunda hendidura, del entonces imaginario camino, y, como colofón del viaje, el velo que, en su pequeña transparencia, cubría las hirsutas defensas de la fisura.

Esculpida en la carne cálida y viva, su aparición rememoraba el recato de Petra en la cobertura de su tesorería, el misterio convocante al mundo de lo arcaico e indeleble.

Ante ese abrupto final, infranqueable desde la perspectiva actual, los ojos detuvieron su inmersión para volver atrás y, en un plano medio, ampliar la mirada por las trabajadas y desnudas piernas.

La falda azul se extendía envolviendo los carnosos perniles que se diluían en las amplias grupas aposentadas en la silla, transmitiendo la sensación de la magnanimidad natural de su cuerpo, del que creía percibir aromáticos efluvios, el que se enangostaba en una cintura casi estrecha para extenderse en un torso que invitaba al ensueño.

La fina blusa y el traslúcido sostén transparentaban los desarrollados senos que culminaban en aureolados y rozagantes pezones, los que enaltecían su apostura.

Más arriba, el grácil cuello daba lugar a una bien formada cabeza con una nariz respingada, ojos almendrados, una cabellera lacia donairosamente aposentada en sus hombros. Sus ojos, casi ocultos tras el macizo armazón de las lentes, dejaban adivinar la fogosa profundidad de su mirada.

Una de sus manos descansaba alerta sobre el libro apoyado en el posabrazo de la silla, la otra asía la lapicera entre sus dientes remedando imágenes ajenas al espacio – tiempo – lugar en que se encontraban.

Traicionado por el viaje de un segundo casi pregunta ¿dónde estábamos…?, pero siguió a duras penas e inconcentradamente con su clase que, a esas alturas, de magistral debía tener poco y nada.

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Follando con una clienta

Volví a la tienda de moda juvenil para cambiar la blusa que regalé a mi esposa en su cumpleaños. Necesitaba una talla más para no sentir sus pechos sometidos a tanta presión o hacer saltar los botones.

El pequeño establecimiento estaba abarrotado de mujeres ávidas de mirar y remirar. Intenté abrirme paso deslizándome entre tantos y tan variados cuerpos femeninos. Y llegué a un punto en el que me quedé aprisionado. Una chica muy joven apretó su cuerpo contra el mío para impedirme el paso. Sólo me respondió que “un momento” cuando le pedí permiso para pasar. No podía avanzar ni volver atrás.

La aglomeración impedía desplazarse si no era siguiendo el movimiento de toda la masa de compradoras. Esperé con mi cuerpo pegado al de la joven. Su cara no llamaba la atención ni por hermosa ni por fea. Su silueta era invisible entre tanta gente. Sólo pude tantear sus dimensiones y su tersura suave y blanda. Mi erección no tardó en aparecer y la coloqué entre sus nalgas.

Una de mis manos sostenía una bolsa, pero con la otra atrapé su cintura y me apreté contra ella para que sintiese el volumen y la dureza de mi sexo. Continuó mirando prendas y colgando alguna que otra en su antebrazo. Confieso que me aproveché para sobarla con una lujuria senil sus caderas y sus glúteos, el vientre, y su costado hasta llegar a un sujetador que me impedía tocar sus pechos.

Tres o cuatro minutos más tarde, me cogió de la mano y zigzagueando entre mujeres con ansias de comprar y algún hombre apático, me llevó hasta las cabinas de los probadores. Tuvimos que ponernos en una hilera de personas que esperaban su turno. Se colocó delante de mi y pegó su cuerpo al mío. Mi erección continuaba, alimentada por tantos roces femeninos y por el deseo de aquella joven desconocida.

No intercambiamos ninguna palabra hasta que estuvimos dentro de la cabina.

– No tengo condones –fue todo lo que dije.

Se agachó y me bajó los pantalones. Besó mi falo erecto y los testículos y su lengua recorrió todo el miembro hasta tenerlo todo bien lubricado. Lo introdujo en su boca y con una mano subía y bajaba el prepucio par darme tanta intensidad de placer que unas gotas de líquido preseminal aparecieron por el agujero del glande. Las saboreó y continuó lamiendo y chupando con tanta lujuria que con la mano libre se acariciaba su vulva por encima de la braguita.

– Voy a correrme en tu boca –le dije.

– No, espera.

Retuve el orgasmo y ella se quitó una braguita blanca de encaje. No pude resistir la tentación de acariciar su chocho. Tenía unos labios mayores muy abultados y duros. Por la raja emergían dos pétalos rosados y en la parte superior el clítoris asomaba a la superficie por sí mismo, como un pequeño óvalo. Mis roces provocaron una mayor lubricación e introduje un par de dedos en la vagina.

Sacó un condón de su bolso y me lo colocó con maestría. Se giró y se apoyó sobre el espejo.

Se la introduje con suavidad o, más bien, ella se la fue metiendo con vaivenes lentos hasta tenerla toda dentro. A partir de ese momento inició un juego de presiones internas con su vagina; la introducía toda y creo que era la entrada de su útero lo que se estrechaba sobre mi glande. Al mismo tiempo atrapaba la base del pene y presionaba intermitentemente. Lo sacaba casi todo y se contoneaba realizando un masaje delicioso sobre mi sexo. Después de unos minutos sujetándome la eyaculación, empezó a tocarse ella mismo el clítoris hasta alcanzar unos delirios que la producían jadeos y suspiros profundos. No aguanté más y se lo dije. Creí lanzar al espacio infinito toneladas de leche; extraer de lo más profundo nuevas oleadas que se descargaban acompañadas de unos sonidos guturales asfixiantes. Al final de mi corrida, ella tuvo su orgasmo. Largo, dulce, intenso, agitado y alocado. Nos quedamos quietos un par de minutos hasta que la erección bajó tanto que mi picha, por sí sola, abandonó aquella vagina juvenil tan deliciosa.

Recogimos las prendas y salimos. Las dejamos sobre una mesa en donde habían más ropas abandonadas. Yo fui a la caja a devolver la blusa de mi esposa. Ella se cogió del brazo de una amiga y salieron a la calle.

Le expliqué a mi esposa lo sucedido.

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