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Mis amigas

Una tarde, estando sola en mi habitación, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar mis pezones por encima del ligero blusón que llevaba puesto y cada vez más excitada, bajé hasta mi rajita.

Estaba ya muy caliente y húmeda cuando ella, mi mejor amiga, entró. Al sorprenderme en tal situación, me sentí avergonzada pero no dije nada. Ella sólo sonrió y me pidió que continuara, que no me preocupase porque también lo hacía muchas veces.

Que ella me estuviese observando me excitó aún más, así que seguí acariciándome suavemente por encima de la braguita, con los ojos cerrados. Entonces me sugirió que me quitase la poca ropa que llevaba puesta y, sorprendida, la miré y vi que tenía la mano por debajo de su mini y también se frotaba. Yo me negué y le pregunté qué se proponía. Se acercó a mí y me susurró cálidamente al oído que se me veía muy linda. Me besó los labios, tocó mis tetas, luego el sexo y yo suspiré de placer.

En un momento reaccioné, ella era como una hermana y le pedí que parasemos. Pero continuó desnudándome toda. El coñito lo tenía hinchado y mojado como nunca, la calentura me estaba haciendo perder el control.

Nos tendimos en la cama y comenzó a acariciarme los senos, a jugar con ellos. Siguió bajando hasta mi sexo y separó los labios de mi vagina para besar mi sexo. Comencé a suspirar… su lengua inquieta no paró hasta que descubrió mi clítoris que lamió, succionó y con ternura lo contuvo entre los dientes. Le tomé la cabeza con las manos apretándola contra mi vulva. Gemí cuando el orgasmo se desencadenó convulsionándome. Entonces subió por mi vientre lentamente y de nuevo me besó apasionadamente la boca.

En justa correspondencia, su sexo respondió rápido a las caricias y lo apretó contra mi mano. Cuando hube ubicado su clítoris, lo estimulé rápido, de arriba hacia abajo. Me detuve para penetrarla con dos dedos que se deslizaron con facilidad en su interior. Los roté dentro y comencé un mete y saca sensual. Gemía y ver su cara hizo que me sintiera de nuevo excitada. Acercamos nuestras vulvas, podíamos sentir el calor y los perfúmenes que emanaban. Una corriente eléctrica nos recorrió el cuerpo cuando nuestras vaginas se besaron. Comenzamos a movernos con rapidez, chocando clítoris con clítoris, transmitiéndonos intensas sensaciones. Ambas tuvimos el mismo orgasmo, al mismo tiempo mientras los jugos de una y otra se mezclaron en coctel de placer.
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Dos amigas chupando pija

Estas dos amigas unas zorras de mucho cuidado, Lucía, de rodillas, observa a su mejor amiga Marta, arrodillada también, y no acaba de creerse hasta donde han llegado hoy. David, su gran amigo, las mira de pie sin creerse tampoco lo que está pasando.

Marta desabrocha el pantalón de David con sumo cuidado, botón tras botón, bajo la atenta mirada de Lucía. De fondo, a lo lejos, se escucha todavía el murmullo de la gente y el ruido embotellado de la discoteca que está al otro lado del paseo. El ruido del mar y la suave brisa otoñal dotan a la situación de un matiz muy especial.

El pantalón de David cede, dejando ver su bóxer, blanco, que reluce bajo la oscuridad. Marta pone su mano sobre el bulto en crecimiento y acercando sus labios lo mima y lo besa. Lucía no sabe que hacer viendo a sus amigos de esa forma. Tímidamente estira sus manos y levanta la camiseta ceñida de David, que muestra sus abdominales bien formados pero no exagerados, y los acaricia sintiendo su tensión y dureza.

David es el típico cielo de amigo, guapo, buen físico, deportista pero no obsesionado con su cuerpo. Un buen amigo cuando se necesita ayuda, nada egoísta y genial compañero de fiestas. Es moreno, 1.75m, pelo corto, mirada penetrante y labios bien marcados, sin vello corporal.

Tal como si fuese uno de esos videos porno, Marta separa sus rodillas en la fría arena, lo que provoca que su ceñido vestido negro suba por sí solo quedándose a la altura de sus nalgas. Aleja su boca del bóxer y mirando a los ojos de su amigo, comienza a acariciarle el bulto con la mano abierta. No deja de crecer. Marta separa la mano y mira para Lucia, que observaba la acción atentamente. Lucía no se lo piensa dos veces y estira su mano para acariciar por encima del bóxer a David. Su miembro se va formando y endureciendo bajo su mano, y lo aprieta suavemente al sentir una dureza cada vez mayor. Pese a que alguna vez habían bromeado sobre ello, ninguna de las dos esperaba que su amigo estuviese tan bien dotado. No era broma. Mientras Lucía sonríe a David, nerviosa, Marta estira su mano agarrando sus testículos y masajeándolos con la mano entera. David suspira al sentir dos manos distintas acariciándole.

Aunque reina la oscuridad, hay una farola justo encima del paseo de tablas de madera bajo el cual están, que genera varias líneas de luz que se cuelan entre los tablones iluminando la morbosa escena. Sólo los pasos de la gente que pasa por encima les tapa la luz de vez en cuando provocando un efecto de luces sobre los cuerpos.

El pelo liso de Marta es más negro que la propia oscuridad y sus penetrantes y grandes ojos parecen quitados de una serie de anime. Cara redondeada, piel muy pálida con labios finos y rosados. Lucía, cabellos de color miel, labios marcados y ojos claros.

Marta acerca su boca nuevamente y la apoya sobre la suave tela del bóxer, con una serie de besos bastante sonoros. Lucía aparta su mano para dejarle hacer a su amiga, que se retuerce sobre la arena. Levanta sus manos, agarrando los extremos del bóxer, y comienza a deslizarlo suave. Su miembro aparece, su glande sale a la tenue luz y sienten rápidamente el olor y calor que desprende. A medida que su bóxer baja, su polla se va desdoblando y adquiere forma erecta, quedándose como un resorte frente a las atentas y sorpresivas miradas de ambas jóvenes. Su bóxer se queda a la altura del pantalón, por las rodillas. Las chicas se miran, todavía sin asimilar muy bien lo que está pasando. Pero se dejan llevar, arrodilladas ante su amigo, semidesnudo. David permanece pasivo, temblando, nervioso. Es un chico tímido, muy tímido, y le cuesta hasta respirar de lo agitado que está. Sus pulsaciones a un ritmo que nunca ha sentido antes. No se le han visto muchas novias, siempre ha sido un chico más de grupo de amigos que de relaciones con chicas.

Marta estira su mano y agarra firme la polla de David. En ese momento se da cuenta tanto de la dureza como del grosor que tiene, sin duda la más grande que ha tenido nunca en su mano. Comienza a masturbarlo, lo que para su sorpresa provoca que crezca todavía más. El glande se humedece debido a las gotas pre-seminales y produce un leve ruido con los movimientos. David comienza a respirar muy profundamente al tiempo que sus piernas se ponen en más tensión. Lucía observa como su amiga se desenvuelve, con su vestido tan subido ya que deja ver un poco de tanga. También se maravilla de la verga de David, una obra de arte que desea sentir. Espera paciente a que su amiga le de la oportunidad. Nunca ha tenido que compartir a un hombre –y menos una polla- y hace que sea una situación muy extraña. Sin embargo, esta espera le produce un morbo que nunca antes había sentido.

Marta se saca el pelo de la cara. Lucía nunca la había visto tan excitada, bueno, ni siquiera excitada, pues son cosas que ni las mejores amistades requieren. Su amiga tiene sus ojos entre cerrados, y es incapaz de dejar sus labios quietos. Siempre los muerte, los aprieta y sus rodillas no dejan de abrirse y cerrarse en la arena. Durante unos minutos, sigue masturbando a David hasta que finalmente se detiene y cede el turno. Lucía se acerca, bajando mas su cuerpo. Ella no tiene el problema de Marta pues lleva pantalones. Estira su mano y agarra la polla de David, que late caliente a escasos centímetros de su mirada. Lo recorre entera con su mano, disfrutando de su tamaño y tacto, desde el durísimo tallo hasta su mojado y brillante glande. Mientras tanto Marta, con mirada pícara hacia David, eleva un poco su cuerpo y agarra su palabra de honor desde arriba deslizándolo junto con el sujetador, dejando a la vista sus pequeños y redondeados pechos. Sus pezones ocupan la mayoría del seno, son pálidos como la nieve. Lucía se fija en la desnudez de su amiga, en lo duro de sus pezones, en como mira a David ofrecida mientras muerde su labio inferior. No es la primera vez que la ve desnuda, pero es una situación totalmente distinta, está endiabladamente sexy.

David no lo sabe, pero la humedad en las bragas de sus amigas aumenta a un ritmo frenético. Sobretodo en Marta, que vuelve a hacerse cargo de su pene, para masturbarlo agarrándolo con la mano entera. Lucía aprovecha para aligerar su ropa, y desabrocha su blusa blanca, dejando a la vista sus generosos pechos todavía bajo el sujetador, también blanco y sencillo.

Marta se decide a ser la primera en probar a David y acerca su boca, deslizando su mano hacia el tallo. Busca directamente el glande con los labios, sin pausa, dejando que entre. Debe abrir la boca más de lo esperado, debido a su tamaño. Lucía contempla sin decir nada. David gime al sentir la humedad y calor cubriéndolo. La joven empuja su cabeza hacia delante y deja entrar todo lo que su boca admite, moviéndose regularmente y saboreando la zona tan íntima de su amigo. Lo hace ansiosa, y el ruido de sus movimientos succionando se une a los anteriormente descritos. Sus rodillas más separadas y su espalda arqueada, lo que hace que su postura sea todavía más atrevida. A David le cuesta mantener el equilibrio.

La temperatura de Lucía va subiendo, siente una humedad increíble mientras contempla a su amiga mamando de esa manera a sólo unos pocos centímetros. Siente envidia de su amiga y espera su turno ansiosa. En una de las embestidas, Marta retira su boca y dirige el pene, con la mano, hacia Lucía, dedicándole una sonrisa. Nunca se imaginaría recibir eso de parte de su amiga. Pero el morbo y la excitación hoy hacen que todo sea un capítulo aparte. Lucía acerca su boca y comienza a lamer el falo de David, todavía agarrado por la mano de su amiga. Siente su sabor, mezclado con el sabor de bebida favorita de Marta, Malibú con piña. Una vez que llega al glande, lo abarca con sus labios y lo succiona, chupando solo la punta. Mueve la cabeza con movimientos cortos buscando la mirada de David, llena de morbo, excitación e incredulidad. Marta retira su mano y en su lugar acerca sus labios para besar la zona del tallo, mientras Lucía sigue mamando la punta. Las jóvenes se acercan más, rozándose los brazos y los hombros, oliéndose sus perfumes. Marta desliza sus besos más hacia la punta, acercándose a donde se encuentra su amiga. Abre la boca y deja que el tronco se vaya deslizando entre sus labios a medida que se desplaza por el. Cuando llega al glande, algo sucede. Ambas petardas se encuentran besando el glande, y pese a que no es pequeño, no es lo suficiente grande para dos bocas. Sus narices se tocan, intentando respetar cada una su parte, pero sus labios inevitablemente comienzan a rozarse. Poco a poco, el glande de David va pasando a un segundo plano, y los labios de las chicas se rozan cada vez más. Están cara a cara y cada una distingue el brillo de los ojos de la otra. Jadean. Sienten sus respiraciones. Hasta que, agitadas, y sin saber por qué, se buscan. Separándose de David, se besan ansiosas bajo la atónita mirada de él. El ruido de sus labios entrelazándose, sus lenguas buscándose hacen que todo el demás sonido ambiente se apague. Marta agarra de la mejilla a Lucía mientras introduce su lengua dentro de todo. Sus labios se deforman. Se separan, jadeando y se centran nuevamente en David, que está temblando corroído por el morbo. Marta se adelanta otra vez, y comienza a succionar más intenso que antes, intentando llevarla hacia la garganta. Se la cede pronto a Lucía que intenta abarcar lo máximo posible. Se turnan rápido varias veces, muy acarameladas entre si. David jadea y tiembla cada vez más, está recibiendo un placer increíble.

Saben que David no aguantará mucho más. Lucía se pone muy nerviosa, su experiencia con el semen no es muy amplia y tampoco es algo que sea muy de su agrado. Pero conoce a su amiga y sabe que ella no tiene tanto problema en ese sentido, por lo que es más que probable que no vaya a parar hasta que David eyacule. Esto le asusta, aunque por otro lado tener a su amiga a su lado y tratándose de David, le da más confianza. Están cada vez más desatadas, apoyan ahora sus lenguas sobre el glande de David, y levantan la mirada observándolo. Es de largo, la escena más morbosa que ha visto David en su vida, y muy probablemente no haya otra que se le acerque. Marta mueve su mano ahora muy rápido, y Lucía usa solo la boca cuando su amiga le deja. Los jadeos de él son cada vez más evidentes e incluso la más experta Marta se va poniendo nerviosa mientras se acerca el momento. Las bragas empapadas. Lucía busca la mirada de su amiga, la necesita en este momento. Ésta se la devuelve, muy excitada pero sin perder de vista a David, ya que su mirada y gestos le ayudan a predecir cuando se va a venir. Éste se aferra a una columna de madera que soporta el paseo. Siente que se viene, su respiración se entrecorta y pone en tensión todos sus músculos. Marta lo capta y sacándosela de la boca, estira su lengua dejando que su glande se apoye. Su miembro convulsiona fuerte y el primero de los chorros sale deslizándose, a borbotones, y cubre rápidamente su lengua. Esto coge desprevenida a Lucía, que se queda parada en un primer momento. La joven reacciona recordando las escenas que salen en las películas x, y pega su mejilla con la de su amiga, saca la lengua y cuando roza la de su amiga descubre el sabor de David que la impregna. Debe ser el morbo, pero sentir su sabor en ese preciso instante le parece placentero. El segundo chorro, golpea con fuerza el paladar de Marta, que tras tragarlo casi al instante, dirige la punta ahora para Lucía, que, desprevenida, recoge el tercero sobre labios y nariz, para luego abrir la boca nerviosa y recibir el cuarto y quinto íntegros. Lo que más le impresiona es lo caliente que sale y la suavidad de la textura. El sabor, es prácticamente inapreciable. David gime doblado sus rodillas. Marta, que es la que sostiene el pene, lo dirige otra vez para ella, saboreando los últimos segundos del orgasmo de su amigo. Un chorrito de semen discurre por la comisura de Lucía, que todavía tiene lo que ha recogido. Se siente muy nerviosa con eso en la boca y no se atreve ni a escupir ni a tragarlo. A su lado, siente a su amiga deleitándose mientras David jadea casi perdiendo el equilibrio tras un orgasmo memorable. Marta se separa y observa a Lucía, bloqueada, sin saber que hacer con eso en la boca las dos putas se abrazan. Sus cuerpos se juntan y sus bocas se buscan. La lengua de Marta descubre pronto el regalo que esconde Lucía, y la leche de David va pasando de una boca a la otra como en los videosxxx. Es un beso lleno de morbo, y pierden el control fácilmente. Tanto, que Marta se abalanza sobre su amiga, separando su blusa y observando sus preciosos pechos, todavía bajo el sujetador. Se retuerce sobre su amiga con su vestido a modo de cinturón, con la espalda y nalgas al aire, solo tapadas por su minúscula tanga negra. El líquido de David va despareciendo debido a lo intenso del beso. David observa a sus amigas tiradas en la arena, comiéndose los morros de una manera increíble, tras haberle hecho entre ambas la felación de su vida. Están muy alteradas, jadeando, ansiosas de dejarse llevar y descubrir nuevas experiencias juntas. Sin embargo, un inoportuno grupo de adolescentes las alerta, haciendo que se incorporen y se refugien en la zona mas recogida de debajo del paseo. Ahí miran a David, ahora mas tranquilo, sin saber que decir. Vuelven del país del morbo a la realidad. No hay palabras para decir en ese momento, solo se les ocurre vestirse para luego abrazarse los tres durante unos minutos.

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Flor de puta mi amiga

Parecía una perdida de tiempo… Si, eso es… una total y completa perdida de tiempo. No estaba hecho para aquello. No debí dejarme convencer tan fácilmente por el cabrón de Paco.

Sabía de las andanzas de mi compañero de oficina, aunque en honor a la verdad, siempre pensé que faroleaba más de la cuenta…. Vamos que se comía una y contaba veinte, como en el parchís. Pero parecía que mis impresiones eran equivocadas, a juzgar por la familiaridad con la que se desenvolvía en aquél tugurio el muy golfo. Más de una chica le llamó directamente por su nombre…. Bueno, en realidad le llamaban “Paquito”, supongo que por su baja estatura, o por su cara jovial, a pesar de que rondaba la cuarentena larga. Parecía el típico españolito de los 60-70, bajito, regordete y mujeriego…. ¡Coño! si hasta se traía un aire a Fernando Esteso.

Yo por mi parte me llamo Juan, soy algo más delgado que Paco, aunque ya no mucho, los años y el matrimonio me han engordado más de la cuenta. No soy ni alto, ni bajo. Ni guapo, ni feo y como dice Sabina ni más larga ni corta que cualquiera. También cuarentón, estoy en pleno proceso de divorcio, bueno, en realidad lo estaba en ese momento, ahora ya es definitivo. Además os contaré un pequeño secreto que jamás confesaría a mis amigos o familiares: Fue ella quien me dejó…. Decía que ya no se divertida conmigo y que estaba cansada de la rutina….Sin comentarios…. Bueno solo uno: ¡Que le den por culo, que lo tiene bien grande!…. Total que allí estaba yo, que jamás se me había pasado por la cabeza irme de putas, en aquel lugar, con el compañero de oficina que más detestaba ( y son unos cuantos) mirando el género, apoyado en la barra, con un gin-tonic en la diestra (el quinto o sexto, no sé) un cigarro en la zurda y una cara de panoli que tiraba de espaldas. El porqué estaba yo allí en realidad, es un misterio hasta para mí. Supongo que el hecho de que mi mujer me hubiera dicho esa mañana que había conocido a alguien influyó algo, claro. Luego los deseos de venganza y el hijoputa de Paco hicieron el resto.

El lugar era más o menos como uno se imagina que son esos sitios…. Bueno, algo más cutre. Poca luz blanca, mucha de colorines, espejos, barra de striptease, putas…vamos, lo normal. Había algunos grupos de hombres en algunas mesas y algún que otro tipo solitario en la barra del bar. Las golfas iban y venían de un grupo a otro intentado convencer a algún cliente para que subiera a las habitaciones. Y poco más.

El caso es que allí estaba, y aunque no estaba nada convencido de lo que iba a hacer, me temía que no podía escapar. Habíamos venido en el coche de Paco y estábamos a unos 30 kilómetros de mi cuidad… En realidad aquello estaba perdido de la civilización, metido en medio de huertos y caminos rurales, a unos cuantos kilómetros de la salida de autovía en que nos desviamos.

“Tranquilo tío, que vas conmigo” me había dicho el muy cabrón, pero a la que me di cuenta, salió detrás de una pedazo de negra, que le sacaba dos palmos y que tenia las tetas del tamaño de dos sandias que se salían literalmente del sujetador blanco que llevaba por única prenda superior, dejando ver, o entrever, unos enormes y oscuros pezones. Trate de seguirle con la vista, esperando que la cosa no fuera a mayores y volviera conmigo, pero que va, el capullo me dejo tirado y desapareció escaleras arriba con la mulata bien agarrada por la cintura.

Y ahí estaba yo, solito, bebido y triste… y aunque en ese momento no lo sabía, o no quería saberlo, mi tristeza estaba producida más por mi patética situación que por que mi mujer quisiera divorciarse, que mirándolo bien, era lo mejor para los dos. El caso es que, influenciado obviamente, por las copas de más que llevaba encima, empecé a llorar como un patético borracho de mierda…. Y aunque la pequeña parte que de mi cerebro que quedaba lúcida estaba totalmente horrorizada por el espectáculo tan lamentable que estaba dando, no pudo controlar al resto que estaba totalmente ido. Y ahí seguí un rato, compadeciéndome a mi mismo, hasta que se pasó el bache y pude levantar la vista de la barra y comprobar que la gente me miraba de reojo… bueno, lo de reojo es un decir, porque algunos se estaban descojonando de risa a mi costa. Las fulanas, que incomprensiblemente (o sabiamente) no me habían perturbado en esos delicados momentos, empezaban a mirarme, dedicándome sonrisas entre pícaras y misericordiosas. Y yo, que no sabía muy bien lo que hacer, hice lo único medianamente sensato que podía hacer… ir a mear. Por lo menos así podría despejarme la cabeza sin sentir los ojos de la gente mirando.

Pensar pude pensar, pero no despejarme la cabeza. El olor a mierda, orín, sexo y putrefacción era intenso, más que olerlo, se masticaba. La puerta del baño estaba marcada por aquellos que querían dejar huella de su paso en tan honorable lugar. Y el espejo estaba rajado por la mitad, haciendo que el reflejo de mi imagen fuera doble… de ridícula.

Pero el caso es que ahí estaba, y allí debía quedarme. Por lo menos hasta que Paco terminara con la morena. Así que me recompuse lo mejor que pude, me lavé la cara y salí de nuevo hacía la barra. Dispuesto no sé muy bien a que, pero tratando de mantener la poca dignidad que aun me quedaba.

Entonces apareció ella, o mejor dicho, entonces la vi, porque supongo que había estado por allí todo el rato, o arriba. El caso es que me senté a su lado en la barra. No sonaron violines, ni oí campanillas ni nada de eso, en realidad su apariencia no era nada del otro mundo si la comparabas con alguna de las mujeres que por allí estaban. Pero por alguna razón, me gustó. Tal vez el motivo fuera que no me miraba ni con picardía, ni con pena, sino con una especie de gesto que decía: (y quizás fueran imaginaciones mías) “te comprendo, la vida es una puta mierda y nosotros estamos justo en medio”. La cuestión es que empezamos a charlar y bueno…. En aquel lugar y dedicándose a lo que se dedicaba, pues terminamos en una habitación cutre, con sabanas desechables en la cama y condones en la mesilla de noche.

Me gustaría contar que fue una experiencia increíble, o como dice el gilipollas ese “una experiencia religiosa”, y que nos enamoramos y que la saqué de allí… y todas esas chorradas que se cuentan en los relatos, pero la verdad es que no fue así, y después de aquella noche no volví por allí, ni tampoco la he vuelto a ver. Y si cuento todo esto es simplemente por que de vez en cuando me viene a la memoria la cara de la chica, sus ojos, verdes, brillantes e inteligentes, y la maldita sensación de que aquella puta de club nocturno me comprendía mejor que toda la gente que me conoce de siempre y a la que supuestamente importo algo. Y que de alguna manera, como dice la canción de Amaral, ambos estamos solos en medio de un montón de gente.

Así que ella, que supongo sabría o intuía que yo necesitaba evadirme del mundo, decidió tomar toda la iniciativa y sin más preámbulos me hizo sentar en la cama y se arrodillo delante de mí. Mientras desabrochaba mi correa y mis pantalones me miraba a la cara, con aquellos ojos, sin decir nada… en realidad había muy poco que decir… y acto seguido acerco su rostro sobre mi entrepierna y comenzó a chuparme la polla. Tardo un poco en endurecerla, el alcohol hace estragos a mi edad, pero luego mi miembro respondió poniéndose tieso y duro como una vara. Ella que tenía el pelo castaño claro y la tez pálida propia de la gente del norte de Europa (Rusa o quizás Polaca o que sé yo) se alejo de mi polla para desprenderse del sujetador que llevaba, dejando a mi vista dos pequeños y blancos pechos coronados por dos aureolas acordes al tamaño de la teta y que apenas se distinguían del resto de la piel por una pequeña tonalidad marrón muy, muy clarita. Luego volvió a lamer y chupar mi pene, acompañando esta vez a su boca con la mano que me masturbaba rítmicamente, mientras yo me desprendía de la camisa.

Una vez libre de la camisa, toqué con mis manos por primera vez a la chica, puse mis manos sobre su cabeza, para acompañar los movimientos que hacia sobre mi polla… Así estuvimos un buen rato, hasta que ya mi cuerpo comenzaba a reaccionar y comenzó a subirme por el vientre ese cosquilleo previo a la eyaculación. Traté de separarla de mí para evitar correrme pero ella no quiso y siguió mamando hasta que ya no pude más y soltando un gemido llené su boca y sus labios de semen. Y la verdad, pensé que eso sería todo, pero la chica, no paró de masturbarme y chuparme la polla y consiguió ponerla en funcionamiento otra vez en un tiempo increíblemente rápido para mí.

Después de eso, se levanto, se limpio los labios con un pañuelo de papel y se quitó la minúscula falda y el tanga… tenía el sexo depilado. Su cuerpo no era voluptuoso pero si proporcionado, femenino, sensual. Su cuello era largo y fino y sus caderas se estrechaban de forma increíble dejando paso luego a un perfecto y respingón culo.

Calculo que tendría unos veintipocos años, o eso aparentaba su cuerpo. Sus ojos en cambio parecían mayores, más maduros, más vividos quizás. Todo su rostro en realidad me parecía tener una enorme capacidad de comprensión a pesar de su evidente juventud. Sus manos en cambio parecían los de una adolescente, pequeñas palmas y largos y finos dedos. Toda su piel era suave y lisa y no se le veían manchas ni lunares, tampoco estaba tatuada, y esa pureza me gustó. Se echó sobre la cama y yo me puse entre sus piernas de rodillas e inclinándome un poco, alcancé sus pechos con mi boca, comenzando a lamer aquel pequeño pezón que no sé si por excitación o por frío estaba ya duro como una piedra. Al poco, mi polla rozo involuntariamente su coño haciendo que mi polla endureciera más aun. Y ya no hubo más preámbulos. Comencé a follarla. Ella rodeo mi cuerpo con sus piernas y puso una mano en mi hombro y otra sobre mi cadera y así follamos mirándonos a la cara, a los ojos. Sin hablar, sin decir guarradas ni estupideces, tan sólo sintiéndonos el uno al otro. Tan sólo algún pequeño gemido o respiración entrecortada cortaban el silencio entre los dos.

Cada vez más rápida y frenéticamente seguí bombeando con ahínco casi juvenil a la chica, que ya comenzaba a arquear su cuerpo y acelerar la respiración, sintiendo seguramente un orgasmo. Sensación que hizo que mi excitación aumentara de forma insoportable, no pudiendo contenerme más y explotando en una corrida intensa y profunda.

Eso fue todo. Después de eso, caí exhausto en la cama durante unos minutos. Tiempo que ella aprovechó para limpiarse y vestirse. Luego se disponía a irse cuando a punto de salir de la habitación se volvió hacia mí, me miró por ultima vez y musitó un: “Hasta luego” y desapareció tras la puerta, sin darme casi ni tiempo a decirle un “Adiós” que creo que no pudo oír y que quedó flotando por la estancia.

Y es esa última mirada, la que me viene aún hoy después de tantos meses a la mente. Esos ojos, resignados a su suerte, que parecían comprender lo triste, solo y jodídamente desesperado que puede llegar a estar alguien como yo… y como ella.

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