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Metiendome las bolas chinas

La fría mañana, con lluvias ininterrumpidas, auguraba un día gris. Las conversaciones en la sala de trabajo eran variadas y sin sentido.

Yo trataba de resolver un juego de números de los que aparecen en los periódicos cuando un taconeo conocido me hizo alzar la mirada.

Unos zapatos negros, de tacón mediano, unos jeans ajustados y una blusa ajustada eran los portadores de tan rítmico sonido.

Por un momento pensé, medio en serio medio en broma, que sólo la coquetería femenina hacia que alguien usara una blusa de hombros pelados con este clima, pero pronto me retracté de mis pensamientos al observar la deliciosa forma que creaban los huesos de sus clavículas en su deliciosa piel morena.

Después de media mañana, en el receso del café me puse a conversar con ella y me comentó del estrés que sentía. Caballerosamente me levanté y comencé a darle un masaje en los hombros. Su desnudes y el tamaño de mis manos hicieron de este trabajo todo un juego erótico que ninguno de los dos trató de evitar.

De repente recordé que en mi casillero tenía un par de bolas chinas para masajes. Eran un par de bolas verdes, con dibujos dorados de dragones en ellas y una especie de resortes en su interior que las hacían vibrar con el movimiento.

Dejé a mi compañera un instante y volví con las esferas en la mano y proseguí con mi masaje.

Su excitación y la mía eran evidentes, llevábamos tiempo insinuándonos cosas, y sin embargo no dábamos el paso definitivo ninguno de los dos.

Con un poco de morbo le comenté que esas mismas bolas, unidas por un cordoncito eran las que se utilizaban como juguete sexual, y ella coquetamente me comentó que lo había visto en una película pero que no me quería incomodar con el comentario.

Entre insinuaciones van y vienen le dije que cuando quisiera las podía utilizar, que mi casillero siempre estaba abierto y terminé mi masaje. Dejé las esferas en su sitio y me fui a trabajar escuchando como me decía riéndose: – si no encuentras el juguete es que me lo llevé-.

A la hora de almuerzo yo repasaba mentalmente algunas cuestiones de trabajo cuando me percaté de que mi amiga no estaba en el salón. Casi al final del receso y cuando me disponía a salir la vi entrar con una rara expresión en su mirada. Le pregunté que le preocupaba y me esquivó con cualquier excusa retirándose apresuradamente.

A me día tarde decidí ir a buscarla a su cubículo y me la topé caminando hacia el baño, con paso cadencioso, lento, lo que me decía que seguía preocupada. Cuando nos topamos y le hablé pegó un salto como asustaba y sin decirme nada se metió al baño de mujeres.

A la salida del trabajo pasé frente a su oficina y la observé sentada en su escritorio, ida, como sin pensamientos. Entré a su oficina y le dije que me preocupaba su actitud.

Tuvimos una pequeña discusión en que ella insistía en que la dejara en paz y yo en que me hablara, se levantó de su asiento y me enfrentó por lo que la tomé de sus hombros… su reacción me sorprendió. Se abrazó a mí y rompió a llorar haciéndome una confesión increíble: -tengo las bolas adentro y no me las puedo sacar…-

La sorpresa me duró poco y el morbo se apoderó de mí. Le pregunté como había pasado y me confesó que durante la mañana se fue a mi casillero y las tomó para ver como era el asuntó, fue al baño y se las metió lentamente en su vagina y luego bajó por las escaleras tres pisos sólo para sentir la vibración que producían dentro de ella.

Luego había subido al baño pero por la humedad de su vagina y lo grandes de las esferas (estas eran de masaje no sexuales) no las había podido sacar, y que cada vez que lo intentaba la fricción que le producían dentro de su vagina cuando sus dedos las movían para sacarlas la llevaban de orgasmo en orgasmo, y que a pesar del placer estaba preocupada.

Mi pene quería estallar en mis pantalones ante semejante confesión y sólo acaté a decirle que yo la llevaría al hospital para que la ayudaran. Ella se sonrojó y me dijo que jamás, que ya pensaría en algo, y yo, ya un poco repuesto de la sorpresa inicial me ofrecí de partera para su inusitado intruso.

Pensé que se negaría y me quedé mudo cuando la vi despojarse de sus pantalones, luego de sus bragas y colocarse de espaldas a mí, con sus brazos sobre el sillón y las piernas abiertas para que realizara mi trabajo.

Metí uno de mis dedos en su vagina y sentí las esferas dentro. Estaban empapadas igual que su sexo y resbalaban con facilidad, sin embargo la primera salió al primer intento y mi amiga no pudo ocultar su alegría: -sigue metiéndome los dedos y saca la otra por favor-

A pesar de que sus palabras eran de ayuda desesperada a mi me sonaron llenas de morbo y a pesar de que un par de veces casi logró sacar la esfera, adrede la soltaba para seguir jugando dentro de su vagina.

En un momento con dos de mis dedos, mano palma abajo, logré apresar la esfera. Apreté fuertemente mis dedos hacia abajo, hacia la pared frontal de su vagina y comencé a presionar la esfera hacia fuera. Cuando la esfera estaba asomando hacia fuera me acordé de los sensibles que son las mujeres en ese punto y comencé a hacer vibrar mi mano con fuerza… mi amiga ni siquiera pudo reaccionar, las cuerdas de su sexo se tensaron de inmediato por todo el estímulo recibido durante el día y, con orgasmo o sin él, comenzó a orinarse sobre mi mano entre una serie de gemidos de placer que me hicieron eyacular sobre mi ropa.

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Follame cabrón!!

Mirame…estoy desnuda para ti, quiero que me folles. Aqui y ahora. quiero ser penetrada, sentir tu dura verga dentro de mi. Quieres? Dame rico…abro mis piernas…contempla mi coño rasurado de labios prominentes y brillando por los fuidos que emanan de mi mmmm…si, como en un video porno de youjizz.com, asi…coloca la punta de tu pene en el…asi..abreme mas las piernas, siii…que rico..sieno proxima la penetracion…empujas y mis labios vaginales son separados por tu pene. MI boca entreabierta y mi mirada te dicen que quiero toda tu verga dentro de mi….aahhh siento tu empuje, tu verga me entra sintiendo cada centimetro…aaaahsigue…damela toda…ssiii asi entera aaahh que rica penetracion. Siento mi coño llenarse de tu carne candente…mmmm oohhh ya la clavaste entera…la siento toda…metida dentro de mi…asi penetrada te digo entre grito y susurro follame…siii dame rico, follame duro hasta inundar mi coño de tus mecos…dameee…quiero sentir tu polla palpitar dentro de mi cuando eyacules…hazloooo…..Y tu empiezas…asi…con un meneo vigoroso entras y sales de mi…siento esa verga deslizarse en mi interior..ooh..siiii asiiii..no pares…sigueeee dame sin parar…quiero tu lecheeee…plassh…plashhh..nuestros cuerpos chocan siii ricooo mas mas….no paresss..aaahhhh….aaauuhhhhh ssiiii dame tu lecheee..aahaahhh..ya grito mas que gimo…voy a venirme! siento palpitar tu verga….aaahh siiiiii aaahhh me vengo al mismo tiempo que siento el primer chorro inundar mi coño…mmmque ricooo..aaahhhhhh otro masss…ssiiiiiiiiiiiiiiiiii que ricoooo..ooohh…me quedo extasiada y entre susurros te doy las gracias…necesitaba que me follases.

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Noche de lujuria

Mi amor, sabes te quería contar un sueño que tuve contigo fue tan bonito que casi lo sentí real.

Soñé que estábamos en tu sofá, nos estábamos besando un largo y lindo beso, así seguíamos besándonos, me separé y te dije: quiero hacer realidad tus sueños y ansias más profundas. Quiero que enloquezcamos juntos sin límites youjizz.com, quiero…que tus dedos…se deslicen en mi cuerpo jadeante dispuesto sólo para ti, y que perdamos el nivel de la decencia. Déjame amor, perder el control, endurecer tu anatomía hasta que te duelan los miembros y llegar al máximo clímax de éxtasis hasta desmayar entre tus brazos y enloquecer.

Después de aquello comenzamos a quitarnos mutuamente la ropa junto con cálidos abrazos, yo tenia puesto un tanguita y un vestidito, tus manos comenzaron acariciar mi cuerpo, mis piernas, mientras ibas subiendo mi vestido acercaste tus labios a mis piernas y me distes un beso en cada una, luego fuiste metiendo tus manos más arriba hasta que lograste ver mi tanguita, era gris los que a ti te gustan, aquella sensación de calidez y suavidad que sentías al acariciarme y besarme las piernas te excitaron cada vez más.

Tu pene ya estaba creciendo.

La verdad es que ahora estoy húmeda mientras te estoy escribiendo porque me acuerdo de ello, entonces me seguiste besando las piernas ibas subiendo por ellas, mi vestido ya estaba hasta mi cintura, y tenías a la vista todo, mis piernas mi tanguita en los que se me transparentaba mi sexo, seguiste besándome las piernas, ibas por mis muslos por la parte interna de ellos, tenía tu cara entre mis piernas, y yo las había abierto más. Hasta que llegaste a mi entrepierna y pusiste tus labios en mi tanguita sobre mi vagina, estaban húmedos, calientes… me distes un beso en mis labios vaginales, tu lengua jugaba con mi clítoris, yo reaccionaba apretándote entre mis piernas y mis manos sobre tus hombros y lanzando un cálido gemido, tú ya estabas muy caliente por lo que tuve que acariciar tu pene sobre el pantalón.

Nos pusimos de pie y yo te comencé a quitar la camiseta, y te quitaba el pantalón, te saqué la camiseta y te besé en el pecho, luego te bajé el pantalón y te los quité, te quedaste en calzoncillos y tu pene estaba muy erecto, que sobresalía sobre el, quedando tu duro pene a mi vista, te miré, suspiré y gemí de maravilla, mientras me pasabas tu mano sobre mi vagina, entonces nos volvimos a sentar y me fui a tu entrepierna besándote con más calor, cogí tus calzoncillos por los costados y los tiré hacia abajo sacándolos completamente.

Tu pene, palpitaba por mi, vistes mi clítoris, estaba muy caliente querías sentirme bajo tu pone, así que fui lamiendo tus piernas hasta llegar con mi lengua y mis labios a sentir los de tu sexo, besé tu pene…mmm Qué delicia empecé a pasar mi lengua haciendo círculos sobre él, palpitaba estabas muy excitado, metí tu pene dentro de mi boca y fui recorriéndolo, metiéndomela, sacándomela de mi boca como si se tratase de un chupa-chups de chocolate, que duro y grande estaba, seguí chupándolo por un rato, tu pene estaba muy grueso y duro , lo tomé con mis manos y te acercaste hacia mi, me rozaste con tu glande a lo largo de toda mi vagina, especialmente apretando en mi clítoris, ay… qué placer me hacías sentir haciéndome eso mi amor, luego me cogiste de la espalda y de mi culito y te acercaste hacia mí, abrazándome y besándome fuertemente y haciendo rozar nuestros sexos, yo bajé una mano y tomé tu pene acomodándolo en mi vagina para que me penetres, entonces tu glande quedó ahí rodeado de mis labios sintiendo la humedad y mi calor y comenzaste a empujarlo metiendo tu pene despacio y muy rico, ¡ah! qué cosa más deliciosa, tu pene se iba metiendo dentro de mi, hasta que de un solo empujón me lo terminaste de meter, todo tu pene dentro de mi vagina, tus testículos junto a mi culito.

Así comenzamos a movernos, metiendo y sacando tu pene de mi vagina, ¡ah! Adentro y afuera, tú te movías, me tomabas de mi espalda de mi culo, me cogías mis pechos, ponías en la postura que tú querías, me dabas por detrás, por delante, me dabas de tal manera que pensaba que me ibas a romper, eres como un animal en celo tan bestial tan…mmm…me encanta ser tu presa, tu juguete que esta siempre a tu servicio.

Seguimos así por un buen rato hasta que comenzamos a sentir un maravilloso orgasmo, ¡¡¡ah!!! ¡¡¡ah!! ¡¡¡ah!!!, ¡mmmmm! Qué delicia, venían esas cosquillas esas sensaciones fuertes y placenteras que nos estremecían enteros, ¡uff! ¡ahh!, ¡ohh!, fue un orgasmo intenso fuerte, nos quedamos así, unidos por nuestros sexos, por un buen rato disfrutando de nuestro calor de la suavidad de nuestra piel.

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Mi nueva secretaria

Vanina era una joven secretaria de 19 años con mucho por aprender. Era morocha y tenía un físico estupendo. Simplemente les diré que tiene perfectas lolas y una perfecta cola. Las palabras hermosa/s quedan chicas, por eso solamente diremos que sus tetas y su culo son perfectos. Su pelo es negro como ya dije, y lacio, con un flequillo muy sexy.

Trabajando era realmente muy eficiente y eficaz en todas las tareas que le encomendaban, pero se ve que esto no era lo que le interesaba, ni suficiente para su jefe, el arquitecto Fernández.

Un día, Vanina debía aprender una nueva tarea que no sabía realizar con un toque erotico como un videos porno de youjizz.com. Y que el arquitecto Fernández le tenía que enseñar. Era un martes a eso de las 10 hs. cuando el Sr. Fernández llamó a Vanina diciéndole: “Vanina, venga por favor a mi oficina que le voy a enseñar a utilizar el software para preparar las licitaciones”. A lo que Vanina respondió inmediatamente: “Enseguida voy”. Vanina se acercó a la oficina del Sr. Fernández y se paró en la puerta. “Pasé, adelante” dijo el Sr. Fernández. El Sr. Fernández permanecía en su silla al lado de la computadora. No había ninguna otra silla en la oficina. Vanina se acercó a la PC y se quedó parada al lado. El Sr. Fernández comenzó a apretar unas teclas en la computadora y a explicar simultáneamente algunas cosas referidas al uso del software a Vanina. Sin embargo al poquito tiempo, le dijo en tono de sugerencia: “¿Porque no se sienta?”. Vanina no veía a dónde y efectivamente no había a dónde. “Aquí” dijo el Sr. Fernández, al tiempo que con la palma de sus manos daba golpecitos en sus muslos, dando a entender perfectamente cuál era la “silla” que le esperaba a Vanina. Vanina dudó un instante que duró una eternidad para ambos. Y dijo: “No, gracias. Prefiero quedarme parada”. El Sr. Fernández no insistió y continuó explicándole el procedimiento. Al tiempo, unos quince minutos, volvió a insistir pero con más enfásis. Vanina volvió a dudar, pero esta vez el arquitecto la miró de una forma, que finalmente Vanina accedió, aunque sin pensarlo demasiado a sentarse en sus rodillas. Rápidamente el miembro del Sr. Fernández se empezó a erectar y Vanina comenzó a sentir en su culo, la apoyada del miembro del Sr. Fernández. Vanina trataba de no moverse, mientras el Sr. Fernández continuaba explicándole, pero a veces se hacía inevitable y a cualquier movimiento de Vanina, el Sr. Fernández se ponía aún más duro y erecto. Las explicaciones a nivel técnico cada vez eran peores y el Sr. Fernández parecía concentrado en otra cosa. Luego de otros quince minutos de explicaciones, le pidió a Vanina si podía pararse un segundo con la excusa de que le estaba sonando el celular. Vanina se paró y quedó delante del Sr. Fernández, con el culo prácticamente a la altura de su cara. Fernández atendió la llamada y una vez que finalizó cuando Vanina estaba volviendo a sentarsele encima, este muy rápida de reflejos y sin mediar palabra le subió la falda a la cintura, dejándola en tanguita al aire. La tanguita era blanca. Vanina se sentó en tanguita encima del Sr. Fernández, anonadada por la situación. Ahora sentía plenamente al Sr. Fernández que ya tenía una erección descomunal que no podía disimular.

Por otro lado el Sr. Fernández tenía en su oficina, puesto el aire acondicionado en modo calor al máximo y la alta temperatura ya comenzaba a sentirse en el amibiente. Vanina que todavía conservaba puesto su saco del trajecito “sastre” tipo ejecutiva con el que había ido ese día a trabajar decide sacárselo. El Sr. Fernández la ayuda y esta queda en camisa. Sus pezones estaban bien erectos también. En varias oportunidades el Sr. Fernández se inclinaba hacia delante por encima del hombre de Vanina y echaba una buena mirada a su escote. Llegado un punto le pregunto: “¿No tiene calor? Déjeme ayudarla” y acto seguido sin dejar tiempo a que Vanina respondiera, le desabrochó los tres botones superiores de la camisa. Sus senos ya comenzaban a salir afuera. Su corpiño era muy ajustado y estaba a punto de estallar. Era blanco también. Los botones que faltaban de la camisa, se los desabrochó Vanina misma, ya que dada la situación actual, tres botones más o menos era lo mismo y realmente hacía “calor” en esa habitación. Por eso mismo, una vez desabrochada la camisa, se la sacó y la arrojó a un costado. Quedando en lo sostén.

Ahí el Sr. Fernández le dijo: “A ver Vani, parece un segundito”. Vanina obedeció quedando nuevamente con el culo casi a la altura de la cara del Sr. Fernández. “Dese una vueltita” le pidió este último. Y ella así lo hizo. El Sr. Fernández aprovechó la ocasión para terminar de quitarle la pollerita que para ese entonces la tenía de cinturón. Quedando plenamente en ropa interior, el Sr. Fernández le dijo: “Vani, está no es la bombachita reglamentaria de la empresa. No tiene bordado el nombre como es obligación”. A lo que Vanina contestó: “Sí ya lo sé, es que la empresa se llama “Warsmarstein, Fernández, Baciteh & Asociados” y ese nombre tan largo no entra en las diminutas bombachitas que uso yo”. Fernández: “Bueno, puede ser, puede ser. Por esta vez está disculpada”.

“Bueno continuemos con la explicación” dijo el Sr. Fernández y Vanina volvió a sentarse ahora semi-desnuda encima de él. Claro que la situación era rara, pero ella quería conservar y destacarse en ese trabajo. El Sr. Fernández continuó explicándole hasta completar la explicación de todo el procedimiento. Al llegar al final le dijo: “Bueno vamos a practicarlo ahora. Si te equivocas una vez, te desabrocho el corpiño. Si te equivocas dos veces, te saco la bombachita. Si equivocas tres, bueno no sé todavía”. Vani empezó con el procedimiento venía muy bien, había hechó 10 de los 35 pasos sin equivocarse, pero en el nro. 11 se equivocó y sentadita en el Sr. Fernández esperó lo que se venía. El Sr. Fernández desabrochó su corpiño y sus pechos salieron hacia fuera como liberados. Continuó realizando el procedimiento, mientras el Sr. Fernández le acariciaba los pechos. Luego este se calentó aún más y comenzó a apretarlos fuertemente. Vanina continuó bien, pero al paso nro. 27 del procedimiento volvió a fallar y cumpliendo lo que se había dispuesto se paró delante del Sr. Fernández y espero paradita, que le sacaran la tanguita. Y así lo hizo el Sr. Fernández. Muy suavemente le bajó la bombachita y la dejó completamente desnudita en su oficina. Que pedazo de hembra tenía delante de sí. Cuánta líbido y lujuria le despertaba esta niña de 19 años. Que haría ahora se preguntaba, o hasta dónde llegaría. Vanina permanecía desnuda y parada frente a él, hasta que él dijo: “Bueno, de acá en más no importa cuánto te equivoques o no. Si haces el resto del procedimiento perfecto o no. Lo único que yo sé y que me importa es que me vas a chupar la pija, ¡Ahora!”. Vanina que ya estaba “jugada” se arrodillo y comenzó a mamarle la verga. Mamaba y lo miraba. Mamaba y miraba al Sr. Fernández. Al Sr. Fernández le encantaba que lo miraran mientras le chupaban la pija. Y la forma en que lo miraba Vanina, lo calentaba aún más, de manera especial. Cada tanto, Vani lamía los testículos del Sr. Fernández, cada tanto se metía la verga bien hasta el fondo de su garganta, cada tanto se ayudaba con una mano, ya sea para masturbarlo o hacerle “caricias”, pero nunca dejaba de mamar verga. Estuvo así, unos 15 minutitos chupando, y finalmente el Sr. Fernández acabó sin avisar, en la cara de Vanina que terminó tragando buena parte del semen.

Vanina se limpió un poco y se paró. Amagó a vestirse, pero Fernández le dijo bien clarito: “Que hacés, no te vistas todavía nena, que tengo algunas cositas más por enseñarte”. Ese día por suerte no había más nadie en las oficinas de ese sector de la empresa. Por eso Fernández le ordenó a Vanina: “Anda a la cocina y traéte dos cafés”.

Vanina va desnuda a la cocina, prepara los cafés y los trae luego a la oficina Fernández. Se toman un café cada uno, mientras charlan de distintos temas, como si no hubiera pasado lo que acababa de pasar.

Una vez terminados los dos cafés, el Sr. Fernández decide que es el momento de volver a la acción. Fernández permanece sentado en su sillón, del que nunca se movió. Vanina camina hacia él y se le sienta siguiendo sus indicaciones encima. El Sr. Fernández comienza a penetrarla lentamente al principio. Vanina comienza a subir y bajar al ritmo cadencioso del Sr. Fernández. Vanina va sientiéndo como el pene del Sr. Fernández le entra bien adentro, erecto y hacia arriba. Ella como mujer, pone sus pechos bien a disposición de él, es decir, en su cara. Le pone sus dos tetas en la cara, para que este se vea obligado a lamerlos, cosa que le encantaba sentir a Vanina. La excitaba muchísimo que los hombres cayeran rendidos ante el poder de su poderosa delantera y le encantaba que sambulleran sus caras en sus senos. El Sr. Fernández continúa con su ritmo propio al penetrarla, pero comienza a lamer descontroladamente los pezoncitos de Vanina. Los mismos se erectan cada vez más, y Vani se excita cada vez más. Se humedece cada vez más. Las manos del Sr. Fernández, permanecían firme en el culo de Vani, pero de a poco este empieza a alternar y a tocarle un poco las tetas. Mientras tanto, Vanina subía y bajaba, recibiendo la penetración de su jefe. De tanto subir y bajar, subir y bajar, su jefe finalmente no pudo contenerse más y acabó dentro de ella. Ella también lo hizo jadeando y gimiendo casi al mismo tiempo que él. Se tomaron un momento los dos para gozar del punto máximo del orgasmo y luego, Vanina se bajó de encima de él.

Desnudita como estaba, estaba juntando sus ropas, que estaban desperdigadas por todo el suelo de la oficina. Cuando se estaba yendo, desnuda con su ropa en las manos, hacia el baño para cambiarse, escucha desde su espalda que el Sr. Fernández le dice: “Vanina, sos una gran empleada, seguro vas a hacer una larga y prometedora carrera en esta compañía”. Vanina no le contestó y salió de la habitación.

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Un masaje de lujo

Un teléfono equivocado fue la causa de un placer inesperado.

Buscaba algún lugar en mi ciudad donde me pudieran quitar una contractura en la pierna y un cachete, anote varios teléfonos de las ofertas que vi en internet, pero me equivoque en uno de los anuncios por la foto que allí figuraba, la cual parecía de un sitio de masaje deportivo (Si hubiera leído el texto del mensaje habría comprendido) Solo anote el numero junto a otros números, comencé a llamar a los siete u ocho números que tenia anotados, los tres primeros no estaban disponibles (El verano supongo) Al cuarto numero que llame si me contestaron, era una mujer muy amable y muy simpática, le conté donde tenía mi contractura, desde detrás de la rodilla a la base de la espalda, ella muy amable me dijo que ella me dejaría como nuevo, anote la dirección y la hora de la cita.

Al llegar me recibió la señorita muy amablemente y me indico que me tumbara de espaldas en la camilla, que me desnudara y me cubriera con una toalla, que ella volvería en unos minutos, al regresar me pregunto dónde me dolía, de espaldas oí como se frotaba las manos con abundante aceite, tras lo cual me quito la toalla de golpe y comenzó a masajearme las pantorrillas (Ninguna masajista antes me había dejado sin toalla y mucho menos desnudo) Desde las pantorrillas fue subiendo hasta la parte de atrás de los muslos, masajeándome con mucha soltura yo me sentía muy relajado, al llegar a los glúteos, comenzó a frotarme intensamente y recorriendo todo mi trasero, mi sorpresa fue notar cómo me acariciaba los testículos al llegar al final del recorrido por mi trasero,(Mi pene se puso erecto en un instante y lucho por salir hacia atrás conmigo tumbado boca abajo, mas sorpresa aun cuando comenzó a acariciarme el pene con tanta delicadeza ufff.

Le dije: Esto no parece un masaje deportivo y ella me contesto que si es que no había leído el anuncio, que ella solo daba masajes con final feliz y en el anuncio lo ponía.

Me calle (No lo leí) Me dijo que me diera la vuelta, al momento agarro mi pene y con gran ritmo me lo meneo hasta que eyacule hasta en su ropa, acto seguido le page me vestí y salí a la calle, donde seguía con mi contractura pero estaba la mar de contento.

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Mis amigas

Una tarde, estando sola en mi habitación, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar mis pezones por encima del ligero blusón que llevaba puesto y cada vez más excitada, bajé hasta mi rajita.

Estaba ya muy caliente y húmeda cuando ella, mi mejor amiga, entró. Al sorprenderme en tal situación, me sentí avergonzada pero no dije nada. Ella sólo sonrió y me pidió que continuara, que no me preocupase porque también lo hacía muchas veces.

Que ella me estuviese observando me excitó aún más, así que seguí acariciándome suavemente por encima de la braguita, con los ojos cerrados. Entonces me sugirió que me quitase la poca ropa que llevaba puesta y, sorprendida, la miré y vi que tenía la mano por debajo de su mini y también se frotaba. Yo me negué y le pregunté qué se proponía. Se acercó a mí y me susurró cálidamente al oído que se me veía muy linda. Me besó los labios, tocó mis tetas, luego el sexo y yo suspiré de placer.

En un momento reaccioné, ella era como una hermana y le pedí que parasemos. Pero continuó desnudándome toda. El coñito lo tenía hinchado y mojado como nunca, la calentura me estaba haciendo perder el control.

Nos tendimos en la cama y comenzó a acariciarme los senos, a jugar con ellos. Siguió bajando hasta mi sexo y separó los labios de mi vagina para besar mi sexo. Comencé a suspirar… su lengua inquieta no paró hasta que descubrió mi clítoris que lamió, succionó y con ternura lo contuvo entre los dientes. Le tomé la cabeza con las manos apretándola contra mi vulva. Gemí cuando el orgasmo se desencadenó convulsionándome. Entonces subió por mi vientre lentamente y de nuevo me besó apasionadamente la boca.

En justa correspondencia, su sexo respondió rápido a las caricias y lo apretó contra mi mano. Cuando hube ubicado su clítoris, lo estimulé rápido, de arriba hacia abajo. Me detuve para penetrarla con dos dedos que se deslizaron con facilidad en su interior. Los roté dentro y comencé un mete y saca sensual. Gemía y ver su cara hizo que me sintiera de nuevo excitada. Acercamos nuestras vulvas, podíamos sentir el calor y los perfúmenes que emanaban. Una corriente eléctrica nos recorrió el cuerpo cuando nuestras vaginas se besaron. Comenzamos a movernos con rapidez, chocando clítoris con clítoris, transmitiéndonos intensas sensaciones. Ambas tuvimos el mismo orgasmo, al mismo tiempo mientras los jugos de una y otra se mezclaron en coctel de placer.
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Me acuesto con mi suegra

Desde que mi suegra se separó, vive en las casa de sus hijas. Pasa un tiempo con nosotros, luego viaja a quedarse un tiempo con su hija del sur, con el único que no se queda es con mi cuñado.

La verdad a mi no me molestaba su presencia, tenemos una pieza de mas y siempre nos coopera, incluso con dinero, con lo quehaceres del hogar, el cuidado de los niños, aparte que es muy agradable, una mujer en extremo sociable, simpática y nuestra relación siempre ha sido perfecta.

Su nombre es Silvia, es muy extrovertida, sociable, cariñosa, cae bien en todas partes. Siempre me abrazaba, me tomaba del brazo, es muy cariñosa una mujer muy de piel, pero nunca se me paso llegar a algo con ella, jamás. Tiene 64 años, es bonita de rostro, ojos verdes, tes clara, bastante gorda, no muy alta, tiene una prominente barriga, ademas de ser muy culona y con unas tetas enormes. De todas formas reconozco que se me iba la vista hacia esas enormes tetas, sobre todo en verano, en la mañana, cuando con solo su camisa de dormir se paseaba por la casa, luciendo sus generosas tetas ante mi cara.

La rutina de mi hogar comenzaba muy temprano. Mi mujer se levantaba, prendía el televisor de mi cuarto, luego entraba a ducharse y arreglarse, mientras su madre le hacía desayuno a mi hija. Mi hija en ese intertanto, siempre llegaba a acostarse conmigo unos minutos, hasta que llegaba mi suegra a vestirla a mi cuarto. Mi trabajo era solo despertar a mi hija, no me levantaba por que entraba a trabajar mucho mas tarde que mi mujer.

Mi suegra entraba a mi cuarto, vestía a mi hija, ( la vestían ahí , porque mi cuarto tiene aire acondicionado) , donde luego se tomaba su leche y esperaba que su madre estuviese lista para llevársela al colegio para luego irse a su trabajo. Era en ese momento, cuando la vestía, donde mi suegra me daba un show de tetas todos los días. Al andar con su bata abierta, su camisa de dormir, cuando se doblaba para vestir a mi hija, sus enormes tetas colgaban sin brasier, dándome una perfecta visión de ellas colgando al costado de mi cama, imaginándome que a cada rato se le escapaba una, dejándome con una tremenda erección.

Era una rutina de todos los días. Las dos salían muy temprano y yo me quedaba solo con mi suegra, ya que entraba mucho mas tarde a trabajar.

Una mañana cualquiera, ahora de invierno, hacia mucho frio, estaban dando una noticia muy importante en la televisión, mi suegra se sentó junto a mi hija y se tapo para ver la noticia. Luego mi mujer ya lista, se despide de mí y se va con mi hija. Mi suegra se quedó tapada a mi lado y nos quedamos comentando la noticia. Yo, como siempre, me volvía a dormir, ya que me quedaban al menos una hora más para recién comenzar a levantarme. Ese día mi suegra no se fue a su cuarto, obviamente volver a su cuarto frio, mientras el mío estaba con el aire acondicionado, temperado y ella muy friolenta, se quedó en mi cama. Cuando me levante, mi suegra dormía a mi lado.

Esto se repitió un par de veces, incluso salieron bromas al respecto que mi suegra se acostaba con su yerno, cuando su hija se iba . Ella argumentó que cuando volvía a su cama esta estaba muy helada ( mi suegra es en extremo friolenta), mientras que la nuestra , se mantenía caliente.

Y así, se fue transformando en una rutina diaria, mi suegra luego de atender a mi hija, y mi mujer se iba, en vez de irse a su fría cama, se quedaba acostada a mi lado, a ver televisión, mientras yo dormía.

En un principio lo hacía con su bata de levantarse, algo sentada en la cama, pero ya después, con mas confianza, se sacaba la bata y se acostaba con camisa de dormir, bien tapada.

Las mañanas amanecían cada vez mas heladas, hasta que una de estas llego la temperatura a bajo cero. Un frio polar, los vidrios del auto con hielo, y luego de la rutina del día, mi suegra que había estado levantada, harto rato, pasándole la mochila y colación a mi hija, llegó a mi cama, se acostó a mi lado y se replegó a mi espalda, en busca de calor. Estaba muy helada, me dijo que tenía mucho frio. Me quede dándole la espalda a mi suegra, sintiendo como el frio cuerpo de ella se apegaba con el mío, en busca de calor

Sentí sus grandes tetas en mi espalda y como apegaba su cuerpo hacia mí, abrazándome por detrás. Yo soy muy acalorado para dormir y como no me había levantado en ningún momento estaba muy calientito mi lado.

A pesar de ser mi suegra, su edad y su gordura, era una mujer distinta en mi cama, mas el espectáculo de tetas que me daba todos los días, comencé a desear tener algo con ella. Ya al otro día estaba esperando que mi suegra se metiera a mi cama y que me rozara su cuerpo, me excitaba sentir su cuerpo rozarse con el mío, pero esta vez yo estaba de espalda. Mi suegra se mete a mi cama y de inmediato se apega a mi cuerpo en busca de calor, incluso pasa una de sus gruesas piernas por sobre las mías diciéndome lo helada que estaba. Yo, ya aprovechando que era ella la que actuaba como si fuera lo más natural del mundo, le tome la pierna con mi mano caliente, como para darle calor. Ella hizo el comentario de lo caliente que estaba mi mano y lo fría que estaba su pierna, no molestándose para nada con mi actuar, pidiéndome que se la colocara en la rodilla. Teníamos la confianza de tocarnos habitualmente, por lo que no le pareció nada raro. Pero pasó lo que tenía que pasar. Mi suegra con su pierna sobre mí y mi verga con la presión y calentura, se fue despertando cada vez más.

De todas formas estaba algo nervioso, si o si era la madre de mi mujer, pero no hice nada para evitar el contacto. Pensé que ella al darse cuenta de lo que estaba pasando la sacaría, pero no lo hizo, la dejo sobre esta. Nos quedamos así sin movernos hasta que sonó mi despertador y me tuve que levantar. Claro está que en la ducha no me quedo otra opción que masturbarme como un mono pensando en mi suegra.

Ya me tenía completamente caliente mi suegra, como era posible que ella no se diera cuenta lo que me estaba haciendo. Pensé quizás hasta el gustaba provocarme de esa manera y decidí jugármela un poco mas y ver hasta donde llegaría ella.

Al otro día pasó lo mismo. Mi mujer estaba saliendo de la casa, sabía que mi suegra llegaría a mi lado. Se mete a mi cama a ver televisión y apegarse a mí, yo de espalda y su pierna sobre mi verga. Al poco rato ya me la había levantado y ella actuaba como si nada. Me levanté al baño, pasando delante de la televisión, para que viera a su yerno con su verga semi erecta. Fui al baño y luego a la cocina a buscar un vaso de jugo. La idea era enfriarme lo suficiente y llegar yo ahora en busca del calor de mi suegra. Entre a mi cuarto, mi suegra en la cama mirando la televisión. Entre hablando del frio monstruoso que hacia afuera, con el cuerpo completamente helado. Me metí a la cama y le dije que ahora ella me diera calor a mí.

– Deme la espalda suegrita que vengo congelado

– Ufff mijito, mire que viene helado , métase acá

– Ohhh que manera de hacer frio hoy

– Si .. cada vez amanecen mas heladas las mañanas .. ufff que viene helado, como no se puso bata

– Es que no pensé que hacia tanto frio, pero luego entro en calor

Con mi cuerpo helado, me apegue a la espalda de mi suegra en busca de calor abrazándola por la cintura y apoyándole la verga en el culo, moviéndome como si buscara su calor, pero apegándole bien la verga contra el culo. A los 10 minutos, de estar apegado al tremendo culo de mis suegra, mi verga se había despertado, ya había entrado en calor, pero de todas formas no la soltaba y cada cierto ratos me acomodaba, apegándole más la verga al generoso culo de mis suegra, que mas que seguro ya se debe haber dado cuenta que era lo que sentía apegado a su enorme culo. Esa mañana no pasó nada más, y nuevamente me tuve que levantar y masturbarme en la ducha recordando el culo de mi suegra. Era imposible que ella no se hubiese dado cuenta que le había rozado la verga en su culo.

Luego llego el fin de semana, obviamente no paso nada, mi mujer no trabajaba, no había colegio. No noté ningún cambio en mi suegra, actuaba como si nada hubiese pasado, mientras yo esperaba con ansias la mañana del día lunes, hasta que llegó. La misma rutina, mi mujer se va y mi suegra se mete a mi cama, yo esperándola con la erección que nos caracteriza en las mañanas. Nuevamente venia helada, se sacó la bata, se metió a mi cama y restregó su cuerpo contra mi espalda en busca de calor. Sentí sus grandes tetas apoyadas en mi espalda y su mano fría en mi estómago.

Más dura se me puso sintiendo esas manos tan cerca de mi sexo. Pero luego de unos minutos, sorpresivamente se da vuelta y me pide que la abrace por detrás para darle calor en la espalda. Como estaba, era imposible que mi suegra no me sintiera la verga en su culo, pero no tenía excusa para no hacerlo.

Me moría de ganas de colocárselo en el culo, aunque igual me daba algo de vergüenza que notara mi erección ahora si que levantada y dura, por lo que no tuve más remedio que abrazarla por detrás, pero evitando el contacto de la parte de abajo, sin embargo, ella misma hecha su enorme culo hacia atrás y se encuentra inevitablemente con la tranca de su yerno en su máximo esplendor.

Con una suave exclamación o sonido, dio un pequeño aviso de que lo había notado, pero no lo retiró, quedándose quieta y actuando como si nada pasara. Yo tampoco me movía, solo me quedé quieto, con mi verga aprisionada contra las generosas nalgas de mi suegra, disfrutando del contacto. Pasaron unos cinco minutos sin que ninguno de los dos se moviera, pero la presión de nuestros cuerpos no hacía otra cosa que ponérmela más dura aun. Sabía muy bien que ella sentía la enorme presión que mi verga estaba haciendo con su culo. De haberse sentido ofendida o incomoda, se hubiese movido, pero no estaba ahí quieta, hasta que se movió un poco acomodándose, momento en que yo también me moví. Ambos presionamos nuestro cuerpo contra el del otro, quedamos más juntos aun. Me costaba respirar para no demostrar lo excitado que estaba, pero aprovechándome de la situación, pase mi mano dejándosela en su vientre. Ella me tomo la mano y vuelve mover su culo, haciendo más presión y yo ya comenzando a sentir que ella estaba dándome la pasada, también me acomode, restregándole fuertemente mi verga contra su culo. Sentí su mano apretar la mía, pero no cambio de posición. En silencio, mi suegra sabía lo que estaba pasando y no hacía nada por detenerlo. Me quede expectante a ver qué hacia mi suegra, si volvía a mover su culo hacia atrás, era señal que lo quería y yo, sin lugar a dudas, se lo daría.

Un par de minutos y mi suegra no cambiaba de posición, no se movía, ni me decía nada, solo me acariciaba la mano. Expectante a ver su reacción, tímidamente me moví solo un poco hacia atrás separándome solo un poco y ella descaradamente mueve el culo hacia atrás, en busca de lo que hace rato tenia apoyado contra sus nalgas. Enseguida me apoyé contra ella, no una, sino, dos veces seguidas y en respuesta ella lo vuelve a mover, dándome la señal que necesitaba.

Comencé a moverme muy lentamente, casi imperceptiblemente, apoyándome suavemente contra las nalgas de mi suegra y ella también siguió el juego, moviéndose suavemente hacia atrás, casi imperceptiblemente, sin embargo al rato, su respiración comenzó a traicionarla, dando muestras de que estaba excitada. Ya eran más que evidentes mi empujones contra el culo de mi suegra y ella su movimiento de culo hacia atrás, hasta que luego de un rato, ya no había nada que ocultar, mi suegra estaba disfrutando las caricias que la verga de su yerno le hacía contra su culo. Descaradamente me estaba punteando a mi suegra y ella se movía como si estuviésemos follando muy suavemente. Solté la mano que me tenía tomada, y se la coloqué en el culo, sin embargo ella me la volvió a tomar y al coloco en su vientre apretándomela fuertemente. Varias veces más intente zafarme, pero ella no me lo permitía. Quise llevar la mano a una de sus tetas y tampoco me dejo. Cada vez mis empujones eran más fuerte y la respiración de mi suegra, más agitada, estaba excitada, pero me tenía la mano fuertemente apretada, sin soltármela, aunque ya estaba entregada al placer de sentir como su yerno se frotaba fuertemente contra sus grandes nalgas

Mi despertador sonaba una y otra vez y ni siquiera lo paraba para no soltar a mi suegra. Entre suaves gemidos ella me decía que parara y que me fuera a trabajar, pero yo continuaba frotándome contra ella, hasta que sorpresivamente me dice – Acaba y vete a trabajar -.

No podía dar crédito a lo que había escuchado. Caliente como estaba , mas ahora con su permiso, con más fuerza aun la abracé y apreté fuertemente mi verga contra sus grandes nalgas descaradamente, dándole fuertes empujones como si realmente me la estuviese follando, hasta que no quise aguantarme más y comencé a soltar mi semen, gimiendo ambos calladamente disfrutando ambos del climax del encuentro. Recién ahí, luego de un rato nos soltamos, no dijimos nada, mi suegra dándome la espalda nunca me miró. Me levanté y al salí de la cama, pude ver el culo manchado con semen, que aun estando dentro de mi pijama, había traspasado la tela y le había mojado su camisa de dormir.

Salí de la ducha, me vestí y me fui, sin intercambiar ninguna palabra con ella, que simulaba dormir en mi cama.

Al llegar en la tarde, su trato conmigo fue como siempre, nada extraño, como si nada hubiese pasado. Esperaba con ansias que fuera la mañana del otro día, la rutina diaria y si mi suegra se volvía a meter a mi cama, al fin gozaría con sus deliciosas carnes.

Amaneció, comenzó la rutina diaria, mi suegra vistiendo a mi niña en mi cama, mientras sus enormes tetas colgaban ante mis ojos, deseando ya saborearlas de una buena vez. Mi ingenua mujer se despide, sale de la casa y me quedo solo en mi cuarto, esperando a mi suegra. Desconecté el despertador para que no me interrumpiera en caso de tener suerte y esperé a mi suegra ya con la verga parada.

Me hice el dormido para que no le diera vergüenza y unos después de minutos que mi mujer se va, siento como mi suegra se mete a mi cama, dándome la espalda sabiendo perfectamente lo que pasaría. De no haberlo querido no se hubiese metido , era obvio. Me doy vuelta, la abrazo por detrás y ahora me voy con todo. Le agarró las tetas y aunque trata de sacarme las manos, me aferre a ellas y no le quedo más opción que dejarme que se las tocara a mi antojo. De inmediato comenzamos a movernos como si me la estuviese cogiendo por detrás, ambos calientes ya sin nada que ocultar.

Al fin tenia esas enormes tetas entre mis manos, se las apretaba fuertemente por sobre la tela de su camisa de dormir, eran exquisitas, tremendas tetas se gastaba mi suegra que al fin eran mías. En un morboso magreo al cuerpo de mi suegra, me baje los pantalones de mi pijama y me dedique a agarrarle el culo, carnoso, enorme, deseando ya estar dentro de ella.

Con mi pantalón en mis rodillas, le levanté la camisa de dormir y por sobre sus enormes calzones se la restregué un rato. Pero cuando intentaba tocarle el coño o bajarle los calzones, se espantaba y me pedía con tono autoritario que no lo hiciera. Fue bastante autoritaria al decirme que solo era un faje para sacarnos las ganas, pero que de ninguna forma pensara que le sería infiel a su hija dejándose follar. A las finales no conseguí follármela, tampoco que me tocara o que se dejara chupar las tetas, solo me dejo manosearla por sobre la ropa e igual que el día anterior, tuve que acabar en sus calzones, dejándoselos todos moqueados, fue muy rico, pero de follarla o chuparle las tetas, ningún avance

Así pasó la semana, todas las mañanas mi suegra se metía a mi cama, me dejaba agárrale el culo y las tetas y rozarme con ella, ambos disfrutábamos, pero cada vez que intentaba algo nuevo, me detenía bruscamente, al punto de enojarse. Disfrutaba manosear a la vieja y dejarle todo el culo y las piernas moqueadas, pero me estuvo molestando la situación que no se dejara follar ni chupar, incluso el jueves, al ponerme tan insistente y no hacerle caso, tratando de bajarle los calzones, se levanto enojada y se fue a su cuarto, dejándome caliente y también molesto.

Fue el día viernes donde logre un gran avance. La misma rutina de todos los días, hasta que quedamos solos. Haciéndome el dormido, mirando hacia la ventana, siento cuando ella se mete a la cama. Al ver que no me colocaba detrás de ella, se da vuelta y me abraza ella, preguntándome si estaba enojado. Le dije que sí, que me molestaba la situación que me dejaba caliente al no dejar avanzar. Me dice que no podía hacerle eso a su hija, que ya lo que hacíamos era inconcebible, pero que de todas formas , le gustaban mucho nuestros encuentros. Me dijo que hace años no sentía esa excitación, que lo disfrutaba, pero que no podía dejarse follar por el esposo de su hija. Yo me mostraba indiferente, hasta que sentí como su mano bajaba de mi vientre hasta llegar a mi entre pierna. Ya con solo sentir su mano bajando lentamente, acariciarme los pelos mi verga despertó inmediatamente hasta que por primera vez, mi suegra me agarra la pija por sobre la tela , con una de sus manos y me comienza a masturbar lentamente. Era delicioso sentir su gorda y pequeña mano acariciarme con suavidad mi verga, sintiendo como ella también disfrutaba de ese nuevo contacto. Me quede dándole la espalda disfrutando de la suave masturbación que ella me regalaba, hasta que me di vuelta y me fui contra sus tetas. Primero se las chupe por sobre la tela, sintiendo su duro pezón en mi boca, hasta que le baje los tirantes de su camisa de dormir y conseguí sacarlas afuera, devorándomelas al fin. Me moría de ganas de comerle las tetas a la vieja y al fin las tenia ahí todas para mi, grandes, enormes, deliciosas. Como un animal se las chupe fuertemente, apretándoselas, restregando mi cara contra ellas. Mi suegra de espaldas no puso reparo en eso, al contrario, se quedo con sus enormes tetas al aire, disfrutando de ver a su yerno devorárselas con tantas ganas.

Me harte de chuparle las tetas a mi suegra, las tenía tan ricas, su olor, su sabor, que pedazos de carne más rico tenía en mi boca, muy blancas de aureolas rosadas y pezones muy marcados. Se las apretaba con ambas manos, restregaba mi cara contra ellas, le chupaba fuertemente los pezones, mientras mi suegra acariciaba mis cabellos, excitada disfrutando de las chupadas. Semi acostado sobre ella, baje una mano hasta sus piernas, y se la metí dentro de su camisa de dormir llegando hasta su sexo. Nuevamente su mano me retuvo la mía, pero luego de un rato ya fue cediendo y mi mano llego hasta su calzón, encontrando a través de los pliegues de su calzón, sus abultados labios vaginales, con una humedad que traspasaban la tela.

Comencé a frotárselo muy fuertemente, masturbándola ahora yo a ella. Ahí mi suegra cambió rotundamente, comenzó a moverse y a gemir mas fuerte tratando de sacarme la mano, pero con fuerza me mantuve ahí, metiéndole incluso un dedo en esa parte que cada vez estaba más mojada. Comenzó a jadear más y más fuerte, hasta que gimiendo muy fuertemente, dejó de luchar y comenzó a acabar, cerrando las piernas , dejando mi mano apretadas entre ellas, moviéndose de lado a lado, con sus tetas al aire, mientras su yerno no dejaba de frotarle su sexo. MI suegra alcanzo un gran orgasmo pero a pesar de estar ambos muy caliente, tampoco me dejo follarmela, solo se quedo ahí con sus tetas al aire, dejándome chupárselas y manosearla por todos lados , solo restregándome contra ella, tuve que acabar. Ya más calmada, me pidió disculpas por no dejarse follar, que la comprendiera que era una mujer muy abandonada en ese aspecto hace años, que lo necesitaba y que le encantaría poder llegar mas allá , pero que no podía dejarse follar, solo por su hija que si no la cosa sería muy distinta.

Llegó el fin de semana y obviamente nada pasó. Entré a la cocina, mi suegra lavaba los platos, mi mujer había ido a comprar y colocándome atrás de su enorme culo, le agarré las tetas y me la punteó por detrás Mi suegra se enfadó muchísimo, me dijo que por ningún motivo lo volviera hacer, que eso estaba completamente prohibido, porque en cualquier descuido, su hija nos pillaría. La entendí.

Llegó el anhelado lunes. Estaba más que caliente que nunca esperando a mi suegra en la cama. Mientras mi mujer se duchaba y ella vestía a mi hija, mis ojos estaban pegados en las tetas de mi suegra que se reía y se trataba de cubrir. Ansioso esperaba tener nuevamente esas tetas en mi boca hasta que al fin, mi mujer se despide y se marcha. Acostado con la verga parada, espero ansioso la llegada de mi suegra a mi cama. Al fin aparece en el cuarto, se saca la bata, mostrando su voluminoso cuerpo dentro de su camisa de dormir y antes de acostarse a mi lado, me dice que me porte bien, riéndose. Pero apenas la tuve ahí, de inmediato la abracé y como un pulpo mis manos se fueron contra su cuerpo, agarrándole las tetas y el culo a mi antojo. Al poco rato la camisa de dormir de mi suegra estaba toda levantada y mientras con una mano le acariciaba la concha, con la otra le tocaba las tetas chupándoselas fuertemente.

Mi suegra con los ojos cerrados, disfrutaba del faje que le hacia su yerno, hasta que intentando algo nuevo me saque todo y arrodillándome al lado de su cara, le trato de poner la verga en la cara. Ella se rió, permaneció con los labios cerrados mientras yo se la pasaba por estos, hasta que abrió la boca y comencé a metérsela por ahí. Al principio lo hacía mal, se reía pero luego la risa se fue y la vieja comenzó hacerlo mejor y a disfrutar al hacerme una mamada exquisita, mientras yo le amasaba las tetas.

Se volvió habitual esa práctica, aparte que le encantaba hacerlo. Todas las mañanas mi suegra me hacia un fabuloso sexo oral, nos masturbábamos uno al otro, me permitió sacarle la camisa de dormir, pero no los calzones, Me montaba sobre ella metiéndosela a la boca y acababa sobre sus grandes tetas dejándoselas todas moqueadas, algo que a ella le encantaba, pero de penetración, nada. Hasta que un día, mientras estaba montado sobre ella chupándole las tetas, ella con sus piernas abiertas, baje y me fui de una a su sexo, restregándole la cara por sobre la tela mojada. En un principio quiso sacarme, pero al no poder hacerlo, aun algo nerviosa, se dejo. Le corrí ese calzón de vieja hacia un lado y por primera vez vi se concha peluda que solo había tocado, de pelos largos de color claro, de labios largos y arrugados, los que devoré con pasión. Mi suegra se entregó al placer y gemía deliciosamente sintiendo al lengua de su yerno invadir su intimidad. Le tomé los calzones y se los bajé. A medio camino se los agarró impidiéndome bajárselos, le mentí diciendo que era para chupársela mejor, me dijo que si, pero que no era para follar, obviamente mentí y le dije no me la follaría.

Terminé de sacar esa última prenda, dejando a la gorda tetona y culona de mi suegra completamente desnuda, con sus piernas abiertas, mostrando toda su concha ante mis ojos. Me sumergí de nuevo entre sus piernas y ahora si que se la comí con ganas , abriéndole los labios, metiendo mi lengua lo más adentro posible, apretándole el pliegue de sus nalgas, sintiendo mi barba mojada con sus jugos y mi saliva, hasta que volví a sus tetas. Ella trató de cerrar las piernas pero no la deje, con las mías se las abría. Ella me pedía desesperada que no se la fuera a meter, y yo le decía que no, pero acomodándome buscaba la mejor posición, hasta que mi verga roza su sexo, y comienzo a moverme tratando de penetrarla. Me decía – ¡no! , ¡no! , ¡Carlos, por favor no me la vayas a meter!- , – Solo por fuera suegrita – , – ahhh no lo hagas – , pero ya era tarde. Apenas sentí que estaba en una buena posición, presioné un poco y la cabeza de mi verga entró inevitablemente en la mojada y abierta vagina de mi suegra. – ¡Esta entrando!, ¡sácala! – , pero escuché métela y sabiendo que estaba entrando en el lugar correcto, la agarré del culo , deje caer todo mi peso y mi verga se sumergió en el interior de su cuerpo. – ¡Dios mio, Carlos que hiciste! , como si no supiera que terminaríamos así , – Ya no hay nada que hacer suegrita, ya es mia –

Mi suegra no tuvo más remedio que entregarse a las perversiones de su yerno. Ya mi verga estaba por completo metida en su olvidado coño y le encantaba. Gemía como si le fuera a dar un infarto, quejándose de placer, con sus gruesas piernas abiertas a más no poder, desparramada en la cama, sus enormes tetas cayendo hacia los lados y yo afirmándome de su culo y metiéndosela una y otra vez. La coloqué de lado, le levanté la pierna y continué perforándola pro detrás, claro que ahora tenía acceso a una de sus tetas – Que ganas tenia de estar asi contigo – , – ahhhhh ahhh, que rico, no se cuantos años que no me cogían – , – ahora recuperaremos el tiempo perdido – , -ahhh mmm que rico se siente – .

Me coloque de espaldas y le pedí que se subiera. No era muy ágil en sus movimientos. Su gordura y sus años se notaban, hasta que se montó sobre mí, con sus enormes tetas colgando, bamboleándose de lado a lado, riéndose de verse tan expuesta ante su yerno. Me las colocó en la cara y mientras se las chupaba, le agarraba su enorme culo saciando mis más morbosos deseos de tener a la madre de mi esposa completamente para mí. Permaneció arrodillada sobre mí, dejándome tocarla por todos lados. Su barriga suelta también colgaba, pero el morbo de estar con ella me hacía verla como una atractiva hembra. Apenas me daban los brazos para abarcar semejante culo. Me imaginaba como se vería por detrás, cuando se lo apretaba y se le abrían las nalgas. Se acomodo sobre mi verga y se la comencé a meter afanosamente, mientras sus tetas chocaban contra mi cara. Luego la hice sentarse, donde mi verga se perdió entre sus carnes. Por su gran peso, poco podía moverme, por lo que ella comenzó a moverse de adelante hacia atrás, siempre con sus ojos cerrados y rostro arrugado, sintiendo placer a más no poder. La verdad es que mi suegra tenia la concha muy abierta y muy jugosa, y mi verga le entraba sin ningún problema, por lo que poco sentía, era más el morbo de verla así, pero quería mas y luego de un rato le pedí que cambiáramos.

– Ven , colócate así – , – ¿Cómo?- ,- así , en cuatro patas- , -no así no, me da vergüenza- , -ven quiero tenerte así- , -bueno, que locura ja ja ..

Mi suegra adopto la pose que le pedía, gateando sobre la cama, con sus tetas colgando, poniéndose en cuatro patas sobre la cama , mientras yo de pie , miraba como su enorme culo iba quedando delante mío , listo para recibir mis embestidas. Teniendo casi un metro de culo delante de mí, de lado a lado, le abrí sus grandes nalgas y previo un buen toqueteo con mis manos y dedos por todos lados, se la volví a meter sin compasión. La abierta concha de mi suegra recibió toda mi furia, le di con fuerza, golpeando sus enormes nalgas que se movían como gelatinas con cada una de mis embestidas. Al poco rato mi suegra gemía como si le estuviese dando un ataque y yo no paraba de darle verga por detrás admirando su enorme culo moverse. No duro mucho ni tuvo que decirme que estaba alcanzando el orgasmo, porque sus alaridos se transformaron en gritos de placer, viendo sus manos arrugando la sabana moviendo el culo con fuerza hacia atrás. Pero no me detuve , continué disfrutando del culo de mi suegra por un buen rato, dejándosela metida hasta el fondo , agarrándole las tetas por debajo , sacándosela y volviéndose la a meter con más fuerza aun , hasta que me dice quejándose – ya no puedo más, ya no mas , acaba por favor – .

Me sentía como un toro, estaba completamente excitado, con la verga dura como una roca, hubiese podido durar un buen rato mas, pero le daría en el gusto, claro que si quería que acabara, debía ayudarme hacerlo. Le dije que se abriera las nalgas para echarle mis mocos en el culo. – no , estas loco, así no mas, dale acaba , que ya me duele – , – ya pues suegrita , abrase las nalgas para echárselo en el culito – , -no porque me la vas a querer meter por ahí- , – no, le prometo que no , solo correrme una paja con su culo que me encanta – , – bueno, pero sin meterla-

Mi suegra complaciéndome, con la cara apoyada sobra la cama, se lleva las manos hacia atrás y se abre las nalgas, dejando completamente expuesto su ano. Me masturbe rozándoselo, diciéndole que tenía un culo muy rico, pasándole la verga por todos lados. Al abrirse las nalgas mi suegra, se notaba la entrada de su ano mucho más dilatado que el ano de mi mujer. Ella nunca me había dejado metérselo por ahí, por tenerlo muy estrecho, en cambio el ano de mi suegra, se veía muy fácil de penetrar, ya otro día trabajaríamos ahí.

Continué cascándomela mirándole el culo a mi suegra, rozándole el ano, hasta que no aguanté más. Entre bramidos le dije que estaba por acabar y colocándosela en la entrada de su orificio anal, comencé a acabar, gimiendo para que ella se excitara al escucharme. Mis chorros de leche salían mojando la entrada de su culo y continuaron saliendo en una espectacular paja. Pero no me puede aguantar, teniendo mi verga ahí casi entrando en su ano, lleno de mi leche, que en uno de mis movimientos, empujé solo un poco y entró tan solo un poquito la punta de mi verga, pensando que mi suegra se correría, pero no dijo nada. De todas formas cumplí mi palabra y no se la metí. Me restregué contra ella y se la volví a meter en la concha jugando unos pocos minutos con esta, hasta que deje libre a mi suegra.

Cayó rendida, de boca a la cama, quejándose y riéndose, diciéndome que estaba muerta, que habíamos hecho una locura y que la había dejado toda mojada. Ya no le importaba que viera su gordo cuerpo desnudo, había perdido toda la vergüenza.

Continué teniendo sexo con mi suegra, cada vez mas largos y fogosos. A los pocos días, el culo de mi suegra estaba a punto de ser entregado. En uno de mis encuentros, la acosté boca abajo y literalmente perdí mi cara entre sus nalgas , le metí la lengua en el culo y le gustó mucho. Luego me aguantó que le metiera un dedo en el culo mientras me la follaba y cuando estaba lista para entregármelo, me cambiaron el turno en mi trabajo y entraba a la misma hora que mi mujer, por lo que nuestros encuentros se acabaron, pero solo momentáneamente.

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Sus piernas me hacen pone palote

Al cruzar las piernas su falda azul se estiró sobre los redondeados muslos, adhiriéndose a su cobriza piel, como un sugerente guante.

Una sobre otra, las piernas mostraban su torneada esbeltez que se extendía hasta los bien trabajados pies.

Entre las carnes se dibujaba el pasaje oscuro que se perdía en una profunda quebrada de oculto límite.

A medida que los ojos se acostumbraban a la oscura penumbra del paso, cubierto por la cobertura de la tela azul, la mirada adivinaba cada poro en su penetración milimétrica de piel.

La vista ardiente imaginaba suave ese camino de pieles superpuestas, abrumadas de sol, camino al mágico cierre del sendero: el fin, o el principio, de la profunda hendidura, del entonces imaginario camino, y, como colofón del viaje, el velo que, en su pequeña transparencia, cubría las hirsutas defensas de la fisura.

Esculpida en la carne cálida y viva, su aparición rememoraba el recato de Petra en la cobertura de su tesorería, el misterio convocante al mundo de lo arcaico e indeleble.

Ante ese abrupto final, infranqueable desde la perspectiva actual, los ojos detuvieron su inmersión para volver atrás y, en un plano medio, ampliar la mirada por las trabajadas y desnudas piernas.

La falda azul se extendía envolviendo los carnosos perniles que se diluían en las amplias grupas aposentadas en la silla, transmitiendo la sensación de la magnanimidad natural de su cuerpo, del que creía percibir aromáticos efluvios, el que se enangostaba en una cintura casi estrecha para extenderse en un torso que invitaba al ensueño.

La fina blusa y el traslúcido sostén transparentaban los desarrollados senos que culminaban en aureolados y rozagantes pezones, los que enaltecían su apostura.

Más arriba, el grácil cuello daba lugar a una bien formada cabeza con una nariz respingada, ojos almendrados, una cabellera lacia donairosamente aposentada en sus hombros. Sus ojos, casi ocultos tras el macizo armazón de las lentes, dejaban adivinar la fogosa profundidad de su mirada.

Una de sus manos descansaba alerta sobre el libro apoyado en el posabrazo de la silla, la otra asía la lapicera entre sus dientes remedando imágenes ajenas al espacio – tiempo – lugar en que se encontraban.

Traicionado por el viaje de un segundo casi pregunta ¿dónde estábamos…?, pero siguió a duras penas e inconcentradamente con su clase que, a esas alturas, de magistral debía tener poco y nada.

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Follando con una clienta

Volví a la tienda de moda juvenil para cambiar la blusa que regalé a mi esposa en su cumpleaños. Necesitaba una talla más para no sentir sus pechos sometidos a tanta presión o hacer saltar los botones.

El pequeño establecimiento estaba abarrotado de mujeres ávidas de mirar y remirar. Intenté abrirme paso deslizándome entre tantos y tan variados cuerpos femeninos. Y llegué a un punto en el que me quedé aprisionado. Una chica muy joven apretó su cuerpo contra el mío para impedirme el paso. Sólo me respondió que “un momento” cuando le pedí permiso para pasar. No podía avanzar ni volver atrás.

La aglomeración impedía desplazarse si no era siguiendo el movimiento de toda la masa de compradoras. Esperé con mi cuerpo pegado al de la joven. Su cara no llamaba la atención ni por hermosa ni por fea. Su silueta era invisible entre tanta gente. Sólo pude tantear sus dimensiones y su tersura suave y blanda. Mi erección no tardó en aparecer y la coloqué entre sus nalgas.

Una de mis manos sostenía una bolsa, pero con la otra atrapé su cintura y me apreté contra ella para que sintiese el volumen y la dureza de mi sexo. Continuó mirando prendas y colgando alguna que otra en su antebrazo. Confieso que me aproveché para sobarla con una lujuria senil sus caderas y sus glúteos, el vientre, y su costado hasta llegar a un sujetador que me impedía tocar sus pechos.

Tres o cuatro minutos más tarde, me cogió de la mano y zigzagueando entre mujeres con ansias de comprar y algún hombre apático, me llevó hasta las cabinas de los probadores. Tuvimos que ponernos en una hilera de personas que esperaban su turno. Se colocó delante de mi y pegó su cuerpo al mío. Mi erección continuaba, alimentada por tantos roces femeninos y por el deseo de aquella joven desconocida.

No intercambiamos ninguna palabra hasta que estuvimos dentro de la cabina.

– No tengo condones –fue todo lo que dije.

Se agachó y me bajó los pantalones. Besó mi falo erecto y los testículos y su lengua recorrió todo el miembro hasta tenerlo todo bien lubricado. Lo introdujo en su boca y con una mano subía y bajaba el prepucio par darme tanta intensidad de placer que unas gotas de líquido preseminal aparecieron por el agujero del glande. Las saboreó y continuó lamiendo y chupando con tanta lujuria que con la mano libre se acariciaba su vulva por encima de la braguita.

– Voy a correrme en tu boca –le dije.

– No, espera.

Retuve el orgasmo y ella se quitó una braguita blanca de encaje. No pude resistir la tentación de acariciar su chocho. Tenía unos labios mayores muy abultados y duros. Por la raja emergían dos pétalos rosados y en la parte superior el clítoris asomaba a la superficie por sí mismo, como un pequeño óvalo. Mis roces provocaron una mayor lubricación e introduje un par de dedos en la vagina.

Sacó un condón de su bolso y me lo colocó con maestría. Se giró y se apoyó sobre el espejo.

Se la introduje con suavidad o, más bien, ella se la fue metiendo con vaivenes lentos hasta tenerla toda dentro. A partir de ese momento inició un juego de presiones internas con su vagina; la introducía toda y creo que era la entrada de su útero lo que se estrechaba sobre mi glande. Al mismo tiempo atrapaba la base del pene y presionaba intermitentemente. Lo sacaba casi todo y se contoneaba realizando un masaje delicioso sobre mi sexo. Después de unos minutos sujetándome la eyaculación, empezó a tocarse ella mismo el clítoris hasta alcanzar unos delirios que la producían jadeos y suspiros profundos. No aguanté más y se lo dije. Creí lanzar al espacio infinito toneladas de leche; extraer de lo más profundo nuevas oleadas que se descargaban acompañadas de unos sonidos guturales asfixiantes. Al final de mi corrida, ella tuvo su orgasmo. Largo, dulce, intenso, agitado y alocado. Nos quedamos quietos un par de minutos hasta que la erección bajó tanto que mi picha, por sí sola, abandonó aquella vagina juvenil tan deliciosa.

Recogimos las prendas y salimos. Las dejamos sobre una mesa en donde habían más ropas abandonadas. Yo fui a la caja a devolver la blusa de mi esposa. Ella se cogió del brazo de una amiga y salieron a la calle.

Le expliqué a mi esposa lo sucedido.

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