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Noche de lujuria

Mi amor, sabes te quería contar un sueño que tuve contigo fue tan bonito que casi lo sentí real.

Soñé que estábamos en tu sofá, nos estábamos besando un largo y lindo beso, así seguíamos besándonos, me separé y te dije: quiero hacer realidad tus sueños y ansias más profundas. Quiero que enloquezcamos juntos sin límites youjizz.com, quiero…que tus dedos…se deslicen en mi cuerpo jadeante dispuesto sólo para ti, y que perdamos el nivel de la decencia. Déjame amor, perder el control, endurecer tu anatomía hasta que te duelan los miembros y llegar al máximo clímax de éxtasis hasta desmayar entre tus brazos y enloquecer.

Después de aquello comenzamos a quitarnos mutuamente la ropa junto con cálidos abrazos, yo tenia puesto un tanguita y un vestidito, tus manos comenzaron acariciar mi cuerpo, mis piernas, mientras ibas subiendo mi vestido acercaste tus labios a mis piernas y me distes un beso en cada una, luego fuiste metiendo tus manos más arriba hasta que lograste ver mi tanguita, era gris los que a ti te gustan, aquella sensación de calidez y suavidad que sentías al acariciarme y besarme las piernas te excitaron cada vez más.

Tu pene ya estaba creciendo.

La verdad es que ahora estoy húmeda mientras te estoy escribiendo porque me acuerdo de ello, entonces me seguiste besando las piernas ibas subiendo por ellas, mi vestido ya estaba hasta mi cintura, y tenías a la vista todo, mis piernas mi tanguita en los que se me transparentaba mi sexo, seguiste besándome las piernas, ibas por mis muslos por la parte interna de ellos, tenía tu cara entre mis piernas, y yo las había abierto más. Hasta que llegaste a mi entrepierna y pusiste tus labios en mi tanguita sobre mi vagina, estaban húmedos, calientes… me distes un beso en mis labios vaginales, tu lengua jugaba con mi clítoris, yo reaccionaba apretándote entre mis piernas y mis manos sobre tus hombros y lanzando un cálido gemido, tú ya estabas muy caliente por lo que tuve que acariciar tu pene sobre el pantalón.

Nos pusimos de pie y yo te comencé a quitar la camiseta, y te quitaba el pantalón, te saqué la camiseta y te besé en el pecho, luego te bajé el pantalón y te los quité, te quedaste en calzoncillos y tu pene estaba muy erecto, que sobresalía sobre el, quedando tu duro pene a mi vista, te miré, suspiré y gemí de maravilla, mientras me pasabas tu mano sobre mi vagina, entonces nos volvimos a sentar y me fui a tu entrepierna besándote con más calor, cogí tus calzoncillos por los costados y los tiré hacia abajo sacándolos completamente.

Tu pene, palpitaba por mi, vistes mi clítoris, estaba muy caliente querías sentirme bajo tu pone, así que fui lamiendo tus piernas hasta llegar con mi lengua y mis labios a sentir los de tu sexo, besé tu pene…mmm Qué delicia empecé a pasar mi lengua haciendo círculos sobre él, palpitaba estabas muy excitado, metí tu pene dentro de mi boca y fui recorriéndolo, metiéndomela, sacándomela de mi boca como si se tratase de un chupa-chups de chocolate, que duro y grande estaba, seguí chupándolo por un rato, tu pene estaba muy grueso y duro , lo tomé con mis manos y te acercaste hacia mi, me rozaste con tu glande a lo largo de toda mi vagina, especialmente apretando en mi clítoris, ay… qué placer me hacías sentir haciéndome eso mi amor, luego me cogiste de la espalda y de mi culito y te acercaste hacia mí, abrazándome y besándome fuertemente y haciendo rozar nuestros sexos, yo bajé una mano y tomé tu pene acomodándolo en mi vagina para que me penetres, entonces tu glande quedó ahí rodeado de mis labios sintiendo la humedad y mi calor y comenzaste a empujarlo metiendo tu pene despacio y muy rico, ¡ah! qué cosa más deliciosa, tu pene se iba metiendo dentro de mi, hasta que de un solo empujón me lo terminaste de meter, todo tu pene dentro de mi vagina, tus testículos junto a mi culito.

Así comenzamos a movernos, metiendo y sacando tu pene de mi vagina, ¡ah! Adentro y afuera, tú te movías, me tomabas de mi espalda de mi culo, me cogías mis pechos, ponías en la postura que tú querías, me dabas por detrás, por delante, me dabas de tal manera que pensaba que me ibas a romper, eres como un animal en celo tan bestial tan…mmm…me encanta ser tu presa, tu juguete que esta siempre a tu servicio.

Seguimos así por un buen rato hasta que comenzamos a sentir un maravilloso orgasmo, ¡¡¡ah!!! ¡¡¡ah!! ¡¡¡ah!!!, ¡mmmmm! Qué delicia, venían esas cosquillas esas sensaciones fuertes y placenteras que nos estremecían enteros, ¡uff! ¡ahh!, ¡ohh!, fue un orgasmo intenso fuerte, nos quedamos así, unidos por nuestros sexos, por un buen rato disfrutando de nuestro calor de la suavidad de nuestra piel.

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Una aventura de una noche

Yo esperaba con ansias, aunque no lo demostrara que llegara el sábado. Para ver como salía lo de Begoña. Pero Montse me llamo el viernes temprano y me lo tiro todo por tierra, en mi cabeza resonaba el NO SE PUEDE, el resto de la explicación no la oía, eso me molesto mucho. Pero sin embargo si quería salir esa noche o el sábado por la noche. Seguro que hasta las dos noches le vendría mejor. Pero la “rabia” que tenía dentro me hizo contestarle que no, que no nos veríamos ninguna noche. Yo sabía que ella quería repetir lo de la última noche, estaba más que convencido. Porque empezaba a conocerla, pasaba del no al sí rápidamente. Era una mujer demasiado sexual, por no decir tan viciosa como yo. Finalizamos la conversación con un adiós muy seco y frio.

El sábado por la mañana nos encontramos en la calle, iba con su marido y sus hijos, ella con su actitud recta y digna que solía tener cuando iba por el barrio. Muy estirada me dijo que, si podía hablar conmigo de un tema de la instalación, nos hicimos a un lado y ella casi susurrando me dijo, que no podía dejarla así todo el fin de semana, que podíamos salir esa noche, o venir ellos a mi casa o yo a la suya. Le note muy deseosa de sexo. Estuve muy tentado de decir que sí, pero supe aguantarme y por mi cabeza pasaron otros pensamientos, otras situaciones y las quise poner en práctica, para saber dónde estaba el límite de Montse.

Con la misma actitud que ella y en el mismo tono, pero algo más serio le dije… “Mira putita, espero que te enteres de una puta vez y te queden las cosas claras, aquí el que manda soy yo, no te confundas y creas que hablas con el cornudo de tu marido. Si quieres algo conmigo, si quieres que sigamos, tendrás que comportarte como lo que eres, como mi puta, me tienes que obedecer en lo que te diga, porque se hace lo que yo digo y si no te gusta o no quieres, es muy sencillo, un simple adiós y te buscas a otro”

Ella estaba estupefacta, estaba claro que no se esperaba esa contestación, le había pillado totalmente desprevenida, porque seguro que ella ya tenía pensado alguna respuesta a lo que yo le podía haber respondido, pero nunca a esa contestación. Después de mirar disimuladamente para todos los lados, me dijo casi en un susurro… “Vale” y yo le respondí que no la oía y entonces ella me dijo que si, que lo que yo dijera. Vi que su marido estaba sentado desayunando con los niños y le dije que íbamos a empezar desde ese momento. Ahora iras al servicio y te quitaras las bragas, una vez que estés sentada desayunando me abrirás de vez en cuando las piernas para que te vea y luego me regalaras las bragas. Yo esperaba alguna queja por estar en la cafetería del barrio, por estar sus hijos… pero no dijo nada más y se fue hacia el servicio de la cafetería, sentándome yo enfrente de donde ella se sentaría.

Efectivamente durante el desayuno me estuvo dando una autentica exhibición, pero lo mejor no fue eso, lo mejor era la cara de zorra que se le puso. No quise quedarme más, me levante y me marche, pero en la calle ella me llamo y muy discretamente, abrió su bolso y me dio sus bragas muy dobladitas, metiéndomelas en el bolsillo, cuando lo hice me di cuenta de que estaban húmedas. Se lo dije y ella me dijo… “Pues no sabes cómo estoy ahora mismo…” me lo dijo con ojos de deseo, mi respuesta fue…” Ya eres toda una putita, pero te voy a convertir en la más puta, en la más cachonda y caliente. Pero no disfrutaras de mi rabo, hasta que no participe Begoña también, mientras yo follare a otras por ahí y tú te tendrás que follar a la picha floja de tu marido, o a hacerte dedos como una desesperada”

Yo esperaba cara de enfado, alguna mueca de disgusto, pero lo único que pude ver, era cara de cachonda perdida. Me fui y me di cuenta de que estaba demasiado pillada, había pasado de ser casi una mojigata a estar desesperada por follar.

Al inicio de la semana me acerque por el bufete a seguir dejando cosas preparadas, mi idea era dejarlo todo preparado entre semana, para que el sábado que fuese, que, en un máximo de media hora, tal vez una hora, estuviese todo conectado y tener el resto del tiempo libre. Todo iba con normalidad, Montse que me miraba con mucha calentura y cada día iba más provocativa, pero por los comentarios que pude oír a varias personas de las que trabajaban ahí, Montse estaba más cabrona que nunca, que estaba de muy mala leche. Yo oía, pero me hacía oídos sordos.

Begoña, como siempre iba muy bien vestida y como siempre con falda, muy maquillada, algo que me llamo la atención, pero me fije en el resto del personal. Las mujeres iban todas con faldas o vestidos y los hombres todos con traje y corbata. Cuando estaba en el antedespacho de Montse, donde estaba Begoña inicie una conversación con ella.

-Que, ya he oído que tenéis a la jefa de mala leche. (Ella me miro dudosa, pero al final contesto)

-Un poquito. Debe haber pasado mal fin de semana.

-Pues ya se le tenía que haber pasado que estamos a miércoles. Ya hay que pensar en el próximo.

-Eso digo yo, que por lo menos ella lo tiene libre, pero yo el sábado tengo que venir, para que tú puedas trabajar con todo esto. (Primera noticia para mi)

-Es verdad, ya no me acordaba. (Por dentro me sentí totalmente pletórico)

Para no meter la pata, me despedí y salí rápido de ese despacho. Me di más prisa en hacer el resto del trabajo que me quedaba, quería que el viernes a más tardar estuviera todo acabado a falta de conectarlo únicamente. Estando en otro despacho, apareció Begoña buscándome, para decirme que Montse me llamaba. Entre en el despacho y una vez estando solos, ella se acercó bastante mimosa, me quiso besar en la boca y yo de forma contundente, pero sin causar daño, agarre su pelo dando un tirón y echando su cabeza hacia atrás, diciéndole que ya se lo había dicho, pero saque mi larga lengua y le ti un lametazo en sus labios, que ella abrió la boca rápidamente, pero no se la metí dentro. Cuando le solté…

-Que cabron que eres, no me trates así.

-Sí sé que te gusta, no lo puedes ocultar, se te nota demasiado.

-Nunca pensé que nadie me podía poner así… es que me derrito.

-Me alegro.

-Y si te digo que este sábado, es el día.

– ¿Qué día?

-El día que viene Begoña a abrirte.

-Eso no es lo que yo quiero oír.

-Vale, el día que tratare de seducirla. Pero espero que salga bien, porque si no el follón va a ser tremendo y los gritos de Juanma se oirán en todos los sitios.

-Tu preocúpate de lo que te tienes que preocupar.

-Es que, si lo intentaras tú, seguro que lo conseguías, porque soy mujer y hay cosas que se ven. Además, eres la comidilla entre las mujeres del bufete, jóvenes y mayores.

-Me parece muy bien, pero eres tu quien tiene que iniciar todo y no se hable más y ahora me voy, que me quedan cosas por acabar.

Ella se quedó allí de pie sin saber que decir, ni que hacer. Me acerqué le di un suave beso en los labios. Impidiendo que fuera a más. Luego le cogí una mano y la lleve a mi polla, ella la agarro fuertemente y con deseo, la excitación se reflejaba en su cara, pero me di la vuelta y me marche.

Tanto el jueves como el viernes estuve trabajando y evitando a Montse. Se le notaba nerviosa cuando la veía pasar, pero ella trataba de que no se le notase. Con Begoña estuve interactuando esos dos días más que de costumbre. Tenía cierto brillito en sus ojos que cuando se cruzaban nuestras miradas, era como si saltara alguna chispa. Que hacía que cuando le pillaba mirándome, se ponía un poco colorada. En cambio, cuando ella me pillaba a mí, yo me limitaba a sonreírle. Me despedí de ella hasta el día siguiente y le guiñé un ojo, ella me sonrió y se puso muy colorada.

Al día siguiente habíamos quedado a las nueve de la mañana, yo llegue un poco antes llame al portero automático y nadie me contesto, por lo que me quede esperando apoyado en un coche. Paso poco tiempo cuando vi que se acercaba Begoña, venía con pantalones vaqueros claritos, blusa blanca y el pelo sujeto por una coleta. Como venía con gafas de sol, no podía ver esos ojos tan vivarachos que tenía, cuando llego a mi altura me saludo regalándome una gran sonrisa, respondiéndole yo de igual manera. Saco una llave y abrió el portal, yo cogí una bolsa de deportes que llevaba y pasé detrás de ella.

El pantalón la sentaba de escándalo. Cuando la vi de frente, pude darme cuenta como se notaban los labios de su coñito con el pantalón tan apretado, cosa que me gustó mucho, pero cundo me dio la espalda, pude ver que su culo era perfecto y con una forma muy atractiva, deseable. Aunque había pensado que vendría con faldas como siempre, el cambio fue espectacular.

Una vez en el ascensor extrañada me pregunto, si es que todavía me quedaban cosas por llevar, como no entendía el motivo de su pregunta, le pregunte porque me la hacía y ella me señalo la bolsa, a lo que la conteste que no, que era unas cosas que llevaba para otros temas.

Una vez dentro, no quise perder nada de tiempo y empecé a hacer mis cosas, eso no me impedía pensar en lo que podía suceder si todo iba bien. Como tampoco me impedía ver de vez en cuando a Begoña. Que me iba ayudando en lo que le pedía. Lo que llevo a que tuviéramos un dialogo más suelto que en otras ocasiones, después de llevar un rato así y más relajados, quise cambiar un poco el tema de conversación y empecé con su forma de vestir.

-Me ha extrañado verte con pantalones.

– ¿Y eso? ¿Es que me quedan tan mal? (dando un giro sobre sí misma y pasando sus manos hacia abajo por sus caderas)

-Que va te quedan muy bien, de lujo. Pero como siempre vas con faldas…

-Hijo mío… normas de la jefa. Mujeres con faldas y hombres con traje. Ellos el pelo bien arreglado y bien afeitados, si llevan barba con la barba súper arreglada. Pero las mujeres muy bien arregladas y con faldas.

-Pues que sepas que te quedan muy bien y que hoy que no llevas maquillaje, salvo los labios, s te ve más guapa todavía y eso que parecía imposible.

-Gracias, me vas a poner colorada si sigues así. (Poniéndose algo colorada)

-Me he limitado a decir la verdad.

-Pues mi marido me dice también, que estoy mejor con faldas.

-Aclaremos una cosa. Tu estas bien de todas las maneras, pero el pantalón que llevas… mejor me callo.

-No, no, di, que le pasa.

-Que te queda brutal. Seguro que a más de uno y de una se le pasaron malos pensamientos.

– ¡Hala!, que exagerado.

-Seguro que tu jefa Montse, por eso no quiere que te los pongas.

– ¿Montse…? ¿Por qué lo dices? (Con cara extraña preguntaba)

-Pues muy sencillo, para que no revoluciones el despacho y para que no la revoluciones a ella.

-Como te pasas, tío. ¿Revolucionarla a ella? Con el mal genio que tiene y con lo estirada que es… tú no sabes lo que dices.

-Tonto no soy, veo cómo te mira y no es una mirada nada inocente. (Yo iba preparando la situación, abriendo camino. Su cara era de asombro)

– ¿Qué dices?

-Que lo que no se es como todavía no ha pasado nada, seguro que la harías comer de tu mano.

-Me dejas sin palabras. (Me sorprendió porque no me dijo nada más y cambio de tema) Pero seguro que tú sí que tendrás muchas chicas.

– ¿Yo? Mi vida es muy normal y me imagino que me pasara como a todo el mundo. Normalmente me gustan las que no me deben gustar y gusto a las que me dan igual, hablo de forma generalizada.

-Menudo lio. Pero en la universidad tendrás mucho donde elegir.

-Es que me suelen gustar bastante más mayores que yo. Las de mi edad como que no me hacen mucho tilín.

-Ah, pero… bueno seguro que tampoco tendrás mucho problema.

-Me las apaño, no me puedo quejar. Aunque podría estar mejor.

Ella se disculpó y salió del despacho donde estábamos, la note un poco nerviosilla, pero seguro que lo que habíamos hablado hasta el momento, le haría pensar. Mientras estaba solo pensaba como iniciar de nuevo la conversación y en la dirección que yo quería. Cuando aparece de nuevo, en seguida me di cuenta de que llevaba un botón más desabrochado de la blusa, que permitía ver el estupendo canalillo que hacían sus tetas. Y me saco de mis dudas cuando ella me pregunto…

– ¿Me estabas diciendo de verdad lo de Montse?

-Es la impresión que yo tengo, eso no quiere decir que sea verdad o no. Pero por lo que veo o intuyo, a ti también te lo parece.

-No, que va, lo único que me quede perpleja. Pero sobre todo porque la veo muy seria, muy…

-Por propia experiencia te digo que las que son tan serias, tan estiradas, luego son un “peligro” y tú me entiendes.

-Si es que yo pensé y no te molestes, que o tenías algo vosotros o ella estaba detrás de ti.

-Pues sí que estamos bien, tú piensas que ella va detrás de mí y yo pienso que va detrás de ti. Jajaja…

-Jajaja… pero como el primer día dijo que eras como de la familia y bla, bla, bla…

-Que va, somos vecinos y me imagino que lo dijo, porque esto que estoy haciendo, le sale mucho más barato haciéndolo yo, que haciéndoselo otro.

-Sera zorra y yo que creía que era familia o algo así.

-Que no, que la conozco de mi barrio. Y es como tú dices, muy chulita, muy distante, muy…

-Muy pija y muy prepotente. (Ahora se soltaba del todo)

Mientras hablaba y aunque no era lo acordado me acerque hasta donde estaba ella y sin más la bese en la boca. Note como dudaba, como me respondía al beso, pero después se lo debió pensar y se quitó con una mirada perdida, se dio la vuelta y se fue, pero se paró de pronto, se dio la vuelta y regreso, dándome ella ahora el beso a mí, de forma furiosa, pero muy caliente. Estábamos en pleno fragor, llevábamos ya varios minutos, cuando se oye que abren la puerta. Begoña se puso tensa y se apartó a toda velocidad y fue hacia la puerta, yo sabía de sobra quien era y no me equivoque.

Oí como hablaban y notaba la voz de sorprendida de Begoña, creo que se le junto la sorpresa de la llegada de Montse y de lo que había pasado entre ella y yo. Las vi aparecer y Montse una vez más me dejo sin palabras. Venía con una falda discreta pero corta y con una camisa más desabrochada de lo que debiera. Pero lo mejor era la cara de vicio que traía. Nos saludamos con normalidad. Para luego irse a su despacho.

Una vez que lo hizo, yo agarre por detrás y de la cintura a Begoña, la mordisquee el cuello y pase mi lengua, ella trato de zafarse y toda nerviosa me dijo que no con la cabeza, pero le di la vuelta y le bese en la boca, ella se quiso revolver, pero al final sucumbió al beso. Toque sus tetas y note la dureza de sus pezones. Pro ella intentaba, aunque sin mucho convencimiento, quitarme del abrazo que le daba. Yo estaba muy excitado, solo faltaba que Montse se decidiera.

Yo ya tenía todo acabado, pero no dije nada, solo quedaba probar todo, lo fui haciendo y al final estaba todo perfecto, pero a Begoña no se lo dije. Me acerque al despacho de Montse y me dijo que estaba tan excitada como nerviosa. Yo no le dije nada de lo que había pasado, me limite a decirle que ya era hora de que fuera haciendo algo y me fui, haciéndolo como si estuviese disgustado.

Estando en otro despacho con Begoña, oímos como Montse llamaba a Begoña. Antes de que se fuera le di un buen morreo y ella se fue hacia el despacho. Yo me acerque sin hacer nada de ruido. Podía verlas hablando de temas del trabajo, pero luego Montse se fue a sentar a unos sillones que tenía en una parte de su despacho, fastidiándome la visión, ya que desde ningún ángulo de la puerta se podía ver esa zona, aunque se oía perfectamente. Montse le dijo a Begoña que se sentara allí con ella. Siguieron hablando del trabajo y yo notaba como Montse trataba de desviar la conversación.

Lo consiguió al final y llevo la conversación, como ya me dijo la otra vez, hacia mi persona. Si se notaba nerviosa a Montse, no era menos con Begoña. Todo eran prácticamente monosílabos, “Si señora, no señora” y Montse tratando de romper tanta frialdad. Le preguntaba si yo no había intentado nada, si no le había dicho nada… y Begoña mintiendo con toda naturalidad. Al final si le logro sacar que estaba muy bueno. Hasta que me di cuenta de que estaban bebiendo, porque Montse le dijo que rellenase los vasos. Por eso tenían la lengua más suelta.

Pero llevaban ya bastante rato y no notaba ningún avance sustancial. Era hora de que yo hiciera algo, porque si no, se pasaría la mañana y nos iríamos todos con un calentón. Me fui a recoger la bolsa que había traído, porque allí llevaba una sorpresa para ellas.

Cuando regrese, mire para todos los lados, porque no las oía y pensé que lo mismo habían salido del despacho. Pero de pronto oí algo dentro del despacho, era como si se besaran. Cuando puse más atención pude oír como Begoña decía… “Vamos a parar, que nos puede pillar y menudo corte” su voz era de nerviosismo total. Me había perdido como habían llegado a eso. Montse se levantó y le dijo… “Espera aquí, que le encargare algo y le hare salir” casis e lleva un susto cuando salió y me pillo allí, me sonrió y me guiño un ojo, se le veía pletórica, triunfante y me dio un beso, lamiéndome primero con mucha calentura mis labios.

Volvió a meterse en su despacho y dijo… “Por lo menos tenemos una hora de tranquilidad” pero ahora a Begoña no se le notaba muy decidida, por la rendija de la puerta pude verla de pie, se le veía insegura cuando Montse se le acerco. Trataba de tranquilizarla, acariciaba su pelo, que ahora estaba suelto. Y al momento Montse tomaba la iniciativa besándola, le tenía apoyada en su mesa, mientras ella iba dominando la situación. Se notaba a Begoña bastante cortada, mientras Montse desabrochaba su pantalón, ella tenía los brazos hacia atrás, apoyados en la mesa. Se dejaba hacer, pero exceptuando que respondía a los besos de Montse no hacía nada más.

Ahora pude ver que, con algo de esfuerzo, Montse logro meter su mano por dentro del pantalón de Begoña, esto hizo que la cara de Begoña cambiase y también su actitud pasiva, ahora pude ver como una mano de ella se metía por debajo de su falda.

Begoña se quitó y sin que nadie le dijera nada se quitó los pantalones y una vez que lo hizo, Montse se agacho y empezó a bajar la tanguita que llevaba, para luego pegar su boca al coñito de Begoña, que levantaba y echaba hacia atrás su cabeza cuando noto el contacto. Vi cómo mientras le comían el coño, se desabrochaba la blusa y s la quitaba, haciendo lo mismo con el sujetador, para luego tocarse sus tetas y sobre todo sus pezones con mucha intensidad.

De ver eso mi polla estaba ya a mil, no pensaba esperarme más, aunque cuando salió Montse me dijo que ella me avisaría, pero mi polla me decía otra cosa. En el momento que iba a entrar, empecé a oír los suspiros y gemidos de Begoña, que iban subiendo de tono, cada vez más fuerte, hasta correrse de forma furiosa y apretándose de forma importante sus tetas. Por eso me pare y no entre. Montse se levantó y fue a darle un beso en la boca a Begoña, pero esta le paro y con su mano, limpio bien su boca para luego besarse las dos.

Montse se rio por lo que hizo y mientras se desnudaba, le dijo a Begoña, que ya aprendería, pero que de momento le tocaba ahora a ella “comer” y se fue para la zona que yo no podía ver, oyendo que ya estaba preparada que se acercara, como todavía si podía ver a Begoña, veía y notaba su indecisión. Volví a oír a Montse con palabras suaves, tiernas y vi como Begoña se movía obedientemente a la zona donde estaba Montse.

Al rato oí los gemidos inconfundibles de Montse, que, aunque eran bajos, ya los conocía. Yo me empecé a desnudar y dejé la ropa en el suelo, cogí la bolsa y entre sin hacer nada de ruido al despacho. Estaba tumbada Montse en el largo sillón y Begoña de rodillas comiéndole el coñito. El culo de Begoña quedaba de espaldas a mis ojos. Si ya de por si era un culo bonito, en esa posición se veía totalmente lujurioso y tentador para una buena polla.

Ya estaba detrás de ella y ni se enteró, estaba tan enfrascada en lo que hacía que no sabía si interrumpir. Montse que estaba con sus ojos medio entornados, los fue abriendo y me vio, no se sobresaltó, simplemente me miro con ojos llenos de excitación, una pequeña sonrisa y me saco la lengua, moviéndola para provocarme, se mordía el labio y resoplaba. Me hacía gracia y me excitaba, pero lo mejor estaba por venir, sobre todo porque Montse no sabía lo que le tenía preparado y aunque con Begoña no había planeado nada, seguro que le gustaría ayudarme.

Hice una seña a Montse y me entendió perfectamente, empezó a acariciar la cabeza de Begoña, pero preparada para agarrarla por si quería huir. Me agache y pase una mano por entre las piernas de Begoña, esta cuando la sintió llegar a su coño empapado, se giró y miro, aunque Montse trato de impedírselo y cuando me vio dijo… “Como he caído en vuestra trampa, que hijos de puta…” Montse le respondió… “Vamos zorrita no te hagas la estrecha ahora y sigue comiéndome el coño, que todavía te queda mucha practica” y a continuación Begoña siguió con lo que estaba haciendo, también abrió un poco más sus piernas para facilitarme las cosas.

Abrí mi bolsa y saqué unas cuerdas de seda, para atarle las manos y que no le doliera mucho. Ella me sonreía, no sabía lo que iba a hacer, se dejaba hacer. Cuando vio que le ataba las manos me sonrió mas, le debía de hacer gracia. Ya estaba inmovilizada, la levante prácticamente al vuelo y le puse de rodillas, no se había corrido todavía, pero estaba totalmente empapada. Estando puesta tipo perrito, me pedía que se la metiera por donde quisiera, pero ya. Estaba fuera de sí. Begoña se sentó en el sillón y me miraba expectante, sobre todo cuando de la bolsa saque dos paletas de azotadoras, que seguro que ninguna de las dos había visto nunca unas.

Allí tenía el culo bien colocadito de Montse, que seguro que estaba pensando que pronto sentiría como entraba mi polla, pero lo único que sintió fue que una de las paletas dio en su culo, yo creo que fue más el ruido que la dureza del golpe. Quiso protestar y le di otra, trato de forcejear y le di una más. Le susurraba lo golfa que era, que ra mi puta, que hacia lo que quería y le acariciaba también, notaba como su excitación iba creciendo, estaba metiéndose en el juego, nuevamente le di varias veces más y paso de la queja a pedirme, mejor dicho, a suplicarme que se la metiera.

Me fije y tenía las dos nalgas coloradísimas de los azotes. Pare un rato, deje que sus nalgas descansaran y me coloque detrás de ella y agarrando mi polla, se la pasaba por detrás, rozando su coñito empapado y su culo, ella cuando lo notaba gemía más y más. Miré a Begoña y ya no se cortaba, estaba acariciándose ella sola y me miraba con deseo, cogí una de las paletas y se la ofrecí, no se lo pensó la cogió y se levantó.

Yo me puse delante de Montse y acerqué mi polla a su boca, poniéndosela en la boca, que ella abrió y empezó a comerse. Begoña le acariciaba el culo y ella ronroneaba, hasta que le hice una seña y empezó a azotarle el culito, al principio lo hizo muy tímidamente, pero poco a poco fue cogiéndole el gusto, se le notaba en su cara, además de estar cachonda, tener así a su jefa, me imagino que para ella sería lo más.

Me daba la sensación que le daba demasiado fuerte, por lo que le hice una seña de que fuera más suave y aunque puso cara contrariada, bajo la intensidad. Begoña ya estaba totalmente desinhibida hasta el extremo que dejo la pala y se agachó comiéndole todo el coñito por detrás a Montse y tocándole también con sus dedos. Lo que llevo a Montse a una sonora corrida. Moviéndose como nunca.

Desate sus manos y me garro la cara dándome un sorprendente beso en la boca, que pareció eterno. Luego se volvió hacia Begoña y las dos se fundieron en otro beso igual. Aproveche para esposar a Begoña, que cuando quiso reaccionar ya era tarde. Decía muy seria que le soltásemos, que ese juego no le iba. Pero ante nuestro pasotismo, nos miraba con cara amenazante, para luego enfatizando mas sus palabras nos dijo… “TE-NE-IS UN MI-NU-TO PA-RA SOL-TAR-ME” lo que nos hizo estallar en una gran risotada a Montse y a mí, la forma que tuvo de decirlo, tan seria, al final resulto cómico.

Saque de mi bolsa un antifaz y se lo di a Montse para que se lo colocase, le costó porque ella movió la cabeza para un lado y otro, pero al final se lo coloco. Ahora estaba esposada y no podía ver solo oír. Saqué una vela que llevaba y la encendí, mientras la acariciábamos, ella se movía suavemente, mucho protestar, pero estaba excitada. Luego le pase la vela encendida a Montse y con un dedo le indique donde dejar caer la cera, señalándole que fuera poco. La primera gota le indique que, entre las tetas, no supo hacerlo y cayo un chorretón de cera, Begoña chillo y protesto.

Seguimos acariciándola por todo el cuerpo y ahora cogí yo la vela, fui haciendo que cayeran gotitas por distintos sitios. Protestaba, pero menos y su excitación iba a más. Hice que Montse le comiera el coño y ella se retorcía de gusto. Sus pezones estaban totalmente erectos, eran rositas y no tan grandes como los de Montse, que eran oscuros, grandes y puntiagudos. En el momento que note que estaba cerca de correrse le deje caer un par de gotas en cada pezón, pego un bote quejándose fuertemente.

Montse paro de comerle el coño, se levantó y le tapó la boca fuertemente. Diciéndole al oído… “No quiero oírte zorra. Antes disfrutaste tu dándome en mi culo, pues ahora a callar, no quiero oír ni una puta queja, ¿Te has enterado? ¿Te vas a portar bien, como la zorra que eres?” me sorprendió el tono de Montse, pero me gusto. Begoña con la boca tapada, afirmo con la cabeza a todas las preguntas que le hizo Montse. Y entonces le dijo… “Ahora te quitare la mano, estarás calladita, no volverás a protestar y harás todo lo que quiera mi hombre” otra vez me volvió a comprender.

Quito su mano y le beso en la boca, como no podía ser de otra manera un beso correspondido. Ahora me coloque entre sus piernas, mientras Montse besaba y lamia sus pezones, pero dejando caer alguna gota de cera de vez en cuando. Coloque mi polla entre sus piernas, estaba durísima, la acerque a su clítoris y se la pase varias veces, ella se movía con mucho deseo. Y cuando vi que ya empezaba a desesperarse se la metí del todo, era un poco más estrecha que Montse, daba gusto notar como costaba adaptarse a ese coñito, como apretaba, como si raspase, era una auténtica delicia. Según fue entrando ella respiraba mucho más fuerte, su pecho subía y bajaba de forma abrupta. Montse le hacía comentarios… “Nunca te metieron semejante polla, eh, zorrita” “Mírala si esta que se corre” “Ya verás cuando te llene de su corrida…” cuando dijo esto, ella reacciono rápidamente y nos dijo… “Por favor, que no tomo nada, ponte algo, por favor…” y Montse le replico…” ¿Y por qué no tomas nada?” ella con voz de preocupación dijo… “Llevamos tratando de que me quede embarazada varios meses…” interrumpiéndola Montse y diciendo… “Jajaja… no te preocupes que, con este, sales preñada seguro”

Se quedó callada, totalmente sumisa y seguí follandomela u rato, pero tenía que prevenir, ya que como decía mi madre…” Cuidado que antes de llover, chispea” por eso saque mi polla y aunque note cara de alivio en Begoña, también note cierta rabia. Pero estire mi mano y saque lubricante de mi bolsa y me dedique a lubricar bien su culo, al principio hizo una muesca con su cara, pero sabía que era inútil decir nada. Cuando vi que ya entraban bien un par de dedos, empecé a meterle mi polla, Montse mientras empezó a hacerle una paja y ella se relajó un poco, pero cada vez que entraba un poco de mi polla, en su cara se notaba un poco de dolor, pero ya no decía nada.

Cuando conseguí tenerla toda dentro me empecé a mover, como siempre al principio con suavidad, hasta que vi que la expresión de su cara ya no era de dolor, entonces fue como el pistoletazo de salida, embistiéndola con fuerza y pasión. Ahora era yo el que, al tenerla en esa posición, boca arriba, me dedique a tocar su clítoris de una forma especial y entonces Montse se puso de cuclillas acercando su coño a la boca de ella, que enseguida empezó a usar su lengua. Montse se corrió enseguida, no hizo falta mucho. Se quitó y empezó a devorar las tetas de Begoña. Ella pedía más, me pedía que se la metiera hasta el fondo, que no dejara nada fuera, estaba encantada y yo ya estaba en plan bruto, poniéndome cada vez más por las peticiones y la calentura de Begoña, corriéndonos al unísono de una forma feroz.

Cuando saqué mi polla, ella hacia ruiditos con la boca cerrada, hasta que la tuve fuera del todo. Pude ver que tenía más sangre que otras veces. Montse se levantó y de su bolso saco unas toallitas húmedas, limpiándome la polla de una forma delicada, hasta dejarme totalmente limpio. Solté a Begoña y ella misma se sacó el antifaz, su expresión era como de querer decir algo, pero que no se atrevía, hasta que mirándonos nos dijo… “En mi vida me imagine nada así… sois… sois… unos pervertidos geniales” y nos reímos los tres, ella nos dijo que en ese momento era imposible que se pudiera mover y nos volvimos a reír.

Con las mismas esposas que le quiete a Begoña, se las coloque ahora a Montse, que no puso ningún reparo. Le puse el antifaz y la colocamos en la misma posición. Primero empecé yo solo a acariciarle. Como ya la conocía, me fue fácil que se excitara al máximo. Sin yo decir nada a Begoña, se levantó encendió la vela y se acercó, dándome un buen muerdo a mi primero, estaba otra vez muy cachonda. Empezó a tocar los pezones de Montse, que crecieron al máximo. Begoña no se cortó y dejo caer un buen chorretón de cera, primero en un pezón y luego en el otro, hasta hacer desaparecer prácticamente el color marrón de los mismos. A diferencia que ella Montse lo único que hizo retorcer de forma abrupta todo su cuerpo, apretar bien los labios y después resoplar, pero pude notar como literalmente su coño chorreaba como si se hubiera orinado. Cuando termino de resoplar nos dijo… “Vaya corrida me he dado, en mi vida tuve una así… uuuhhhmmmmmm”

Se había corrido y no nos habíamos ni enterado. Pero eso no aplaco su calentura, lo que hizo que yo me pusiera otra vez súper excitado. Me paso la vela Begoña y se agacho para comerme mi polla, ahora manejando sus manos reconozco que la chupaba muy bien, además se le notaban las ganas y al tener la boca más grande que Montse le entraba mucho más.

Ahora me dediqué a dejar caer cera por casi todo el cuerpo de Montse, que no protestaba para nada, fui bajando más, pero sin perder la visión de su cara, hasta llegar al pubis, llenándole prácticamente todo de cera. Me tentaba dejar caerle cera en sus labios vaginales, en su clítoris, pero no sabía cómo resultaría en un lugar tan sensible. Yo creo que ella sabía lo que estaba pensando y al final me decidí a dejar caer una gotita cerca de su clítoris. Me pareció eterno el tiempo que tardo en caer la gotita y no perdía la cara de ella. Trato de aguantar estoicamente pero no pudo… “Cabroooooón… te mato, te…” y antes de que acabara de decir nada más, deje caer otra.

Pero esta vez fue Begoña la que le tapó la boca diciéndole… “Ahora te jodes tú, so puta… no querías jugar, pues a callar…” “me oyes tu bien a mí, ¿ahora?” y vi como Montse afirmaba con su cabeza, Begoña con una gran sonrisa se gacho, quito la mano y se fundieron en un apasionante beso y cuando termino le pregunto… “¿Y quién me va a comer el coñito todos los días en este despacho?” contestándole Montse… “La misma a la que tú se lo comerás, pero siempre que nos visite Carlos, si no… NO” oír eso me puso tan cachondo que me puse a follarme de forma salvaje a Montse. Hasta que nos corrimos los dos salvajemente, sin parar de gritar, gemir…

Nos quedamos sentados, recuperándonos y hablando un poco. Sobre todo, Montse con Begoña, que el decía que eso no se tenía que saber, que tenía que ser discreta y también que a partir de ese momento se llevarían muy bien. Sonriéndose las dos. Y diciendo Begoña que lo que más le molestaba era no poder contar que yo me la había follado, para envidia de más de una de allí y se volvieron a reír las dos. Yo le dije que sería bueno que, para la próxima vez, tomara algo para estar más tranquilos y ella me dijo que imposible, que llevaban desde tres meses antes de casarse sin tomar nada para quedarse embarazada y que no había manera. Montse le dijo que ella conocía un centro donde podrían estudiar el motivo porque no se quedaba y Begoña nos contestó, que ya lo sabían. Que su marido para que lo entendiéramos, tenía el esperma vago, que entonces entre unas cosas que le habían mandado y cuando hacerlo, era el tratamiento.

Como nos vio cara de estar perdidos, nos explicó que solo lo hacían en el día de mayor ovulación. Que el resto de los días él no podía ni masturbarse ni podían hacer nada. Lo que llevaba a la desesperación. Riéndonos todos. Porque ella se vio que era muy activa. Añadiéndonos que eso llevaba a que el marido cuando follaban, después de tanto aguantar, se corría enseguida y como ella se tenía que quedar quieta durante un tiempo, pues… nos volvimos a reír y más cuando Montse le dijo, vamos que tienes que tener el dedo desgastado. Yo me fui al aseo un momento y cuando regresé, por lo que pude comprobar las dos habían hablado, tenían una duda y me preguntaron que como sabía que les iba a gustar lo que les hice con las velas…

Mi contestación fue clara… “Como me dijo una mujer que me enseño, no hay que confundir la fantasía y el juego, con la realidad. Una cosa es el sado light y otra el extremo. El extremo no me gusta y con el light hay que estar pendiente de la otra persona, si se nota que lo admite, que disfruta o no. Para saber si se debe seguir o dejarlo. No hay que cometer excesos, ni en la forma de apretar las esposas, ligaduras, no golpear fuerte, no apretar tampoco en exceso… saber los límites y no sobrepasarlos”

Nos arreglamos y nos fuimos con toda normalidad, pero antes de salir del bufete nos besamos ardientemente, tan ardientemente que casi nos volvemos a enrollar. Cuando salimos a la calle, el marido de Begoña estaba aparcado en segunda fila esperando. Cuando nos vio salió rápidamente del coche, saludando muy amablemente y con mucho respeto a Montse, que para mi gusto con cierta altivez le correspondió al saludo y sin espéralo nadie, le dijo… “Perdona que haya tenido que venir tu mujer a trabajar en sábado, pero era necesario y lo más seguro que algún día le vuelva a tocar. Además, con las nuevas responsabilidades que va a tener, algún día tendrá que viajar conmigo” a Begoña le apareció una leve sonrisa de “maldad” el marido lo único que dijo fue… “Usted no se preocupe doña Montse, mi mujer es muy responsable y seguro que cumplirá” Allí nos despedimos todos y nos fuimos. El marido paso de mi completamente, como si no estuviera, pero bueno, no pasa nada.

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Mama me enseña a ser puta

Mamá y yo siempre hemos estado muy unidas. Papá murió en un accidente de coche cuando yo era muy pequeña y jamás mi madre buscó a un nuevo compañero, por lo que he carecido de la figura de un padre. Mamá se dedicó exclusivamente a mí, lo que ahora que soy adulta valoro como un gran sacrificio. Una mujer tan guapa como ella y tan voluptuosa ha tenido decenas de pretendientes, pero ha preferido que no hubiera interferencias en nuestra relación, no se fiaba de casi ningún hombre para que viviese con nosotras.

Me hice mayor y poco después de cumplir los dieciocho le dije a mi madre que había conocido a un chico y que días después de presentárselo me iría a vivir con él. Mi madre se puso triste, casi se enfadó. Me consideraba su “pequeña”, tenía miedo por mí y casi me reprochó su vida falta de un hombre por dedicarse a mí. Discutimos, le dije que ella lo había elegido así, que yo no la obligué. Finalmente las cosas se calmaron y nos abrazamos entre lágrimas, diciéndome ella que estaría encantada de conocer a Marcos, mi novio.

Marcos llegó un sábado por la tarde a casa y quedó fascinado con mi madre a primera vista. No lo pudo disimular. Además mi madre se vistió con una camiseta de tirantes que dejaba ver todo su generoso escote, porque ella tiene el triple de tetas que yo.

Creo que mi madre había bebido alcohol, quizá por estar deprimida ante mi inminente marcha. La ingesta de alcohol era entonces lo que le hizo desinhibirse y actuar de un modo novedoso para mi, pero que no me resultó ni humillante ni ofensivo, sino sorprendente y diría incluso que hasta gracioso.

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El deseo de amar a una amiga

Amar es legítimo, lo más legítimo acaso. Por eso no he de dudarlo si la amo a ella más que a mi hombre. No he de salir del lecho envuelta en un mar de dudas cuando instantes antes me ha hecho gozar más que un hombre, más que… una verga.

Sus manos y sus dedos, su boca y su lengua, todo su cuerpo es un rayo de placer que me traspasa. Supe que eso sería así desde que ambas nos miramos a los ojos por primera vez; y ninguna, ni ella ni yo habíamos tenido ninguna experiencia lésbica previa. Es más ni habíamos pensado en otra mujer para proyectar nuestra sexualidad.

Pero ella es sublime por lo claras que tiene las ideas. Ella me ama y yo dudo, y cuando dudo ella se frustra con razón. No obstante le digo que sólo ha de escuchar los gemidos que profiero cuando nos amamos para convencerse de que deseo amarla.

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