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Noche de lujuria

Mi amor, sabes te quería contar un sueño que tuve contigo fue tan bonito que casi lo sentí real.

Soñé que estábamos en tu sofá, nos estábamos besando un largo y lindo beso, así seguíamos besándonos, me separé y te dije: quiero hacer realidad tus sueños y ansias más profundas. Quiero que enloquezcamos juntos sin límites youjizz.com, quiero…que tus dedos…se deslicen en mi cuerpo jadeante dispuesto sólo para ti, y que perdamos el nivel de la decencia. Déjame amor, perder el control, endurecer tu anatomía hasta que te duelan los miembros y llegar al máximo clímax de éxtasis hasta desmayar entre tus brazos y enloquecer.

Después de aquello comenzamos a quitarnos mutuamente la ropa junto con cálidos abrazos, yo tenia puesto un tanguita y un vestidito, tus manos comenzaron acariciar mi cuerpo, mis piernas, mientras ibas subiendo mi vestido acercaste tus labios a mis piernas y me distes un beso en cada una, luego fuiste metiendo tus manos más arriba hasta que lograste ver mi tanguita, era gris los que a ti te gustan, aquella sensación de calidez y suavidad que sentías al acariciarme y besarme las piernas te excitaron cada vez más.

Tu pene ya estaba creciendo.

La verdad es que ahora estoy húmeda mientras te estoy escribiendo porque me acuerdo de ello, entonces me seguiste besando las piernas ibas subiendo por ellas, mi vestido ya estaba hasta mi cintura, y tenías a la vista todo, mis piernas mi tanguita en los que se me transparentaba mi sexo, seguiste besándome las piernas, ibas por mis muslos por la parte interna de ellos, tenía tu cara entre mis piernas, y yo las había abierto más. Hasta que llegaste a mi entrepierna y pusiste tus labios en mi tanguita sobre mi vagina, estaban húmedos, calientes… me distes un beso en mis labios vaginales, tu lengua jugaba con mi clítoris, yo reaccionaba apretándote entre mis piernas y mis manos sobre tus hombros y lanzando un cálido gemido, tú ya estabas muy caliente por lo que tuve que acariciar tu pene sobre el pantalón.

Nos pusimos de pie y yo te comencé a quitar la camiseta, y te quitaba el pantalón, te saqué la camiseta y te besé en el pecho, luego te bajé el pantalón y te los quité, te quedaste en calzoncillos y tu pene estaba muy erecto, que sobresalía sobre el, quedando tu duro pene a mi vista, te miré, suspiré y gemí de maravilla, mientras me pasabas tu mano sobre mi vagina, entonces nos volvimos a sentar y me fui a tu entrepierna besándote con más calor, cogí tus calzoncillos por los costados y los tiré hacia abajo sacándolos completamente.

Tu pene, palpitaba por mi, vistes mi clítoris, estaba muy caliente querías sentirme bajo tu pone, así que fui lamiendo tus piernas hasta llegar con mi lengua y mis labios a sentir los de tu sexo, besé tu pene…mmm Qué delicia empecé a pasar mi lengua haciendo círculos sobre él, palpitaba estabas muy excitado, metí tu pene dentro de mi boca y fui recorriéndolo, metiéndomela, sacándomela de mi boca como si se tratase de un chupa-chups de chocolate, que duro y grande estaba, seguí chupándolo por un rato, tu pene estaba muy grueso y duro , lo tomé con mis manos y te acercaste hacia mi, me rozaste con tu glande a lo largo de toda mi vagina, especialmente apretando en mi clítoris, ay… qué placer me hacías sentir haciéndome eso mi amor, luego me cogiste de la espalda y de mi culito y te acercaste hacia mí, abrazándome y besándome fuertemente y haciendo rozar nuestros sexos, yo bajé una mano y tomé tu pene acomodándolo en mi vagina para que me penetres, entonces tu glande quedó ahí rodeado de mis labios sintiendo la humedad y mi calor y comenzaste a empujarlo metiendo tu pene despacio y muy rico, ¡ah! qué cosa más deliciosa, tu pene se iba metiendo dentro de mi, hasta que de un solo empujón me lo terminaste de meter, todo tu pene dentro de mi vagina, tus testículos junto a mi culito.

Así comenzamos a movernos, metiendo y sacando tu pene de mi vagina, ¡ah! Adentro y afuera, tú te movías, me tomabas de mi espalda de mi culo, me cogías mis pechos, ponías en la postura que tú querías, me dabas por detrás, por delante, me dabas de tal manera que pensaba que me ibas a romper, eres como un animal en celo tan bestial tan…mmm…me encanta ser tu presa, tu juguete que esta siempre a tu servicio.

Seguimos así por un buen rato hasta que comenzamos a sentir un maravilloso orgasmo, ¡¡¡ah!!! ¡¡¡ah!! ¡¡¡ah!!!, ¡mmmmm! Qué delicia, venían esas cosquillas esas sensaciones fuertes y placenteras que nos estremecían enteros, ¡uff! ¡ahh!, ¡ohh!, fue un orgasmo intenso fuerte, nos quedamos así, unidos por nuestros sexos, por un buen rato disfrutando de nuestro calor de la suavidad de nuestra piel.

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Me acuesto con mi suegra

Desde que mi suegra se separó, vive en las casa de sus hijas. Pasa un tiempo con nosotros, luego viaja a quedarse un tiempo con su hija del sur, con el único que no se queda es con mi cuñado.

La verdad a mi no me molestaba su presencia, tenemos una pieza de mas y siempre nos coopera, incluso con dinero, con lo quehaceres del hogar, el cuidado de los niños, aparte que es muy agradable, una mujer en extremo sociable, simpática y nuestra relación siempre ha sido perfecta.

Su nombre es Silvia, es muy extrovertida, sociable, cariñosa, cae bien en todas partes. Siempre me abrazaba, me tomaba del brazo, es muy cariñosa una mujer muy de piel, pero nunca se me paso llegar a algo con ella, jamás. Tiene 64 años, es bonita de rostro, ojos verdes, tes clara, bastante gorda, no muy alta, tiene una prominente barriga, ademas de ser muy culona y con unas tetas enormes. De todas formas reconozco que se me iba la vista hacia esas enormes tetas, sobre todo en verano, en la mañana, cuando con solo su camisa de dormir se paseaba por la casa, luciendo sus generosas tetas ante mi cara.

La rutina de mi hogar comenzaba muy temprano. Mi mujer se levantaba, prendía el televisor de mi cuarto, luego entraba a ducharse y arreglarse, mientras su madre le hacía desayuno a mi hija. Mi hija en ese intertanto, siempre llegaba a acostarse conmigo unos minutos, hasta que llegaba mi suegra a vestirla a mi cuarto. Mi trabajo era solo despertar a mi hija, no me levantaba por que entraba a trabajar mucho mas tarde que mi mujer.

Mi suegra entraba a mi cuarto, vestía a mi hija, ( la vestían ahí , porque mi cuarto tiene aire acondicionado) , donde luego se tomaba su leche y esperaba que su madre estuviese lista para llevársela al colegio para luego irse a su trabajo. Era en ese momento, cuando la vestía, donde mi suegra me daba un show de tetas todos los días. Al andar con su bata abierta, su camisa de dormir, cuando se doblaba para vestir a mi hija, sus enormes tetas colgaban sin brasier, dándome una perfecta visión de ellas colgando al costado de mi cama, imaginándome que a cada rato se le escapaba una, dejándome con una tremenda erección.

Era una rutina de todos los días. Las dos salían muy temprano y yo me quedaba solo con mi suegra, ya que entraba mucho mas tarde a trabajar.

Una mañana cualquiera, ahora de invierno, hacia mucho frio, estaban dando una noticia muy importante en la televisión, mi suegra se sentó junto a mi hija y se tapo para ver la noticia. Luego mi mujer ya lista, se despide de mí y se va con mi hija. Mi suegra se quedó tapada a mi lado y nos quedamos comentando la noticia. Yo, como siempre, me volvía a dormir, ya que me quedaban al menos una hora más para recién comenzar a levantarme. Ese día mi suegra no se fue a su cuarto, obviamente volver a su cuarto frio, mientras el mío estaba con el aire acondicionado, temperado y ella muy friolenta, se quedó en mi cama. Cuando me levante, mi suegra dormía a mi lado.

Esto se repitió un par de veces, incluso salieron bromas al respecto que mi suegra se acostaba con su yerno, cuando su hija se iba . Ella argumentó que cuando volvía a su cama esta estaba muy helada ( mi suegra es en extremo friolenta), mientras que la nuestra , se mantenía caliente.

Y así, se fue transformando en una rutina diaria, mi suegra luego de atender a mi hija, y mi mujer se iba, en vez de irse a su fría cama, se quedaba acostada a mi lado, a ver televisión, mientras yo dormía.

En un principio lo hacía con su bata de levantarse, algo sentada en la cama, pero ya después, con mas confianza, se sacaba la bata y se acostaba con camisa de dormir, bien tapada.

Las mañanas amanecían cada vez mas heladas, hasta que una de estas llego la temperatura a bajo cero. Un frio polar, los vidrios del auto con hielo, y luego de la rutina del día, mi suegra que había estado levantada, harto rato, pasándole la mochila y colación a mi hija, llegó a mi cama, se acostó a mi lado y se replegó a mi espalda, en busca de calor. Estaba muy helada, me dijo que tenía mucho frio. Me quede dándole la espalda a mi suegra, sintiendo como el frio cuerpo de ella se apegaba con el mío, en busca de calor

Sentí sus grandes tetas en mi espalda y como apegaba su cuerpo hacia mí, abrazándome por detrás. Yo soy muy acalorado para dormir y como no me había levantado en ningún momento estaba muy calientito mi lado.

A pesar de ser mi suegra, su edad y su gordura, era una mujer distinta en mi cama, mas el espectáculo de tetas que me daba todos los días, comencé a desear tener algo con ella. Ya al otro día estaba esperando que mi suegra se metiera a mi cama y que me rozara su cuerpo, me excitaba sentir su cuerpo rozarse con el mío, pero esta vez yo estaba de espalda. Mi suegra se mete a mi cama y de inmediato se apega a mi cuerpo en busca de calor, incluso pasa una de sus gruesas piernas por sobre las mías diciéndome lo helada que estaba. Yo, ya aprovechando que era ella la que actuaba como si fuera lo más natural del mundo, le tome la pierna con mi mano caliente, como para darle calor. Ella hizo el comentario de lo caliente que estaba mi mano y lo fría que estaba su pierna, no molestándose para nada con mi actuar, pidiéndome que se la colocara en la rodilla. Teníamos la confianza de tocarnos habitualmente, por lo que no le pareció nada raro. Pero pasó lo que tenía que pasar. Mi suegra con su pierna sobre mí y mi verga con la presión y calentura, se fue despertando cada vez más.

De todas formas estaba algo nervioso, si o si era la madre de mi mujer, pero no hice nada para evitar el contacto. Pensé que ella al darse cuenta de lo que estaba pasando la sacaría, pero no lo hizo, la dejo sobre esta. Nos quedamos así sin movernos hasta que sonó mi despertador y me tuve que levantar. Claro está que en la ducha no me quedo otra opción que masturbarme como un mono pensando en mi suegra.

Ya me tenía completamente caliente mi suegra, como era posible que ella no se diera cuenta lo que me estaba haciendo. Pensé quizás hasta el gustaba provocarme de esa manera y decidí jugármela un poco mas y ver hasta donde llegaría ella.

Al otro día pasó lo mismo. Mi mujer estaba saliendo de la casa, sabía que mi suegra llegaría a mi lado. Se mete a mi cama a ver televisión y apegarse a mí, yo de espalda y su pierna sobre mi verga. Al poco rato ya me la había levantado y ella actuaba como si nada. Me levanté al baño, pasando delante de la televisión, para que viera a su yerno con su verga semi erecta. Fui al baño y luego a la cocina a buscar un vaso de jugo. La idea era enfriarme lo suficiente y llegar yo ahora en busca del calor de mi suegra. Entre a mi cuarto, mi suegra en la cama mirando la televisión. Entre hablando del frio monstruoso que hacia afuera, con el cuerpo completamente helado. Me metí a la cama y le dije que ahora ella me diera calor a mí.

– Deme la espalda suegrita que vengo congelado

– Ufff mijito, mire que viene helado , métase acá

– Ohhh que manera de hacer frio hoy

– Si .. cada vez amanecen mas heladas las mañanas .. ufff que viene helado, como no se puso bata

– Es que no pensé que hacia tanto frio, pero luego entro en calor

Con mi cuerpo helado, me apegue a la espalda de mi suegra en busca de calor abrazándola por la cintura y apoyándole la verga en el culo, moviéndome como si buscara su calor, pero apegándole bien la verga contra el culo. A los 10 minutos, de estar apegado al tremendo culo de mis suegra, mi verga se había despertado, ya había entrado en calor, pero de todas formas no la soltaba y cada cierto ratos me acomodaba, apegándole más la verga al generoso culo de mis suegra, que mas que seguro ya se debe haber dado cuenta que era lo que sentía apegado a su enorme culo. Esa mañana no pasó nada más, y nuevamente me tuve que levantar y masturbarme en la ducha recordando el culo de mi suegra. Era imposible que ella no se hubiese dado cuenta que le había rozado la verga en su culo.

Luego llego el fin de semana, obviamente no paso nada, mi mujer no trabajaba, no había colegio. No noté ningún cambio en mi suegra, actuaba como si nada hubiese pasado, mientras yo esperaba con ansias la mañana del día lunes, hasta que llegó. La misma rutina, mi mujer se va y mi suegra se mete a mi cama, yo esperándola con la erección que nos caracteriza en las mañanas. Nuevamente venia helada, se sacó la bata, se metió a mi cama y restregó su cuerpo contra mi espalda en busca de calor. Sentí sus grandes tetas apoyadas en mi espalda y su mano fría en mi estómago.

Más dura se me puso sintiendo esas manos tan cerca de mi sexo. Pero luego de unos minutos, sorpresivamente se da vuelta y me pide que la abrace por detrás para darle calor en la espalda. Como estaba, era imposible que mi suegra no me sintiera la verga en su culo, pero no tenía excusa para no hacerlo.

Me moría de ganas de colocárselo en el culo, aunque igual me daba algo de vergüenza que notara mi erección ahora si que levantada y dura, por lo que no tuve más remedio que abrazarla por detrás, pero evitando el contacto de la parte de abajo, sin embargo, ella misma hecha su enorme culo hacia atrás y se encuentra inevitablemente con la tranca de su yerno en su máximo esplendor.

Con una suave exclamación o sonido, dio un pequeño aviso de que lo había notado, pero no lo retiró, quedándose quieta y actuando como si nada pasara. Yo tampoco me movía, solo me quedé quieto, con mi verga aprisionada contra las generosas nalgas de mi suegra, disfrutando del contacto. Pasaron unos cinco minutos sin que ninguno de los dos se moviera, pero la presión de nuestros cuerpos no hacía otra cosa que ponérmela más dura aun. Sabía muy bien que ella sentía la enorme presión que mi verga estaba haciendo con su culo. De haberse sentido ofendida o incomoda, se hubiese movido, pero no estaba ahí quieta, hasta que se movió un poco acomodándose, momento en que yo también me moví. Ambos presionamos nuestro cuerpo contra el del otro, quedamos más juntos aun. Me costaba respirar para no demostrar lo excitado que estaba, pero aprovechándome de la situación, pase mi mano dejándosela en su vientre. Ella me tomo la mano y vuelve mover su culo, haciendo más presión y yo ya comenzando a sentir que ella estaba dándome la pasada, también me acomode, restregándole fuertemente mi verga contra su culo. Sentí su mano apretar la mía, pero no cambio de posición. En silencio, mi suegra sabía lo que estaba pasando y no hacía nada por detenerlo. Me quede expectante a ver qué hacia mi suegra, si volvía a mover su culo hacia atrás, era señal que lo quería y yo, sin lugar a dudas, se lo daría.

Un par de minutos y mi suegra no cambiaba de posición, no se movía, ni me decía nada, solo me acariciaba la mano. Expectante a ver su reacción, tímidamente me moví solo un poco hacia atrás separándome solo un poco y ella descaradamente mueve el culo hacia atrás, en busca de lo que hace rato tenia apoyado contra sus nalgas. Enseguida me apoyé contra ella, no una, sino, dos veces seguidas y en respuesta ella lo vuelve a mover, dándome la señal que necesitaba.

Comencé a moverme muy lentamente, casi imperceptiblemente, apoyándome suavemente contra las nalgas de mi suegra y ella también siguió el juego, moviéndose suavemente hacia atrás, casi imperceptiblemente, sin embargo al rato, su respiración comenzó a traicionarla, dando muestras de que estaba excitada. Ya eran más que evidentes mi empujones contra el culo de mi suegra y ella su movimiento de culo hacia atrás, hasta que luego de un rato, ya no había nada que ocultar, mi suegra estaba disfrutando las caricias que la verga de su yerno le hacía contra su culo. Descaradamente me estaba punteando a mi suegra y ella se movía como si estuviésemos follando muy suavemente. Solté la mano que me tenía tomada, y se la coloqué en el culo, sin embargo ella me la volvió a tomar y al coloco en su vientre apretándomela fuertemente. Varias veces más intente zafarme, pero ella no me lo permitía. Quise llevar la mano a una de sus tetas y tampoco me dejo. Cada vez mis empujones eran más fuerte y la respiración de mi suegra, más agitada, estaba excitada, pero me tenía la mano fuertemente apretada, sin soltármela, aunque ya estaba entregada al placer de sentir como su yerno se frotaba fuertemente contra sus grandes nalgas

Mi despertador sonaba una y otra vez y ni siquiera lo paraba para no soltar a mi suegra. Entre suaves gemidos ella me decía que parara y que me fuera a trabajar, pero yo continuaba frotándome contra ella, hasta que sorpresivamente me dice – Acaba y vete a trabajar -.

No podía dar crédito a lo que había escuchado. Caliente como estaba , mas ahora con su permiso, con más fuerza aun la abracé y apreté fuertemente mi verga contra sus grandes nalgas descaradamente, dándole fuertes empujones como si realmente me la estuviese follando, hasta que no quise aguantarme más y comencé a soltar mi semen, gimiendo ambos calladamente disfrutando ambos del climax del encuentro. Recién ahí, luego de un rato nos soltamos, no dijimos nada, mi suegra dándome la espalda nunca me miró. Me levanté y al salí de la cama, pude ver el culo manchado con semen, que aun estando dentro de mi pijama, había traspasado la tela y le había mojado su camisa de dormir.

Salí de la ducha, me vestí y me fui, sin intercambiar ninguna palabra con ella, que simulaba dormir en mi cama.

Al llegar en la tarde, su trato conmigo fue como siempre, nada extraño, como si nada hubiese pasado. Esperaba con ansias que fuera la mañana del otro día, la rutina diaria y si mi suegra se volvía a meter a mi cama, al fin gozaría con sus deliciosas carnes.

Amaneció, comenzó la rutina diaria, mi suegra vistiendo a mi niña en mi cama, mientras sus enormes tetas colgaban ante mis ojos, deseando ya saborearlas de una buena vez. Mi ingenua mujer se despide, sale de la casa y me quedo solo en mi cuarto, esperando a mi suegra. Desconecté el despertador para que no me interrumpiera en caso de tener suerte y esperé a mi suegra ya con la verga parada.

Me hice el dormido para que no le diera vergüenza y unos después de minutos que mi mujer se va, siento como mi suegra se mete a mi cama, dándome la espalda sabiendo perfectamente lo que pasaría. De no haberlo querido no se hubiese metido , era obvio. Me doy vuelta, la abrazo por detrás y ahora me voy con todo. Le agarró las tetas y aunque trata de sacarme las manos, me aferre a ellas y no le quedo más opción que dejarme que se las tocara a mi antojo. De inmediato comenzamos a movernos como si me la estuviese cogiendo por detrás, ambos calientes ya sin nada que ocultar.

Al fin tenia esas enormes tetas entre mis manos, se las apretaba fuertemente por sobre la tela de su camisa de dormir, eran exquisitas, tremendas tetas se gastaba mi suegra que al fin eran mías. En un morboso magreo al cuerpo de mi suegra, me baje los pantalones de mi pijama y me dedique a agarrarle el culo, carnoso, enorme, deseando ya estar dentro de ella.

Con mi pantalón en mis rodillas, le levanté la camisa de dormir y por sobre sus enormes calzones se la restregué un rato. Pero cuando intentaba tocarle el coño o bajarle los calzones, se espantaba y me pedía con tono autoritario que no lo hiciera. Fue bastante autoritaria al decirme que solo era un faje para sacarnos las ganas, pero que de ninguna forma pensara que le sería infiel a su hija dejándose follar. A las finales no conseguí follármela, tampoco que me tocara o que se dejara chupar las tetas, solo me dejo manosearla por sobre la ropa e igual que el día anterior, tuve que acabar en sus calzones, dejándoselos todos moqueados, fue muy rico, pero de follarla o chuparle las tetas, ningún avance

Así pasó la semana, todas las mañanas mi suegra se metía a mi cama, me dejaba agárrale el culo y las tetas y rozarme con ella, ambos disfrutábamos, pero cada vez que intentaba algo nuevo, me detenía bruscamente, al punto de enojarse. Disfrutaba manosear a la vieja y dejarle todo el culo y las piernas moqueadas, pero me estuvo molestando la situación que no se dejara follar ni chupar, incluso el jueves, al ponerme tan insistente y no hacerle caso, tratando de bajarle los calzones, se levanto enojada y se fue a su cuarto, dejándome caliente y también molesto.

Fue el día viernes donde logre un gran avance. La misma rutina de todos los días, hasta que quedamos solos. Haciéndome el dormido, mirando hacia la ventana, siento cuando ella se mete a la cama. Al ver que no me colocaba detrás de ella, se da vuelta y me abraza ella, preguntándome si estaba enojado. Le dije que sí, que me molestaba la situación que me dejaba caliente al no dejar avanzar. Me dice que no podía hacerle eso a su hija, que ya lo que hacíamos era inconcebible, pero que de todas formas , le gustaban mucho nuestros encuentros. Me dijo que hace años no sentía esa excitación, que lo disfrutaba, pero que no podía dejarse follar por el esposo de su hija. Yo me mostraba indiferente, hasta que sentí como su mano bajaba de mi vientre hasta llegar a mi entre pierna. Ya con solo sentir su mano bajando lentamente, acariciarme los pelos mi verga despertó inmediatamente hasta que por primera vez, mi suegra me agarra la pija por sobre la tela , con una de sus manos y me comienza a masturbar lentamente. Era delicioso sentir su gorda y pequeña mano acariciarme con suavidad mi verga, sintiendo como ella también disfrutaba de ese nuevo contacto. Me quede dándole la espalda disfrutando de la suave masturbación que ella me regalaba, hasta que me di vuelta y me fui contra sus tetas. Primero se las chupe por sobre la tela, sintiendo su duro pezón en mi boca, hasta que le baje los tirantes de su camisa de dormir y conseguí sacarlas afuera, devorándomelas al fin. Me moría de ganas de comerle las tetas a la vieja y al fin las tenia ahí todas para mi, grandes, enormes, deliciosas. Como un animal se las chupe fuertemente, apretándoselas, restregando mi cara contra ellas. Mi suegra de espaldas no puso reparo en eso, al contrario, se quedo con sus enormes tetas al aire, disfrutando de ver a su yerno devorárselas con tantas ganas.

Me harte de chuparle las tetas a mi suegra, las tenía tan ricas, su olor, su sabor, que pedazos de carne más rico tenía en mi boca, muy blancas de aureolas rosadas y pezones muy marcados. Se las apretaba con ambas manos, restregaba mi cara contra ellas, le chupaba fuertemente los pezones, mientras mi suegra acariciaba mis cabellos, excitada disfrutando de las chupadas. Semi acostado sobre ella, baje una mano hasta sus piernas, y se la metí dentro de su camisa de dormir llegando hasta su sexo. Nuevamente su mano me retuvo la mía, pero luego de un rato ya fue cediendo y mi mano llego hasta su calzón, encontrando a través de los pliegues de su calzón, sus abultados labios vaginales, con una humedad que traspasaban la tela.

Comencé a frotárselo muy fuertemente, masturbándola ahora yo a ella. Ahí mi suegra cambió rotundamente, comenzó a moverse y a gemir mas fuerte tratando de sacarme la mano, pero con fuerza me mantuve ahí, metiéndole incluso un dedo en esa parte que cada vez estaba más mojada. Comenzó a jadear más y más fuerte, hasta que gimiendo muy fuertemente, dejó de luchar y comenzó a acabar, cerrando las piernas , dejando mi mano apretadas entre ellas, moviéndose de lado a lado, con sus tetas al aire, mientras su yerno no dejaba de frotarle su sexo. MI suegra alcanzo un gran orgasmo pero a pesar de estar ambos muy caliente, tampoco me dejo follarmela, solo se quedo ahí con sus tetas al aire, dejándome chupárselas y manosearla por todos lados , solo restregándome contra ella, tuve que acabar. Ya más calmada, me pidió disculpas por no dejarse follar, que la comprendiera que era una mujer muy abandonada en ese aspecto hace años, que lo necesitaba y que le encantaría poder llegar mas allá , pero que no podía dejarse follar, solo por su hija que si no la cosa sería muy distinta.

Llegó el fin de semana y obviamente nada pasó. Entré a la cocina, mi suegra lavaba los platos, mi mujer había ido a comprar y colocándome atrás de su enorme culo, le agarré las tetas y me la punteó por detrás Mi suegra se enfadó muchísimo, me dijo que por ningún motivo lo volviera hacer, que eso estaba completamente prohibido, porque en cualquier descuido, su hija nos pillaría. La entendí.

Llegó el anhelado lunes. Estaba más que caliente que nunca esperando a mi suegra en la cama. Mientras mi mujer se duchaba y ella vestía a mi hija, mis ojos estaban pegados en las tetas de mi suegra que se reía y se trataba de cubrir. Ansioso esperaba tener nuevamente esas tetas en mi boca hasta que al fin, mi mujer se despide y se marcha. Acostado con la verga parada, espero ansioso la llegada de mi suegra a mi cama. Al fin aparece en el cuarto, se saca la bata, mostrando su voluminoso cuerpo dentro de su camisa de dormir y antes de acostarse a mi lado, me dice que me porte bien, riéndose. Pero apenas la tuve ahí, de inmediato la abracé y como un pulpo mis manos se fueron contra su cuerpo, agarrándole las tetas y el culo a mi antojo. Al poco rato la camisa de dormir de mi suegra estaba toda levantada y mientras con una mano le acariciaba la concha, con la otra le tocaba las tetas chupándoselas fuertemente.

Mi suegra con los ojos cerrados, disfrutaba del faje que le hacia su yerno, hasta que intentando algo nuevo me saque todo y arrodillándome al lado de su cara, le trato de poner la verga en la cara. Ella se rió, permaneció con los labios cerrados mientras yo se la pasaba por estos, hasta que abrió la boca y comencé a metérsela por ahí. Al principio lo hacía mal, se reía pero luego la risa se fue y la vieja comenzó hacerlo mejor y a disfrutar al hacerme una mamada exquisita, mientras yo le amasaba las tetas.

Se volvió habitual esa práctica, aparte que le encantaba hacerlo. Todas las mañanas mi suegra me hacia un fabuloso sexo oral, nos masturbábamos uno al otro, me permitió sacarle la camisa de dormir, pero no los calzones, Me montaba sobre ella metiéndosela a la boca y acababa sobre sus grandes tetas dejándoselas todas moqueadas, algo que a ella le encantaba, pero de penetración, nada. Hasta que un día, mientras estaba montado sobre ella chupándole las tetas, ella con sus piernas abiertas, baje y me fui de una a su sexo, restregándole la cara por sobre la tela mojada. En un principio quiso sacarme, pero al no poder hacerlo, aun algo nerviosa, se dejo. Le corrí ese calzón de vieja hacia un lado y por primera vez vi se concha peluda que solo había tocado, de pelos largos de color claro, de labios largos y arrugados, los que devoré con pasión. Mi suegra se entregó al placer y gemía deliciosamente sintiendo al lengua de su yerno invadir su intimidad. Le tomé los calzones y se los bajé. A medio camino se los agarró impidiéndome bajárselos, le mentí diciendo que era para chupársela mejor, me dijo que si, pero que no era para follar, obviamente mentí y le dije no me la follaría.

Terminé de sacar esa última prenda, dejando a la gorda tetona y culona de mi suegra completamente desnuda, con sus piernas abiertas, mostrando toda su concha ante mis ojos. Me sumergí de nuevo entre sus piernas y ahora si que se la comí con ganas , abriéndole los labios, metiendo mi lengua lo más adentro posible, apretándole el pliegue de sus nalgas, sintiendo mi barba mojada con sus jugos y mi saliva, hasta que volví a sus tetas. Ella trató de cerrar las piernas pero no la deje, con las mías se las abría. Ella me pedía desesperada que no se la fuera a meter, y yo le decía que no, pero acomodándome buscaba la mejor posición, hasta que mi verga roza su sexo, y comienzo a moverme tratando de penetrarla. Me decía – ¡no! , ¡no! , ¡Carlos, por favor no me la vayas a meter!- , – Solo por fuera suegrita – , – ahhh no lo hagas – , pero ya era tarde. Apenas sentí que estaba en una buena posición, presioné un poco y la cabeza de mi verga entró inevitablemente en la mojada y abierta vagina de mi suegra. – ¡Esta entrando!, ¡sácala! – , pero escuché métela y sabiendo que estaba entrando en el lugar correcto, la agarré del culo , deje caer todo mi peso y mi verga se sumergió en el interior de su cuerpo. – ¡Dios mio, Carlos que hiciste! , como si no supiera que terminaríamos así , – Ya no hay nada que hacer suegrita, ya es mia –

Mi suegra no tuvo más remedio que entregarse a las perversiones de su yerno. Ya mi verga estaba por completo metida en su olvidado coño y le encantaba. Gemía como si le fuera a dar un infarto, quejándose de placer, con sus gruesas piernas abiertas a más no poder, desparramada en la cama, sus enormes tetas cayendo hacia los lados y yo afirmándome de su culo y metiéndosela una y otra vez. La coloqué de lado, le levanté la pierna y continué perforándola pro detrás, claro que ahora tenía acceso a una de sus tetas – Que ganas tenia de estar asi contigo – , – ahhhhh ahhh, que rico, no se cuantos años que no me cogían – , – ahora recuperaremos el tiempo perdido – , -ahhh mmm que rico se siente – .

Me coloque de espaldas y le pedí que se subiera. No era muy ágil en sus movimientos. Su gordura y sus años se notaban, hasta que se montó sobre mí, con sus enormes tetas colgando, bamboleándose de lado a lado, riéndose de verse tan expuesta ante su yerno. Me las colocó en la cara y mientras se las chupaba, le agarraba su enorme culo saciando mis más morbosos deseos de tener a la madre de mi esposa completamente para mí. Permaneció arrodillada sobre mí, dejándome tocarla por todos lados. Su barriga suelta también colgaba, pero el morbo de estar con ella me hacía verla como una atractiva hembra. Apenas me daban los brazos para abarcar semejante culo. Me imaginaba como se vería por detrás, cuando se lo apretaba y se le abrían las nalgas. Se acomodo sobre mi verga y se la comencé a meter afanosamente, mientras sus tetas chocaban contra mi cara. Luego la hice sentarse, donde mi verga se perdió entre sus carnes. Por su gran peso, poco podía moverme, por lo que ella comenzó a moverse de adelante hacia atrás, siempre con sus ojos cerrados y rostro arrugado, sintiendo placer a más no poder. La verdad es que mi suegra tenia la concha muy abierta y muy jugosa, y mi verga le entraba sin ningún problema, por lo que poco sentía, era más el morbo de verla así, pero quería mas y luego de un rato le pedí que cambiáramos.

– Ven , colócate así – , – ¿Cómo?- ,- así , en cuatro patas- , -no así no, me da vergüenza- , -ven quiero tenerte así- , -bueno, que locura ja ja ..

Mi suegra adopto la pose que le pedía, gateando sobre la cama, con sus tetas colgando, poniéndose en cuatro patas sobre la cama , mientras yo de pie , miraba como su enorme culo iba quedando delante mío , listo para recibir mis embestidas. Teniendo casi un metro de culo delante de mí, de lado a lado, le abrí sus grandes nalgas y previo un buen toqueteo con mis manos y dedos por todos lados, se la volví a meter sin compasión. La abierta concha de mi suegra recibió toda mi furia, le di con fuerza, golpeando sus enormes nalgas que se movían como gelatinas con cada una de mis embestidas. Al poco rato mi suegra gemía como si le estuviese dando un ataque y yo no paraba de darle verga por detrás admirando su enorme culo moverse. No duro mucho ni tuvo que decirme que estaba alcanzando el orgasmo, porque sus alaridos se transformaron en gritos de placer, viendo sus manos arrugando la sabana moviendo el culo con fuerza hacia atrás. Pero no me detuve , continué disfrutando del culo de mi suegra por un buen rato, dejándosela metida hasta el fondo , agarrándole las tetas por debajo , sacándosela y volviéndose la a meter con más fuerza aun , hasta que me dice quejándose – ya no puedo más, ya no mas , acaba por favor – .

Me sentía como un toro, estaba completamente excitado, con la verga dura como una roca, hubiese podido durar un buen rato mas, pero le daría en el gusto, claro que si quería que acabara, debía ayudarme hacerlo. Le dije que se abriera las nalgas para echarle mis mocos en el culo. – no , estas loco, así no mas, dale acaba , que ya me duele – , – ya pues suegrita , abrase las nalgas para echárselo en el culito – , -no porque me la vas a querer meter por ahí- , – no, le prometo que no , solo correrme una paja con su culo que me encanta – , – bueno, pero sin meterla-

Mi suegra complaciéndome, con la cara apoyada sobra la cama, se lleva las manos hacia atrás y se abre las nalgas, dejando completamente expuesto su ano. Me masturbe rozándoselo, diciéndole que tenía un culo muy rico, pasándole la verga por todos lados. Al abrirse las nalgas mi suegra, se notaba la entrada de su ano mucho más dilatado que el ano de mi mujer. Ella nunca me había dejado metérselo por ahí, por tenerlo muy estrecho, en cambio el ano de mi suegra, se veía muy fácil de penetrar, ya otro día trabajaríamos ahí.

Continué cascándomela mirándole el culo a mi suegra, rozándole el ano, hasta que no aguanté más. Entre bramidos le dije que estaba por acabar y colocándosela en la entrada de su orificio anal, comencé a acabar, gimiendo para que ella se excitara al escucharme. Mis chorros de leche salían mojando la entrada de su culo y continuaron saliendo en una espectacular paja. Pero no me puede aguantar, teniendo mi verga ahí casi entrando en su ano, lleno de mi leche, que en uno de mis movimientos, empujé solo un poco y entró tan solo un poquito la punta de mi verga, pensando que mi suegra se correría, pero no dijo nada. De todas formas cumplí mi palabra y no se la metí. Me restregué contra ella y se la volví a meter en la concha jugando unos pocos minutos con esta, hasta que deje libre a mi suegra.

Cayó rendida, de boca a la cama, quejándose y riéndose, diciéndome que estaba muerta, que habíamos hecho una locura y que la había dejado toda mojada. Ya no le importaba que viera su gordo cuerpo desnudo, había perdido toda la vergüenza.

Continué teniendo sexo con mi suegra, cada vez mas largos y fogosos. A los pocos días, el culo de mi suegra estaba a punto de ser entregado. En uno de mis encuentros, la acosté boca abajo y literalmente perdí mi cara entre sus nalgas , le metí la lengua en el culo y le gustó mucho. Luego me aguantó que le metiera un dedo en el culo mientras me la follaba y cuando estaba lista para entregármelo, me cambiaron el turno en mi trabajo y entraba a la misma hora que mi mujer, por lo que nuestros encuentros se acabaron, pero solo momentáneamente.

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Dos amigas chupando pija

Estas dos amigas unas zorras de mucho cuidado, Lucía, de rodillas, observa a su mejor amiga Marta, arrodillada también, y no acaba de creerse hasta donde han llegado hoy. David, su gran amigo, las mira de pie sin creerse tampoco lo que está pasando.

Marta desabrocha el pantalón de David con sumo cuidado, botón tras botón, bajo la atenta mirada de Lucía. De fondo, a lo lejos, se escucha todavía el murmullo de la gente y el ruido embotellado de la discoteca que está al otro lado del paseo. El ruido del mar y la suave brisa otoñal dotan a la situación de un matiz muy especial.

El pantalón de David cede, dejando ver su bóxer, blanco, que reluce bajo la oscuridad. Marta pone su mano sobre el bulto en crecimiento y acercando sus labios lo mima y lo besa. Lucía no sabe que hacer viendo a sus amigos de esa forma. Tímidamente estira sus manos y levanta la camiseta ceñida de David, que muestra sus abdominales bien formados pero no exagerados, y los acaricia sintiendo su tensión y dureza.

David es el típico cielo de amigo, guapo, buen físico, deportista pero no obsesionado con su cuerpo. Un buen amigo cuando se necesita ayuda, nada egoísta y genial compañero de fiestas. Es moreno, 1.75m, pelo corto, mirada penetrante y labios bien marcados, sin vello corporal.

Tal como si fuese uno de esos videos porno, Marta separa sus rodillas en la fría arena, lo que provoca que su ceñido vestido negro suba por sí solo quedándose a la altura de sus nalgas. Aleja su boca del bóxer y mirando a los ojos de su amigo, comienza a acariciarle el bulto con la mano abierta. No deja de crecer. Marta separa la mano y mira para Lucia, que observaba la acción atentamente. Lucía no se lo piensa dos veces y estira su mano para acariciar por encima del bóxer a David. Su miembro se va formando y endureciendo bajo su mano, y lo aprieta suavemente al sentir una dureza cada vez mayor. Pese a que alguna vez habían bromeado sobre ello, ninguna de las dos esperaba que su amigo estuviese tan bien dotado. No era broma. Mientras Lucía sonríe a David, nerviosa, Marta estira su mano agarrando sus testículos y masajeándolos con la mano entera. David suspira al sentir dos manos distintas acariciándole.

Aunque reina la oscuridad, hay una farola justo encima del paseo de tablas de madera bajo el cual están, que genera varias líneas de luz que se cuelan entre los tablones iluminando la morbosa escena. Sólo los pasos de la gente que pasa por encima les tapa la luz de vez en cuando provocando un efecto de luces sobre los cuerpos.

El pelo liso de Marta es más negro que la propia oscuridad y sus penetrantes y grandes ojos parecen quitados de una serie de anime. Cara redondeada, piel muy pálida con labios finos y rosados. Lucía, cabellos de color miel, labios marcados y ojos claros.

Marta acerca su boca nuevamente y la apoya sobre la suave tela del bóxer, con una serie de besos bastante sonoros. Lucía aparta su mano para dejarle hacer a su amiga, que se retuerce sobre la arena. Levanta sus manos, agarrando los extremos del bóxer, y comienza a deslizarlo suave. Su miembro aparece, su glande sale a la tenue luz y sienten rápidamente el olor y calor que desprende. A medida que su bóxer baja, su polla se va desdoblando y adquiere forma erecta, quedándose como un resorte frente a las atentas y sorpresivas miradas de ambas jóvenes. Su bóxer se queda a la altura del pantalón, por las rodillas. Las chicas se miran, todavía sin asimilar muy bien lo que está pasando. Pero se dejan llevar, arrodilladas ante su amigo, semidesnudo. David permanece pasivo, temblando, nervioso. Es un chico tímido, muy tímido, y le cuesta hasta respirar de lo agitado que está. Sus pulsaciones a un ritmo que nunca ha sentido antes. No se le han visto muchas novias, siempre ha sido un chico más de grupo de amigos que de relaciones con chicas.

Marta estira su mano y agarra firme la polla de David. En ese momento se da cuenta tanto de la dureza como del grosor que tiene, sin duda la más grande que ha tenido nunca en su mano. Comienza a masturbarlo, lo que para su sorpresa provoca que crezca todavía más. El glande se humedece debido a las gotas pre-seminales y produce un leve ruido con los movimientos. David comienza a respirar muy profundamente al tiempo que sus piernas se ponen en más tensión. Lucía observa como su amiga se desenvuelve, con su vestido tan subido ya que deja ver un poco de tanga. También se maravilla de la verga de David, una obra de arte que desea sentir. Espera paciente a que su amiga le de la oportunidad. Nunca ha tenido que compartir a un hombre –y menos una polla- y hace que sea una situación muy extraña. Sin embargo, esta espera le produce un morbo que nunca antes había sentido.

Marta se saca el pelo de la cara. Lucía nunca la había visto tan excitada, bueno, ni siquiera excitada, pues son cosas que ni las mejores amistades requieren. Su amiga tiene sus ojos entre cerrados, y es incapaz de dejar sus labios quietos. Siempre los muerte, los aprieta y sus rodillas no dejan de abrirse y cerrarse en la arena. Durante unos minutos, sigue masturbando a David hasta que finalmente se detiene y cede el turno. Lucía se acerca, bajando mas su cuerpo. Ella no tiene el problema de Marta pues lleva pantalones. Estira su mano y agarra la polla de David, que late caliente a escasos centímetros de su mirada. Lo recorre entera con su mano, disfrutando de su tamaño y tacto, desde el durísimo tallo hasta su mojado y brillante glande. Mientras tanto Marta, con mirada pícara hacia David, eleva un poco su cuerpo y agarra su palabra de honor desde arriba deslizándolo junto con el sujetador, dejando a la vista sus pequeños y redondeados pechos. Sus pezones ocupan la mayoría del seno, son pálidos como la nieve. Lucía se fija en la desnudez de su amiga, en lo duro de sus pezones, en como mira a David ofrecida mientras muerde su labio inferior. No es la primera vez que la ve desnuda, pero es una situación totalmente distinta, está endiabladamente sexy.

David no lo sabe, pero la humedad en las bragas de sus amigas aumenta a un ritmo frenético. Sobretodo en Marta, que vuelve a hacerse cargo de su pene, para masturbarlo agarrándolo con la mano entera. Lucía aprovecha para aligerar su ropa, y desabrocha su blusa blanca, dejando a la vista sus generosos pechos todavía bajo el sujetador, también blanco y sencillo.

Marta se decide a ser la primera en probar a David y acerca su boca, deslizando su mano hacia el tallo. Busca directamente el glande con los labios, sin pausa, dejando que entre. Debe abrir la boca más de lo esperado, debido a su tamaño. Lucía contempla sin decir nada. David gime al sentir la humedad y calor cubriéndolo. La joven empuja su cabeza hacia delante y deja entrar todo lo que su boca admite, moviéndose regularmente y saboreando la zona tan íntima de su amigo. Lo hace ansiosa, y el ruido de sus movimientos succionando se une a los anteriormente descritos. Sus rodillas más separadas y su espalda arqueada, lo que hace que su postura sea todavía más atrevida. A David le cuesta mantener el equilibrio.

La temperatura de Lucía va subiendo, siente una humedad increíble mientras contempla a su amiga mamando de esa manera a sólo unos pocos centímetros. Siente envidia de su amiga y espera su turno ansiosa. En una de las embestidas, Marta retira su boca y dirige el pene, con la mano, hacia Lucía, dedicándole una sonrisa. Nunca se imaginaría recibir eso de parte de su amiga. Pero el morbo y la excitación hoy hacen que todo sea un capítulo aparte. Lucía acerca su boca y comienza a lamer el falo de David, todavía agarrado por la mano de su amiga. Siente su sabor, mezclado con el sabor de bebida favorita de Marta, Malibú con piña. Una vez que llega al glande, lo abarca con sus labios y lo succiona, chupando solo la punta. Mueve la cabeza con movimientos cortos buscando la mirada de David, llena de morbo, excitación e incredulidad. Marta retira su mano y en su lugar acerca sus labios para besar la zona del tallo, mientras Lucía sigue mamando la punta. Las jóvenes se acercan más, rozándose los brazos y los hombros, oliéndose sus perfumes. Marta desliza sus besos más hacia la punta, acercándose a donde se encuentra su amiga. Abre la boca y deja que el tronco se vaya deslizando entre sus labios a medida que se desplaza por el. Cuando llega al glande, algo sucede. Ambas petardas se encuentran besando el glande, y pese a que no es pequeño, no es lo suficiente grande para dos bocas. Sus narices se tocan, intentando respetar cada una su parte, pero sus labios inevitablemente comienzan a rozarse. Poco a poco, el glande de David va pasando a un segundo plano, y los labios de las chicas se rozan cada vez más. Están cara a cara y cada una distingue el brillo de los ojos de la otra. Jadean. Sienten sus respiraciones. Hasta que, agitadas, y sin saber por qué, se buscan. Separándose de David, se besan ansiosas bajo la atónita mirada de él. El ruido de sus labios entrelazándose, sus lenguas buscándose hacen que todo el demás sonido ambiente se apague. Marta agarra de la mejilla a Lucía mientras introduce su lengua dentro de todo. Sus labios se deforman. Se separan, jadeando y se centran nuevamente en David, que está temblando corroído por el morbo. Marta se adelanta otra vez, y comienza a succionar más intenso que antes, intentando llevarla hacia la garganta. Se la cede pronto a Lucía que intenta abarcar lo máximo posible. Se turnan rápido varias veces, muy acarameladas entre si. David jadea y tiembla cada vez más, está recibiendo un placer increíble.

Saben que David no aguantará mucho más. Lucía se pone muy nerviosa, su experiencia con el semen no es muy amplia y tampoco es algo que sea muy de su agrado. Pero conoce a su amiga y sabe que ella no tiene tanto problema en ese sentido, por lo que es más que probable que no vaya a parar hasta que David eyacule. Esto le asusta, aunque por otro lado tener a su amiga a su lado y tratándose de David, le da más confianza. Están cada vez más desatadas, apoyan ahora sus lenguas sobre el glande de David, y levantan la mirada observándolo. Es de largo, la escena más morbosa que ha visto David en su vida, y muy probablemente no haya otra que se le acerque. Marta mueve su mano ahora muy rápido, y Lucía usa solo la boca cuando su amiga le deja. Los jadeos de él son cada vez más evidentes e incluso la más experta Marta se va poniendo nerviosa mientras se acerca el momento. Las bragas empapadas. Lucía busca la mirada de su amiga, la necesita en este momento. Ésta se la devuelve, muy excitada pero sin perder de vista a David, ya que su mirada y gestos le ayudan a predecir cuando se va a venir. Éste se aferra a una columna de madera que soporta el paseo. Siente que se viene, su respiración se entrecorta y pone en tensión todos sus músculos. Marta lo capta y sacándosela de la boca, estira su lengua dejando que su glande se apoye. Su miembro convulsiona fuerte y el primero de los chorros sale deslizándose, a borbotones, y cubre rápidamente su lengua. Esto coge desprevenida a Lucía, que se queda parada en un primer momento. La joven reacciona recordando las escenas que salen en las películas x, y pega su mejilla con la de su amiga, saca la lengua y cuando roza la de su amiga descubre el sabor de David que la impregna. Debe ser el morbo, pero sentir su sabor en ese preciso instante le parece placentero. El segundo chorro, golpea con fuerza el paladar de Marta, que tras tragarlo casi al instante, dirige la punta ahora para Lucía, que, desprevenida, recoge el tercero sobre labios y nariz, para luego abrir la boca nerviosa y recibir el cuarto y quinto íntegros. Lo que más le impresiona es lo caliente que sale y la suavidad de la textura. El sabor, es prácticamente inapreciable. David gime doblado sus rodillas. Marta, que es la que sostiene el pene, lo dirige otra vez para ella, saboreando los últimos segundos del orgasmo de su amigo. Un chorrito de semen discurre por la comisura de Lucía, que todavía tiene lo que ha recogido. Se siente muy nerviosa con eso en la boca y no se atreve ni a escupir ni a tragarlo. A su lado, siente a su amiga deleitándose mientras David jadea casi perdiendo el equilibrio tras un orgasmo memorable. Marta se separa y observa a Lucía, bloqueada, sin saber que hacer con eso en la boca las dos putas se abrazan. Sus cuerpos se juntan y sus bocas se buscan. La lengua de Marta descubre pronto el regalo que esconde Lucía, y la leche de David va pasando de una boca a la otra como en los videosxxx. Es un beso lleno de morbo, y pierden el control fácilmente. Tanto, que Marta se abalanza sobre su amiga, separando su blusa y observando sus preciosos pechos, todavía bajo el sujetador. Se retuerce sobre su amiga con su vestido a modo de cinturón, con la espalda y nalgas al aire, solo tapadas por su minúscula tanga negra. El líquido de David va despareciendo debido a lo intenso del beso. David observa a sus amigas tiradas en la arena, comiéndose los morros de una manera increíble, tras haberle hecho entre ambas la felación de su vida. Están muy alteradas, jadeando, ansiosas de dejarse llevar y descubrir nuevas experiencias juntas. Sin embargo, un inoportuno grupo de adolescentes las alerta, haciendo que se incorporen y se refugien en la zona mas recogida de debajo del paseo. Ahí miran a David, ahora mas tranquilo, sin saber que decir. Vuelven del país del morbo a la realidad. No hay palabras para decir en ese momento, solo se les ocurre vestirse para luego abrazarse los tres durante unos minutos.

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Mama me enseña a ser puta

Mamá y yo siempre hemos estado muy unidas. Papá murió en un accidente de coche cuando yo era muy pequeña y jamás mi madre buscó a un nuevo compañero, por lo que he carecido de la figura de un padre. Mamá se dedicó exclusivamente a mí, lo que ahora que soy adulta valoro como un gran sacrificio. Una mujer tan guapa como ella y tan voluptuosa ha tenido decenas de pretendientes, pero ha preferido que no hubiera interferencias en nuestra relación, no se fiaba de casi ningún hombre para que viviese con nosotras.

Me hice mayor y poco después de cumplir los dieciocho le dije a mi madre que había conocido a un chico y que días después de presentárselo me iría a vivir con él. Mi madre se puso triste, casi se enfadó. Me consideraba su “pequeña”, tenía miedo por mí y casi me reprochó su vida falta de un hombre por dedicarse a mí. Discutimos, le dije que ella lo había elegido así, que yo no la obligué. Finalmente las cosas se calmaron y nos abrazamos entre lágrimas, diciéndome ella que estaría encantada de conocer a Marcos, mi novio.

Marcos llegó un sábado por la tarde a casa y quedó fascinado con mi madre a primera vista. No lo pudo disimular. Además mi madre se vistió con una camiseta de tirantes que dejaba ver todo su generoso escote, porque ella tiene el triple de tetas que yo.

Creo que mi madre había bebido alcohol, quizá por estar deprimida ante mi inminente marcha. La ingesta de alcohol era entonces lo que le hizo desinhibirse y actuar de un modo novedoso para mi, pero que no me resultó ni humillante ni ofensivo, sino sorprendente y diría incluso que hasta gracioso.

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Cinco amigas zorras

Somos un grupo de cinco buenas amigas. No nos une nada más que una buena amistad, porque ni tenemos todas el mismo trabajo, ni vivimos en el mismo barrio, ni somos de la misma edad… Amigas que nos reunimos de vez en cuando para tomar café y charlar, o simplemente para dar una vuelta.

Una tarde de sábado, tras realizar unas compras, nos detuvimos las cinco a tomar un café. Alicia y Belinda estaban más animadas de lo habitual, y aunque en ellas era normal hablar de sexo y de hombres, esa tarde estaban especialmente salidas. Las demás no les íbamos a la zaga. Alicia llamó nuestra atención sobre el paquete del camarero diciendo algo así: “menuda polla ha de guardar ese semental bajo la bragueta” Hicimos ademán de escandalizarnos, pero todas reímos su ocurrencia. Belinda continuó: “Yo creo que lo que guarda no tiene porqué ser todo polla, sino unos testículos con mucho merengue acumulado”. Continuamos riendo como locas, incluso creo que el guapo camarero se dio cuenta que la cosa iba con él.

Roberta, otra de las amigas, muy científica y racional siempre ella, sacó el tema de que a unos testículos, por mucho que lleven sin vaciarse, no se les nota en el tamaño. Así surgió un debate acalorado en el que unas decían que sí y otras que no; unas decían que daba igual que un hombre llevase mucho o poco tiempo sin eyacular porque eso no influía en la cantidad de semen expulsado, otras opinaban lo contrario. Unas decían que todos los hombres eyaculaban más o menos la misma cantidad y otras opinaban lo contrario; por ejemplo yo.

Se quedaron mirándome, pidiéndome una explicación, que me obligaron a dar: “Mi marido”-dije con timidez. “Tu marido ¿qué?” –inquirieron al unísono. Finalmente expliqué que mi marido podía expulsar en ocasiones eyaculando casi un cuarto de litro de semen. Rieron. Belinda dijo que eso sólo lo podían hacer los elefantes. Mi mirada confiada y enigmática les obligó a preguntarse si aquello era cierto, lo que sólo era posible averiguar viéndolo. Sí mi marido era partidario y nadie más se enteraba de aquello lo verían al cabo de dos semanas, tiempo e el que mi marido cargaría las pilas.

Mi marido recibió ufano a mis amigas en casa. Jugueteamos con él, lo pusimos a tono y finalmente nos mostró su verga orgullosa y grande. Mis amigas querían ver el milagro y mi esposo tan sólo exigió una cosa: vernos a todas desnudas y eyacular sobre nosotras. Aceptamos y él nos explicó su idea. Nos abrazaríamos nosotras en corro al pie de la escalera; él desde arriba se masturbaría contemplándonos hasta correrse sobre nosotras.

El manantial de vida, la lluvia de esperma caída sobre nuestros rostros y cuerpos no parecía cesar. Éramos como diosas recibiendo la bendición de Zeus, que desde el monte Olimpo gemía extasiado mientras regaba la carne.

Desde entonces mis amigas demandan bañarse bajo la fuente cada fin de semana. El dios eyaculador no me pertenece a mí sola.

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