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Metiendome las bolas chinas

La fría mañana, con lluvias ininterrumpidas, auguraba un día gris. Las conversaciones en la sala de trabajo eran variadas y sin sentido.

Yo trataba de resolver un juego de números de los que aparecen en los periódicos cuando un taconeo conocido me hizo alzar la mirada.

Unos zapatos negros, de tacón mediano, unos jeans ajustados y una blusa ajustada eran los portadores de tan rítmico sonido.

Por un momento pensé, medio en serio medio en broma, que sólo la coquetería femenina hacia que alguien usara una blusa de hombros pelados con este clima, pero pronto me retracté de mis pensamientos al observar la deliciosa forma que creaban los huesos de sus clavículas en su deliciosa piel morena.

Después de media mañana, en el receso del café me puse a conversar con ella y me comentó del estrés que sentía. Caballerosamente me levanté y comencé a darle un masaje en los hombros. Su desnudes y el tamaño de mis manos hicieron de este trabajo todo un juego erótico que ninguno de los dos trató de evitar.

De repente recordé que en mi casillero tenía un par de bolas chinas para masajes. Eran un par de bolas verdes, con dibujos dorados de dragones en ellas y una especie de resortes en su interior que las hacían vibrar con el movimiento.

Dejé a mi compañera un instante y volví con las esferas en la mano y proseguí con mi masaje.

Su excitación y la mía eran evidentes, llevábamos tiempo insinuándonos cosas, y sin embargo no dábamos el paso definitivo ninguno de los dos.

Con un poco de morbo le comenté que esas mismas bolas, unidas por un cordoncito eran las que se utilizaban como juguete sexual, y ella coquetamente me comentó que lo había visto en una película pero que no me quería incomodar con el comentario.

Entre insinuaciones van y vienen le dije que cuando quisiera las podía utilizar, que mi casillero siempre estaba abierto y terminé mi masaje. Dejé las esferas en su sitio y me fui a trabajar escuchando como me decía riéndose: – si no encuentras el juguete es que me lo llevé-.

A la hora de almuerzo yo repasaba mentalmente algunas cuestiones de trabajo cuando me percaté de que mi amiga no estaba en el salón. Casi al final del receso y cuando me disponía a salir la vi entrar con una rara expresión en su mirada. Le pregunté que le preocupaba y me esquivó con cualquier excusa retirándose apresuradamente.

A me día tarde decidí ir a buscarla a su cubículo y me la topé caminando hacia el baño, con paso cadencioso, lento, lo que me decía que seguía preocupada. Cuando nos topamos y le hablé pegó un salto como asustaba y sin decirme nada se metió al baño de mujeres.

A la salida del trabajo pasé frente a su oficina y la observé sentada en su escritorio, ida, como sin pensamientos. Entré a su oficina y le dije que me preocupaba su actitud.

Tuvimos una pequeña discusión en que ella insistía en que la dejara en paz y yo en que me hablara, se levantó de su asiento y me enfrentó por lo que la tomé de sus hombros… su reacción me sorprendió. Se abrazó a mí y rompió a llorar haciéndome una confesión increíble: -tengo las bolas adentro y no me las puedo sacar…-

La sorpresa me duró poco y el morbo se apoderó de mí. Le pregunté como había pasado y me confesó que durante la mañana se fue a mi casillero y las tomó para ver como era el asuntó, fue al baño y se las metió lentamente en su vagina y luego bajó por las escaleras tres pisos sólo para sentir la vibración que producían dentro de ella.

Luego había subido al baño pero por la humedad de su vagina y lo grandes de las esferas (estas eran de masaje no sexuales) no las había podido sacar, y que cada vez que lo intentaba la fricción que le producían dentro de su vagina cuando sus dedos las movían para sacarlas la llevaban de orgasmo en orgasmo, y que a pesar del placer estaba preocupada.

Mi pene quería estallar en mis pantalones ante semejante confesión y sólo acaté a decirle que yo la llevaría al hospital para que la ayudaran. Ella se sonrojó y me dijo que jamás, que ya pensaría en algo, y yo, ya un poco repuesto de la sorpresa inicial me ofrecí de partera para su inusitado intruso.

Pensé que se negaría y me quedé mudo cuando la vi despojarse de sus pantalones, luego de sus bragas y colocarse de espaldas a mí, con sus brazos sobre el sillón y las piernas abiertas para que realizara mi trabajo.

Metí uno de mis dedos en su vagina y sentí las esferas dentro. Estaban empapadas igual que su sexo y resbalaban con facilidad, sin embargo la primera salió al primer intento y mi amiga no pudo ocultar su alegría: -sigue metiéndome los dedos y saca la otra por favor-

A pesar de que sus palabras eran de ayuda desesperada a mi me sonaron llenas de morbo y a pesar de que un par de veces casi logró sacar la esfera, adrede la soltaba para seguir jugando dentro de su vagina.

En un momento con dos de mis dedos, mano palma abajo, logré apresar la esfera. Apreté fuertemente mis dedos hacia abajo, hacia la pared frontal de su vagina y comencé a presionar la esfera hacia fuera. Cuando la esfera estaba asomando hacia fuera me acordé de los sensibles que son las mujeres en ese punto y comencé a hacer vibrar mi mano con fuerza… mi amiga ni siquiera pudo reaccionar, las cuerdas de su sexo se tensaron de inmediato por todo el estímulo recibido durante el día y, con orgasmo o sin él, comenzó a orinarse sobre mi mano entre una serie de gemidos de placer que me hicieron eyacular sobre mi ropa.

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Follame cabrón!!

Mirame…estoy desnuda para ti, quiero que me folles. Aqui y ahora. quiero ser penetrada, sentir tu dura verga dentro de mi. Quieres? Dame rico…abro mis piernas…contempla mi coño rasurado de labios prominentes y brillando por los fuidos que emanan de mi mmmm…si, como en un video porno de youjizz.com, asi…coloca la punta de tu pene en el…asi..abreme mas las piernas, siii…que rico..sieno proxima la penetracion…empujas y mis labios vaginales son separados por tu pene. MI boca entreabierta y mi mirada te dicen que quiero toda tu verga dentro de mi….aahhh siento tu empuje, tu verga me entra sintiendo cada centimetro…aaaahsigue…damela toda…ssiii asi entera aaahh que rica penetracion. Siento mi coño llenarse de tu carne candente…mmmm oohhh ya la clavaste entera…la siento toda…metida dentro de mi…asi penetrada te digo entre grito y susurro follame…siii dame rico, follame duro hasta inundar mi coño de tus mecos…dameee…quiero sentir tu polla palpitar dentro de mi cuando eyacules…hazloooo…..Y tu empiezas…asi…con un meneo vigoroso entras y sales de mi…siento esa verga deslizarse en mi interior..ooh..siiii asiiii..no pares…sigueeee dame sin parar…quiero tu lecheeee…plassh…plashhh..nuestros cuerpos chocan siii ricooo mas mas….no paresss..aaahhhh….aaauuhhhhh ssiiii dame tu lecheee..aahaahhh..ya grito mas que gimo…voy a venirme! siento palpitar tu verga….aaahh siiiiii aaahhh me vengo al mismo tiempo que siento el primer chorro inundar mi coño…mmmque ricooo..aaahhhhhh otro masss…ssiiiiiiiiiiiiiiiiii que ricoooo..ooohh…me quedo extasiada y entre susurros te doy las gracias…necesitaba que me follases.

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Mi nueva secretaria

Vanina era una joven secretaria de 19 años con mucho por aprender. Era morocha y tenía un físico estupendo. Simplemente les diré que tiene perfectas lolas y una perfecta cola. Las palabras hermosa/s quedan chicas, por eso solamente diremos que sus tetas y su culo son perfectos. Su pelo es negro como ya dije, y lacio, con un flequillo muy sexy.

Trabajando era realmente muy eficiente y eficaz en todas las tareas que le encomendaban, pero se ve que esto no era lo que le interesaba, ni suficiente para su jefe, el arquitecto Fernández.

Un día, Vanina debía aprender una nueva tarea que no sabía realizar con un toque erotico como un videos porno de youjizz.com. Y que el arquitecto Fernández le tenía que enseñar. Era un martes a eso de las 10 hs. cuando el Sr. Fernández llamó a Vanina diciéndole: “Vanina, venga por favor a mi oficina que le voy a enseñar a utilizar el software para preparar las licitaciones”. A lo que Vanina respondió inmediatamente: “Enseguida voy”. Vanina se acercó a la oficina del Sr. Fernández y se paró en la puerta. “Pasé, adelante” dijo el Sr. Fernández. El Sr. Fernández permanecía en su silla al lado de la computadora. No había ninguna otra silla en la oficina. Vanina se acercó a la PC y se quedó parada al lado. El Sr. Fernández comenzó a apretar unas teclas en la computadora y a explicar simultáneamente algunas cosas referidas al uso del software a Vanina. Sin embargo al poquito tiempo, le dijo en tono de sugerencia: “¿Porque no se sienta?”. Vanina no veía a dónde y efectivamente no había a dónde. “Aquí” dijo el Sr. Fernández, al tiempo que con la palma de sus manos daba golpecitos en sus muslos, dando a entender perfectamente cuál era la “silla” que le esperaba a Vanina. Vanina dudó un instante que duró una eternidad para ambos. Y dijo: “No, gracias. Prefiero quedarme parada”. El Sr. Fernández no insistió y continuó explicándole el procedimiento. Al tiempo, unos quince minutos, volvió a insistir pero con más enfásis. Vanina volvió a dudar, pero esta vez el arquitecto la miró de una forma, que finalmente Vanina accedió, aunque sin pensarlo demasiado a sentarse en sus rodillas. Rápidamente el miembro del Sr. Fernández se empezó a erectar y Vanina comenzó a sentir en su culo, la apoyada del miembro del Sr. Fernández. Vanina trataba de no moverse, mientras el Sr. Fernández continuaba explicándole, pero a veces se hacía inevitable y a cualquier movimiento de Vanina, el Sr. Fernández se ponía aún más duro y erecto. Las explicaciones a nivel técnico cada vez eran peores y el Sr. Fernández parecía concentrado en otra cosa. Luego de otros quince minutos de explicaciones, le pidió a Vanina si podía pararse un segundo con la excusa de que le estaba sonando el celular. Vanina se paró y quedó delante del Sr. Fernández, con el culo prácticamente a la altura de su cara. Fernández atendió la llamada y una vez que finalizó cuando Vanina estaba volviendo a sentarsele encima, este muy rápida de reflejos y sin mediar palabra le subió la falda a la cintura, dejándola en tanguita al aire. La tanguita era blanca. Vanina se sentó en tanguita encima del Sr. Fernández, anonadada por la situación. Ahora sentía plenamente al Sr. Fernández que ya tenía una erección descomunal que no podía disimular.

Por otro lado el Sr. Fernández tenía en su oficina, puesto el aire acondicionado en modo calor al máximo y la alta temperatura ya comenzaba a sentirse en el amibiente. Vanina que todavía conservaba puesto su saco del trajecito “sastre” tipo ejecutiva con el que había ido ese día a trabajar decide sacárselo. El Sr. Fernández la ayuda y esta queda en camisa. Sus pezones estaban bien erectos también. En varias oportunidades el Sr. Fernández se inclinaba hacia delante por encima del hombre de Vanina y echaba una buena mirada a su escote. Llegado un punto le pregunto: “¿No tiene calor? Déjeme ayudarla” y acto seguido sin dejar tiempo a que Vanina respondiera, le desabrochó los tres botones superiores de la camisa. Sus senos ya comenzaban a salir afuera. Su corpiño era muy ajustado y estaba a punto de estallar. Era blanco también. Los botones que faltaban de la camisa, se los desabrochó Vanina misma, ya que dada la situación actual, tres botones más o menos era lo mismo y realmente hacía “calor” en esa habitación. Por eso mismo, una vez desabrochada la camisa, se la sacó y la arrojó a un costado. Quedando en lo sostén.

Ahí el Sr. Fernández le dijo: “A ver Vani, parece un segundito”. Vanina obedeció quedando nuevamente con el culo casi a la altura de la cara del Sr. Fernández. “Dese una vueltita” le pidió este último. Y ella así lo hizo. El Sr. Fernández aprovechó la ocasión para terminar de quitarle la pollerita que para ese entonces la tenía de cinturón. Quedando plenamente en ropa interior, el Sr. Fernández le dijo: “Vani, está no es la bombachita reglamentaria de la empresa. No tiene bordado el nombre como es obligación”. A lo que Vanina contestó: “Sí ya lo sé, es que la empresa se llama “Warsmarstein, Fernández, Baciteh & Asociados” y ese nombre tan largo no entra en las diminutas bombachitas que uso yo”. Fernández: “Bueno, puede ser, puede ser. Por esta vez está disculpada”.

“Bueno continuemos con la explicación” dijo el Sr. Fernández y Vanina volvió a sentarse ahora semi-desnuda encima de él. Claro que la situación era rara, pero ella quería conservar y destacarse en ese trabajo. El Sr. Fernández continuó explicándole hasta completar la explicación de todo el procedimiento. Al llegar al final le dijo: “Bueno vamos a practicarlo ahora. Si te equivocas una vez, te desabrocho el corpiño. Si te equivocas dos veces, te saco la bombachita. Si equivocas tres, bueno no sé todavía”. Vani empezó con el procedimiento venía muy bien, había hechó 10 de los 35 pasos sin equivocarse, pero en el nro. 11 se equivocó y sentadita en el Sr. Fernández esperó lo que se venía. El Sr. Fernández desabrochó su corpiño y sus pechos salieron hacia fuera como liberados. Continuó realizando el procedimiento, mientras el Sr. Fernández le acariciaba los pechos. Luego este se calentó aún más y comenzó a apretarlos fuertemente. Vanina continuó bien, pero al paso nro. 27 del procedimiento volvió a fallar y cumpliendo lo que se había dispuesto se paró delante del Sr. Fernández y espero paradita, que le sacaran la tanguita. Y así lo hizo el Sr. Fernández. Muy suavemente le bajó la bombachita y la dejó completamente desnudita en su oficina. Que pedazo de hembra tenía delante de sí. Cuánta líbido y lujuria le despertaba esta niña de 19 años. Que haría ahora se preguntaba, o hasta dónde llegaría. Vanina permanecía desnuda y parada frente a él, hasta que él dijo: “Bueno, de acá en más no importa cuánto te equivoques o no. Si haces el resto del procedimiento perfecto o no. Lo único que yo sé y que me importa es que me vas a chupar la pija, ¡Ahora!”. Vanina que ya estaba “jugada” se arrodillo y comenzó a mamarle la verga. Mamaba y lo miraba. Mamaba y miraba al Sr. Fernández. Al Sr. Fernández le encantaba que lo miraran mientras le chupaban la pija. Y la forma en que lo miraba Vanina, lo calentaba aún más, de manera especial. Cada tanto, Vani lamía los testículos del Sr. Fernández, cada tanto se metía la verga bien hasta el fondo de su garganta, cada tanto se ayudaba con una mano, ya sea para masturbarlo o hacerle “caricias”, pero nunca dejaba de mamar verga. Estuvo así, unos 15 minutitos chupando, y finalmente el Sr. Fernández acabó sin avisar, en la cara de Vanina que terminó tragando buena parte del semen.

Vanina se limpió un poco y se paró. Amagó a vestirse, pero Fernández le dijo bien clarito: “Que hacés, no te vistas todavía nena, que tengo algunas cositas más por enseñarte”. Ese día por suerte no había más nadie en las oficinas de ese sector de la empresa. Por eso Fernández le ordenó a Vanina: “Anda a la cocina y traéte dos cafés”.

Vanina va desnuda a la cocina, prepara los cafés y los trae luego a la oficina Fernández. Se toman un café cada uno, mientras charlan de distintos temas, como si no hubiera pasado lo que acababa de pasar.

Una vez terminados los dos cafés, el Sr. Fernández decide que es el momento de volver a la acción. Fernández permanece sentado en su sillón, del que nunca se movió. Vanina camina hacia él y se le sienta siguiendo sus indicaciones encima. El Sr. Fernández comienza a penetrarla lentamente al principio. Vanina comienza a subir y bajar al ritmo cadencioso del Sr. Fernández. Vanina va sientiéndo como el pene del Sr. Fernández le entra bien adentro, erecto y hacia arriba. Ella como mujer, pone sus pechos bien a disposición de él, es decir, en su cara. Le pone sus dos tetas en la cara, para que este se vea obligado a lamerlos, cosa que le encantaba sentir a Vanina. La excitaba muchísimo que los hombres cayeran rendidos ante el poder de su poderosa delantera y le encantaba que sambulleran sus caras en sus senos. El Sr. Fernández continúa con su ritmo propio al penetrarla, pero comienza a lamer descontroladamente los pezoncitos de Vanina. Los mismos se erectan cada vez más, y Vani se excita cada vez más. Se humedece cada vez más. Las manos del Sr. Fernández, permanecían firme en el culo de Vani, pero de a poco este empieza a alternar y a tocarle un poco las tetas. Mientras tanto, Vanina subía y bajaba, recibiendo la penetración de su jefe. De tanto subir y bajar, subir y bajar, su jefe finalmente no pudo contenerse más y acabó dentro de ella. Ella también lo hizo jadeando y gimiendo casi al mismo tiempo que él. Se tomaron un momento los dos para gozar del punto máximo del orgasmo y luego, Vanina se bajó de encima de él.

Desnudita como estaba, estaba juntando sus ropas, que estaban desperdigadas por todo el suelo de la oficina. Cuando se estaba yendo, desnuda con su ropa en las manos, hacia el baño para cambiarse, escucha desde su espalda que el Sr. Fernández le dice: “Vanina, sos una gran empleada, seguro vas a hacer una larga y prometedora carrera en esta compañía”. Vanina no le contestó y salió de la habitación.

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Un masaje de lujo

Un teléfono equivocado fue la causa de un placer inesperado.

Buscaba algún lugar en mi ciudad donde me pudieran quitar una contractura en la pierna y un cachete, anote varios teléfonos de las ofertas que vi en internet, pero me equivoque en uno de los anuncios por la foto que allí figuraba, la cual parecía de un sitio de masaje deportivo (Si hubiera leído el texto del mensaje habría comprendido) Solo anote el numero junto a otros números, comencé a llamar a los siete u ocho números que tenia anotados, los tres primeros no estaban disponibles (El verano supongo) Al cuarto numero que llame si me contestaron, era una mujer muy amable y muy simpática, le conté donde tenía mi contractura, desde detrás de la rodilla a la base de la espalda, ella muy amable me dijo que ella me dejaría como nuevo, anote la dirección y la hora de la cita.

Al llegar me recibió la señorita muy amablemente y me indico que me tumbara de espaldas en la camilla, que me desnudara y me cubriera con una toalla, que ella volvería en unos minutos, al regresar me pregunto dónde me dolía, de espaldas oí como se frotaba las manos con abundante aceite, tras lo cual me quito la toalla de golpe y comenzó a masajearme las pantorrillas (Ninguna masajista antes me había dejado sin toalla y mucho menos desnudo) Desde las pantorrillas fue subiendo hasta la parte de atrás de los muslos, masajeándome con mucha soltura yo me sentía muy relajado, al llegar a los glúteos, comenzó a frotarme intensamente y recorriendo todo mi trasero, mi sorpresa fue notar cómo me acariciaba los testículos al llegar al final del recorrido por mi trasero,(Mi pene se puso erecto en un instante y lucho por salir hacia atrás conmigo tumbado boca abajo, mas sorpresa aun cuando comenzó a acariciarme el pene con tanta delicadeza ufff.

Le dije: Esto no parece un masaje deportivo y ella me contesto que si es que no había leído el anuncio, que ella solo daba masajes con final feliz y en el anuncio lo ponía.

Me calle (No lo leí) Me dijo que me diera la vuelta, al momento agarro mi pene y con gran ritmo me lo meneo hasta que eyacule hasta en su ropa, acto seguido le page me vestí y salí a la calle, donde seguía con mi contractura pero estaba la mar de contento.

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Mis amigas

Una tarde, estando sola en mi habitación, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar mis pezones por encima del ligero blusón que llevaba puesto y cada vez más excitada, bajé hasta mi rajita.

Estaba ya muy caliente y húmeda cuando ella, mi mejor amiga, entró. Al sorprenderme en tal situación, me sentí avergonzada pero no dije nada. Ella sólo sonrió y me pidió que continuara, que no me preocupase porque también lo hacía muchas veces.

Que ella me estuviese observando me excitó aún más, así que seguí acariciándome suavemente por encima de la braguita, con los ojos cerrados. Entonces me sugirió que me quitase la poca ropa que llevaba puesta y, sorprendida, la miré y vi que tenía la mano por debajo de su mini y también se frotaba. Yo me negué y le pregunté qué se proponía. Se acercó a mí y me susurró cálidamente al oído que se me veía muy linda. Me besó los labios, tocó mis tetas, luego el sexo y yo suspiré de placer.

En un momento reaccioné, ella era como una hermana y le pedí que parasemos. Pero continuó desnudándome toda. El coñito lo tenía hinchado y mojado como nunca, la calentura me estaba haciendo perder el control.

Nos tendimos en la cama y comenzó a acariciarme los senos, a jugar con ellos. Siguió bajando hasta mi sexo y separó los labios de mi vagina para besar mi sexo. Comencé a suspirar… su lengua inquieta no paró hasta que descubrió mi clítoris que lamió, succionó y con ternura lo contuvo entre los dientes. Le tomé la cabeza con las manos apretándola contra mi vulva. Gemí cuando el orgasmo se desencadenó convulsionándome. Entonces subió por mi vientre lentamente y de nuevo me besó apasionadamente la boca.

En justa correspondencia, su sexo respondió rápido a las caricias y lo apretó contra mi mano. Cuando hube ubicado su clítoris, lo estimulé rápido, de arriba hacia abajo. Me detuve para penetrarla con dos dedos que se deslizaron con facilidad en su interior. Los roté dentro y comencé un mete y saca sensual. Gemía y ver su cara hizo que me sintiera de nuevo excitada. Acercamos nuestras vulvas, podíamos sentir el calor y los perfúmenes que emanaban. Una corriente eléctrica nos recorrió el cuerpo cuando nuestras vaginas se besaron. Comenzamos a movernos con rapidez, chocando clítoris con clítoris, transmitiéndonos intensas sensaciones. Ambas tuvimos el mismo orgasmo, al mismo tiempo mientras los jugos de una y otra se mezclaron en coctel de placer.
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Una aventura de una noche

Yo esperaba con ansias, aunque no lo demostrara que llegara el sábado. Para ver como salía lo de Begoña. Pero Montse me llamo el viernes temprano y me lo tiro todo por tierra, en mi cabeza resonaba el NO SE PUEDE, el resto de la explicación no la oía, eso me molesto mucho. Pero sin embargo si quería salir esa noche o el sábado por la noche. Seguro que hasta las dos noches le vendría mejor. Pero la “rabia” que tenía dentro me hizo contestarle que no, que no nos veríamos ninguna noche. Yo sabía que ella quería repetir lo de la última noche, estaba más que convencido. Porque empezaba a conocerla, pasaba del no al sí rápidamente. Era una mujer demasiado sexual, por no decir tan viciosa como yo. Finalizamos la conversación con un adiós muy seco y frio.

El sábado por la mañana nos encontramos en la calle, iba con su marido y sus hijos, ella con su actitud recta y digna que solía tener cuando iba por el barrio. Muy estirada me dijo que, si podía hablar conmigo de un tema de la instalación, nos hicimos a un lado y ella casi susurrando me dijo, que no podía dejarla así todo el fin de semana, que podíamos salir esa noche, o venir ellos a mi casa o yo a la suya. Le note muy deseosa de sexo. Estuve muy tentado de decir que sí, pero supe aguantarme y por mi cabeza pasaron otros pensamientos, otras situaciones y las quise poner en práctica, para saber dónde estaba el límite de Montse.

Con la misma actitud que ella y en el mismo tono, pero algo más serio le dije… “Mira putita, espero que te enteres de una puta vez y te queden las cosas claras, aquí el que manda soy yo, no te confundas y creas que hablas con el cornudo de tu marido. Si quieres algo conmigo, si quieres que sigamos, tendrás que comportarte como lo que eres, como mi puta, me tienes que obedecer en lo que te diga, porque se hace lo que yo digo y si no te gusta o no quieres, es muy sencillo, un simple adiós y te buscas a otro”

Ella estaba estupefacta, estaba claro que no se esperaba esa contestación, le había pillado totalmente desprevenida, porque seguro que ella ya tenía pensado alguna respuesta a lo que yo le podía haber respondido, pero nunca a esa contestación. Después de mirar disimuladamente para todos los lados, me dijo casi en un susurro… “Vale” y yo le respondí que no la oía y entonces ella me dijo que si, que lo que yo dijera. Vi que su marido estaba sentado desayunando con los niños y le dije que íbamos a empezar desde ese momento. Ahora iras al servicio y te quitaras las bragas, una vez que estés sentada desayunando me abrirás de vez en cuando las piernas para que te vea y luego me regalaras las bragas. Yo esperaba alguna queja por estar en la cafetería del barrio, por estar sus hijos… pero no dijo nada más y se fue hacia el servicio de la cafetería, sentándome yo enfrente de donde ella se sentaría.

Efectivamente durante el desayuno me estuvo dando una autentica exhibición, pero lo mejor no fue eso, lo mejor era la cara de zorra que se le puso. No quise quedarme más, me levante y me marche, pero en la calle ella me llamo y muy discretamente, abrió su bolso y me dio sus bragas muy dobladitas, metiéndomelas en el bolsillo, cuando lo hice me di cuenta de que estaban húmedas. Se lo dije y ella me dijo… “Pues no sabes cómo estoy ahora mismo…” me lo dijo con ojos de deseo, mi respuesta fue…” Ya eres toda una putita, pero te voy a convertir en la más puta, en la más cachonda y caliente. Pero no disfrutaras de mi rabo, hasta que no participe Begoña también, mientras yo follare a otras por ahí y tú te tendrás que follar a la picha floja de tu marido, o a hacerte dedos como una desesperada”

Yo esperaba cara de enfado, alguna mueca de disgusto, pero lo único que pude ver, era cara de cachonda perdida. Me fui y me di cuenta de que estaba demasiado pillada, había pasado de ser casi una mojigata a estar desesperada por follar.

Al inicio de la semana me acerque por el bufete a seguir dejando cosas preparadas, mi idea era dejarlo todo preparado entre semana, para que el sábado que fuese, que, en un máximo de media hora, tal vez una hora, estuviese todo conectado y tener el resto del tiempo libre. Todo iba con normalidad, Montse que me miraba con mucha calentura y cada día iba más provocativa, pero por los comentarios que pude oír a varias personas de las que trabajaban ahí, Montse estaba más cabrona que nunca, que estaba de muy mala leche. Yo oía, pero me hacía oídos sordos.

Begoña, como siempre iba muy bien vestida y como siempre con falda, muy maquillada, algo que me llamo la atención, pero me fije en el resto del personal. Las mujeres iban todas con faldas o vestidos y los hombres todos con traje y corbata. Cuando estaba en el antedespacho de Montse, donde estaba Begoña inicie una conversación con ella.

-Que, ya he oído que tenéis a la jefa de mala leche. (Ella me miro dudosa, pero al final contesto)

-Un poquito. Debe haber pasado mal fin de semana.

-Pues ya se le tenía que haber pasado que estamos a miércoles. Ya hay que pensar en el próximo.

-Eso digo yo, que por lo menos ella lo tiene libre, pero yo el sábado tengo que venir, para que tú puedas trabajar con todo esto. (Primera noticia para mi)

-Es verdad, ya no me acordaba. (Por dentro me sentí totalmente pletórico)

Para no meter la pata, me despedí y salí rápido de ese despacho. Me di más prisa en hacer el resto del trabajo que me quedaba, quería que el viernes a más tardar estuviera todo acabado a falta de conectarlo únicamente. Estando en otro despacho, apareció Begoña buscándome, para decirme que Montse me llamaba. Entre en el despacho y una vez estando solos, ella se acercó bastante mimosa, me quiso besar en la boca y yo de forma contundente, pero sin causar daño, agarre su pelo dando un tirón y echando su cabeza hacia atrás, diciéndole que ya se lo había dicho, pero saque mi larga lengua y le ti un lametazo en sus labios, que ella abrió la boca rápidamente, pero no se la metí dentro. Cuando le solté…

-Que cabron que eres, no me trates así.

-Sí sé que te gusta, no lo puedes ocultar, se te nota demasiado.

-Nunca pensé que nadie me podía poner así… es que me derrito.

-Me alegro.

-Y si te digo que este sábado, es el día.

– ¿Qué día?

-El día que viene Begoña a abrirte.

-Eso no es lo que yo quiero oír.

-Vale, el día que tratare de seducirla. Pero espero que salga bien, porque si no el follón va a ser tremendo y los gritos de Juanma se oirán en todos los sitios.

-Tu preocúpate de lo que te tienes que preocupar.

-Es que, si lo intentaras tú, seguro que lo conseguías, porque soy mujer y hay cosas que se ven. Además, eres la comidilla entre las mujeres del bufete, jóvenes y mayores.

-Me parece muy bien, pero eres tu quien tiene que iniciar todo y no se hable más y ahora me voy, que me quedan cosas por acabar.

Ella se quedó allí de pie sin saber que decir, ni que hacer. Me acerqué le di un suave beso en los labios. Impidiendo que fuera a más. Luego le cogí una mano y la lleve a mi polla, ella la agarro fuertemente y con deseo, la excitación se reflejaba en su cara, pero me di la vuelta y me marche.

Tanto el jueves como el viernes estuve trabajando y evitando a Montse. Se le notaba nerviosa cuando la veía pasar, pero ella trataba de que no se le notase. Con Begoña estuve interactuando esos dos días más que de costumbre. Tenía cierto brillito en sus ojos que cuando se cruzaban nuestras miradas, era como si saltara alguna chispa. Que hacía que cuando le pillaba mirándome, se ponía un poco colorada. En cambio, cuando ella me pillaba a mí, yo me limitaba a sonreírle. Me despedí de ella hasta el día siguiente y le guiñé un ojo, ella me sonrió y se puso muy colorada.

Al día siguiente habíamos quedado a las nueve de la mañana, yo llegue un poco antes llame al portero automático y nadie me contesto, por lo que me quede esperando apoyado en un coche. Paso poco tiempo cuando vi que se acercaba Begoña, venía con pantalones vaqueros claritos, blusa blanca y el pelo sujeto por una coleta. Como venía con gafas de sol, no podía ver esos ojos tan vivarachos que tenía, cuando llego a mi altura me saludo regalándome una gran sonrisa, respondiéndole yo de igual manera. Saco una llave y abrió el portal, yo cogí una bolsa de deportes que llevaba y pasé detrás de ella.

El pantalón la sentaba de escándalo. Cuando la vi de frente, pude darme cuenta como se notaban los labios de su coñito con el pantalón tan apretado, cosa que me gustó mucho, pero cundo me dio la espalda, pude ver que su culo era perfecto y con una forma muy atractiva, deseable. Aunque había pensado que vendría con faldas como siempre, el cambio fue espectacular.

Una vez en el ascensor extrañada me pregunto, si es que todavía me quedaban cosas por llevar, como no entendía el motivo de su pregunta, le pregunte porque me la hacía y ella me señalo la bolsa, a lo que la conteste que no, que era unas cosas que llevaba para otros temas.

Una vez dentro, no quise perder nada de tiempo y empecé a hacer mis cosas, eso no me impedía pensar en lo que podía suceder si todo iba bien. Como tampoco me impedía ver de vez en cuando a Begoña. Que me iba ayudando en lo que le pedía. Lo que llevo a que tuviéramos un dialogo más suelto que en otras ocasiones, después de llevar un rato así y más relajados, quise cambiar un poco el tema de conversación y empecé con su forma de vestir.

-Me ha extrañado verte con pantalones.

– ¿Y eso? ¿Es que me quedan tan mal? (dando un giro sobre sí misma y pasando sus manos hacia abajo por sus caderas)

-Que va te quedan muy bien, de lujo. Pero como siempre vas con faldas…

-Hijo mío… normas de la jefa. Mujeres con faldas y hombres con traje. Ellos el pelo bien arreglado y bien afeitados, si llevan barba con la barba súper arreglada. Pero las mujeres muy bien arregladas y con faldas.

-Pues que sepas que te quedan muy bien y que hoy que no llevas maquillaje, salvo los labios, s te ve más guapa todavía y eso que parecía imposible.

-Gracias, me vas a poner colorada si sigues así. (Poniéndose algo colorada)

-Me he limitado a decir la verdad.

-Pues mi marido me dice también, que estoy mejor con faldas.

-Aclaremos una cosa. Tu estas bien de todas las maneras, pero el pantalón que llevas… mejor me callo.

-No, no, di, que le pasa.

-Que te queda brutal. Seguro que a más de uno y de una se le pasaron malos pensamientos.

– ¡Hala!, que exagerado.

-Seguro que tu jefa Montse, por eso no quiere que te los pongas.

– ¿Montse…? ¿Por qué lo dices? (Con cara extraña preguntaba)

-Pues muy sencillo, para que no revoluciones el despacho y para que no la revoluciones a ella.

-Como te pasas, tío. ¿Revolucionarla a ella? Con el mal genio que tiene y con lo estirada que es… tú no sabes lo que dices.

-Tonto no soy, veo cómo te mira y no es una mirada nada inocente. (Yo iba preparando la situación, abriendo camino. Su cara era de asombro)

– ¿Qué dices?

-Que lo que no se es como todavía no ha pasado nada, seguro que la harías comer de tu mano.

-Me dejas sin palabras. (Me sorprendió porque no me dijo nada más y cambio de tema) Pero seguro que tú sí que tendrás muchas chicas.

– ¿Yo? Mi vida es muy normal y me imagino que me pasara como a todo el mundo. Normalmente me gustan las que no me deben gustar y gusto a las que me dan igual, hablo de forma generalizada.

-Menudo lio. Pero en la universidad tendrás mucho donde elegir.

-Es que me suelen gustar bastante más mayores que yo. Las de mi edad como que no me hacen mucho tilín.

-Ah, pero… bueno seguro que tampoco tendrás mucho problema.

-Me las apaño, no me puedo quejar. Aunque podría estar mejor.

Ella se disculpó y salió del despacho donde estábamos, la note un poco nerviosilla, pero seguro que lo que habíamos hablado hasta el momento, le haría pensar. Mientras estaba solo pensaba como iniciar de nuevo la conversación y en la dirección que yo quería. Cuando aparece de nuevo, en seguida me di cuenta de que llevaba un botón más desabrochado de la blusa, que permitía ver el estupendo canalillo que hacían sus tetas. Y me saco de mis dudas cuando ella me pregunto…

– ¿Me estabas diciendo de verdad lo de Montse?

-Es la impresión que yo tengo, eso no quiere decir que sea verdad o no. Pero por lo que veo o intuyo, a ti también te lo parece.

-No, que va, lo único que me quede perpleja. Pero sobre todo porque la veo muy seria, muy…

-Por propia experiencia te digo que las que son tan serias, tan estiradas, luego son un “peligro” y tú me entiendes.

-Si es que yo pensé y no te molestes, que o tenías algo vosotros o ella estaba detrás de ti.

-Pues sí que estamos bien, tú piensas que ella va detrás de mí y yo pienso que va detrás de ti. Jajaja…

-Jajaja… pero como el primer día dijo que eras como de la familia y bla, bla, bla…

-Que va, somos vecinos y me imagino que lo dijo, porque esto que estoy haciendo, le sale mucho más barato haciéndolo yo, que haciéndoselo otro.

-Sera zorra y yo que creía que era familia o algo así.

-Que no, que la conozco de mi barrio. Y es como tú dices, muy chulita, muy distante, muy…

-Muy pija y muy prepotente. (Ahora se soltaba del todo)

Mientras hablaba y aunque no era lo acordado me acerque hasta donde estaba ella y sin más la bese en la boca. Note como dudaba, como me respondía al beso, pero después se lo debió pensar y se quitó con una mirada perdida, se dio la vuelta y se fue, pero se paró de pronto, se dio la vuelta y regreso, dándome ella ahora el beso a mí, de forma furiosa, pero muy caliente. Estábamos en pleno fragor, llevábamos ya varios minutos, cuando se oye que abren la puerta. Begoña se puso tensa y se apartó a toda velocidad y fue hacia la puerta, yo sabía de sobra quien era y no me equivoque.

Oí como hablaban y notaba la voz de sorprendida de Begoña, creo que se le junto la sorpresa de la llegada de Montse y de lo que había pasado entre ella y yo. Las vi aparecer y Montse una vez más me dejo sin palabras. Venía con una falda discreta pero corta y con una camisa más desabrochada de lo que debiera. Pero lo mejor era la cara de vicio que traía. Nos saludamos con normalidad. Para luego irse a su despacho.

Una vez que lo hizo, yo agarre por detrás y de la cintura a Begoña, la mordisquee el cuello y pase mi lengua, ella trato de zafarse y toda nerviosa me dijo que no con la cabeza, pero le di la vuelta y le bese en la boca, ella se quiso revolver, pero al final sucumbió al beso. Toque sus tetas y note la dureza de sus pezones. Pro ella intentaba, aunque sin mucho convencimiento, quitarme del abrazo que le daba. Yo estaba muy excitado, solo faltaba que Montse se decidiera.

Yo ya tenía todo acabado, pero no dije nada, solo quedaba probar todo, lo fui haciendo y al final estaba todo perfecto, pero a Begoña no se lo dije. Me acerque al despacho de Montse y me dijo que estaba tan excitada como nerviosa. Yo no le dije nada de lo que había pasado, me limite a decirle que ya era hora de que fuera haciendo algo y me fui, haciéndolo como si estuviese disgustado.

Estando en otro despacho con Begoña, oímos como Montse llamaba a Begoña. Antes de que se fuera le di un buen morreo y ella se fue hacia el despacho. Yo me acerque sin hacer nada de ruido. Podía verlas hablando de temas del trabajo, pero luego Montse se fue a sentar a unos sillones que tenía en una parte de su despacho, fastidiándome la visión, ya que desde ningún ángulo de la puerta se podía ver esa zona, aunque se oía perfectamente. Montse le dijo a Begoña que se sentara allí con ella. Siguieron hablando del trabajo y yo notaba como Montse trataba de desviar la conversación.

Lo consiguió al final y llevo la conversación, como ya me dijo la otra vez, hacia mi persona. Si se notaba nerviosa a Montse, no era menos con Begoña. Todo eran prácticamente monosílabos, “Si señora, no señora” y Montse tratando de romper tanta frialdad. Le preguntaba si yo no había intentado nada, si no le había dicho nada… y Begoña mintiendo con toda naturalidad. Al final si le logro sacar que estaba muy bueno. Hasta que me di cuenta de que estaban bebiendo, porque Montse le dijo que rellenase los vasos. Por eso tenían la lengua más suelta.

Pero llevaban ya bastante rato y no notaba ningún avance sustancial. Era hora de que yo hiciera algo, porque si no, se pasaría la mañana y nos iríamos todos con un calentón. Me fui a recoger la bolsa que había traído, porque allí llevaba una sorpresa para ellas.

Cuando regrese, mire para todos los lados, porque no las oía y pensé que lo mismo habían salido del despacho. Pero de pronto oí algo dentro del despacho, era como si se besaran. Cuando puse más atención pude oír como Begoña decía… “Vamos a parar, que nos puede pillar y menudo corte” su voz era de nerviosismo total. Me había perdido como habían llegado a eso. Montse se levantó y le dijo… “Espera aquí, que le encargare algo y le hare salir” casis e lleva un susto cuando salió y me pillo allí, me sonrió y me guiño un ojo, se le veía pletórica, triunfante y me dio un beso, lamiéndome primero con mucha calentura mis labios.

Volvió a meterse en su despacho y dijo… “Por lo menos tenemos una hora de tranquilidad” pero ahora a Begoña no se le notaba muy decidida, por la rendija de la puerta pude verla de pie, se le veía insegura cuando Montse se le acerco. Trataba de tranquilizarla, acariciaba su pelo, que ahora estaba suelto. Y al momento Montse tomaba la iniciativa besándola, le tenía apoyada en su mesa, mientras ella iba dominando la situación. Se notaba a Begoña bastante cortada, mientras Montse desabrochaba su pantalón, ella tenía los brazos hacia atrás, apoyados en la mesa. Se dejaba hacer, pero exceptuando que respondía a los besos de Montse no hacía nada más.

Ahora pude ver que, con algo de esfuerzo, Montse logro meter su mano por dentro del pantalón de Begoña, esto hizo que la cara de Begoña cambiase y también su actitud pasiva, ahora pude ver como una mano de ella se metía por debajo de su falda.

Begoña se quitó y sin que nadie le dijera nada se quitó los pantalones y una vez que lo hizo, Montse se agacho y empezó a bajar la tanguita que llevaba, para luego pegar su boca al coñito de Begoña, que levantaba y echaba hacia atrás su cabeza cuando noto el contacto. Vi cómo mientras le comían el coño, se desabrochaba la blusa y s la quitaba, haciendo lo mismo con el sujetador, para luego tocarse sus tetas y sobre todo sus pezones con mucha intensidad.

De ver eso mi polla estaba ya a mil, no pensaba esperarme más, aunque cuando salió Montse me dijo que ella me avisaría, pero mi polla me decía otra cosa. En el momento que iba a entrar, empecé a oír los suspiros y gemidos de Begoña, que iban subiendo de tono, cada vez más fuerte, hasta correrse de forma furiosa y apretándose de forma importante sus tetas. Por eso me pare y no entre. Montse se levantó y fue a darle un beso en la boca a Begoña, pero esta le paro y con su mano, limpio bien su boca para luego besarse las dos.

Montse se rio por lo que hizo y mientras se desnudaba, le dijo a Begoña, que ya aprendería, pero que de momento le tocaba ahora a ella “comer” y se fue para la zona que yo no podía ver, oyendo que ya estaba preparada que se acercara, como todavía si podía ver a Begoña, veía y notaba su indecisión. Volví a oír a Montse con palabras suaves, tiernas y vi como Begoña se movía obedientemente a la zona donde estaba Montse.

Al rato oí los gemidos inconfundibles de Montse, que, aunque eran bajos, ya los conocía. Yo me empecé a desnudar y dejé la ropa en el suelo, cogí la bolsa y entre sin hacer nada de ruido al despacho. Estaba tumbada Montse en el largo sillón y Begoña de rodillas comiéndole el coñito. El culo de Begoña quedaba de espaldas a mis ojos. Si ya de por si era un culo bonito, en esa posición se veía totalmente lujurioso y tentador para una buena polla.

Ya estaba detrás de ella y ni se enteró, estaba tan enfrascada en lo que hacía que no sabía si interrumpir. Montse que estaba con sus ojos medio entornados, los fue abriendo y me vio, no se sobresaltó, simplemente me miro con ojos llenos de excitación, una pequeña sonrisa y me saco la lengua, moviéndola para provocarme, se mordía el labio y resoplaba. Me hacía gracia y me excitaba, pero lo mejor estaba por venir, sobre todo porque Montse no sabía lo que le tenía preparado y aunque con Begoña no había planeado nada, seguro que le gustaría ayudarme.

Hice una seña a Montse y me entendió perfectamente, empezó a acariciar la cabeza de Begoña, pero preparada para agarrarla por si quería huir. Me agache y pase una mano por entre las piernas de Begoña, esta cuando la sintió llegar a su coño empapado, se giró y miro, aunque Montse trato de impedírselo y cuando me vio dijo… “Como he caído en vuestra trampa, que hijos de puta…” Montse le respondió… “Vamos zorrita no te hagas la estrecha ahora y sigue comiéndome el coño, que todavía te queda mucha practica” y a continuación Begoña siguió con lo que estaba haciendo, también abrió un poco más sus piernas para facilitarme las cosas.

Abrí mi bolsa y saqué unas cuerdas de seda, para atarle las manos y que no le doliera mucho. Ella me sonreía, no sabía lo que iba a hacer, se dejaba hacer. Cuando vio que le ataba las manos me sonrió mas, le debía de hacer gracia. Ya estaba inmovilizada, la levante prácticamente al vuelo y le puse de rodillas, no se había corrido todavía, pero estaba totalmente empapada. Estando puesta tipo perrito, me pedía que se la metiera por donde quisiera, pero ya. Estaba fuera de sí. Begoña se sentó en el sillón y me miraba expectante, sobre todo cuando de la bolsa saque dos paletas de azotadoras, que seguro que ninguna de las dos había visto nunca unas.

Allí tenía el culo bien colocadito de Montse, que seguro que estaba pensando que pronto sentiría como entraba mi polla, pero lo único que sintió fue que una de las paletas dio en su culo, yo creo que fue más el ruido que la dureza del golpe. Quiso protestar y le di otra, trato de forcejear y le di una más. Le susurraba lo golfa que era, que ra mi puta, que hacia lo que quería y le acariciaba también, notaba como su excitación iba creciendo, estaba metiéndose en el juego, nuevamente le di varias veces más y paso de la queja a pedirme, mejor dicho, a suplicarme que se la metiera.

Me fije y tenía las dos nalgas coloradísimas de los azotes. Pare un rato, deje que sus nalgas descansaran y me coloque detrás de ella y agarrando mi polla, se la pasaba por detrás, rozando su coñito empapado y su culo, ella cuando lo notaba gemía más y más. Miré a Begoña y ya no se cortaba, estaba acariciándose ella sola y me miraba con deseo, cogí una de las paletas y se la ofrecí, no se lo pensó la cogió y se levantó.

Yo me puse delante de Montse y acerqué mi polla a su boca, poniéndosela en la boca, que ella abrió y empezó a comerse. Begoña le acariciaba el culo y ella ronroneaba, hasta que le hice una seña y empezó a azotarle el culito, al principio lo hizo muy tímidamente, pero poco a poco fue cogiéndole el gusto, se le notaba en su cara, además de estar cachonda, tener así a su jefa, me imagino que para ella sería lo más.

Me daba la sensación que le daba demasiado fuerte, por lo que le hice una seña de que fuera más suave y aunque puso cara contrariada, bajo la intensidad. Begoña ya estaba totalmente desinhibida hasta el extremo que dejo la pala y se agachó comiéndole todo el coñito por detrás a Montse y tocándole también con sus dedos. Lo que llevo a Montse a una sonora corrida. Moviéndose como nunca.

Desate sus manos y me garro la cara dándome un sorprendente beso en la boca, que pareció eterno. Luego se volvió hacia Begoña y las dos se fundieron en otro beso igual. Aproveche para esposar a Begoña, que cuando quiso reaccionar ya era tarde. Decía muy seria que le soltásemos, que ese juego no le iba. Pero ante nuestro pasotismo, nos miraba con cara amenazante, para luego enfatizando mas sus palabras nos dijo… “TE-NE-IS UN MI-NU-TO PA-RA SOL-TAR-ME” lo que nos hizo estallar en una gran risotada a Montse y a mí, la forma que tuvo de decirlo, tan seria, al final resulto cómico.

Saque de mi bolsa un antifaz y se lo di a Montse para que se lo colocase, le costó porque ella movió la cabeza para un lado y otro, pero al final se lo coloco. Ahora estaba esposada y no podía ver solo oír. Saqué una vela que llevaba y la encendí, mientras la acariciábamos, ella se movía suavemente, mucho protestar, pero estaba excitada. Luego le pase la vela encendida a Montse y con un dedo le indique donde dejar caer la cera, señalándole que fuera poco. La primera gota le indique que, entre las tetas, no supo hacerlo y cayo un chorretón de cera, Begoña chillo y protesto.

Seguimos acariciándola por todo el cuerpo y ahora cogí yo la vela, fui haciendo que cayeran gotitas por distintos sitios. Protestaba, pero menos y su excitación iba a más. Hice que Montse le comiera el coño y ella se retorcía de gusto. Sus pezones estaban totalmente erectos, eran rositas y no tan grandes como los de Montse, que eran oscuros, grandes y puntiagudos. En el momento que note que estaba cerca de correrse le deje caer un par de gotas en cada pezón, pego un bote quejándose fuertemente.

Montse paro de comerle el coño, se levantó y le tapó la boca fuertemente. Diciéndole al oído… “No quiero oírte zorra. Antes disfrutaste tu dándome en mi culo, pues ahora a callar, no quiero oír ni una puta queja, ¿Te has enterado? ¿Te vas a portar bien, como la zorra que eres?” me sorprendió el tono de Montse, pero me gusto. Begoña con la boca tapada, afirmo con la cabeza a todas las preguntas que le hizo Montse. Y entonces le dijo… “Ahora te quitare la mano, estarás calladita, no volverás a protestar y harás todo lo que quiera mi hombre” otra vez me volvió a comprender.

Quito su mano y le beso en la boca, como no podía ser de otra manera un beso correspondido. Ahora me coloque entre sus piernas, mientras Montse besaba y lamia sus pezones, pero dejando caer alguna gota de cera de vez en cuando. Coloque mi polla entre sus piernas, estaba durísima, la acerque a su clítoris y se la pase varias veces, ella se movía con mucho deseo. Y cuando vi que ya empezaba a desesperarse se la metí del todo, era un poco más estrecha que Montse, daba gusto notar como costaba adaptarse a ese coñito, como apretaba, como si raspase, era una auténtica delicia. Según fue entrando ella respiraba mucho más fuerte, su pecho subía y bajaba de forma abrupta. Montse le hacía comentarios… “Nunca te metieron semejante polla, eh, zorrita” “Mírala si esta que se corre” “Ya verás cuando te llene de su corrida…” cuando dijo esto, ella reacciono rápidamente y nos dijo… “Por favor, que no tomo nada, ponte algo, por favor…” y Montse le replico…” ¿Y por qué no tomas nada?” ella con voz de preocupación dijo… “Llevamos tratando de que me quede embarazada varios meses…” interrumpiéndola Montse y diciendo… “Jajaja… no te preocupes que, con este, sales preñada seguro”

Se quedó callada, totalmente sumisa y seguí follandomela u rato, pero tenía que prevenir, ya que como decía mi madre…” Cuidado que antes de llover, chispea” por eso saque mi polla y aunque note cara de alivio en Begoña, también note cierta rabia. Pero estire mi mano y saque lubricante de mi bolsa y me dedique a lubricar bien su culo, al principio hizo una muesca con su cara, pero sabía que era inútil decir nada. Cuando vi que ya entraban bien un par de dedos, empecé a meterle mi polla, Montse mientras empezó a hacerle una paja y ella se relajó un poco, pero cada vez que entraba un poco de mi polla, en su cara se notaba un poco de dolor, pero ya no decía nada.

Cuando conseguí tenerla toda dentro me empecé a mover, como siempre al principio con suavidad, hasta que vi que la expresión de su cara ya no era de dolor, entonces fue como el pistoletazo de salida, embistiéndola con fuerza y pasión. Ahora era yo el que, al tenerla en esa posición, boca arriba, me dedique a tocar su clítoris de una forma especial y entonces Montse se puso de cuclillas acercando su coño a la boca de ella, que enseguida empezó a usar su lengua. Montse se corrió enseguida, no hizo falta mucho. Se quitó y empezó a devorar las tetas de Begoña. Ella pedía más, me pedía que se la metiera hasta el fondo, que no dejara nada fuera, estaba encantada y yo ya estaba en plan bruto, poniéndome cada vez más por las peticiones y la calentura de Begoña, corriéndonos al unísono de una forma feroz.

Cuando saqué mi polla, ella hacia ruiditos con la boca cerrada, hasta que la tuve fuera del todo. Pude ver que tenía más sangre que otras veces. Montse se levantó y de su bolso saco unas toallitas húmedas, limpiándome la polla de una forma delicada, hasta dejarme totalmente limpio. Solté a Begoña y ella misma se sacó el antifaz, su expresión era como de querer decir algo, pero que no se atrevía, hasta que mirándonos nos dijo… “En mi vida me imagine nada así… sois… sois… unos pervertidos geniales” y nos reímos los tres, ella nos dijo que en ese momento era imposible que se pudiera mover y nos volvimos a reír.

Con las mismas esposas que le quiete a Begoña, se las coloque ahora a Montse, que no puso ningún reparo. Le puse el antifaz y la colocamos en la misma posición. Primero empecé yo solo a acariciarle. Como ya la conocía, me fue fácil que se excitara al máximo. Sin yo decir nada a Begoña, se levantó encendió la vela y se acercó, dándome un buen muerdo a mi primero, estaba otra vez muy cachonda. Empezó a tocar los pezones de Montse, que crecieron al máximo. Begoña no se cortó y dejo caer un buen chorretón de cera, primero en un pezón y luego en el otro, hasta hacer desaparecer prácticamente el color marrón de los mismos. A diferencia que ella Montse lo único que hizo retorcer de forma abrupta todo su cuerpo, apretar bien los labios y después resoplar, pero pude notar como literalmente su coño chorreaba como si se hubiera orinado. Cuando termino de resoplar nos dijo… “Vaya corrida me he dado, en mi vida tuve una así… uuuhhhmmmmmm”

Se había corrido y no nos habíamos ni enterado. Pero eso no aplaco su calentura, lo que hizo que yo me pusiera otra vez súper excitado. Me paso la vela Begoña y se agacho para comerme mi polla, ahora manejando sus manos reconozco que la chupaba muy bien, además se le notaban las ganas y al tener la boca más grande que Montse le entraba mucho más.

Ahora me dediqué a dejar caer cera por casi todo el cuerpo de Montse, que no protestaba para nada, fui bajando más, pero sin perder la visión de su cara, hasta llegar al pubis, llenándole prácticamente todo de cera. Me tentaba dejar caerle cera en sus labios vaginales, en su clítoris, pero no sabía cómo resultaría en un lugar tan sensible. Yo creo que ella sabía lo que estaba pensando y al final me decidí a dejar caer una gotita cerca de su clítoris. Me pareció eterno el tiempo que tardo en caer la gotita y no perdía la cara de ella. Trato de aguantar estoicamente pero no pudo… “Cabroooooón… te mato, te…” y antes de que acabara de decir nada más, deje caer otra.

Pero esta vez fue Begoña la que le tapó la boca diciéndole… “Ahora te jodes tú, so puta… no querías jugar, pues a callar…” “me oyes tu bien a mí, ¿ahora?” y vi como Montse afirmaba con su cabeza, Begoña con una gran sonrisa se gacho, quito la mano y se fundieron en un apasionante beso y cuando termino le pregunto… “¿Y quién me va a comer el coñito todos los días en este despacho?” contestándole Montse… “La misma a la que tú se lo comerás, pero siempre que nos visite Carlos, si no… NO” oír eso me puso tan cachondo que me puse a follarme de forma salvaje a Montse. Hasta que nos corrimos los dos salvajemente, sin parar de gritar, gemir…

Nos quedamos sentados, recuperándonos y hablando un poco. Sobre todo, Montse con Begoña, que el decía que eso no se tenía que saber, que tenía que ser discreta y también que a partir de ese momento se llevarían muy bien. Sonriéndose las dos. Y diciendo Begoña que lo que más le molestaba era no poder contar que yo me la había follado, para envidia de más de una de allí y se volvieron a reír las dos. Yo le dije que sería bueno que, para la próxima vez, tomara algo para estar más tranquilos y ella me dijo que imposible, que llevaban desde tres meses antes de casarse sin tomar nada para quedarse embarazada y que no había manera. Montse le dijo que ella conocía un centro donde podrían estudiar el motivo porque no se quedaba y Begoña nos contestó, que ya lo sabían. Que su marido para que lo entendiéramos, tenía el esperma vago, que entonces entre unas cosas que le habían mandado y cuando hacerlo, era el tratamiento.

Como nos vio cara de estar perdidos, nos explicó que solo lo hacían en el día de mayor ovulación. Que el resto de los días él no podía ni masturbarse ni podían hacer nada. Lo que llevaba a la desesperación. Riéndonos todos. Porque ella se vio que era muy activa. Añadiéndonos que eso llevaba a que el marido cuando follaban, después de tanto aguantar, se corría enseguida y como ella se tenía que quedar quieta durante un tiempo, pues… nos volvimos a reír y más cuando Montse le dijo, vamos que tienes que tener el dedo desgastado. Yo me fui al aseo un momento y cuando regresé, por lo que pude comprobar las dos habían hablado, tenían una duda y me preguntaron que como sabía que les iba a gustar lo que les hice con las velas…

Mi contestación fue clara… “Como me dijo una mujer que me enseño, no hay que confundir la fantasía y el juego, con la realidad. Una cosa es el sado light y otra el extremo. El extremo no me gusta y con el light hay que estar pendiente de la otra persona, si se nota que lo admite, que disfruta o no. Para saber si se debe seguir o dejarlo. No hay que cometer excesos, ni en la forma de apretar las esposas, ligaduras, no golpear fuerte, no apretar tampoco en exceso… saber los límites y no sobrepasarlos”

Nos arreglamos y nos fuimos con toda normalidad, pero antes de salir del bufete nos besamos ardientemente, tan ardientemente que casi nos volvemos a enrollar. Cuando salimos a la calle, el marido de Begoña estaba aparcado en segunda fila esperando. Cuando nos vio salió rápidamente del coche, saludando muy amablemente y con mucho respeto a Montse, que para mi gusto con cierta altivez le correspondió al saludo y sin espéralo nadie, le dijo… “Perdona que haya tenido que venir tu mujer a trabajar en sábado, pero era necesario y lo más seguro que algún día le vuelva a tocar. Además, con las nuevas responsabilidades que va a tener, algún día tendrá que viajar conmigo” a Begoña le apareció una leve sonrisa de “maldad” el marido lo único que dijo fue… “Usted no se preocupe doña Montse, mi mujer es muy responsable y seguro que cumplirá” Allí nos despedimos todos y nos fuimos. El marido paso de mi completamente, como si no estuviera, pero bueno, no pasa nada.

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Me acuesto con mi suegra

Desde que mi suegra se separó, vive en las casa de sus hijas. Pasa un tiempo con nosotros, luego viaja a quedarse un tiempo con su hija del sur, con el único que no se queda es con mi cuñado.

La verdad a mi no me molestaba su presencia, tenemos una pieza de mas y siempre nos coopera, incluso con dinero, con lo quehaceres del hogar, el cuidado de los niños, aparte que es muy agradable, una mujer en extremo sociable, simpática y nuestra relación siempre ha sido perfecta.

Su nombre es Silvia, es muy extrovertida, sociable, cariñosa, cae bien en todas partes. Siempre me abrazaba, me tomaba del brazo, es muy cariñosa una mujer muy de piel, pero nunca se me paso llegar a algo con ella, jamás. Tiene 64 años, es bonita de rostro, ojos verdes, tes clara, bastante gorda, no muy alta, tiene una prominente barriga, ademas de ser muy culona y con unas tetas enormes. De todas formas reconozco que se me iba la vista hacia esas enormes tetas, sobre todo en verano, en la mañana, cuando con solo su camisa de dormir se paseaba por la casa, luciendo sus generosas tetas ante mi cara.

La rutina de mi hogar comenzaba muy temprano. Mi mujer se levantaba, prendía el televisor de mi cuarto, luego entraba a ducharse y arreglarse, mientras su madre le hacía desayuno a mi hija. Mi hija en ese intertanto, siempre llegaba a acostarse conmigo unos minutos, hasta que llegaba mi suegra a vestirla a mi cuarto. Mi trabajo era solo despertar a mi hija, no me levantaba por que entraba a trabajar mucho mas tarde que mi mujer.

Mi suegra entraba a mi cuarto, vestía a mi hija, ( la vestían ahí , porque mi cuarto tiene aire acondicionado) , donde luego se tomaba su leche y esperaba que su madre estuviese lista para llevársela al colegio para luego irse a su trabajo. Era en ese momento, cuando la vestía, donde mi suegra me daba un show de tetas todos los días. Al andar con su bata abierta, su camisa de dormir, cuando se doblaba para vestir a mi hija, sus enormes tetas colgaban sin brasier, dándome una perfecta visión de ellas colgando al costado de mi cama, imaginándome que a cada rato se le escapaba una, dejándome con una tremenda erección.

Era una rutina de todos los días. Las dos salían muy temprano y yo me quedaba solo con mi suegra, ya que entraba mucho mas tarde a trabajar.

Una mañana cualquiera, ahora de invierno, hacia mucho frio, estaban dando una noticia muy importante en la televisión, mi suegra se sentó junto a mi hija y se tapo para ver la noticia. Luego mi mujer ya lista, se despide de mí y se va con mi hija. Mi suegra se quedó tapada a mi lado y nos quedamos comentando la noticia. Yo, como siempre, me volvía a dormir, ya que me quedaban al menos una hora más para recién comenzar a levantarme. Ese día mi suegra no se fue a su cuarto, obviamente volver a su cuarto frio, mientras el mío estaba con el aire acondicionado, temperado y ella muy friolenta, se quedó en mi cama. Cuando me levante, mi suegra dormía a mi lado.

Esto se repitió un par de veces, incluso salieron bromas al respecto que mi suegra se acostaba con su yerno, cuando su hija se iba . Ella argumentó que cuando volvía a su cama esta estaba muy helada ( mi suegra es en extremo friolenta), mientras que la nuestra , se mantenía caliente.

Y así, se fue transformando en una rutina diaria, mi suegra luego de atender a mi hija, y mi mujer se iba, en vez de irse a su fría cama, se quedaba acostada a mi lado, a ver televisión, mientras yo dormía.

En un principio lo hacía con su bata de levantarse, algo sentada en la cama, pero ya después, con mas confianza, se sacaba la bata y se acostaba con camisa de dormir, bien tapada.

Las mañanas amanecían cada vez mas heladas, hasta que una de estas llego la temperatura a bajo cero. Un frio polar, los vidrios del auto con hielo, y luego de la rutina del día, mi suegra que había estado levantada, harto rato, pasándole la mochila y colación a mi hija, llegó a mi cama, se acostó a mi lado y se replegó a mi espalda, en busca de calor. Estaba muy helada, me dijo que tenía mucho frio. Me quede dándole la espalda a mi suegra, sintiendo como el frio cuerpo de ella se apegaba con el mío, en busca de calor

Sentí sus grandes tetas en mi espalda y como apegaba su cuerpo hacia mí, abrazándome por detrás. Yo soy muy acalorado para dormir y como no me había levantado en ningún momento estaba muy calientito mi lado.

A pesar de ser mi suegra, su edad y su gordura, era una mujer distinta en mi cama, mas el espectáculo de tetas que me daba todos los días, comencé a desear tener algo con ella. Ya al otro día estaba esperando que mi suegra se metiera a mi cama y que me rozara su cuerpo, me excitaba sentir su cuerpo rozarse con el mío, pero esta vez yo estaba de espalda. Mi suegra se mete a mi cama y de inmediato se apega a mi cuerpo en busca de calor, incluso pasa una de sus gruesas piernas por sobre las mías diciéndome lo helada que estaba. Yo, ya aprovechando que era ella la que actuaba como si fuera lo más natural del mundo, le tome la pierna con mi mano caliente, como para darle calor. Ella hizo el comentario de lo caliente que estaba mi mano y lo fría que estaba su pierna, no molestándose para nada con mi actuar, pidiéndome que se la colocara en la rodilla. Teníamos la confianza de tocarnos habitualmente, por lo que no le pareció nada raro. Pero pasó lo que tenía que pasar. Mi suegra con su pierna sobre mí y mi verga con la presión y calentura, se fue despertando cada vez más.

De todas formas estaba algo nervioso, si o si era la madre de mi mujer, pero no hice nada para evitar el contacto. Pensé que ella al darse cuenta de lo que estaba pasando la sacaría, pero no lo hizo, la dejo sobre esta. Nos quedamos así sin movernos hasta que sonó mi despertador y me tuve que levantar. Claro está que en la ducha no me quedo otra opción que masturbarme como un mono pensando en mi suegra.

Ya me tenía completamente caliente mi suegra, como era posible que ella no se diera cuenta lo que me estaba haciendo. Pensé quizás hasta el gustaba provocarme de esa manera y decidí jugármela un poco mas y ver hasta donde llegaría ella.

Al otro día pasó lo mismo. Mi mujer estaba saliendo de la casa, sabía que mi suegra llegaría a mi lado. Se mete a mi cama a ver televisión y apegarse a mí, yo de espalda y su pierna sobre mi verga. Al poco rato ya me la había levantado y ella actuaba como si nada. Me levanté al baño, pasando delante de la televisión, para que viera a su yerno con su verga semi erecta. Fui al baño y luego a la cocina a buscar un vaso de jugo. La idea era enfriarme lo suficiente y llegar yo ahora en busca del calor de mi suegra. Entre a mi cuarto, mi suegra en la cama mirando la televisión. Entre hablando del frio monstruoso que hacia afuera, con el cuerpo completamente helado. Me metí a la cama y le dije que ahora ella me diera calor a mí.

– Deme la espalda suegrita que vengo congelado

– Ufff mijito, mire que viene helado , métase acá

– Ohhh que manera de hacer frio hoy

– Si .. cada vez amanecen mas heladas las mañanas .. ufff que viene helado, como no se puso bata

– Es que no pensé que hacia tanto frio, pero luego entro en calor

Con mi cuerpo helado, me apegue a la espalda de mi suegra en busca de calor abrazándola por la cintura y apoyándole la verga en el culo, moviéndome como si buscara su calor, pero apegándole bien la verga contra el culo. A los 10 minutos, de estar apegado al tremendo culo de mis suegra, mi verga se había despertado, ya había entrado en calor, pero de todas formas no la soltaba y cada cierto ratos me acomodaba, apegándole más la verga al generoso culo de mis suegra, que mas que seguro ya se debe haber dado cuenta que era lo que sentía apegado a su enorme culo. Esa mañana no pasó nada más, y nuevamente me tuve que levantar y masturbarme en la ducha recordando el culo de mi suegra. Era imposible que ella no se hubiese dado cuenta que le había rozado la verga en su culo.

Luego llego el fin de semana, obviamente no paso nada, mi mujer no trabajaba, no había colegio. No noté ningún cambio en mi suegra, actuaba como si nada hubiese pasado, mientras yo esperaba con ansias la mañana del día lunes, hasta que llegó. La misma rutina, mi mujer se va y mi suegra se mete a mi cama, yo esperándola con la erección que nos caracteriza en las mañanas. Nuevamente venia helada, se sacó la bata, se metió a mi cama y restregó su cuerpo contra mi espalda en busca de calor. Sentí sus grandes tetas apoyadas en mi espalda y su mano fría en mi estómago.

Más dura se me puso sintiendo esas manos tan cerca de mi sexo. Pero luego de unos minutos, sorpresivamente se da vuelta y me pide que la abrace por detrás para darle calor en la espalda. Como estaba, era imposible que mi suegra no me sintiera la verga en su culo, pero no tenía excusa para no hacerlo.

Me moría de ganas de colocárselo en el culo, aunque igual me daba algo de vergüenza que notara mi erección ahora si que levantada y dura, por lo que no tuve más remedio que abrazarla por detrás, pero evitando el contacto de la parte de abajo, sin embargo, ella misma hecha su enorme culo hacia atrás y se encuentra inevitablemente con la tranca de su yerno en su máximo esplendor.

Con una suave exclamación o sonido, dio un pequeño aviso de que lo había notado, pero no lo retiró, quedándose quieta y actuando como si nada pasara. Yo tampoco me movía, solo me quedé quieto, con mi verga aprisionada contra las generosas nalgas de mi suegra, disfrutando del contacto. Pasaron unos cinco minutos sin que ninguno de los dos se moviera, pero la presión de nuestros cuerpos no hacía otra cosa que ponérmela más dura aun. Sabía muy bien que ella sentía la enorme presión que mi verga estaba haciendo con su culo. De haberse sentido ofendida o incomoda, se hubiese movido, pero no estaba ahí quieta, hasta que se movió un poco acomodándose, momento en que yo también me moví. Ambos presionamos nuestro cuerpo contra el del otro, quedamos más juntos aun. Me costaba respirar para no demostrar lo excitado que estaba, pero aprovechándome de la situación, pase mi mano dejándosela en su vientre. Ella me tomo la mano y vuelve mover su culo, haciendo más presión y yo ya comenzando a sentir que ella estaba dándome la pasada, también me acomode, restregándole fuertemente mi verga contra su culo. Sentí su mano apretar la mía, pero no cambio de posición. En silencio, mi suegra sabía lo que estaba pasando y no hacía nada por detenerlo. Me quede expectante a ver qué hacia mi suegra, si volvía a mover su culo hacia atrás, era señal que lo quería y yo, sin lugar a dudas, se lo daría.

Un par de minutos y mi suegra no cambiaba de posición, no se movía, ni me decía nada, solo me acariciaba la mano. Expectante a ver su reacción, tímidamente me moví solo un poco hacia atrás separándome solo un poco y ella descaradamente mueve el culo hacia atrás, en busca de lo que hace rato tenia apoyado contra sus nalgas. Enseguida me apoyé contra ella, no una, sino, dos veces seguidas y en respuesta ella lo vuelve a mover, dándome la señal que necesitaba.

Comencé a moverme muy lentamente, casi imperceptiblemente, apoyándome suavemente contra las nalgas de mi suegra y ella también siguió el juego, moviéndose suavemente hacia atrás, casi imperceptiblemente, sin embargo al rato, su respiración comenzó a traicionarla, dando muestras de que estaba excitada. Ya eran más que evidentes mi empujones contra el culo de mi suegra y ella su movimiento de culo hacia atrás, hasta que luego de un rato, ya no había nada que ocultar, mi suegra estaba disfrutando las caricias que la verga de su yerno le hacía contra su culo. Descaradamente me estaba punteando a mi suegra y ella se movía como si estuviésemos follando muy suavemente. Solté la mano que me tenía tomada, y se la coloqué en el culo, sin embargo ella me la volvió a tomar y al coloco en su vientre apretándomela fuertemente. Varias veces más intente zafarme, pero ella no me lo permitía. Quise llevar la mano a una de sus tetas y tampoco me dejo. Cada vez mis empujones eran más fuerte y la respiración de mi suegra, más agitada, estaba excitada, pero me tenía la mano fuertemente apretada, sin soltármela, aunque ya estaba entregada al placer de sentir como su yerno se frotaba fuertemente contra sus grandes nalgas

Mi despertador sonaba una y otra vez y ni siquiera lo paraba para no soltar a mi suegra. Entre suaves gemidos ella me decía que parara y que me fuera a trabajar, pero yo continuaba frotándome contra ella, hasta que sorpresivamente me dice – Acaba y vete a trabajar -.

No podía dar crédito a lo que había escuchado. Caliente como estaba , mas ahora con su permiso, con más fuerza aun la abracé y apreté fuertemente mi verga contra sus grandes nalgas descaradamente, dándole fuertes empujones como si realmente me la estuviese follando, hasta que no quise aguantarme más y comencé a soltar mi semen, gimiendo ambos calladamente disfrutando ambos del climax del encuentro. Recién ahí, luego de un rato nos soltamos, no dijimos nada, mi suegra dándome la espalda nunca me miró. Me levanté y al salí de la cama, pude ver el culo manchado con semen, que aun estando dentro de mi pijama, había traspasado la tela y le había mojado su camisa de dormir.

Salí de la ducha, me vestí y me fui, sin intercambiar ninguna palabra con ella, que simulaba dormir en mi cama.

Al llegar en la tarde, su trato conmigo fue como siempre, nada extraño, como si nada hubiese pasado. Esperaba con ansias que fuera la mañana del otro día, la rutina diaria y si mi suegra se volvía a meter a mi cama, al fin gozaría con sus deliciosas carnes.

Amaneció, comenzó la rutina diaria, mi suegra vistiendo a mi niña en mi cama, mientras sus enormes tetas colgaban ante mis ojos, deseando ya saborearlas de una buena vez. Mi ingenua mujer se despide, sale de la casa y me quedo solo en mi cuarto, esperando a mi suegra. Desconecté el despertador para que no me interrumpiera en caso de tener suerte y esperé a mi suegra ya con la verga parada.

Me hice el dormido para que no le diera vergüenza y unos después de minutos que mi mujer se va, siento como mi suegra se mete a mi cama, dándome la espalda sabiendo perfectamente lo que pasaría. De no haberlo querido no se hubiese metido , era obvio. Me doy vuelta, la abrazo por detrás y ahora me voy con todo. Le agarró las tetas y aunque trata de sacarme las manos, me aferre a ellas y no le quedo más opción que dejarme que se las tocara a mi antojo. De inmediato comenzamos a movernos como si me la estuviese cogiendo por detrás, ambos calientes ya sin nada que ocultar.

Al fin tenia esas enormes tetas entre mis manos, se las apretaba fuertemente por sobre la tela de su camisa de dormir, eran exquisitas, tremendas tetas se gastaba mi suegra que al fin eran mías. En un morboso magreo al cuerpo de mi suegra, me baje los pantalones de mi pijama y me dedique a agarrarle el culo, carnoso, enorme, deseando ya estar dentro de ella.

Con mi pantalón en mis rodillas, le levanté la camisa de dormir y por sobre sus enormes calzones se la restregué un rato. Pero cuando intentaba tocarle el coño o bajarle los calzones, se espantaba y me pedía con tono autoritario que no lo hiciera. Fue bastante autoritaria al decirme que solo era un faje para sacarnos las ganas, pero que de ninguna forma pensara que le sería infiel a su hija dejándose follar. A las finales no conseguí follármela, tampoco que me tocara o que se dejara chupar las tetas, solo me dejo manosearla por sobre la ropa e igual que el día anterior, tuve que acabar en sus calzones, dejándoselos todos moqueados, fue muy rico, pero de follarla o chuparle las tetas, ningún avance

Así pasó la semana, todas las mañanas mi suegra se metía a mi cama, me dejaba agárrale el culo y las tetas y rozarme con ella, ambos disfrutábamos, pero cada vez que intentaba algo nuevo, me detenía bruscamente, al punto de enojarse. Disfrutaba manosear a la vieja y dejarle todo el culo y las piernas moqueadas, pero me estuvo molestando la situación que no se dejara follar ni chupar, incluso el jueves, al ponerme tan insistente y no hacerle caso, tratando de bajarle los calzones, se levanto enojada y se fue a su cuarto, dejándome caliente y también molesto.

Fue el día viernes donde logre un gran avance. La misma rutina de todos los días, hasta que quedamos solos. Haciéndome el dormido, mirando hacia la ventana, siento cuando ella se mete a la cama. Al ver que no me colocaba detrás de ella, se da vuelta y me abraza ella, preguntándome si estaba enojado. Le dije que sí, que me molestaba la situación que me dejaba caliente al no dejar avanzar. Me dice que no podía hacerle eso a su hija, que ya lo que hacíamos era inconcebible, pero que de todas formas , le gustaban mucho nuestros encuentros. Me dijo que hace años no sentía esa excitación, que lo disfrutaba, pero que no podía dejarse follar por el esposo de su hija. Yo me mostraba indiferente, hasta que sentí como su mano bajaba de mi vientre hasta llegar a mi entre pierna. Ya con solo sentir su mano bajando lentamente, acariciarme los pelos mi verga despertó inmediatamente hasta que por primera vez, mi suegra me agarra la pija por sobre la tela , con una de sus manos y me comienza a masturbar lentamente. Era delicioso sentir su gorda y pequeña mano acariciarme con suavidad mi verga, sintiendo como ella también disfrutaba de ese nuevo contacto. Me quede dándole la espalda disfrutando de la suave masturbación que ella me regalaba, hasta que me di vuelta y me fui contra sus tetas. Primero se las chupe por sobre la tela, sintiendo su duro pezón en mi boca, hasta que le baje los tirantes de su camisa de dormir y conseguí sacarlas afuera, devorándomelas al fin. Me moría de ganas de comerle las tetas a la vieja y al fin las tenia ahí todas para mi, grandes, enormes, deliciosas. Como un animal se las chupe fuertemente, apretándoselas, restregando mi cara contra ellas. Mi suegra de espaldas no puso reparo en eso, al contrario, se quedo con sus enormes tetas al aire, disfrutando de ver a su yerno devorárselas con tantas ganas.

Me harte de chuparle las tetas a mi suegra, las tenía tan ricas, su olor, su sabor, que pedazos de carne más rico tenía en mi boca, muy blancas de aureolas rosadas y pezones muy marcados. Se las apretaba con ambas manos, restregaba mi cara contra ellas, le chupaba fuertemente los pezones, mientras mi suegra acariciaba mis cabellos, excitada disfrutando de las chupadas. Semi acostado sobre ella, baje una mano hasta sus piernas, y se la metí dentro de su camisa de dormir llegando hasta su sexo. Nuevamente su mano me retuvo la mía, pero luego de un rato ya fue cediendo y mi mano llego hasta su calzón, encontrando a través de los pliegues de su calzón, sus abultados labios vaginales, con una humedad que traspasaban la tela.

Comencé a frotárselo muy fuertemente, masturbándola ahora yo a ella. Ahí mi suegra cambió rotundamente, comenzó a moverse y a gemir mas fuerte tratando de sacarme la mano, pero con fuerza me mantuve ahí, metiéndole incluso un dedo en esa parte que cada vez estaba más mojada. Comenzó a jadear más y más fuerte, hasta que gimiendo muy fuertemente, dejó de luchar y comenzó a acabar, cerrando las piernas , dejando mi mano apretadas entre ellas, moviéndose de lado a lado, con sus tetas al aire, mientras su yerno no dejaba de frotarle su sexo. MI suegra alcanzo un gran orgasmo pero a pesar de estar ambos muy caliente, tampoco me dejo follarmela, solo se quedo ahí con sus tetas al aire, dejándome chupárselas y manosearla por todos lados , solo restregándome contra ella, tuve que acabar. Ya más calmada, me pidió disculpas por no dejarse follar, que la comprendiera que era una mujer muy abandonada en ese aspecto hace años, que lo necesitaba y que le encantaría poder llegar mas allá , pero que no podía dejarse follar, solo por su hija que si no la cosa sería muy distinta.

Llegó el fin de semana y obviamente nada pasó. Entré a la cocina, mi suegra lavaba los platos, mi mujer había ido a comprar y colocándome atrás de su enorme culo, le agarré las tetas y me la punteó por detrás Mi suegra se enfadó muchísimo, me dijo que por ningún motivo lo volviera hacer, que eso estaba completamente prohibido, porque en cualquier descuido, su hija nos pillaría. La entendí.

Llegó el anhelado lunes. Estaba más que caliente que nunca esperando a mi suegra en la cama. Mientras mi mujer se duchaba y ella vestía a mi hija, mis ojos estaban pegados en las tetas de mi suegra que se reía y se trataba de cubrir. Ansioso esperaba tener nuevamente esas tetas en mi boca hasta que al fin, mi mujer se despide y se marcha. Acostado con la verga parada, espero ansioso la llegada de mi suegra a mi cama. Al fin aparece en el cuarto, se saca la bata, mostrando su voluminoso cuerpo dentro de su camisa de dormir y antes de acostarse a mi lado, me dice que me porte bien, riéndose. Pero apenas la tuve ahí, de inmediato la abracé y como un pulpo mis manos se fueron contra su cuerpo, agarrándole las tetas y el culo a mi antojo. Al poco rato la camisa de dormir de mi suegra estaba toda levantada y mientras con una mano le acariciaba la concha, con la otra le tocaba las tetas chupándoselas fuertemente.

Mi suegra con los ojos cerrados, disfrutaba del faje que le hacia su yerno, hasta que intentando algo nuevo me saque todo y arrodillándome al lado de su cara, le trato de poner la verga en la cara. Ella se rió, permaneció con los labios cerrados mientras yo se la pasaba por estos, hasta que abrió la boca y comencé a metérsela por ahí. Al principio lo hacía mal, se reía pero luego la risa se fue y la vieja comenzó hacerlo mejor y a disfrutar al hacerme una mamada exquisita, mientras yo le amasaba las tetas.

Se volvió habitual esa práctica, aparte que le encantaba hacerlo. Todas las mañanas mi suegra me hacia un fabuloso sexo oral, nos masturbábamos uno al otro, me permitió sacarle la camisa de dormir, pero no los calzones, Me montaba sobre ella metiéndosela a la boca y acababa sobre sus grandes tetas dejándoselas todas moqueadas, algo que a ella le encantaba, pero de penetración, nada. Hasta que un día, mientras estaba montado sobre ella chupándole las tetas, ella con sus piernas abiertas, baje y me fui de una a su sexo, restregándole la cara por sobre la tela mojada. En un principio quiso sacarme, pero al no poder hacerlo, aun algo nerviosa, se dejo. Le corrí ese calzón de vieja hacia un lado y por primera vez vi se concha peluda que solo había tocado, de pelos largos de color claro, de labios largos y arrugados, los que devoré con pasión. Mi suegra se entregó al placer y gemía deliciosamente sintiendo al lengua de su yerno invadir su intimidad. Le tomé los calzones y se los bajé. A medio camino se los agarró impidiéndome bajárselos, le mentí diciendo que era para chupársela mejor, me dijo que si, pero que no era para follar, obviamente mentí y le dije no me la follaría.

Terminé de sacar esa última prenda, dejando a la gorda tetona y culona de mi suegra completamente desnuda, con sus piernas abiertas, mostrando toda su concha ante mis ojos. Me sumergí de nuevo entre sus piernas y ahora si que se la comí con ganas , abriéndole los labios, metiendo mi lengua lo más adentro posible, apretándole el pliegue de sus nalgas, sintiendo mi barba mojada con sus jugos y mi saliva, hasta que volví a sus tetas. Ella trató de cerrar las piernas pero no la deje, con las mías se las abría. Ella me pedía desesperada que no se la fuera a meter, y yo le decía que no, pero acomodándome buscaba la mejor posición, hasta que mi verga roza su sexo, y comienzo a moverme tratando de penetrarla. Me decía – ¡no! , ¡no! , ¡Carlos, por favor no me la vayas a meter!- , – Solo por fuera suegrita – , – ahhh no lo hagas – , pero ya era tarde. Apenas sentí que estaba en una buena posición, presioné un poco y la cabeza de mi verga entró inevitablemente en la mojada y abierta vagina de mi suegra. – ¡Esta entrando!, ¡sácala! – , pero escuché métela y sabiendo que estaba entrando en el lugar correcto, la agarré del culo , deje caer todo mi peso y mi verga se sumergió en el interior de su cuerpo. – ¡Dios mio, Carlos que hiciste! , como si no supiera que terminaríamos así , – Ya no hay nada que hacer suegrita, ya es mia –

Mi suegra no tuvo más remedio que entregarse a las perversiones de su yerno. Ya mi verga estaba por completo metida en su olvidado coño y le encantaba. Gemía como si le fuera a dar un infarto, quejándose de placer, con sus gruesas piernas abiertas a más no poder, desparramada en la cama, sus enormes tetas cayendo hacia los lados y yo afirmándome de su culo y metiéndosela una y otra vez. La coloqué de lado, le levanté la pierna y continué perforándola pro detrás, claro que ahora tenía acceso a una de sus tetas – Que ganas tenia de estar asi contigo – , – ahhhhh ahhh, que rico, no se cuantos años que no me cogían – , – ahora recuperaremos el tiempo perdido – , -ahhh mmm que rico se siente – .

Me coloque de espaldas y le pedí que se subiera. No era muy ágil en sus movimientos. Su gordura y sus años se notaban, hasta que se montó sobre mí, con sus enormes tetas colgando, bamboleándose de lado a lado, riéndose de verse tan expuesta ante su yerno. Me las colocó en la cara y mientras se las chupaba, le agarraba su enorme culo saciando mis más morbosos deseos de tener a la madre de mi esposa completamente para mí. Permaneció arrodillada sobre mí, dejándome tocarla por todos lados. Su barriga suelta también colgaba, pero el morbo de estar con ella me hacía verla como una atractiva hembra. Apenas me daban los brazos para abarcar semejante culo. Me imaginaba como se vería por detrás, cuando se lo apretaba y se le abrían las nalgas. Se acomodo sobre mi verga y se la comencé a meter afanosamente, mientras sus tetas chocaban contra mi cara. Luego la hice sentarse, donde mi verga se perdió entre sus carnes. Por su gran peso, poco podía moverme, por lo que ella comenzó a moverse de adelante hacia atrás, siempre con sus ojos cerrados y rostro arrugado, sintiendo placer a más no poder. La verdad es que mi suegra tenia la concha muy abierta y muy jugosa, y mi verga le entraba sin ningún problema, por lo que poco sentía, era más el morbo de verla así, pero quería mas y luego de un rato le pedí que cambiáramos.

– Ven , colócate así – , – ¿Cómo?- ,- así , en cuatro patas- , -no así no, me da vergüenza- , -ven quiero tenerte así- , -bueno, que locura ja ja ..

Mi suegra adopto la pose que le pedía, gateando sobre la cama, con sus tetas colgando, poniéndose en cuatro patas sobre la cama , mientras yo de pie , miraba como su enorme culo iba quedando delante mío , listo para recibir mis embestidas. Teniendo casi un metro de culo delante de mí, de lado a lado, le abrí sus grandes nalgas y previo un buen toqueteo con mis manos y dedos por todos lados, se la volví a meter sin compasión. La abierta concha de mi suegra recibió toda mi furia, le di con fuerza, golpeando sus enormes nalgas que se movían como gelatinas con cada una de mis embestidas. Al poco rato mi suegra gemía como si le estuviese dando un ataque y yo no paraba de darle verga por detrás admirando su enorme culo moverse. No duro mucho ni tuvo que decirme que estaba alcanzando el orgasmo, porque sus alaridos se transformaron en gritos de placer, viendo sus manos arrugando la sabana moviendo el culo con fuerza hacia atrás. Pero no me detuve , continué disfrutando del culo de mi suegra por un buen rato, dejándosela metida hasta el fondo , agarrándole las tetas por debajo , sacándosela y volviéndose la a meter con más fuerza aun , hasta que me dice quejándose – ya no puedo más, ya no mas , acaba por favor – .

Me sentía como un toro, estaba completamente excitado, con la verga dura como una roca, hubiese podido durar un buen rato mas, pero le daría en el gusto, claro que si quería que acabara, debía ayudarme hacerlo. Le dije que se abriera las nalgas para echarle mis mocos en el culo. – no , estas loco, así no mas, dale acaba , que ya me duele – , – ya pues suegrita , abrase las nalgas para echárselo en el culito – , -no porque me la vas a querer meter por ahí- , – no, le prometo que no , solo correrme una paja con su culo que me encanta – , – bueno, pero sin meterla-

Mi suegra complaciéndome, con la cara apoyada sobra la cama, se lleva las manos hacia atrás y se abre las nalgas, dejando completamente expuesto su ano. Me masturbe rozándoselo, diciéndole que tenía un culo muy rico, pasándole la verga por todos lados. Al abrirse las nalgas mi suegra, se notaba la entrada de su ano mucho más dilatado que el ano de mi mujer. Ella nunca me había dejado metérselo por ahí, por tenerlo muy estrecho, en cambio el ano de mi suegra, se veía muy fácil de penetrar, ya otro día trabajaríamos ahí.

Continué cascándomela mirándole el culo a mi suegra, rozándole el ano, hasta que no aguanté más. Entre bramidos le dije que estaba por acabar y colocándosela en la entrada de su orificio anal, comencé a acabar, gimiendo para que ella se excitara al escucharme. Mis chorros de leche salían mojando la entrada de su culo y continuaron saliendo en una espectacular paja. Pero no me puede aguantar, teniendo mi verga ahí casi entrando en su ano, lleno de mi leche, que en uno de mis movimientos, empujé solo un poco y entró tan solo un poquito la punta de mi verga, pensando que mi suegra se correría, pero no dijo nada. De todas formas cumplí mi palabra y no se la metí. Me restregué contra ella y se la volví a meter en la concha jugando unos pocos minutos con esta, hasta que deje libre a mi suegra.

Cayó rendida, de boca a la cama, quejándose y riéndose, diciéndome que estaba muerta, que habíamos hecho una locura y que la había dejado toda mojada. Ya no le importaba que viera su gordo cuerpo desnudo, había perdido toda la vergüenza.

Continué teniendo sexo con mi suegra, cada vez mas largos y fogosos. A los pocos días, el culo de mi suegra estaba a punto de ser entregado. En uno de mis encuentros, la acosté boca abajo y literalmente perdí mi cara entre sus nalgas , le metí la lengua en el culo y le gustó mucho. Luego me aguantó que le metiera un dedo en el culo mientras me la follaba y cuando estaba lista para entregármelo, me cambiaron el turno en mi trabajo y entraba a la misma hora que mi mujer, por lo que nuestros encuentros se acabaron, pero solo momentáneamente.

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Dos amigas chupando pija

Estas dos amigas unas zorras de mucho cuidado, Lucía, de rodillas, observa a su mejor amiga Marta, arrodillada también, y no acaba de creerse hasta donde han llegado hoy. David, su gran amigo, las mira de pie sin creerse tampoco lo que está pasando.

Marta desabrocha el pantalón de David con sumo cuidado, botón tras botón, bajo la atenta mirada de Lucía. De fondo, a lo lejos, se escucha todavía el murmullo de la gente y el ruido embotellado de la discoteca que está al otro lado del paseo. El ruido del mar y la suave brisa otoñal dotan a la situación de un matiz muy especial.

El pantalón de David cede, dejando ver su bóxer, blanco, que reluce bajo la oscuridad. Marta pone su mano sobre el bulto en crecimiento y acercando sus labios lo mima y lo besa. Lucía no sabe que hacer viendo a sus amigos de esa forma. Tímidamente estira sus manos y levanta la camiseta ceñida de David, que muestra sus abdominales bien formados pero no exagerados, y los acaricia sintiendo su tensión y dureza.

David es el típico cielo de amigo, guapo, buen físico, deportista pero no obsesionado con su cuerpo. Un buen amigo cuando se necesita ayuda, nada egoísta y genial compañero de fiestas. Es moreno, 1.75m, pelo corto, mirada penetrante y labios bien marcados, sin vello corporal.

Tal como si fuese uno de esos videos porno, Marta separa sus rodillas en la fría arena, lo que provoca que su ceñido vestido negro suba por sí solo quedándose a la altura de sus nalgas. Aleja su boca del bóxer y mirando a los ojos de su amigo, comienza a acariciarle el bulto con la mano abierta. No deja de crecer. Marta separa la mano y mira para Lucia, que observaba la acción atentamente. Lucía no se lo piensa dos veces y estira su mano para acariciar por encima del bóxer a David. Su miembro se va formando y endureciendo bajo su mano, y lo aprieta suavemente al sentir una dureza cada vez mayor. Pese a que alguna vez habían bromeado sobre ello, ninguna de las dos esperaba que su amigo estuviese tan bien dotado. No era broma. Mientras Lucía sonríe a David, nerviosa, Marta estira su mano agarrando sus testículos y masajeándolos con la mano entera. David suspira al sentir dos manos distintas acariciándole.

Aunque reina la oscuridad, hay una farola justo encima del paseo de tablas de madera bajo el cual están, que genera varias líneas de luz que se cuelan entre los tablones iluminando la morbosa escena. Sólo los pasos de la gente que pasa por encima les tapa la luz de vez en cuando provocando un efecto de luces sobre los cuerpos.

El pelo liso de Marta es más negro que la propia oscuridad y sus penetrantes y grandes ojos parecen quitados de una serie de anime. Cara redondeada, piel muy pálida con labios finos y rosados. Lucía, cabellos de color miel, labios marcados y ojos claros.

Marta acerca su boca nuevamente y la apoya sobre la suave tela del bóxer, con una serie de besos bastante sonoros. Lucía aparta su mano para dejarle hacer a su amiga, que se retuerce sobre la arena. Levanta sus manos, agarrando los extremos del bóxer, y comienza a deslizarlo suave. Su miembro aparece, su glande sale a la tenue luz y sienten rápidamente el olor y calor que desprende. A medida que su bóxer baja, su polla se va desdoblando y adquiere forma erecta, quedándose como un resorte frente a las atentas y sorpresivas miradas de ambas jóvenes. Su bóxer se queda a la altura del pantalón, por las rodillas. Las chicas se miran, todavía sin asimilar muy bien lo que está pasando. Pero se dejan llevar, arrodilladas ante su amigo, semidesnudo. David permanece pasivo, temblando, nervioso. Es un chico tímido, muy tímido, y le cuesta hasta respirar de lo agitado que está. Sus pulsaciones a un ritmo que nunca ha sentido antes. No se le han visto muchas novias, siempre ha sido un chico más de grupo de amigos que de relaciones con chicas.

Marta estira su mano y agarra firme la polla de David. En ese momento se da cuenta tanto de la dureza como del grosor que tiene, sin duda la más grande que ha tenido nunca en su mano. Comienza a masturbarlo, lo que para su sorpresa provoca que crezca todavía más. El glande se humedece debido a las gotas pre-seminales y produce un leve ruido con los movimientos. David comienza a respirar muy profundamente al tiempo que sus piernas se ponen en más tensión. Lucía observa como su amiga se desenvuelve, con su vestido tan subido ya que deja ver un poco de tanga. También se maravilla de la verga de David, una obra de arte que desea sentir. Espera paciente a que su amiga le de la oportunidad. Nunca ha tenido que compartir a un hombre –y menos una polla- y hace que sea una situación muy extraña. Sin embargo, esta espera le produce un morbo que nunca antes había sentido.

Marta se saca el pelo de la cara. Lucía nunca la había visto tan excitada, bueno, ni siquiera excitada, pues son cosas que ni las mejores amistades requieren. Su amiga tiene sus ojos entre cerrados, y es incapaz de dejar sus labios quietos. Siempre los muerte, los aprieta y sus rodillas no dejan de abrirse y cerrarse en la arena. Durante unos minutos, sigue masturbando a David hasta que finalmente se detiene y cede el turno. Lucía se acerca, bajando mas su cuerpo. Ella no tiene el problema de Marta pues lleva pantalones. Estira su mano y agarra la polla de David, que late caliente a escasos centímetros de su mirada. Lo recorre entera con su mano, disfrutando de su tamaño y tacto, desde el durísimo tallo hasta su mojado y brillante glande. Mientras tanto Marta, con mirada pícara hacia David, eleva un poco su cuerpo y agarra su palabra de honor desde arriba deslizándolo junto con el sujetador, dejando a la vista sus pequeños y redondeados pechos. Sus pezones ocupan la mayoría del seno, son pálidos como la nieve. Lucía se fija en la desnudez de su amiga, en lo duro de sus pezones, en como mira a David ofrecida mientras muerde su labio inferior. No es la primera vez que la ve desnuda, pero es una situación totalmente distinta, está endiabladamente sexy.

David no lo sabe, pero la humedad en las bragas de sus amigas aumenta a un ritmo frenético. Sobretodo en Marta, que vuelve a hacerse cargo de su pene, para masturbarlo agarrándolo con la mano entera. Lucía aprovecha para aligerar su ropa, y desabrocha su blusa blanca, dejando a la vista sus generosos pechos todavía bajo el sujetador, también blanco y sencillo.

Marta se decide a ser la primera en probar a David y acerca su boca, deslizando su mano hacia el tallo. Busca directamente el glande con los labios, sin pausa, dejando que entre. Debe abrir la boca más de lo esperado, debido a su tamaño. Lucía contempla sin decir nada. David gime al sentir la humedad y calor cubriéndolo. La joven empuja su cabeza hacia delante y deja entrar todo lo que su boca admite, moviéndose regularmente y saboreando la zona tan íntima de su amigo. Lo hace ansiosa, y el ruido de sus movimientos succionando se une a los anteriormente descritos. Sus rodillas más separadas y su espalda arqueada, lo que hace que su postura sea todavía más atrevida. A David le cuesta mantener el equilibrio.

La temperatura de Lucía va subiendo, siente una humedad increíble mientras contempla a su amiga mamando de esa manera a sólo unos pocos centímetros. Siente envidia de su amiga y espera su turno ansiosa. En una de las embestidas, Marta retira su boca y dirige el pene, con la mano, hacia Lucía, dedicándole una sonrisa. Nunca se imaginaría recibir eso de parte de su amiga. Pero el morbo y la excitación hoy hacen que todo sea un capítulo aparte. Lucía acerca su boca y comienza a lamer el falo de David, todavía agarrado por la mano de su amiga. Siente su sabor, mezclado con el sabor de bebida favorita de Marta, Malibú con piña. Una vez que llega al glande, lo abarca con sus labios y lo succiona, chupando solo la punta. Mueve la cabeza con movimientos cortos buscando la mirada de David, llena de morbo, excitación e incredulidad. Marta retira su mano y en su lugar acerca sus labios para besar la zona del tallo, mientras Lucía sigue mamando la punta. Las jóvenes se acercan más, rozándose los brazos y los hombros, oliéndose sus perfumes. Marta desliza sus besos más hacia la punta, acercándose a donde se encuentra su amiga. Abre la boca y deja que el tronco se vaya deslizando entre sus labios a medida que se desplaza por el. Cuando llega al glande, algo sucede. Ambas petardas se encuentran besando el glande, y pese a que no es pequeño, no es lo suficiente grande para dos bocas. Sus narices se tocan, intentando respetar cada una su parte, pero sus labios inevitablemente comienzan a rozarse. Poco a poco, el glande de David va pasando a un segundo plano, y los labios de las chicas se rozan cada vez más. Están cara a cara y cada una distingue el brillo de los ojos de la otra. Jadean. Sienten sus respiraciones. Hasta que, agitadas, y sin saber por qué, se buscan. Separándose de David, se besan ansiosas bajo la atónita mirada de él. El ruido de sus labios entrelazándose, sus lenguas buscándose hacen que todo el demás sonido ambiente se apague. Marta agarra de la mejilla a Lucía mientras introduce su lengua dentro de todo. Sus labios se deforman. Se separan, jadeando y se centran nuevamente en David, que está temblando corroído por el morbo. Marta se adelanta otra vez, y comienza a succionar más intenso que antes, intentando llevarla hacia la garganta. Se la cede pronto a Lucía que intenta abarcar lo máximo posible. Se turnan rápido varias veces, muy acarameladas entre si. David jadea y tiembla cada vez más, está recibiendo un placer increíble.

Saben que David no aguantará mucho más. Lucía se pone muy nerviosa, su experiencia con el semen no es muy amplia y tampoco es algo que sea muy de su agrado. Pero conoce a su amiga y sabe que ella no tiene tanto problema en ese sentido, por lo que es más que probable que no vaya a parar hasta que David eyacule. Esto le asusta, aunque por otro lado tener a su amiga a su lado y tratándose de David, le da más confianza. Están cada vez más desatadas, apoyan ahora sus lenguas sobre el glande de David, y levantan la mirada observándolo. Es de largo, la escena más morbosa que ha visto David en su vida, y muy probablemente no haya otra que se le acerque. Marta mueve su mano ahora muy rápido, y Lucía usa solo la boca cuando su amiga le deja. Los jadeos de él son cada vez más evidentes e incluso la más experta Marta se va poniendo nerviosa mientras se acerca el momento. Las bragas empapadas. Lucía busca la mirada de su amiga, la necesita en este momento. Ésta se la devuelve, muy excitada pero sin perder de vista a David, ya que su mirada y gestos le ayudan a predecir cuando se va a venir. Éste se aferra a una columna de madera que soporta el paseo. Siente que se viene, su respiración se entrecorta y pone en tensión todos sus músculos. Marta lo capta y sacándosela de la boca, estira su lengua dejando que su glande se apoye. Su miembro convulsiona fuerte y el primero de los chorros sale deslizándose, a borbotones, y cubre rápidamente su lengua. Esto coge desprevenida a Lucía, que se queda parada en un primer momento. La joven reacciona recordando las escenas que salen en las películas x, y pega su mejilla con la de su amiga, saca la lengua y cuando roza la de su amiga descubre el sabor de David que la impregna. Debe ser el morbo, pero sentir su sabor en ese preciso instante le parece placentero. El segundo chorro, golpea con fuerza el paladar de Marta, que tras tragarlo casi al instante, dirige la punta ahora para Lucía, que, desprevenida, recoge el tercero sobre labios y nariz, para luego abrir la boca nerviosa y recibir el cuarto y quinto íntegros. Lo que más le impresiona es lo caliente que sale y la suavidad de la textura. El sabor, es prácticamente inapreciable. David gime doblado sus rodillas. Marta, que es la que sostiene el pene, lo dirige otra vez para ella, saboreando los últimos segundos del orgasmo de su amigo. Un chorrito de semen discurre por la comisura de Lucía, que todavía tiene lo que ha recogido. Se siente muy nerviosa con eso en la boca y no se atreve ni a escupir ni a tragarlo. A su lado, siente a su amiga deleitándose mientras David jadea casi perdiendo el equilibrio tras un orgasmo memorable. Marta se separa y observa a Lucía, bloqueada, sin saber que hacer con eso en la boca las dos putas se abrazan. Sus cuerpos se juntan y sus bocas se buscan. La lengua de Marta descubre pronto el regalo que esconde Lucía, y la leche de David va pasando de una boca a la otra como en los videosxxx. Es un beso lleno de morbo, y pierden el control fácilmente. Tanto, que Marta se abalanza sobre su amiga, separando su blusa y observando sus preciosos pechos, todavía bajo el sujetador. Se retuerce sobre su amiga con su vestido a modo de cinturón, con la espalda y nalgas al aire, solo tapadas por su minúscula tanga negra. El líquido de David va despareciendo debido a lo intenso del beso. David observa a sus amigas tiradas en la arena, comiéndose los morros de una manera increíble, tras haberle hecho entre ambas la felación de su vida. Están muy alteradas, jadeando, ansiosas de dejarse llevar y descubrir nuevas experiencias juntas. Sin embargo, un inoportuno grupo de adolescentes las alerta, haciendo que se incorporen y se refugien en la zona mas recogida de debajo del paseo. Ahí miran a David, ahora mas tranquilo, sin saber que decir. Vuelven del país del morbo a la realidad. No hay palabras para decir en ese momento, solo se les ocurre vestirse para luego abrazarse los tres durante unos minutos.

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Como poder vivir sin ti amor!!

El viaje se me ha hecho tan largo y doloroso … no pensaba regresar a mi país, al menos no por estas condiciones y definitivamente no ahora. Tantos recuerdos, tantas discusiones, tantas cosas que dejé atrás y que irremediablemente tendré que enfrentar al instante de bajar del avión … No creo estar preparada, pero poco importa cómo me siento, es mi responsabilidad lo quiera o no.

Me fui de Venezuela hace 12 años, justo después de graduarme de secundaria. Un fotógrafo reconocido en mi país, tío de una de mis compañeras de clase, en la fiesta de graduación me propuso viajar a Italia junto con su sobrina para incursionar en el mundo de la moda. Como era de esperarse, mi padre dijo que no, aún era menor de edad y la idea de enviarme a otro país era sencillamente inconcebible. Habíamos sido sólo él y yo desde siempre. Mi madre nos había abandonado dos años después de mi nacimiento así que siempre fue sobreprotector, de allí que no importó cuanto supliqué, rogué o pataleé, la respuesta fue un gran “NO”. Mi amiga se fue a los 2 meses cuando logró arreglar sus papeles, yo me quedé llorando y frustrada por no poder aprovechar semejante oportunidad. Si bien era cierto que antes de esa propuesta nunca antes había considerado el modelaje como una opción, la idea de probar y conocer Italia me encantaba, así que no se necesitó mucho para entusiasmarme. El estudiar administración de empresa para hacerme cargo del negocio de la familia ya no era tan atractiva.

Nací en Maracay, una ciudad del interior a una hora de la capital y mi padre tenía una fábrica de ron en una población a los alrededores de la ciudad. Era un ron muy local en ese momento, pero con grandes posibilidades de convertirse en un gran competidor en el mercado nacional y mi padre quería que trabajara con él en la expansión y consolidación de la  misma. Soy hija única, así que todo el peso de la futura sucesión recaía sobre mis hombros.

Por otro lado, también luchaba con quien era el amor de mi vida. Fabiana, mi amiga de la infancia,  mi hermana, la niña que me hizo entender desde muy temprana edad que era diferente al resto de las niñas, que me hizo entender que lo que sentía por ella, no lo sentía por nadie más. Fue la que me hizo entender que me gustaban las mujeres y que estaba perdidamente enamorada de ella. De su manera de ser, de su apariencia fuerte y hosca, de su timidez con todos a su alrededor, de su lealtad, de su incondicionalidad, de su seriedad … cualidades que normalmente alejaban a todos los que se le acercaban, pero que a mí me atrajeron como miel a la abeja. Sobre todo porque conmigo era todo lo opuesto y me encantaba ser quien rompiera con su muralla. Con ese témpano de hielo que mostraba a los demás. Sacaba lo mejor de ella. Su lado tierno, su lado bromista y divertido, su delicadeza … Su lado amoroso. Esa es Fabiana Contreras, el gran amor de mi vida. Hoy, sólo un recuerdo; hoy, sólo un pudo ser.

El encendido de la luz de abrocharse los cinturones me sacó de mis pensamientos. Estábamos llegando a la ciudad de Valencia, así que aún me quedaba una hora de viaje para llegar a Maracay. Ya faltaba poco para hacerle frente a lo que por tantos años había obviado.

Media hora más tarde ya estaba retirando mis maletas de la correa del equipaje. Por suerte, las mías salieron en el primer lote de entrega, así que sin esperar mucho las retiré y me dispuse a salir para tomar un taxi que me llevara hasta Maracay. Llevaba 24 horas viajando y estaba agotada, pero quería llegar de una vez. Ya tendría tiempo para dormir.

Con torpeza por la falta de sueño salí del área de seguridad, me disponía a acercarme a un servicio de taxi privado cuando escuché mi nombre: “Natalia”. Esa voz era inconfundible. El tono grave y profundo que la caracterizaba hizo que mi corazón diera un vuelco al instante y que el aire se me atorara en los pulmones. Por un momento, pensé que podía estar alucinando, que tal vez mi cansancio me estuviera jugando una mala pasada, pero al escuchar esa voz nuevamente, no cabía duda de quién era. Tenía 12 años sin verla y aunque recordaba a la perfección su imagen de ese entonces, no sabía cómo se vería ahora.

Con temor, me volví lentamente sin subir la mirada. Respiré profundo un par de veces y luego comencé mi ascenso. Unas botas negras de piel, un pantalón gris de vestir a la cadera, una camisa blanca ceñida a su torso y abierta en los 3 primeros botones, manga larga y puño anchos; su cabello corto ondulado como el azabache, sus facciones rectas pero al mismo tiempo delicadas, sus labios de tamaño promedio, pero bien delineados pintados con brillo y sus ojos negros y profundos me dieron la bienvenida. Retuve la respiración no sé por cuánto tiempo. Esta mujer que tenía enfrente era y no era la misma que tenía tanto tiempo sin ver. Estaba mucho más hermosa. Nunca había sido de maquillarse, pero ahora lo estaba, un maquillaje muy tenue pero que hacía lucir su rostro de mujer. Su vestir formal y femenino a pesar de su poca atracción hacia la moda, o al menos eso recordaba, estaba impecable. Y sus ojos … esos ojos que siempre me habían hipnotizado y que ahora no eran la excepción, ahora llenos de experiencia y madurez. Allí estaba Fabiana. Mi Fabiana. Mi amor … justo frente a mí y yo sin saber qué hacer o qué decir.

Nunca la olvidé. Nunca dejé de amarla. Pero teníamos caminos y metas diferentes; y aunque el corazón no sabe de razones, mi conciencia me hacía pisar tierra cada vez que su ausencia me carcomía el alma.

Pero verla y tenerla frente a mí, hacía que toda mi razón se fuera al demonio, que sólo quedara el amasijo de nervios en la que me había convertido, y para quien las palabras y las razones ya no existían.

La miré fijamente no sé por cuánto tiempo, sólo sé que la vi acercarse a mí hasta llegar a abrazarme y yo sólo atiné a soltar la maleta y aferrarme a ella con fuerza. A enterrar mi rostro en su cuello y a dejarme envolver por su calidez y por sus brazos firmes.

Apretó su abrazo y me susurró al oído “Lo siento”. Allí me quebré. Sin poder evitarlo, lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. La realidad me alcanzó. Esa que había aceptado, pero no asumido, me invadió. Mi padre había muerto y mi regreso se debía a ello.

Cuando la administradora y mano derecha de mi padre me había llamado para darme la noticia, me quedé en shock. Todo fue como en cámara lenta. Estaba en pleno ensayo para un desfile que tenía previsto, así que luego de atender la llamada, me senté por unos minutos antes de excusarme y salir a la oficina del productor y avisarle que debía viajar de emergencia. Desde ese momento hasta ahora, todo se había bloqueado en mi interior. Fue como si adoptara el rol de autocontrol y donde el único objetivo era regresar a Venezuela lo antes posible. Incluso durante el viaje, pensaba de manera mecánica las cosas que debía hacer, pero en ningún momento me había detenido a pensar o sentir el dolor, el vacío de saber que mi padre había muerto. No, hasta que Fabiana me rodeó con sus brazos y trató de consolarme.

Lloré por unos minutos en silencio. El dolor que sentía era desgarrador y quería llorar y llorar sin parar, pero no podía hacerlo en ese lugar, así que en un momento de cordura le pedí a Fabiana que me sacara de allí. No sé lo que hizo, ni cómo lo hizo, pero en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en lo que suponía era su carro.

Me quedé inerte por un rato viendo por la ventanilla, hasta que algo llamó mi atención.

  • ¿Cómo supiste que llegaría hoy? _ Pregunté
  • Tengo mis maneras _  Respondió mirándome de soslayo
  • Gracias por venir … no tenías que hacerlo _ Le dije luego de pensar que sin importar cómo se había enterado, no tenía por qué haber ido.
  • Nada me hubiese impedido venir a buscarte Natalia. No en estas condiciones.
  • Gracias _ Le respondí con cierto pesar pues entendí perfectamente lo que quiso decir. Si el motivo de mi regreso hubiese sido otro, tal vez ni siquiera la vería. Pasaron unos minutos antes de que me hablara.
  • Natalia … hay algo que debo decirte _ Por su seriedad, imaginé que tal vez no me gustaría lo que escucharía.
  • Dime _ Me volví hacia ella.
  • ¿Sabes la administradora que contrató tu papá?
  • Sí, Carmen María. ¿Qué con ella? _ Pregunté  con extrañeza. Intentó hablar dos veces pero las palabras no le salían, así que comencé a imaginar lo peor – ¿Sales con ella? _ No tenía derecho a preguntarle eso y mucho menos a sentir ese nudo en el estómago de pensar que así podía ser. Pero era inevitable. Hacía mucho tiempo que había aceptado que la seguía amando y que nunca dejaría de hacerlo.
  • No _ Respondió y al instante solté el aire que sin darme cuenta había retenido – La verdad es que … no existe una Carmen María.
  • ¿Eh? … ¿Cómo que no existe? _ Aquello no tenía sentido.
  • Sí existe, pero no trabajaba para tu padre _ Me aclaró, pero igual no entendía.
  • Ya va … no te entiendo … ¿Cómo que no trabajaba para mi padre? _ Pregunté confusa.
  • Carmen María es la secretaria de mi padre _ Mientras más detalles me decía, menos claro estaba todo.
  • ¿Fabiana, me quieres explicar de una vez lo que me estás tratando de decir? _ Estaba hecha un lío con todo aquello.
  • Quien trabajaba con tu padre era yo. Yo soy la administradora de la ronería desde hace 2 años y es conmigo con quien te has comunicado todo este tiempo.
  • ¡¡Qué!! _ Fue lo único que atiné a decir.
  • Cuando Rebeca tuvo que retirarse, tú papá estaba desesperado porque no quería poner la compañía en manos de un extraño. Estaba decidido a hacer todo él mismo mientras te convencía para que regresaras. Me pidió que lo asesorara en algunas cosas y así lo hice, pero después de muchas horas de trabajo y de muchas conversaciones me ofreció el puesto. No lo iba aceptar, pero me lo pidió como un favor y así lo tomé … con la idea de que era algo temporal.
  • ¿Desde hace 2 años?
  • Sí _ Asintió
  • ¿Y por qué nunca me lo dijiste? _ No podía creer lo que había escuchado, pero ahora su silencio me decía más que cualquier palabra que pudiera haber articulado – ¿Tanto así me odias? _ Le pregunté agarrándome de una vaga esperanza de que la respuesta no fuera la obvia.

En ese instante pasó por mi mente aquella última y fatal conversación antes de irme. Recuerdo:

  • No entiendo cómo puedes irte y dejarme Nati … ¿Es que para ti lo nuestro no es importante? _ Me decía Fabiana con dolor e impotencia.
  • Fabi mi amor, entiéndeme, ésta es una oportunidad única. Sólo no quiero dejarla pasar.
  • ¿Y lo nuestro sí?
  • ¡No amor! … eres tú la dices que quiero dejarte o que lo nuestro termina aquí. Yo no quiero eso, sólo quiero irme al menos por un año y ver de qué se trata todo. Luego volveré _ Se rió amargamente.
  • ¿De verdad piensas que volverás? … ¿Después de que has pasado todo el año deseando irte?
  • Pero no porque no quiera volver Fabiana, es porque quiero conocer algo diferente a este pueblo, a la fábrica, hacer otras cosas, conocer otra gente … Necesito más que esto amor … _ Le dije sosteniendo su cara entre mis manos para que me viera a los ojos – Te amo Fabi y eso no cambiará. Pero necesito irme. Por favor, apóyame _ Mis lágrimas caían al igual que las de ella – Ya es duro irme sin el apoyo de mi padre … no me abandones tú también _ Acerqué mis labios a los suyos y la besé. Necesitando transmitirle en ese beso mis súplicas de que aceptara mi partida, pero no como un adiós. Me correspondió y me abrazó con fuerza llenándome de esperanzas _ Mi vida … regresaré, te lo prometo.

Con lentitud, tomó mis manos que estaban en sus hombros y las sostuvo entre las suyas sin subir la mirada, sólo acariciando mis dedos.

 

  • Para mí, tú eres todo lo que importa; lo único que necesito para sentirme bien y feliz … _ Me miró a los ojos pero con tristeza, con pesar – Cuando nos graduamos, mis padres me ofrecieron irme a Canadá para estudiar inglés por un año con la posibilidad de que si me gustaba, quedarme a vivir … ¿sabes qué les dije Nati? … que no me hacía falta viajar a otro país para saber que lo que quería y amaba estaba aquí, en esta tierra, en esta ciudad … y no lo dije sólo por ellos, lo dije principalmente por ti.
  • Nunca me dijiste nada de eso _  Dije en susurro y asombrada. No podía creer que me había ocultado algo tan importante.
  • Para qué si para mí no era una opción irme … todo lo que necesitaba estaba aquí … pero ya ves, no es igual para ti.
  • Fabiana _ Comencé a decir pero me interrumpió.
  • Sé que me amas …pero sé que lo nuestro no es suficiente para ti … así que no te detendré, pero tampoco te esperaré.
  • Amor, no lo hagas … _ Mis lágrimas se hacían más copiosas y la punzada en mi corazón se hacía más intensa.
  • Espero que logres todo lo que deseas Natalia y que consigas lo que no tienes aquí.
  • Fabi … _ Me abracé a ella llorando desconsoladamente, pero quitó mis brazos de su cuello y se fue sin mirar atrás y sin decir nada más. Así terminó todo. Así terminó nuestra historia.  

Presente:

  • No te odio Natalia es sólo que … _Respiró hondo antes de responder – No sabía cómo manejar el que volviéramos a hablar … no, después de como terminaron las cosas _ No sabía cómo tomar aquello así que me quedé en silencio mirando su perfil. _ Pasé mucho tiempo dolida y no te negaré que te odié … o al menos eso quería … pero no lo logré … te amé demasiado como para odiarte. _ Volteó a verme y pude ver en sus ojos que hablaba sinceramente. No me odiaba … pero había quedado claro el “te amé” en pasado.

Mis ojos se humedecieron nuevamente, así que volví la mirada al frente para disimularlo. Todos esos años había pensado que me odiaba y aunque uno jamás se prepara para algo así, al menos estaba preparada para aceptarlo. Pero no para escuchar un “Te amé”. No podía ser diferente y lo sabía, pero no por ello dolía menos.

 

  • Habría sido un error el que te quedaras … tomaste la decisión correcta. _ Me sonrió, o al menos eso me pareció. Aún luchaba con la humedad de mis ojos para no dejarla salir.
  • A veces no estoy tan segura _ Dije casi en susurro.
  • ¿Bromeas? … ¡Mira todo lo que has logrado Nati! Eres una modelo reconocida en el mundo de la moda. Te has ganado el respeto y el reconocimiento de todos.
  • Sí, es cierto … _ Traté de sonreír, pero sabía que a cambio, había perdido lo más importante de mi vida después de mi padre.
  • Siento haber ocultado que era yo quien te escribía.
  • Está bien. No pasa nada.

El resto del viaje no hablamos, sólo la música del radio rompía con ese silencio. Yo llorando por las dos pérdidas que acababa de tener. Mi padre y la pérdida definitiva de mi único amor verdadero.

Al llegar a la casa me encontré con los empleados agrupados en el patio central. Caras conocidas y otras no tantas, pero igual logré sentir el cariño y el apoyo por la pérdida de mi padre. Siempre fue muy querido por todos los que trabajaron con él y aun y cuando no era de carácter fácil,  se ganaba el cariño de todos a su alrededor. Era de la filosofía de que para trabajar bien, había que trabajar a gusto, así que procuraba que sus empleados se sintieran como en casa, que a pesar de exigirles el mejor rendimiento en lo que hacían, el calor humano nunca faltaba. Que se sintieran parte importante de la casa o de la compañía para que sus labores lo hicieran con cariño y dedicación; de allí que entendía perfectamente las caras afligidas de todos allí presentes.

Oscar, el mejor amigo de mi padre, mantenía una expresión impenetrable, pero sabía que el dolor lo llevaba por dentro, que pretendía ser mi soporte, mi apoyo, así que cuando llegué hasta él, lo abracé muy fuerte tratando de transmitirle mi agradecimiento por ello.

  • No estás sola _ Me dijo al oído.
  • Lo sé _ Le respondí al tiempo que apretaba más mi abrazo para así aguantar el llanto que insistía en salir.

Se paró a mi lado al igual que Fabiana y estuvieron conmigo hasta que el último de los allí presentes se acercó a mí para darme las condolencias. Fueron mi columna en ese momento. En las ocasiones en las que me decían cosas conmovedoras, no faltó que alguno de ellos dos me agarra la mano, el brazo, o un simple roce en mi espalda y me recordara que estaban allí y que con sólo una mirada o una señal de mi parte, detendrían todo aquello.

Cuando entramos a la casa Oscar me propuso que me acostara para descansar, pero no podía … aunque estaba agotada por el viaje, la falta de sueño, el cansancio y el tragarme el dolor que sentía, no podía esperar. Necesitaba despedirme de mi padre. Sería cremado según sus deseos y no quería ningún velatorio, así que sólo me estaban esperando para poder completar el proceso.

 

Llegamos al cementerio principal donde harían todo. Mis piernas me temblaban, no sabía exactamente cómo caminaba, tal vez por inercia, no lo sé … pero al llegar, me hicieron pasar a un cuarto especial en el que había como especies de nichos, abrieron uno de ellos y allí estaba él … con su cara pálida, su piel fría, sus labios incoloros … perdí el equilibrio, no lo pude evitar, pero allí estaban Fabiana y Oscar sosteniéndome de nuevo. La respiración me faltaba y ya no pude contener mis lágrimas, las cuales comenzaron a rodar copiosamente por mi rostro. La punzada en mi corazón era tan fuerte que pensé en cualquier momento dejaría de latir … mi padre, mi amigo, mi todo se había ido … y yo no había estado con él. Este último pensamiento hizo que respirara hondo y contuviera mi llanto. Él nunca me había abandonado, pero yo sí a él, así que no tenía derecho a llorar por su pérdida. No tenía derecho alguno para hacerlo. Les pedí que me dejaran sola con él unos minutos y en cuanto pude volver a articular palabra alguna, le pedí perdón y le di un último abrazo. Después de eso, no supe nada más hasta que me vi sentada en el gran sofá de la casa con Fabiana a mi lado hablándome.

  • Tómate un poco de té Natalia, te hará bien.

Vi la taza humeante y su cara de preocupación, así que sin replicar, tomé la taza entre mis manos y comencé a tomar de a sorbos. No podía hablar … o más bien, no tenía nada que decir. Ya sólo quedaba la lectura del testamento que se haría al día siguiente y todo acabaría. Regresaría a Italia nuevamente, pues ya aquí no había nada que me retuviera.

 

  • Necesitas drenar Nati. No puedes tragarte todo esto. No es bueno _ La miré en silencio unos instantes.
  • No tengo derecho a hacerlo.
  • ¿Cómo que no tienes derecho? _ Preguntó frunciendo el ceño.
  • No tengo derecho a llorar su pérdida si no estuve aquí para él. Si lo abandoné hace 12 años …si lo dejé sólo sin importarme nada.
  • Sabes que no es así. Nunca lo abandonaste. Siempre estuviste pendiente de él y de todo lo que sucedía a su alrededor.
  • Pero no estuve aquí … no estuve a su lado … lo abandoné igual que ma … _No pude terminar de nombrarla sin que un nudo se formara en mi garganta.
  • No hay comparación Natalia, ni lo digas _ Negó categóricamente  – Tú mamá los abandonó a los dos sin mirar atrás,  dejándolos a su suerte. Tú no hiciste eso. Tú te fuiste, sí, pero nunca dejaste de velar por él. Lo llamabas, te mantenías en contacto para saber de la empresa y que no le faltara nada. No lo abandonaste.
  • ¿Y de qué sirve eso? … Igual murió solo sin mí a su lado … _ Las lágrimas vencieron la batalla y salieron en tropel – Y todo por una carrera que nunca entendió y que no quería para mí … así que a la final, para él fue como si lo abandonara.

Fabiana negó con la cabeza un par de veces antes de mirarme unos instantes, pararse e ir hasta el estudio de mi padre. Yo sólo me quedé allí sentada siendo fuente de copiosas lágrimas. Pasaron unos minutos antes de que Fabiana regresara a mi lado con un gran libro entre sus brazos. No entendía qué era y mucho menos para qué lo traía, pero la dejé hacer.

Con mucho cuidado lo sacó del forro de terciopelo que lo cubría, tomó la taza de mis manos para colocarla en la mesa de centro y me colocó ese grande y pesado libro en las piernas.

  • Ábrelo _ Me susurró.

Para no hacerle el desaire así lo hice y lo que encontré al abrirlo me dejó helada. Se trataba de una colección de recortes de fotos, artículos y reseñas desde los inicios de mi carrera hasta mi último trabajo. Todos cuidadosamente enmarcados y reseñados. Algunos con escritos a mano describiendo o nombrando el evento en cuestión. No podía creer lo que veía. No entendía qué era todo aquello. La miré buscando alguna respuesta.

  • Tu padre era tu fan número 1 _ Me sonrió ligeramente, pero al ver que yo seguía sin entender, tomó aire y comenzó a hablar – Cuando le dijiste lo de ir a Italia se negó porque no confiaba, ni le gustaba ese mundo. Pensaba que se prestaba para muchas cosas y ninguna de ellas buena. Pero al ver tu insistencia, tu lucha constante por lograr ir, le hizo darse cuenta que realmente lo querías. Que no era sólo un capricho como pensó que era en un principio. Sabía que cuando querías algo, peleabas hasta lograrlo, así que se puso a investigar. Contactó con varias agencias, modelos, productores, todo lo que pudo con tal de hacerse una idea de dónde te meterías si te dejaba ir … a la final, aunque no estaba del todo convencido, decidió confiar en ti. En tu personalidad. En tu entereza, así que hizo lo único que pensó te ayudaría … llevarte la contraria para que trabajaras duro y no te dejaras vencer por estar lejos de tu país y de tu gente. Sabía que el que se opusiera te haría luchar con más ahínco para demostrarle que no estabas equivocada, que te haría ser la mejor para demostrarle que el ser modelo, sí era una carrera y no sólo un pasatiempo … y lo logró. Mírate hoy.

No sabía si llorar, si gritar, si alegrarme … no podía creer todo lo que me había contado así que lo único que pude hacer fue poner a un lado el álbum y salir corriendo a la terraza. Necesitaba aire, mis pulmones se negaban a funcionar correctamente y sentía que me ahogaba. Al instante sentí los brazos de Fabiana abrazándome y allí no pude contenerme más. Me volví hacia ella y lloré. Lloré como nunca, sin contener toda la impotencia, dolor y frustración que tenía dentro. Era una mezcla de desesperación, de rabia, de incredulidad. ¿Cómo no me había dado cuenta en todo ese tiempo? … el peso de todo aquello cayó sobre mí e irremediablemente me dejé caer. No tenía fuerzas para mantenerme en pie y mis piernas abandonaron su función. Me abandoné al llanto. Fabiana se limitó a estar a mi lado mientras yo dejaba salir todo el desastre de emociones que sentía.

No sé cuánto tiempo estuve allí, sólo sé que llegó el momento en que ya no me salían más lágrimas, donde sentía mi cuerpo agotado y dolorido, en el que mis ojos eran como par de calderas hirvientes y donde lo único que quería era dormir.Necesito ir a mi cuarto _ Me sorprendió la voz que salió de mí. Era ronca y rasposa, supongo que por el llanto.

Fabiana me ayudó a levantarme y subimos al segundo piso donde quedaba mi habitación.¿Quieres cambiarte de ropa?_ Me preguntó al tiempo que me sentaba en la orilla de la cama – Descansarás mucho mejor.No … sólo quiero acostarmeDe acuerdo.

Me ayudó a quitarme el suéter que llevaba puesto, me quitó los zapatos y mientras me arropaba con la cobija, le sonó el celular.Hola … si, todo bien … no me dio chance amor, lo siento … no muy bien … mañana. Hoy me quedaré aquí … No, estaré bien. Mañana voy temprano … Y tú a mí … Yo también … Hasta mañana. A pesar de que habló en voz baja, logré escuchar todo lo que dijo y fue bastante obvio quien era, pero ya no me quedaban energías para deprimirme aún más al saber que estaba con alguien y que por lo que se habían dicho, quizás vivían juntas. Era demasiado por un día.No tienes que quedarte. Yo estaré bien _ Le aseguré ya con los ojos cerrados. Sentí que se movió dentro del cuarto, que fue hasta el baño y de pronto sentí cuando se acostó a mi lado y me haló hacia ella hasta que quedé con mi cabeza sobre su hombro. Iba a protestar insistiendo que no debía quedarse conmigo, que fuera a su casa junto a su pareja, pero la voz ya no me salió. Mis ojos pesaban una tonelada y así, sin más ni más, me quedé dormida en su regazo.

Regreso con otra historia que comencé a escribir hace un par de años, pero que por diversos motivos no había podido terminar de desarrollar, hoy aunque no está terminada, al menos tengo las ideas más claras para hacerlo y decidí lanzarme a la aventura de publicar sin tener escrito el final. Pero no se preocupen, que esto sólo me servirá de motivación para plasmar en líneas lo que me falta por escribir.

Como siempre digo, no sé si es mejor a mis relatos anteriores, pero decidí darle una oportunidad antes de desecharla y compartirla con ustedes.

Espero que este sea el mejor año posible para todos.

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Sus piernas me hacen pone palote

Al cruzar las piernas su falda azul se estiró sobre los redondeados muslos, adhiriéndose a su cobriza piel, como un sugerente guante.

Una sobre otra, las piernas mostraban su torneada esbeltez que se extendía hasta los bien trabajados pies.

Entre las carnes se dibujaba el pasaje oscuro que se perdía en una profunda quebrada de oculto límite.

A medida que los ojos se acostumbraban a la oscura penumbra del paso, cubierto por la cobertura de la tela azul, la mirada adivinaba cada poro en su penetración milimétrica de piel.

La vista ardiente imaginaba suave ese camino de pieles superpuestas, abrumadas de sol, camino al mágico cierre del sendero: el fin, o el principio, de la profunda hendidura, del entonces imaginario camino, y, como colofón del viaje, el velo que, en su pequeña transparencia, cubría las hirsutas defensas de la fisura.

Esculpida en la carne cálida y viva, su aparición rememoraba el recato de Petra en la cobertura de su tesorería, el misterio convocante al mundo de lo arcaico e indeleble.

Ante ese abrupto final, infranqueable desde la perspectiva actual, los ojos detuvieron su inmersión para volver atrás y, en un plano medio, ampliar la mirada por las trabajadas y desnudas piernas.

La falda azul se extendía envolviendo los carnosos perniles que se diluían en las amplias grupas aposentadas en la silla, transmitiendo la sensación de la magnanimidad natural de su cuerpo, del que creía percibir aromáticos efluvios, el que se enangostaba en una cintura casi estrecha para extenderse en un torso que invitaba al ensueño.

La fina blusa y el traslúcido sostén transparentaban los desarrollados senos que culminaban en aureolados y rozagantes pezones, los que enaltecían su apostura.

Más arriba, el grácil cuello daba lugar a una bien formada cabeza con una nariz respingada, ojos almendrados, una cabellera lacia donairosamente aposentada en sus hombros. Sus ojos, casi ocultos tras el macizo armazón de las lentes, dejaban adivinar la fogosa profundidad de su mirada.

Una de sus manos descansaba alerta sobre el libro apoyado en el posabrazo de la silla, la otra asía la lapicera entre sus dientes remedando imágenes ajenas al espacio – tiempo – lugar en que se encontraban.

Traicionado por el viaje de un segundo casi pregunta ¿dónde estábamos…?, pero siguió a duras penas e inconcentradamente con su clase que, a esas alturas, de magistral debía tener poco y nada.

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