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Mis amigas

Una tarde, estando sola en mi habitación, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar mis pezones por encima del ligero blusón que llevaba puesto y cada vez más excitada, bajé hasta mi rajita.

Estaba ya muy caliente y húmeda cuando ella, mi mejor amiga, entró. Al sorprenderme en tal situación, me sentí avergonzada pero no dije nada. Ella sólo sonrió y me pidió que continuara, que no me preocupase porque también lo hacía muchas veces.

Que ella me estuviese observando me excitó aún más, así que seguí acariciándome suavemente por encima de la braguita, con los ojos cerrados. Entonces me sugirió que me quitase la poca ropa que llevaba puesta y, sorprendida, la miré y vi que tenía la mano por debajo de su mini y también se frotaba. Yo me negué y le pregunté qué se proponía. Se acercó a mí y me susurró cálidamente al oído que se me veía muy linda. Me besó los labios, tocó mis tetas, luego el sexo y yo suspiré de placer.

En un momento reaccioné, ella era como una hermana y le pedí que parasemos. Pero continuó desnudándome toda. El coñito lo tenía hinchado y mojado como nunca, la calentura me estaba haciendo perder el control.

Nos tendimos en la cama y comenzó a acariciarme los senos, a jugar con ellos. Siguió bajando hasta mi sexo y separó los labios de mi vagina para besar mi sexo. Comencé a suspirar… su lengua inquieta no paró hasta que descubrió mi clítoris que lamió, succionó y con ternura lo contuvo entre los dientes. Le tomé la cabeza con las manos apretándola contra mi vulva. Gemí cuando el orgasmo se desencadenó convulsionándome. Entonces subió por mi vientre lentamente y de nuevo me besó apasionadamente la boca.

En justa correspondencia, su sexo respondió rápido a las caricias y lo apretó contra mi mano. Cuando hube ubicado su clítoris, lo estimulé rápido, de arriba hacia abajo. Me detuve para penetrarla con dos dedos que se deslizaron con facilidad en su interior. Los roté dentro y comencé un mete y saca sensual. Gemía y ver su cara hizo que me sintiera de nuevo excitada. Acercamos nuestras vulvas, podíamos sentir el calor y los perfúmenes que emanaban. Una corriente eléctrica nos recorrió el cuerpo cuando nuestras vaginas se besaron. Comenzamos a movernos con rapidez, chocando clítoris con clítoris, transmitiéndonos intensas sensaciones. Ambas tuvimos el mismo orgasmo, al mismo tiempo mientras los jugos de una y otra se mezclaron en coctel de placer.
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Un beso inolvidable

Es jueves de madrugada. He tenido un día largo y agotador. Estudios, trabajo, otros compromisos…etc. Probablemente mañana me espere lo mismo. No me importa. En este momento nada me importa. Cuando estoy junto a ella el tiempo se detiene. Se detiene hasta tal punto que cualquier pensamiento negativo o preocupación vuela de mi mente igual que una hoja arrastrada por el viento. Ahora lo único que me invade es un sentimiento de “felicidad eterna”. Nada más me importa. Solo ella.

Dos caminos tan diferentes pero a la vez tan iguales, que han terminado uniéndose para formar uno solo. Sentirse comprendida en todo momento, apoyada y sobretodo, protegida. Estando las dos sentadas en un cómodo sofá, ella toma mi mano. La toma y la acaricia con suavidad. Puedo sentir el calor de las yemas de sus dedos abrirse paso sobre mi fría piel. Apoyo mi cabeza encima de su hombro, y dejo que siga. Ella me rodea con su brazo y me acerca hacia ella. De nuevo, despierta en mí ese sentimiento de protección. Todas mis inseguridades han desaparecido por completo. Suavemente me besa en mi frente. Puedo sentir sus cálidos labios sobre mí. Levanto mi cabeza y la miro fijamente. Puedo observar ese brillo especial en sus preciosos ojos. Se acerca a mí lentamente. Ambas abrimos ligeramente nuestras bocas. Siento como sus labios rozan los míos. Cierro los ojos. Puedo sentir como la punta de su lengua se une con la mía. Puedo sentir su humedad en mi boca. Comienzo a juguetear yo también con mi lengua. Lamo ligeramente sus labios mientras acaricio su mejilla. Ella sigue con sus lametones en mi lengua. Nos fundimos en un dulce beso en el que a penas intervienen los labios. Lentamente, comienzo a chupar su juguetona lengua como si se tratase de un caramelo. Ella rodea mi cintura con sus manos y me acerca hacia ella, para así seguir lamiendo mi boca. Y comienza a besarme salvajemente. Muerde mi labio inferior con cariño, me besa con pasión introduciendo toda su lengua en mi boca. Sus manos acarician todo mi cuerpo. Me olvido de todo. El tiempo ha vuelto a detenerse.

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Como poder vivir sin ti amor!!

El viaje se me ha hecho tan largo y doloroso … no pensaba regresar a mi país, al menos no por estas condiciones y definitivamente no ahora. Tantos recuerdos, tantas discusiones, tantas cosas que dejé atrás y que irremediablemente tendré que enfrentar al instante de bajar del avión … No creo estar preparada, pero poco importa cómo me siento, es mi responsabilidad lo quiera o no.

Me fui de Venezuela hace 12 años, justo después de graduarme de secundaria. Un fotógrafo reconocido en mi país, tío de una de mis compañeras de clase, en la fiesta de graduación me propuso viajar a Italia junto con su sobrina para incursionar en el mundo de la moda. Como era de esperarse, mi padre dijo que no, aún era menor de edad y la idea de enviarme a otro país era sencillamente inconcebible. Habíamos sido sólo él y yo desde siempre. Mi madre nos había abandonado dos años después de mi nacimiento así que siempre fue sobreprotector, de allí que no importó cuanto supliqué, rogué o pataleé, la respuesta fue un gran “NO”. Mi amiga se fue a los 2 meses cuando logró arreglar sus papeles, yo me quedé llorando y frustrada por no poder aprovechar semejante oportunidad. Si bien era cierto que antes de esa propuesta nunca antes había considerado el modelaje como una opción, la idea de probar y conocer Italia me encantaba, así que no se necesitó mucho para entusiasmarme. El estudiar administración de empresa para hacerme cargo del negocio de la familia ya no era tan atractiva.

Nací en Maracay, una ciudad del interior a una hora de la capital y mi padre tenía una fábrica de ron en una población a los alrededores de la ciudad. Era un ron muy local en ese momento, pero con grandes posibilidades de convertirse en un gran competidor en el mercado nacional y mi padre quería que trabajara con él en la expansión y consolidación de la  misma. Soy hija única, así que todo el peso de la futura sucesión recaía sobre mis hombros.

Por otro lado, también luchaba con quien era el amor de mi vida. Fabiana, mi amiga de la infancia,  mi hermana, la niña que me hizo entender desde muy temprana edad que era diferente al resto de las niñas, que me hizo entender que lo que sentía por ella, no lo sentía por nadie más. Fue la que me hizo entender que me gustaban las mujeres y que estaba perdidamente enamorada de ella. De su manera de ser, de su apariencia fuerte y hosca, de su timidez con todos a su alrededor, de su lealtad, de su incondicionalidad, de su seriedad … cualidades que normalmente alejaban a todos los que se le acercaban, pero que a mí me atrajeron como miel a la abeja. Sobre todo porque conmigo era todo lo opuesto y me encantaba ser quien rompiera con su muralla. Con ese témpano de hielo que mostraba a los demás. Sacaba lo mejor de ella. Su lado tierno, su lado bromista y divertido, su delicadeza … Su lado amoroso. Esa es Fabiana Contreras, el gran amor de mi vida. Hoy, sólo un recuerdo; hoy, sólo un pudo ser.

El encendido de la luz de abrocharse los cinturones me sacó de mis pensamientos. Estábamos llegando a la ciudad de Valencia, así que aún me quedaba una hora de viaje para llegar a Maracay. Ya faltaba poco para hacerle frente a lo que por tantos años había obviado.

Media hora más tarde ya estaba retirando mis maletas de la correa del equipaje. Por suerte, las mías salieron en el primer lote de entrega, así que sin esperar mucho las retiré y me dispuse a salir para tomar un taxi que me llevara hasta Maracay. Llevaba 24 horas viajando y estaba agotada, pero quería llegar de una vez. Ya tendría tiempo para dormir.

Con torpeza por la falta de sueño salí del área de seguridad, me disponía a acercarme a un servicio de taxi privado cuando escuché mi nombre: “Natalia”. Esa voz era inconfundible. El tono grave y profundo que la caracterizaba hizo que mi corazón diera un vuelco al instante y que el aire se me atorara en los pulmones. Por un momento, pensé que podía estar alucinando, que tal vez mi cansancio me estuviera jugando una mala pasada, pero al escuchar esa voz nuevamente, no cabía duda de quién era. Tenía 12 años sin verla y aunque recordaba a la perfección su imagen de ese entonces, no sabía cómo se vería ahora.

Con temor, me volví lentamente sin subir la mirada. Respiré profundo un par de veces y luego comencé mi ascenso. Unas botas negras de piel, un pantalón gris de vestir a la cadera, una camisa blanca ceñida a su torso y abierta en los 3 primeros botones, manga larga y puño anchos; su cabello corto ondulado como el azabache, sus facciones rectas pero al mismo tiempo delicadas, sus labios de tamaño promedio, pero bien delineados pintados con brillo y sus ojos negros y profundos me dieron la bienvenida. Retuve la respiración no sé por cuánto tiempo. Esta mujer que tenía enfrente era y no era la misma que tenía tanto tiempo sin ver. Estaba mucho más hermosa. Nunca había sido de maquillarse, pero ahora lo estaba, un maquillaje muy tenue pero que hacía lucir su rostro de mujer. Su vestir formal y femenino a pesar de su poca atracción hacia la moda, o al menos eso recordaba, estaba impecable. Y sus ojos … esos ojos que siempre me habían hipnotizado y que ahora no eran la excepción, ahora llenos de experiencia y madurez. Allí estaba Fabiana. Mi Fabiana. Mi amor … justo frente a mí y yo sin saber qué hacer o qué decir.

Nunca la olvidé. Nunca dejé de amarla. Pero teníamos caminos y metas diferentes; y aunque el corazón no sabe de razones, mi conciencia me hacía pisar tierra cada vez que su ausencia me carcomía el alma.

Pero verla y tenerla frente a mí, hacía que toda mi razón se fuera al demonio, que sólo quedara el amasijo de nervios en la que me había convertido, y para quien las palabras y las razones ya no existían.

La miré fijamente no sé por cuánto tiempo, sólo sé que la vi acercarse a mí hasta llegar a abrazarme y yo sólo atiné a soltar la maleta y aferrarme a ella con fuerza. A enterrar mi rostro en su cuello y a dejarme envolver por su calidez y por sus brazos firmes.

Apretó su abrazo y me susurró al oído “Lo siento”. Allí me quebré. Sin poder evitarlo, lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas. La realidad me alcanzó. Esa que había aceptado, pero no asumido, me invadió. Mi padre había muerto y mi regreso se debía a ello.

Cuando la administradora y mano derecha de mi padre me había llamado para darme la noticia, me quedé en shock. Todo fue como en cámara lenta. Estaba en pleno ensayo para un desfile que tenía previsto, así que luego de atender la llamada, me senté por unos minutos antes de excusarme y salir a la oficina del productor y avisarle que debía viajar de emergencia. Desde ese momento hasta ahora, todo se había bloqueado en mi interior. Fue como si adoptara el rol de autocontrol y donde el único objetivo era regresar a Venezuela lo antes posible. Incluso durante el viaje, pensaba de manera mecánica las cosas que debía hacer, pero en ningún momento me había detenido a pensar o sentir el dolor, el vacío de saber que mi padre había muerto. No, hasta que Fabiana me rodeó con sus brazos y trató de consolarme.

Lloré por unos minutos en silencio. El dolor que sentía era desgarrador y quería llorar y llorar sin parar, pero no podía hacerlo en ese lugar, así que en un momento de cordura le pedí a Fabiana que me sacara de allí. No sé lo que hizo, ni cómo lo hizo, pero en un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en lo que suponía era su carro.

Me quedé inerte por un rato viendo por la ventanilla, hasta que algo llamó mi atención.

  • ¿Cómo supiste que llegaría hoy? _ Pregunté
  • Tengo mis maneras _  Respondió mirándome de soslayo
  • Gracias por venir … no tenías que hacerlo _ Le dije luego de pensar que sin importar cómo se había enterado, no tenía por qué haber ido.
  • Nada me hubiese impedido venir a buscarte Natalia. No en estas condiciones.
  • Gracias _ Le respondí con cierto pesar pues entendí perfectamente lo que quiso decir. Si el motivo de mi regreso hubiese sido otro, tal vez ni siquiera la vería. Pasaron unos minutos antes de que me hablara.
  • Natalia … hay algo que debo decirte _ Por su seriedad, imaginé que tal vez no me gustaría lo que escucharía.
  • Dime _ Me volví hacia ella.
  • ¿Sabes la administradora que contrató tu papá?
  • Sí, Carmen María. ¿Qué con ella? _ Pregunté  con extrañeza. Intentó hablar dos veces pero las palabras no le salían, así que comencé a imaginar lo peor – ¿Sales con ella? _ No tenía derecho a preguntarle eso y mucho menos a sentir ese nudo en el estómago de pensar que así podía ser. Pero era inevitable. Hacía mucho tiempo que había aceptado que la seguía amando y que nunca dejaría de hacerlo.
  • No _ Respondió y al instante solté el aire que sin darme cuenta había retenido – La verdad es que … no existe una Carmen María.
  • ¿Eh? … ¿Cómo que no existe? _ Aquello no tenía sentido.
  • Sí existe, pero no trabajaba para tu padre _ Me aclaró, pero igual no entendía.
  • Ya va … no te entiendo … ¿Cómo que no trabajaba para mi padre? _ Pregunté confusa.
  • Carmen María es la secretaria de mi padre _ Mientras más detalles me decía, menos claro estaba todo.
  • ¿Fabiana, me quieres explicar de una vez lo que me estás tratando de decir? _ Estaba hecha un lío con todo aquello.
  • Quien trabajaba con tu padre era yo. Yo soy la administradora de la ronería desde hace 2 años y es conmigo con quien te has comunicado todo este tiempo.
  • ¡¡Qué!! _ Fue lo único que atiné a decir.
  • Cuando Rebeca tuvo que retirarse, tú papá estaba desesperado porque no quería poner la compañía en manos de un extraño. Estaba decidido a hacer todo él mismo mientras te convencía para que regresaras. Me pidió que lo asesorara en algunas cosas y así lo hice, pero después de muchas horas de trabajo y de muchas conversaciones me ofreció el puesto. No lo iba aceptar, pero me lo pidió como un favor y así lo tomé … con la idea de que era algo temporal.
  • ¿Desde hace 2 años?
  • Sí _ Asintió
  • ¿Y por qué nunca me lo dijiste? _ No podía creer lo que había escuchado, pero ahora su silencio me decía más que cualquier palabra que pudiera haber articulado – ¿Tanto así me odias? _ Le pregunté agarrándome de una vaga esperanza de que la respuesta no fuera la obvia.

En ese instante pasó por mi mente aquella última y fatal conversación antes de irme. Recuerdo:

  • No entiendo cómo puedes irte y dejarme Nati … ¿Es que para ti lo nuestro no es importante? _ Me decía Fabiana con dolor e impotencia.
  • Fabi mi amor, entiéndeme, ésta es una oportunidad única. Sólo no quiero dejarla pasar.
  • ¿Y lo nuestro sí?
  • ¡No amor! … eres tú la dices que quiero dejarte o que lo nuestro termina aquí. Yo no quiero eso, sólo quiero irme al menos por un año y ver de qué se trata todo. Luego volveré _ Se rió amargamente.
  • ¿De verdad piensas que volverás? … ¿Después de que has pasado todo el año deseando irte?
  • Pero no porque no quiera volver Fabiana, es porque quiero conocer algo diferente a este pueblo, a la fábrica, hacer otras cosas, conocer otra gente … Necesito más que esto amor … _ Le dije sosteniendo su cara entre mis manos para que me viera a los ojos – Te amo Fabi y eso no cambiará. Pero necesito irme. Por favor, apóyame _ Mis lágrimas caían al igual que las de ella – Ya es duro irme sin el apoyo de mi padre … no me abandones tú también _ Acerqué mis labios a los suyos y la besé. Necesitando transmitirle en ese beso mis súplicas de que aceptara mi partida, pero no como un adiós. Me correspondió y me abrazó con fuerza llenándome de esperanzas _ Mi vida … regresaré, te lo prometo.

Con lentitud, tomó mis manos que estaban en sus hombros y las sostuvo entre las suyas sin subir la mirada, sólo acariciando mis dedos.

 

  • Para mí, tú eres todo lo que importa; lo único que necesito para sentirme bien y feliz … _ Me miró a los ojos pero con tristeza, con pesar – Cuando nos graduamos, mis padres me ofrecieron irme a Canadá para estudiar inglés por un año con la posibilidad de que si me gustaba, quedarme a vivir … ¿sabes qué les dije Nati? … que no me hacía falta viajar a otro país para saber que lo que quería y amaba estaba aquí, en esta tierra, en esta ciudad … y no lo dije sólo por ellos, lo dije principalmente por ti.
  • Nunca me dijiste nada de eso _  Dije en susurro y asombrada. No podía creer que me había ocultado algo tan importante.
  • Para qué si para mí no era una opción irme … todo lo que necesitaba estaba aquí … pero ya ves, no es igual para ti.
  • Fabiana _ Comencé a decir pero me interrumpió.
  • Sé que me amas …pero sé que lo nuestro no es suficiente para ti … así que no te detendré, pero tampoco te esperaré.
  • Amor, no lo hagas … _ Mis lágrimas se hacían más copiosas y la punzada en mi corazón se hacía más intensa.
  • Espero que logres todo lo que deseas Natalia y que consigas lo que no tienes aquí.
  • Fabi … _ Me abracé a ella llorando desconsoladamente, pero quitó mis brazos de su cuello y se fue sin mirar atrás y sin decir nada más. Así terminó todo. Así terminó nuestra historia.  

Presente:

  • No te odio Natalia es sólo que … _Respiró hondo antes de responder – No sabía cómo manejar el que volviéramos a hablar … no, después de como terminaron las cosas _ No sabía cómo tomar aquello así que me quedé en silencio mirando su perfil. _ Pasé mucho tiempo dolida y no te negaré que te odié … o al menos eso quería … pero no lo logré … te amé demasiado como para odiarte. _ Volteó a verme y pude ver en sus ojos que hablaba sinceramente. No me odiaba … pero había quedado claro el “te amé” en pasado.

Mis ojos se humedecieron nuevamente, así que volví la mirada al frente para disimularlo. Todos esos años había pensado que me odiaba y aunque uno jamás se prepara para algo así, al menos estaba preparada para aceptarlo. Pero no para escuchar un “Te amé”. No podía ser diferente y lo sabía, pero no por ello dolía menos.

 

  • Habría sido un error el que te quedaras … tomaste la decisión correcta. _ Me sonrió, o al menos eso me pareció. Aún luchaba con la humedad de mis ojos para no dejarla salir.
  • A veces no estoy tan segura _ Dije casi en susurro.
  • ¿Bromeas? … ¡Mira todo lo que has logrado Nati! Eres una modelo reconocida en el mundo de la moda. Te has ganado el respeto y el reconocimiento de todos.
  • Sí, es cierto … _ Traté de sonreír, pero sabía que a cambio, había perdido lo más importante de mi vida después de mi padre.
  • Siento haber ocultado que era yo quien te escribía.
  • Está bien. No pasa nada.

El resto del viaje no hablamos, sólo la música del radio rompía con ese silencio. Yo llorando por las dos pérdidas que acababa de tener. Mi padre y la pérdida definitiva de mi único amor verdadero.

Al llegar a la casa me encontré con los empleados agrupados en el patio central. Caras conocidas y otras no tantas, pero igual logré sentir el cariño y el apoyo por la pérdida de mi padre. Siempre fue muy querido por todos los que trabajaron con él y aun y cuando no era de carácter fácil,  se ganaba el cariño de todos a su alrededor. Era de la filosofía de que para trabajar bien, había que trabajar a gusto, así que procuraba que sus empleados se sintieran como en casa, que a pesar de exigirles el mejor rendimiento en lo que hacían, el calor humano nunca faltaba. Que se sintieran parte importante de la casa o de la compañía para que sus labores lo hicieran con cariño y dedicación; de allí que entendía perfectamente las caras afligidas de todos allí presentes.

Oscar, el mejor amigo de mi padre, mantenía una expresión impenetrable, pero sabía que el dolor lo llevaba por dentro, que pretendía ser mi soporte, mi apoyo, así que cuando llegué hasta él, lo abracé muy fuerte tratando de transmitirle mi agradecimiento por ello.

  • No estás sola _ Me dijo al oído.
  • Lo sé _ Le respondí al tiempo que apretaba más mi abrazo para así aguantar el llanto que insistía en salir.

Se paró a mi lado al igual que Fabiana y estuvieron conmigo hasta que el último de los allí presentes se acercó a mí para darme las condolencias. Fueron mi columna en ese momento. En las ocasiones en las que me decían cosas conmovedoras, no faltó que alguno de ellos dos me agarra la mano, el brazo, o un simple roce en mi espalda y me recordara que estaban allí y que con sólo una mirada o una señal de mi parte, detendrían todo aquello.

Cuando entramos a la casa Oscar me propuso que me acostara para descansar, pero no podía … aunque estaba agotada por el viaje, la falta de sueño, el cansancio y el tragarme el dolor que sentía, no podía esperar. Necesitaba despedirme de mi padre. Sería cremado según sus deseos y no quería ningún velatorio, así que sólo me estaban esperando para poder completar el proceso.

 

Llegamos al cementerio principal donde harían todo. Mis piernas me temblaban, no sabía exactamente cómo caminaba, tal vez por inercia, no lo sé … pero al llegar, me hicieron pasar a un cuarto especial en el que había como especies de nichos, abrieron uno de ellos y allí estaba él … con su cara pálida, su piel fría, sus labios incoloros … perdí el equilibrio, no lo pude evitar, pero allí estaban Fabiana y Oscar sosteniéndome de nuevo. La respiración me faltaba y ya no pude contener mis lágrimas, las cuales comenzaron a rodar copiosamente por mi rostro. La punzada en mi corazón era tan fuerte que pensé en cualquier momento dejaría de latir … mi padre, mi amigo, mi todo se había ido … y yo no había estado con él. Este último pensamiento hizo que respirara hondo y contuviera mi llanto. Él nunca me había abandonado, pero yo sí a él, así que no tenía derecho a llorar por su pérdida. No tenía derecho alguno para hacerlo. Les pedí que me dejaran sola con él unos minutos y en cuanto pude volver a articular palabra alguna, le pedí perdón y le di un último abrazo. Después de eso, no supe nada más hasta que me vi sentada en el gran sofá de la casa con Fabiana a mi lado hablándome.

  • Tómate un poco de té Natalia, te hará bien.

Vi la taza humeante y su cara de preocupación, así que sin replicar, tomé la taza entre mis manos y comencé a tomar de a sorbos. No podía hablar … o más bien, no tenía nada que decir. Ya sólo quedaba la lectura del testamento que se haría al día siguiente y todo acabaría. Regresaría a Italia nuevamente, pues ya aquí no había nada que me retuviera.

 

  • Necesitas drenar Nati. No puedes tragarte todo esto. No es bueno _ La miré en silencio unos instantes.
  • No tengo derecho a hacerlo.
  • ¿Cómo que no tienes derecho? _ Preguntó frunciendo el ceño.
  • No tengo derecho a llorar su pérdida si no estuve aquí para él. Si lo abandoné hace 12 años …si lo dejé sólo sin importarme nada.
  • Sabes que no es así. Nunca lo abandonaste. Siempre estuviste pendiente de él y de todo lo que sucedía a su alrededor.
  • Pero no estuve aquí … no estuve a su lado … lo abandoné igual que ma … _No pude terminar de nombrarla sin que un nudo se formara en mi garganta.
  • No hay comparación Natalia, ni lo digas _ Negó categóricamente  – Tú mamá los abandonó a los dos sin mirar atrás,  dejándolos a su suerte. Tú no hiciste eso. Tú te fuiste, sí, pero nunca dejaste de velar por él. Lo llamabas, te mantenías en contacto para saber de la empresa y que no le faltara nada. No lo abandonaste.
  • ¿Y de qué sirve eso? … Igual murió solo sin mí a su lado … _ Las lágrimas vencieron la batalla y salieron en tropel – Y todo por una carrera que nunca entendió y que no quería para mí … así que a la final, para él fue como si lo abandonara.

Fabiana negó con la cabeza un par de veces antes de mirarme unos instantes, pararse e ir hasta el estudio de mi padre. Yo sólo me quedé allí sentada siendo fuente de copiosas lágrimas. Pasaron unos minutos antes de que Fabiana regresara a mi lado con un gran libro entre sus brazos. No entendía qué era y mucho menos para qué lo traía, pero la dejé hacer.

Con mucho cuidado lo sacó del forro de terciopelo que lo cubría, tomó la taza de mis manos para colocarla en la mesa de centro y me colocó ese grande y pesado libro en las piernas.

  • Ábrelo _ Me susurró.

Para no hacerle el desaire así lo hice y lo que encontré al abrirlo me dejó helada. Se trataba de una colección de recortes de fotos, artículos y reseñas desde los inicios de mi carrera hasta mi último trabajo. Todos cuidadosamente enmarcados y reseñados. Algunos con escritos a mano describiendo o nombrando el evento en cuestión. No podía creer lo que veía. No entendía qué era todo aquello. La miré buscando alguna respuesta.

  • Tu padre era tu fan número 1 _ Me sonrió ligeramente, pero al ver que yo seguía sin entender, tomó aire y comenzó a hablar – Cuando le dijiste lo de ir a Italia se negó porque no confiaba, ni le gustaba ese mundo. Pensaba que se prestaba para muchas cosas y ninguna de ellas buena. Pero al ver tu insistencia, tu lucha constante por lograr ir, le hizo darse cuenta que realmente lo querías. Que no era sólo un capricho como pensó que era en un principio. Sabía que cuando querías algo, peleabas hasta lograrlo, así que se puso a investigar. Contactó con varias agencias, modelos, productores, todo lo que pudo con tal de hacerse una idea de dónde te meterías si te dejaba ir … a la final, aunque no estaba del todo convencido, decidió confiar en ti. En tu personalidad. En tu entereza, así que hizo lo único que pensó te ayudaría … llevarte la contraria para que trabajaras duro y no te dejaras vencer por estar lejos de tu país y de tu gente. Sabía que el que se opusiera te haría luchar con más ahínco para demostrarle que no estabas equivocada, que te haría ser la mejor para demostrarle que el ser modelo, sí era una carrera y no sólo un pasatiempo … y lo logró. Mírate hoy.

No sabía si llorar, si gritar, si alegrarme … no podía creer todo lo que me había contado así que lo único que pude hacer fue poner a un lado el álbum y salir corriendo a la terraza. Necesitaba aire, mis pulmones se negaban a funcionar correctamente y sentía que me ahogaba. Al instante sentí los brazos de Fabiana abrazándome y allí no pude contenerme más. Me volví hacia ella y lloré. Lloré como nunca, sin contener toda la impotencia, dolor y frustración que tenía dentro. Era una mezcla de desesperación, de rabia, de incredulidad. ¿Cómo no me había dado cuenta en todo ese tiempo? … el peso de todo aquello cayó sobre mí e irremediablemente me dejé caer. No tenía fuerzas para mantenerme en pie y mis piernas abandonaron su función. Me abandoné al llanto. Fabiana se limitó a estar a mi lado mientras yo dejaba salir todo el desastre de emociones que sentía.

No sé cuánto tiempo estuve allí, sólo sé que llegó el momento en que ya no me salían más lágrimas, donde sentía mi cuerpo agotado y dolorido, en el que mis ojos eran como par de calderas hirvientes y donde lo único que quería era dormir.Necesito ir a mi cuarto _ Me sorprendió la voz que salió de mí. Era ronca y rasposa, supongo que por el llanto.

Fabiana me ayudó a levantarme y subimos al segundo piso donde quedaba mi habitación.¿Quieres cambiarte de ropa?_ Me preguntó al tiempo que me sentaba en la orilla de la cama – Descansarás mucho mejor.No … sólo quiero acostarmeDe acuerdo.

Me ayudó a quitarme el suéter que llevaba puesto, me quitó los zapatos y mientras me arropaba con la cobija, le sonó el celular.Hola … si, todo bien … no me dio chance amor, lo siento … no muy bien … mañana. Hoy me quedaré aquí … No, estaré bien. Mañana voy temprano … Y tú a mí … Yo también … Hasta mañana. A pesar de que habló en voz baja, logré escuchar todo lo que dijo y fue bastante obvio quien era, pero ya no me quedaban energías para deprimirme aún más al saber que estaba con alguien y que por lo que se habían dicho, quizás vivían juntas. Era demasiado por un día.No tienes que quedarte. Yo estaré bien _ Le aseguré ya con los ojos cerrados. Sentí que se movió dentro del cuarto, que fue hasta el baño y de pronto sentí cuando se acostó a mi lado y me haló hacia ella hasta que quedé con mi cabeza sobre su hombro. Iba a protestar insistiendo que no debía quedarse conmigo, que fuera a su casa junto a su pareja, pero la voz ya no me salió. Mis ojos pesaban una tonelada y así, sin más ni más, me quedé dormida en su regazo.

Regreso con otra historia que comencé a escribir hace un par de años, pero que por diversos motivos no había podido terminar de desarrollar, hoy aunque no está terminada, al menos tengo las ideas más claras para hacerlo y decidí lanzarme a la aventura de publicar sin tener escrito el final. Pero no se preocupen, que esto sólo me servirá de motivación para plasmar en líneas lo que me falta por escribir.

Como siempre digo, no sé si es mejor a mis relatos anteriores, pero decidí darle una oportunidad antes de desecharla y compartirla con ustedes.

Espero que este sea el mejor año posible para todos.

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Una tarde en un sauna

Cuando les conté a mis amigas Elvira y Telma que acababa de conocer a un chico rico y además guapísimo casi les da un soponcio de la envidia. No me importó presentárselo a esas dos brujas al cabo de varios días, al fin y al cabo habían sido amigas mías desde la niñez.

Román, tan amable él, las invitó a que una tarde se acercasen a su mansión a tomar unos baños de vapor en su fantástica sauna, y he aquí que un día nos vimos allí sentados los tres, Román, Elvira, Telma y yo. Y es que Román, con el que me casé un tiempo después ha sido siempre un encanto, y encantadas tenía a mis amigas con la conversación que les planteaba y ellas boquiabiertas con lo que les decía mi novio y sudaditas a la par de relajadas. Sentí lo más parecido a un aguijonazo de celos, pero montar una escena hubiera sido ridículo. Lo que pasa es que acercándose a mi oído Román me comentó en voz baja que quería echar un polvo conmigo y con mis amigas, con las tres, allí y en aquel preciso instante. Román es un encanto, ya lo he dicho, pero también un salido; pero como es guapo y rico no hubiera estado justificado negarse a su petición. No hizo falta rogar mucho a mis amigas para convencerlas, porque ellas aún lo deseaban más que él, no habían dejado de coquetear en todo aquel rato.

Para follar en una sauna es preciso bajar un poco la temperatura, porque ese ejercicio de por si ya te hace sudar. Por un espacio largo de tiempo dejé de ser su novia para convertirme en una igual de tres mujeres y Román hizo lo que quiso con cada una sin distingos o privilegios, penetrando o chupando por donde quiso, como quiso, a quien quiso y cuando quiso. He de ser justa y confesar que llegado el momento mi novio me trató de forma especial, pero eso era debido a la sorpresiva circunstancia en que se convirtió para ambos comprobar que Elvira y Telma se tomaron un tiempo exclusivo para ellas.

Sigo haciendo hincapié en justificar mis relatos como eróticos. No necesitan más, ni de descripción ni de extensión. Gracias a mis lectores tod@s por sus críticas positivas y negativas.

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La polla de mi ex

Soñando con su pene, cabalgando sobre él…

Con eso sueño cada noche, sintiendo que el deseo cada vez es más fuerte y se apodera de mí. Me palpita bajo las bragas… Siento su sudor resbalar por mi piel, sus manos amasando mis pechos. Pero despierto y no está allí. No tengo valor para llamarle. Aunque sé que me desea. Se muere por volver a follarme, y yo a él. Pero no soy libre y sólo puedo soñar.

Deseo aparecer en la puerta de su piso y cuando la abra, abalanzarme sobre él sin mediar palabra. Antes de que salga de su asombro no parar de besarle… oh sí, ya siento sus húmedos labios recorriendo todo mi cuerpo. Y esa mirada pícara poniéndome a cien. Su polla cada vez más viva, más fuerte lucha dentro de su pantalón por reencontrarse conmigo. Cuánto tiempo vieja amiga!!! Fuera la ropa, tirados al sofá, como perros en celo me acaricia, me lame y me recorre con sus manos. Ya saben lo que me gusta, y como me gusta. Mis tetas entre su lengua, lámelas, cómelas…Mi lengua baja por su torso desnudo, esa verga tan hermosa, tiesa como siempre. Tan grande como la recordaba, busca mi boca. Ya sabe lo que le hacía mi boca. Umm que rica, lamo de arriba abajo, él aprieta mi cabeza contra su miembro, enredando los dedos en mi pelo. Pim pam, pim pam. Sube baja, sube baja. Me monto sobre él introduciendo su ardiente polla en mi coño cada vez más húmedo. Más, más…Sí, sí. Galopo sobre él desatada por el deseo, y él se me clava más dentro cogiéndome fuerte por la cintura… Estallamos en el más fuerte orgasmo que podía imaginar. Oh, cómo me gusta follar contigo.

El corazón me salta en el pecho por la excitación y estoy tan húmeda que lo tengo claro, voy para su casa ahora mismo.

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