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Mis amigas

Una tarde, estando sola en mi habitación, empecé a acariciar mis pechos, a pellizcar mis pezones por encima del ligero blusón que llevaba puesto y cada vez más excitada, bajé hasta mi rajita.

Estaba ya muy caliente y húmeda cuando ella, mi mejor amiga, entró. Al sorprenderme en tal situación, me sentí avergonzada pero no dije nada. Ella sólo sonrió y me pidió que continuara, que no me preocupase porque también lo hacía muchas veces.

Que ella me estuviese observando me excitó aún más, así que seguí acariciándome suavemente por encima de la braguita, con los ojos cerrados. Entonces me sugirió que me quitase la poca ropa que llevaba puesta y, sorprendida, la miré y vi que tenía la mano por debajo de su mini y también se frotaba. Yo me negué y le pregunté qué se proponía. Se acercó a mí y me susurró cálidamente al oído que se me veía muy linda. Me besó los labios, tocó mis tetas, luego el sexo y yo suspiré de placer.

En un momento reaccioné, ella era como una hermana y le pedí que parasemos. Pero continuó desnudándome toda. El coñito lo tenía hinchado y mojado como nunca, la calentura me estaba haciendo perder el control.

Nos tendimos en la cama y comenzó a acariciarme los senos, a jugar con ellos. Siguió bajando hasta mi sexo y separó los labios de mi vagina para besar mi sexo. Comencé a suspirar… su lengua inquieta no paró hasta que descubrió mi clítoris que lamió, succionó y con ternura lo contuvo entre los dientes. Le tomé la cabeza con las manos apretándola contra mi vulva. Gemí cuando el orgasmo se desencadenó convulsionándome. Entonces subió por mi vientre lentamente y de nuevo me besó apasionadamente la boca.

En justa correspondencia, su sexo respondió rápido a las caricias y lo apretó contra mi mano. Cuando hube ubicado su clítoris, lo estimulé rápido, de arriba hacia abajo. Me detuve para penetrarla con dos dedos que se deslizaron con facilidad en su interior. Los roté dentro y comencé un mete y saca sensual. Gemía y ver su cara hizo que me sintiera de nuevo excitada. Acercamos nuestras vulvas, podíamos sentir el calor y los perfúmenes que emanaban. Una corriente eléctrica nos recorrió el cuerpo cuando nuestras vaginas se besaron. Comenzamos a movernos con rapidez, chocando clítoris con clítoris, transmitiéndonos intensas sensaciones. Ambas tuvimos el mismo orgasmo, al mismo tiempo mientras los jugos de una y otra se mezclaron en coctel de placer.
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Me acuesto con mi suegra

Desde que mi suegra se separó, vive en las casa de sus hijas. Pasa un tiempo con nosotros, luego viaja a quedarse un tiempo con su hija del sur, con el único que no se queda es con mi cuñado.

La verdad a mi no me molestaba su presencia, tenemos una pieza de mas y siempre nos coopera, incluso con dinero, con lo quehaceres del hogar, el cuidado de los niños, aparte que es muy agradable, una mujer en extremo sociable, simpática y nuestra relación siempre ha sido perfecta.

Su nombre es Silvia, es muy extrovertida, sociable, cariñosa, cae bien en todas partes. Siempre me abrazaba, me tomaba del brazo, es muy cariñosa una mujer muy de piel, pero nunca se me paso llegar a algo con ella, jamás. Tiene 64 años, es bonita de rostro, ojos verdes, tes clara, bastante gorda, no muy alta, tiene una prominente barriga, ademas de ser muy culona y con unas tetas enormes. De todas formas reconozco que se me iba la vista hacia esas enormes tetas, sobre todo en verano, en la mañana, cuando con solo su camisa de dormir se paseaba por la casa, luciendo sus generosas tetas ante mi cara.

La rutina de mi hogar comenzaba muy temprano. Mi mujer se levantaba, prendía el televisor de mi cuarto, luego entraba a ducharse y arreglarse, mientras su madre le hacía desayuno a mi hija. Mi hija en ese intertanto, siempre llegaba a acostarse conmigo unos minutos, hasta que llegaba mi suegra a vestirla a mi cuarto. Mi trabajo era solo despertar a mi hija, no me levantaba por que entraba a trabajar mucho mas tarde que mi mujer.

Mi suegra entraba a mi cuarto, vestía a mi hija, ( la vestían ahí , porque mi cuarto tiene aire acondicionado) , donde luego se tomaba su leche y esperaba que su madre estuviese lista para llevársela al colegio para luego irse a su trabajo. Era en ese momento, cuando la vestía, donde mi suegra me daba un show de tetas todos los días. Al andar con su bata abierta, su camisa de dormir, cuando se doblaba para vestir a mi hija, sus enormes tetas colgaban sin brasier, dándome una perfecta visión de ellas colgando al costado de mi cama, imaginándome que a cada rato se le escapaba una, dejándome con una tremenda erección.

Era una rutina de todos los días. Las dos salían muy temprano y yo me quedaba solo con mi suegra, ya que entraba mucho mas tarde a trabajar.

Una mañana cualquiera, ahora de invierno, hacia mucho frio, estaban dando una noticia muy importante en la televisión, mi suegra se sentó junto a mi hija y se tapo para ver la noticia. Luego mi mujer ya lista, se despide de mí y se va con mi hija. Mi suegra se quedó tapada a mi lado y nos quedamos comentando la noticia. Yo, como siempre, me volvía a dormir, ya que me quedaban al menos una hora más para recién comenzar a levantarme. Ese día mi suegra no se fue a su cuarto, obviamente volver a su cuarto frio, mientras el mío estaba con el aire acondicionado, temperado y ella muy friolenta, se quedó en mi cama. Cuando me levante, mi suegra dormía a mi lado.

Esto se repitió un par de veces, incluso salieron bromas al respecto que mi suegra se acostaba con su yerno, cuando su hija se iba . Ella argumentó que cuando volvía a su cama esta estaba muy helada ( mi suegra es en extremo friolenta), mientras que la nuestra , se mantenía caliente.

Y así, se fue transformando en una rutina diaria, mi suegra luego de atender a mi hija, y mi mujer se iba, en vez de irse a su fría cama, se quedaba acostada a mi lado, a ver televisión, mientras yo dormía.

En un principio lo hacía con su bata de levantarse, algo sentada en la cama, pero ya después, con mas confianza, se sacaba la bata y se acostaba con camisa de dormir, bien tapada.

Las mañanas amanecían cada vez mas heladas, hasta que una de estas llego la temperatura a bajo cero. Un frio polar, los vidrios del auto con hielo, y luego de la rutina del día, mi suegra que había estado levantada, harto rato, pasándole la mochila y colación a mi hija, llegó a mi cama, se acostó a mi lado y se replegó a mi espalda, en busca de calor. Estaba muy helada, me dijo que tenía mucho frio. Me quede dándole la espalda a mi suegra, sintiendo como el frio cuerpo de ella se apegaba con el mío, en busca de calor

Sentí sus grandes tetas en mi espalda y como apegaba su cuerpo hacia mí, abrazándome por detrás. Yo soy muy acalorado para dormir y como no me había levantado en ningún momento estaba muy calientito mi lado.

A pesar de ser mi suegra, su edad y su gordura, era una mujer distinta en mi cama, mas el espectáculo de tetas que me daba todos los días, comencé a desear tener algo con ella. Ya al otro día estaba esperando que mi suegra se metiera a mi cama y que me rozara su cuerpo, me excitaba sentir su cuerpo rozarse con el mío, pero esta vez yo estaba de espalda. Mi suegra se mete a mi cama y de inmediato se apega a mi cuerpo en busca de calor, incluso pasa una de sus gruesas piernas por sobre las mías diciéndome lo helada que estaba. Yo, ya aprovechando que era ella la que actuaba como si fuera lo más natural del mundo, le tome la pierna con mi mano caliente, como para darle calor. Ella hizo el comentario de lo caliente que estaba mi mano y lo fría que estaba su pierna, no molestándose para nada con mi actuar, pidiéndome que se la colocara en la rodilla. Teníamos la confianza de tocarnos habitualmente, por lo que no le pareció nada raro. Pero pasó lo que tenía que pasar. Mi suegra con su pierna sobre mí y mi verga con la presión y calentura, se fue despertando cada vez más.

De todas formas estaba algo nervioso, si o si era la madre de mi mujer, pero no hice nada para evitar el contacto. Pensé que ella al darse cuenta de lo que estaba pasando la sacaría, pero no lo hizo, la dejo sobre esta. Nos quedamos así sin movernos hasta que sonó mi despertador y me tuve que levantar. Claro está que en la ducha no me quedo otra opción que masturbarme como un mono pensando en mi suegra.

Ya me tenía completamente caliente mi suegra, como era posible que ella no se diera cuenta lo que me estaba haciendo. Pensé quizás hasta el gustaba provocarme de esa manera y decidí jugármela un poco mas y ver hasta donde llegaría ella.

Al otro día pasó lo mismo. Mi mujer estaba saliendo de la casa, sabía que mi suegra llegaría a mi lado. Se mete a mi cama a ver televisión y apegarse a mí, yo de espalda y su pierna sobre mi verga. Al poco rato ya me la había levantado y ella actuaba como si nada. Me levanté al baño, pasando delante de la televisión, para que viera a su yerno con su verga semi erecta. Fui al baño y luego a la cocina a buscar un vaso de jugo. La idea era enfriarme lo suficiente y llegar yo ahora en busca del calor de mi suegra. Entre a mi cuarto, mi suegra en la cama mirando la televisión. Entre hablando del frio monstruoso que hacia afuera, con el cuerpo completamente helado. Me metí a la cama y le dije que ahora ella me diera calor a mí.

– Deme la espalda suegrita que vengo congelado

– Ufff mijito, mire que viene helado , métase acá

– Ohhh que manera de hacer frio hoy

– Si .. cada vez amanecen mas heladas las mañanas .. ufff que viene helado, como no se puso bata

– Es que no pensé que hacia tanto frio, pero luego entro en calor

Con mi cuerpo helado, me apegue a la espalda de mi suegra en busca de calor abrazándola por la cintura y apoyándole la verga en el culo, moviéndome como si buscara su calor, pero apegándole bien la verga contra el culo. A los 10 minutos, de estar apegado al tremendo culo de mis suegra, mi verga se había despertado, ya había entrado en calor, pero de todas formas no la soltaba y cada cierto ratos me acomodaba, apegándole más la verga al generoso culo de mis suegra, que mas que seguro ya se debe haber dado cuenta que era lo que sentía apegado a su enorme culo. Esa mañana no pasó nada más, y nuevamente me tuve que levantar y masturbarme en la ducha recordando el culo de mi suegra. Era imposible que ella no se hubiese dado cuenta que le había rozado la verga en su culo.

Luego llego el fin de semana, obviamente no paso nada, mi mujer no trabajaba, no había colegio. No noté ningún cambio en mi suegra, actuaba como si nada hubiese pasado, mientras yo esperaba con ansias la mañana del día lunes, hasta que llegó. La misma rutina, mi mujer se va y mi suegra se mete a mi cama, yo esperándola con la erección que nos caracteriza en las mañanas. Nuevamente venia helada, se sacó la bata, se metió a mi cama y restregó su cuerpo contra mi espalda en busca de calor. Sentí sus grandes tetas apoyadas en mi espalda y su mano fría en mi estómago.

Más dura se me puso sintiendo esas manos tan cerca de mi sexo. Pero luego de unos minutos, sorpresivamente se da vuelta y me pide que la abrace por detrás para darle calor en la espalda. Como estaba, era imposible que mi suegra no me sintiera la verga en su culo, pero no tenía excusa para no hacerlo.

Me moría de ganas de colocárselo en el culo, aunque igual me daba algo de vergüenza que notara mi erección ahora si que levantada y dura, por lo que no tuve más remedio que abrazarla por detrás, pero evitando el contacto de la parte de abajo, sin embargo, ella misma hecha su enorme culo hacia atrás y se encuentra inevitablemente con la tranca de su yerno en su máximo esplendor.

Con una suave exclamación o sonido, dio un pequeño aviso de que lo había notado, pero no lo retiró, quedándose quieta y actuando como si nada pasara. Yo tampoco me movía, solo me quedé quieto, con mi verga aprisionada contra las generosas nalgas de mi suegra, disfrutando del contacto. Pasaron unos cinco minutos sin que ninguno de los dos se moviera, pero la presión de nuestros cuerpos no hacía otra cosa que ponérmela más dura aun. Sabía muy bien que ella sentía la enorme presión que mi verga estaba haciendo con su culo. De haberse sentido ofendida o incomoda, se hubiese movido, pero no estaba ahí quieta, hasta que se movió un poco acomodándose, momento en que yo también me moví. Ambos presionamos nuestro cuerpo contra el del otro, quedamos más juntos aun. Me costaba respirar para no demostrar lo excitado que estaba, pero aprovechándome de la situación, pase mi mano dejándosela en su vientre. Ella me tomo la mano y vuelve mover su culo, haciendo más presión y yo ya comenzando a sentir que ella estaba dándome la pasada, también me acomode, restregándole fuertemente mi verga contra su culo. Sentí su mano apretar la mía, pero no cambio de posición. En silencio, mi suegra sabía lo que estaba pasando y no hacía nada por detenerlo. Me quede expectante a ver qué hacia mi suegra, si volvía a mover su culo hacia atrás, era señal que lo quería y yo, sin lugar a dudas, se lo daría.

Un par de minutos y mi suegra no cambiaba de posición, no se movía, ni me decía nada, solo me acariciaba la mano. Expectante a ver su reacción, tímidamente me moví solo un poco hacia atrás separándome solo un poco y ella descaradamente mueve el culo hacia atrás, en busca de lo que hace rato tenia apoyado contra sus nalgas. Enseguida me apoyé contra ella, no una, sino, dos veces seguidas y en respuesta ella lo vuelve a mover, dándome la señal que necesitaba.

Comencé a moverme muy lentamente, casi imperceptiblemente, apoyándome suavemente contra las nalgas de mi suegra y ella también siguió el juego, moviéndose suavemente hacia atrás, casi imperceptiblemente, sin embargo al rato, su respiración comenzó a traicionarla, dando muestras de que estaba excitada. Ya eran más que evidentes mi empujones contra el culo de mi suegra y ella su movimiento de culo hacia atrás, hasta que luego de un rato, ya no había nada que ocultar, mi suegra estaba disfrutando las caricias que la verga de su yerno le hacía contra su culo. Descaradamente me estaba punteando a mi suegra y ella se movía como si estuviésemos follando muy suavemente. Solté la mano que me tenía tomada, y se la coloqué en el culo, sin embargo ella me la volvió a tomar y al coloco en su vientre apretándomela fuertemente. Varias veces más intente zafarme, pero ella no me lo permitía. Quise llevar la mano a una de sus tetas y tampoco me dejo. Cada vez mis empujones eran más fuerte y la respiración de mi suegra, más agitada, estaba excitada, pero me tenía la mano fuertemente apretada, sin soltármela, aunque ya estaba entregada al placer de sentir como su yerno se frotaba fuertemente contra sus grandes nalgas

Mi despertador sonaba una y otra vez y ni siquiera lo paraba para no soltar a mi suegra. Entre suaves gemidos ella me decía que parara y que me fuera a trabajar, pero yo continuaba frotándome contra ella, hasta que sorpresivamente me dice – Acaba y vete a trabajar -.

No podía dar crédito a lo que había escuchado. Caliente como estaba , mas ahora con su permiso, con más fuerza aun la abracé y apreté fuertemente mi verga contra sus grandes nalgas descaradamente, dándole fuertes empujones como si realmente me la estuviese follando, hasta que no quise aguantarme más y comencé a soltar mi semen, gimiendo ambos calladamente disfrutando ambos del climax del encuentro. Recién ahí, luego de un rato nos soltamos, no dijimos nada, mi suegra dándome la espalda nunca me miró. Me levanté y al salí de la cama, pude ver el culo manchado con semen, que aun estando dentro de mi pijama, había traspasado la tela y le había mojado su camisa de dormir.

Salí de la ducha, me vestí y me fui, sin intercambiar ninguna palabra con ella, que simulaba dormir en mi cama.

Al llegar en la tarde, su trato conmigo fue como siempre, nada extraño, como si nada hubiese pasado. Esperaba con ansias que fuera la mañana del otro día, la rutina diaria y si mi suegra se volvía a meter a mi cama, al fin gozaría con sus deliciosas carnes.

Amaneció, comenzó la rutina diaria, mi suegra vistiendo a mi niña en mi cama, mientras sus enormes tetas colgaban ante mis ojos, deseando ya saborearlas de una buena vez. Mi ingenua mujer se despide, sale de la casa y me quedo solo en mi cuarto, esperando a mi suegra. Desconecté el despertador para que no me interrumpiera en caso de tener suerte y esperé a mi suegra ya con la verga parada.

Me hice el dormido para que no le diera vergüenza y unos después de minutos que mi mujer se va, siento como mi suegra se mete a mi cama, dándome la espalda sabiendo perfectamente lo que pasaría. De no haberlo querido no se hubiese metido , era obvio. Me doy vuelta, la abrazo por detrás y ahora me voy con todo. Le agarró las tetas y aunque trata de sacarme las manos, me aferre a ellas y no le quedo más opción que dejarme que se las tocara a mi antojo. De inmediato comenzamos a movernos como si me la estuviese cogiendo por detrás, ambos calientes ya sin nada que ocultar.

Al fin tenia esas enormes tetas entre mis manos, se las apretaba fuertemente por sobre la tela de su camisa de dormir, eran exquisitas, tremendas tetas se gastaba mi suegra que al fin eran mías. En un morboso magreo al cuerpo de mi suegra, me baje los pantalones de mi pijama y me dedique a agarrarle el culo, carnoso, enorme, deseando ya estar dentro de ella.

Con mi pantalón en mis rodillas, le levanté la camisa de dormir y por sobre sus enormes calzones se la restregué un rato. Pero cuando intentaba tocarle el coño o bajarle los calzones, se espantaba y me pedía con tono autoritario que no lo hiciera. Fue bastante autoritaria al decirme que solo era un faje para sacarnos las ganas, pero que de ninguna forma pensara que le sería infiel a su hija dejándose follar. A las finales no conseguí follármela, tampoco que me tocara o que se dejara chupar las tetas, solo me dejo manosearla por sobre la ropa e igual que el día anterior, tuve que acabar en sus calzones, dejándoselos todos moqueados, fue muy rico, pero de follarla o chuparle las tetas, ningún avance

Así pasó la semana, todas las mañanas mi suegra se metía a mi cama, me dejaba agárrale el culo y las tetas y rozarme con ella, ambos disfrutábamos, pero cada vez que intentaba algo nuevo, me detenía bruscamente, al punto de enojarse. Disfrutaba manosear a la vieja y dejarle todo el culo y las piernas moqueadas, pero me estuvo molestando la situación que no se dejara follar ni chupar, incluso el jueves, al ponerme tan insistente y no hacerle caso, tratando de bajarle los calzones, se levanto enojada y se fue a su cuarto, dejándome caliente y también molesto.

Fue el día viernes donde logre un gran avance. La misma rutina de todos los días, hasta que quedamos solos. Haciéndome el dormido, mirando hacia la ventana, siento cuando ella se mete a la cama. Al ver que no me colocaba detrás de ella, se da vuelta y me abraza ella, preguntándome si estaba enojado. Le dije que sí, que me molestaba la situación que me dejaba caliente al no dejar avanzar. Me dice que no podía hacerle eso a su hija, que ya lo que hacíamos era inconcebible, pero que de todas formas , le gustaban mucho nuestros encuentros. Me dijo que hace años no sentía esa excitación, que lo disfrutaba, pero que no podía dejarse follar por el esposo de su hija. Yo me mostraba indiferente, hasta que sentí como su mano bajaba de mi vientre hasta llegar a mi entre pierna. Ya con solo sentir su mano bajando lentamente, acariciarme los pelos mi verga despertó inmediatamente hasta que por primera vez, mi suegra me agarra la pija por sobre la tela , con una de sus manos y me comienza a masturbar lentamente. Era delicioso sentir su gorda y pequeña mano acariciarme con suavidad mi verga, sintiendo como ella también disfrutaba de ese nuevo contacto. Me quede dándole la espalda disfrutando de la suave masturbación que ella me regalaba, hasta que me di vuelta y me fui contra sus tetas. Primero se las chupe por sobre la tela, sintiendo su duro pezón en mi boca, hasta que le baje los tirantes de su camisa de dormir y conseguí sacarlas afuera, devorándomelas al fin. Me moría de ganas de comerle las tetas a la vieja y al fin las tenia ahí todas para mi, grandes, enormes, deliciosas. Como un animal se las chupe fuertemente, apretándoselas, restregando mi cara contra ellas. Mi suegra de espaldas no puso reparo en eso, al contrario, se quedo con sus enormes tetas al aire, disfrutando de ver a su yerno devorárselas con tantas ganas.

Me harte de chuparle las tetas a mi suegra, las tenía tan ricas, su olor, su sabor, que pedazos de carne más rico tenía en mi boca, muy blancas de aureolas rosadas y pezones muy marcados. Se las apretaba con ambas manos, restregaba mi cara contra ellas, le chupaba fuertemente los pezones, mientras mi suegra acariciaba mis cabellos, excitada disfrutando de las chupadas. Semi acostado sobre ella, baje una mano hasta sus piernas, y se la metí dentro de su camisa de dormir llegando hasta su sexo. Nuevamente su mano me retuvo la mía, pero luego de un rato ya fue cediendo y mi mano llego hasta su calzón, encontrando a través de los pliegues de su calzón, sus abultados labios vaginales, con una humedad que traspasaban la tela.

Comencé a frotárselo muy fuertemente, masturbándola ahora yo a ella. Ahí mi suegra cambió rotundamente, comenzó a moverse y a gemir mas fuerte tratando de sacarme la mano, pero con fuerza me mantuve ahí, metiéndole incluso un dedo en esa parte que cada vez estaba más mojada. Comenzó a jadear más y más fuerte, hasta que gimiendo muy fuertemente, dejó de luchar y comenzó a acabar, cerrando las piernas , dejando mi mano apretadas entre ellas, moviéndose de lado a lado, con sus tetas al aire, mientras su yerno no dejaba de frotarle su sexo. MI suegra alcanzo un gran orgasmo pero a pesar de estar ambos muy caliente, tampoco me dejo follarmela, solo se quedo ahí con sus tetas al aire, dejándome chupárselas y manosearla por todos lados , solo restregándome contra ella, tuve que acabar. Ya más calmada, me pidió disculpas por no dejarse follar, que la comprendiera que era una mujer muy abandonada en ese aspecto hace años, que lo necesitaba y que le encantaría poder llegar mas allá , pero que no podía dejarse follar, solo por su hija que si no la cosa sería muy distinta.

Llegó el fin de semana y obviamente nada pasó. Entré a la cocina, mi suegra lavaba los platos, mi mujer había ido a comprar y colocándome atrás de su enorme culo, le agarré las tetas y me la punteó por detrás Mi suegra se enfadó muchísimo, me dijo que por ningún motivo lo volviera hacer, que eso estaba completamente prohibido, porque en cualquier descuido, su hija nos pillaría. La entendí.

Llegó el anhelado lunes. Estaba más que caliente que nunca esperando a mi suegra en la cama. Mientras mi mujer se duchaba y ella vestía a mi hija, mis ojos estaban pegados en las tetas de mi suegra que se reía y se trataba de cubrir. Ansioso esperaba tener nuevamente esas tetas en mi boca hasta que al fin, mi mujer se despide y se marcha. Acostado con la verga parada, espero ansioso la llegada de mi suegra a mi cama. Al fin aparece en el cuarto, se saca la bata, mostrando su voluminoso cuerpo dentro de su camisa de dormir y antes de acostarse a mi lado, me dice que me porte bien, riéndose. Pero apenas la tuve ahí, de inmediato la abracé y como un pulpo mis manos se fueron contra su cuerpo, agarrándole las tetas y el culo a mi antojo. Al poco rato la camisa de dormir de mi suegra estaba toda levantada y mientras con una mano le acariciaba la concha, con la otra le tocaba las tetas chupándoselas fuertemente.

Mi suegra con los ojos cerrados, disfrutaba del faje que le hacia su yerno, hasta que intentando algo nuevo me saque todo y arrodillándome al lado de su cara, le trato de poner la verga en la cara. Ella se rió, permaneció con los labios cerrados mientras yo se la pasaba por estos, hasta que abrió la boca y comencé a metérsela por ahí. Al principio lo hacía mal, se reía pero luego la risa se fue y la vieja comenzó hacerlo mejor y a disfrutar al hacerme una mamada exquisita, mientras yo le amasaba las tetas.

Se volvió habitual esa práctica, aparte que le encantaba hacerlo. Todas las mañanas mi suegra me hacia un fabuloso sexo oral, nos masturbábamos uno al otro, me permitió sacarle la camisa de dormir, pero no los calzones, Me montaba sobre ella metiéndosela a la boca y acababa sobre sus grandes tetas dejándoselas todas moqueadas, algo que a ella le encantaba, pero de penetración, nada. Hasta que un día, mientras estaba montado sobre ella chupándole las tetas, ella con sus piernas abiertas, baje y me fui de una a su sexo, restregándole la cara por sobre la tela mojada. En un principio quiso sacarme, pero al no poder hacerlo, aun algo nerviosa, se dejo. Le corrí ese calzón de vieja hacia un lado y por primera vez vi se concha peluda que solo había tocado, de pelos largos de color claro, de labios largos y arrugados, los que devoré con pasión. Mi suegra se entregó al placer y gemía deliciosamente sintiendo al lengua de su yerno invadir su intimidad. Le tomé los calzones y se los bajé. A medio camino se los agarró impidiéndome bajárselos, le mentí diciendo que era para chupársela mejor, me dijo que si, pero que no era para follar, obviamente mentí y le dije no me la follaría.

Terminé de sacar esa última prenda, dejando a la gorda tetona y culona de mi suegra completamente desnuda, con sus piernas abiertas, mostrando toda su concha ante mis ojos. Me sumergí de nuevo entre sus piernas y ahora si que se la comí con ganas , abriéndole los labios, metiendo mi lengua lo más adentro posible, apretándole el pliegue de sus nalgas, sintiendo mi barba mojada con sus jugos y mi saliva, hasta que volví a sus tetas. Ella trató de cerrar las piernas pero no la deje, con las mías se las abría. Ella me pedía desesperada que no se la fuera a meter, y yo le decía que no, pero acomodándome buscaba la mejor posición, hasta que mi verga roza su sexo, y comienzo a moverme tratando de penetrarla. Me decía – ¡no! , ¡no! , ¡Carlos, por favor no me la vayas a meter!- , – Solo por fuera suegrita – , – ahhh no lo hagas – , pero ya era tarde. Apenas sentí que estaba en una buena posición, presioné un poco y la cabeza de mi verga entró inevitablemente en la mojada y abierta vagina de mi suegra. – ¡Esta entrando!, ¡sácala! – , pero escuché métela y sabiendo que estaba entrando en el lugar correcto, la agarré del culo , deje caer todo mi peso y mi verga se sumergió en el interior de su cuerpo. – ¡Dios mio, Carlos que hiciste! , como si no supiera que terminaríamos así , – Ya no hay nada que hacer suegrita, ya es mia –

Mi suegra no tuvo más remedio que entregarse a las perversiones de su yerno. Ya mi verga estaba por completo metida en su olvidado coño y le encantaba. Gemía como si le fuera a dar un infarto, quejándose de placer, con sus gruesas piernas abiertas a más no poder, desparramada en la cama, sus enormes tetas cayendo hacia los lados y yo afirmándome de su culo y metiéndosela una y otra vez. La coloqué de lado, le levanté la pierna y continué perforándola pro detrás, claro que ahora tenía acceso a una de sus tetas – Que ganas tenia de estar asi contigo – , – ahhhhh ahhh, que rico, no se cuantos años que no me cogían – , – ahora recuperaremos el tiempo perdido – , -ahhh mmm que rico se siente – .

Me coloque de espaldas y le pedí que se subiera. No era muy ágil en sus movimientos. Su gordura y sus años se notaban, hasta que se montó sobre mí, con sus enormes tetas colgando, bamboleándose de lado a lado, riéndose de verse tan expuesta ante su yerno. Me las colocó en la cara y mientras se las chupaba, le agarraba su enorme culo saciando mis más morbosos deseos de tener a la madre de mi esposa completamente para mí. Permaneció arrodillada sobre mí, dejándome tocarla por todos lados. Su barriga suelta también colgaba, pero el morbo de estar con ella me hacía verla como una atractiva hembra. Apenas me daban los brazos para abarcar semejante culo. Me imaginaba como se vería por detrás, cuando se lo apretaba y se le abrían las nalgas. Se acomodo sobre mi verga y se la comencé a meter afanosamente, mientras sus tetas chocaban contra mi cara. Luego la hice sentarse, donde mi verga se perdió entre sus carnes. Por su gran peso, poco podía moverme, por lo que ella comenzó a moverse de adelante hacia atrás, siempre con sus ojos cerrados y rostro arrugado, sintiendo placer a más no poder. La verdad es que mi suegra tenia la concha muy abierta y muy jugosa, y mi verga le entraba sin ningún problema, por lo que poco sentía, era más el morbo de verla así, pero quería mas y luego de un rato le pedí que cambiáramos.

– Ven , colócate así – , – ¿Cómo?- ,- así , en cuatro patas- , -no así no, me da vergüenza- , -ven quiero tenerte así- , -bueno, que locura ja ja ..

Mi suegra adopto la pose que le pedía, gateando sobre la cama, con sus tetas colgando, poniéndose en cuatro patas sobre la cama , mientras yo de pie , miraba como su enorme culo iba quedando delante mío , listo para recibir mis embestidas. Teniendo casi un metro de culo delante de mí, de lado a lado, le abrí sus grandes nalgas y previo un buen toqueteo con mis manos y dedos por todos lados, se la volví a meter sin compasión. La abierta concha de mi suegra recibió toda mi furia, le di con fuerza, golpeando sus enormes nalgas que se movían como gelatinas con cada una de mis embestidas. Al poco rato mi suegra gemía como si le estuviese dando un ataque y yo no paraba de darle verga por detrás admirando su enorme culo moverse. No duro mucho ni tuvo que decirme que estaba alcanzando el orgasmo, porque sus alaridos se transformaron en gritos de placer, viendo sus manos arrugando la sabana moviendo el culo con fuerza hacia atrás. Pero no me detuve , continué disfrutando del culo de mi suegra por un buen rato, dejándosela metida hasta el fondo , agarrándole las tetas por debajo , sacándosela y volviéndose la a meter con más fuerza aun , hasta que me dice quejándose – ya no puedo más, ya no mas , acaba por favor – .

Me sentía como un toro, estaba completamente excitado, con la verga dura como una roca, hubiese podido durar un buen rato mas, pero le daría en el gusto, claro que si quería que acabara, debía ayudarme hacerlo. Le dije que se abriera las nalgas para echarle mis mocos en el culo. – no , estas loco, así no mas, dale acaba , que ya me duele – , – ya pues suegrita , abrase las nalgas para echárselo en el culito – , -no porque me la vas a querer meter por ahí- , – no, le prometo que no , solo correrme una paja con su culo que me encanta – , – bueno, pero sin meterla-

Mi suegra complaciéndome, con la cara apoyada sobra la cama, se lleva las manos hacia atrás y se abre las nalgas, dejando completamente expuesto su ano. Me masturbe rozándoselo, diciéndole que tenía un culo muy rico, pasándole la verga por todos lados. Al abrirse las nalgas mi suegra, se notaba la entrada de su ano mucho más dilatado que el ano de mi mujer. Ella nunca me había dejado metérselo por ahí, por tenerlo muy estrecho, en cambio el ano de mi suegra, se veía muy fácil de penetrar, ya otro día trabajaríamos ahí.

Continué cascándomela mirándole el culo a mi suegra, rozándole el ano, hasta que no aguanté más. Entre bramidos le dije que estaba por acabar y colocándosela en la entrada de su orificio anal, comencé a acabar, gimiendo para que ella se excitara al escucharme. Mis chorros de leche salían mojando la entrada de su culo y continuaron saliendo en una espectacular paja. Pero no me puede aguantar, teniendo mi verga ahí casi entrando en su ano, lleno de mi leche, que en uno de mis movimientos, empujé solo un poco y entró tan solo un poquito la punta de mi verga, pensando que mi suegra se correría, pero no dijo nada. De todas formas cumplí mi palabra y no se la metí. Me restregué contra ella y se la volví a meter en la concha jugando unos pocos minutos con esta, hasta que deje libre a mi suegra.

Cayó rendida, de boca a la cama, quejándose y riéndose, diciéndome que estaba muerta, que habíamos hecho una locura y que la había dejado toda mojada. Ya no le importaba que viera su gordo cuerpo desnudo, había perdido toda la vergüenza.

Continué teniendo sexo con mi suegra, cada vez mas largos y fogosos. A los pocos días, el culo de mi suegra estaba a punto de ser entregado. En uno de mis encuentros, la acosté boca abajo y literalmente perdí mi cara entre sus nalgas , le metí la lengua en el culo y le gustó mucho. Luego me aguantó que le metiera un dedo en el culo mientras me la follaba y cuando estaba lista para entregármelo, me cambiaron el turno en mi trabajo y entraba a la misma hora que mi mujer, por lo que nuestros encuentros se acabaron, pero solo momentáneamente.

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Dos amigas chupando pija

Estas dos amigas unas zorras de mucho cuidado, Lucía, de rodillas, observa a su mejor amiga Marta, arrodillada también, y no acaba de creerse hasta donde han llegado hoy. David, su gran amigo, las mira de pie sin creerse tampoco lo que está pasando.

Marta desabrocha el pantalón de David con sumo cuidado, botón tras botón, bajo la atenta mirada de Lucía. De fondo, a lo lejos, se escucha todavía el murmullo de la gente y el ruido embotellado de la discoteca que está al otro lado del paseo. El ruido del mar y la suave brisa otoñal dotan a la situación de un matiz muy especial.

El pantalón de David cede, dejando ver su bóxer, blanco, que reluce bajo la oscuridad. Marta pone su mano sobre el bulto en crecimiento y acercando sus labios lo mima y lo besa. Lucía no sabe que hacer viendo a sus amigos de esa forma. Tímidamente estira sus manos y levanta la camiseta ceñida de David, que muestra sus abdominales bien formados pero no exagerados, y los acaricia sintiendo su tensión y dureza.

David es el típico cielo de amigo, guapo, buen físico, deportista pero no obsesionado con su cuerpo. Un buen amigo cuando se necesita ayuda, nada egoísta y genial compañero de fiestas. Es moreno, 1.75m, pelo corto, mirada penetrante y labios bien marcados, sin vello corporal.

Tal como si fuese uno de esos videos porno, Marta separa sus rodillas en la fría arena, lo que provoca que su ceñido vestido negro suba por sí solo quedándose a la altura de sus nalgas. Aleja su boca del bóxer y mirando a los ojos de su amigo, comienza a acariciarle el bulto con la mano abierta. No deja de crecer. Marta separa la mano y mira para Lucia, que observaba la acción atentamente. Lucía no se lo piensa dos veces y estira su mano para acariciar por encima del bóxer a David. Su miembro se va formando y endureciendo bajo su mano, y lo aprieta suavemente al sentir una dureza cada vez mayor. Pese a que alguna vez habían bromeado sobre ello, ninguna de las dos esperaba que su amigo estuviese tan bien dotado. No era broma. Mientras Lucía sonríe a David, nerviosa, Marta estira su mano agarrando sus testículos y masajeándolos con la mano entera. David suspira al sentir dos manos distintas acariciándole.

Aunque reina la oscuridad, hay una farola justo encima del paseo de tablas de madera bajo el cual están, que genera varias líneas de luz que se cuelan entre los tablones iluminando la morbosa escena. Sólo los pasos de la gente que pasa por encima les tapa la luz de vez en cuando provocando un efecto de luces sobre los cuerpos.

El pelo liso de Marta es más negro que la propia oscuridad y sus penetrantes y grandes ojos parecen quitados de una serie de anime. Cara redondeada, piel muy pálida con labios finos y rosados. Lucía, cabellos de color miel, labios marcados y ojos claros.

Marta acerca su boca nuevamente y la apoya sobre la suave tela del bóxer, con una serie de besos bastante sonoros. Lucía aparta su mano para dejarle hacer a su amiga, que se retuerce sobre la arena. Levanta sus manos, agarrando los extremos del bóxer, y comienza a deslizarlo suave. Su miembro aparece, su glande sale a la tenue luz y sienten rápidamente el olor y calor que desprende. A medida que su bóxer baja, su polla se va desdoblando y adquiere forma erecta, quedándose como un resorte frente a las atentas y sorpresivas miradas de ambas jóvenes. Su bóxer se queda a la altura del pantalón, por las rodillas. Las chicas se miran, todavía sin asimilar muy bien lo que está pasando. Pero se dejan llevar, arrodilladas ante su amigo, semidesnudo. David permanece pasivo, temblando, nervioso. Es un chico tímido, muy tímido, y le cuesta hasta respirar de lo agitado que está. Sus pulsaciones a un ritmo que nunca ha sentido antes. No se le han visto muchas novias, siempre ha sido un chico más de grupo de amigos que de relaciones con chicas.

Marta estira su mano y agarra firme la polla de David. En ese momento se da cuenta tanto de la dureza como del grosor que tiene, sin duda la más grande que ha tenido nunca en su mano. Comienza a masturbarlo, lo que para su sorpresa provoca que crezca todavía más. El glande se humedece debido a las gotas pre-seminales y produce un leve ruido con los movimientos. David comienza a respirar muy profundamente al tiempo que sus piernas se ponen en más tensión. Lucía observa como su amiga se desenvuelve, con su vestido tan subido ya que deja ver un poco de tanga. También se maravilla de la verga de David, una obra de arte que desea sentir. Espera paciente a que su amiga le de la oportunidad. Nunca ha tenido que compartir a un hombre –y menos una polla- y hace que sea una situación muy extraña. Sin embargo, esta espera le produce un morbo que nunca antes había sentido.

Marta se saca el pelo de la cara. Lucía nunca la había visto tan excitada, bueno, ni siquiera excitada, pues son cosas que ni las mejores amistades requieren. Su amiga tiene sus ojos entre cerrados, y es incapaz de dejar sus labios quietos. Siempre los muerte, los aprieta y sus rodillas no dejan de abrirse y cerrarse en la arena. Durante unos minutos, sigue masturbando a David hasta que finalmente se detiene y cede el turno. Lucía se acerca, bajando mas su cuerpo. Ella no tiene el problema de Marta pues lleva pantalones. Estira su mano y agarra la polla de David, que late caliente a escasos centímetros de su mirada. Lo recorre entera con su mano, disfrutando de su tamaño y tacto, desde el durísimo tallo hasta su mojado y brillante glande. Mientras tanto Marta, con mirada pícara hacia David, eleva un poco su cuerpo y agarra su palabra de honor desde arriba deslizándolo junto con el sujetador, dejando a la vista sus pequeños y redondeados pechos. Sus pezones ocupan la mayoría del seno, son pálidos como la nieve. Lucía se fija en la desnudez de su amiga, en lo duro de sus pezones, en como mira a David ofrecida mientras muerde su labio inferior. No es la primera vez que la ve desnuda, pero es una situación totalmente distinta, está endiabladamente sexy.

David no lo sabe, pero la humedad en las bragas de sus amigas aumenta a un ritmo frenético. Sobretodo en Marta, que vuelve a hacerse cargo de su pene, para masturbarlo agarrándolo con la mano entera. Lucía aprovecha para aligerar su ropa, y desabrocha su blusa blanca, dejando a la vista sus generosos pechos todavía bajo el sujetador, también blanco y sencillo.

Marta se decide a ser la primera en probar a David y acerca su boca, deslizando su mano hacia el tallo. Busca directamente el glande con los labios, sin pausa, dejando que entre. Debe abrir la boca más de lo esperado, debido a su tamaño. Lucía contempla sin decir nada. David gime al sentir la humedad y calor cubriéndolo. La joven empuja su cabeza hacia delante y deja entrar todo lo que su boca admite, moviéndose regularmente y saboreando la zona tan íntima de su amigo. Lo hace ansiosa, y el ruido de sus movimientos succionando se une a los anteriormente descritos. Sus rodillas más separadas y su espalda arqueada, lo que hace que su postura sea todavía más atrevida. A David le cuesta mantener el equilibrio.

La temperatura de Lucía va subiendo, siente una humedad increíble mientras contempla a su amiga mamando de esa manera a sólo unos pocos centímetros. Siente envidia de su amiga y espera su turno ansiosa. En una de las embestidas, Marta retira su boca y dirige el pene, con la mano, hacia Lucía, dedicándole una sonrisa. Nunca se imaginaría recibir eso de parte de su amiga. Pero el morbo y la excitación hoy hacen que todo sea un capítulo aparte. Lucía acerca su boca y comienza a lamer el falo de David, todavía agarrado por la mano de su amiga. Siente su sabor, mezclado con el sabor de bebida favorita de Marta, Malibú con piña. Una vez que llega al glande, lo abarca con sus labios y lo succiona, chupando solo la punta. Mueve la cabeza con movimientos cortos buscando la mirada de David, llena de morbo, excitación e incredulidad. Marta retira su mano y en su lugar acerca sus labios para besar la zona del tallo, mientras Lucía sigue mamando la punta. Las jóvenes se acercan más, rozándose los brazos y los hombros, oliéndose sus perfumes. Marta desliza sus besos más hacia la punta, acercándose a donde se encuentra su amiga. Abre la boca y deja que el tronco se vaya deslizando entre sus labios a medida que se desplaza por el. Cuando llega al glande, algo sucede. Ambas petardas se encuentran besando el glande, y pese a que no es pequeño, no es lo suficiente grande para dos bocas. Sus narices se tocan, intentando respetar cada una su parte, pero sus labios inevitablemente comienzan a rozarse. Poco a poco, el glande de David va pasando a un segundo plano, y los labios de las chicas se rozan cada vez más. Están cara a cara y cada una distingue el brillo de los ojos de la otra. Jadean. Sienten sus respiraciones. Hasta que, agitadas, y sin saber por qué, se buscan. Separándose de David, se besan ansiosas bajo la atónita mirada de él. El ruido de sus labios entrelazándose, sus lenguas buscándose hacen que todo el demás sonido ambiente se apague. Marta agarra de la mejilla a Lucía mientras introduce su lengua dentro de todo. Sus labios se deforman. Se separan, jadeando y se centran nuevamente en David, que está temblando corroído por el morbo. Marta se adelanta otra vez, y comienza a succionar más intenso que antes, intentando llevarla hacia la garganta. Se la cede pronto a Lucía que intenta abarcar lo máximo posible. Se turnan rápido varias veces, muy acarameladas entre si. David jadea y tiembla cada vez más, está recibiendo un placer increíble.

Saben que David no aguantará mucho más. Lucía se pone muy nerviosa, su experiencia con el semen no es muy amplia y tampoco es algo que sea muy de su agrado. Pero conoce a su amiga y sabe que ella no tiene tanto problema en ese sentido, por lo que es más que probable que no vaya a parar hasta que David eyacule. Esto le asusta, aunque por otro lado tener a su amiga a su lado y tratándose de David, le da más confianza. Están cada vez más desatadas, apoyan ahora sus lenguas sobre el glande de David, y levantan la mirada observándolo. Es de largo, la escena más morbosa que ha visto David en su vida, y muy probablemente no haya otra que se le acerque. Marta mueve su mano ahora muy rápido, y Lucía usa solo la boca cuando su amiga le deja. Los jadeos de él son cada vez más evidentes e incluso la más experta Marta se va poniendo nerviosa mientras se acerca el momento. Las bragas empapadas. Lucía busca la mirada de su amiga, la necesita en este momento. Ésta se la devuelve, muy excitada pero sin perder de vista a David, ya que su mirada y gestos le ayudan a predecir cuando se va a venir. Éste se aferra a una columna de madera que soporta el paseo. Siente que se viene, su respiración se entrecorta y pone en tensión todos sus músculos. Marta lo capta y sacándosela de la boca, estira su lengua dejando que su glande se apoye. Su miembro convulsiona fuerte y el primero de los chorros sale deslizándose, a borbotones, y cubre rápidamente su lengua. Esto coge desprevenida a Lucía, que se queda parada en un primer momento. La joven reacciona recordando las escenas que salen en las películas x, y pega su mejilla con la de su amiga, saca la lengua y cuando roza la de su amiga descubre el sabor de David que la impregna. Debe ser el morbo, pero sentir su sabor en ese preciso instante le parece placentero. El segundo chorro, golpea con fuerza el paladar de Marta, que tras tragarlo casi al instante, dirige la punta ahora para Lucía, que, desprevenida, recoge el tercero sobre labios y nariz, para luego abrir la boca nerviosa y recibir el cuarto y quinto íntegros. Lo que más le impresiona es lo caliente que sale y la suavidad de la textura. El sabor, es prácticamente inapreciable. David gime doblado sus rodillas. Marta, que es la que sostiene el pene, lo dirige otra vez para ella, saboreando los últimos segundos del orgasmo de su amigo. Un chorrito de semen discurre por la comisura de Lucía, que todavía tiene lo que ha recogido. Se siente muy nerviosa con eso en la boca y no se atreve ni a escupir ni a tragarlo. A su lado, siente a su amiga deleitándose mientras David jadea casi perdiendo el equilibrio tras un orgasmo memorable. Marta se separa y observa a Lucía, bloqueada, sin saber que hacer con eso en la boca las dos putas se abrazan. Sus cuerpos se juntan y sus bocas se buscan. La lengua de Marta descubre pronto el regalo que esconde Lucía, y la leche de David va pasando de una boca a la otra como en los videosxxx. Es un beso lleno de morbo, y pierden el control fácilmente. Tanto, que Marta se abalanza sobre su amiga, separando su blusa y observando sus preciosos pechos, todavía bajo el sujetador. Se retuerce sobre su amiga con su vestido a modo de cinturón, con la espalda y nalgas al aire, solo tapadas por su minúscula tanga negra. El líquido de David va despareciendo debido a lo intenso del beso. David observa a sus amigas tiradas en la arena, comiéndose los morros de una manera increíble, tras haberle hecho entre ambas la felación de su vida. Están muy alteradas, jadeando, ansiosas de dejarse llevar y descubrir nuevas experiencias juntas. Sin embargo, un inoportuno grupo de adolescentes las alerta, haciendo que se incorporen y se refugien en la zona mas recogida de debajo del paseo. Ahí miran a David, ahora mas tranquilo, sin saber que decir. Vuelven del país del morbo a la realidad. No hay palabras para decir en ese momento, solo se les ocurre vestirse para luego abrazarse los tres durante unos minutos.

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Follando con una clienta

Volví a la tienda de moda juvenil para cambiar la blusa que regalé a mi esposa en su cumpleaños. Necesitaba una talla más para no sentir sus pechos sometidos a tanta presión o hacer saltar los botones.

El pequeño establecimiento estaba abarrotado de mujeres ávidas de mirar y remirar. Intenté abrirme paso deslizándome entre tantos y tan variados cuerpos femeninos. Y llegué a un punto en el que me quedé aprisionado. Una chica muy joven apretó su cuerpo contra el mío para impedirme el paso. Sólo me respondió que “un momento” cuando le pedí permiso para pasar. No podía avanzar ni volver atrás.

La aglomeración impedía desplazarse si no era siguiendo el movimiento de toda la masa de compradoras. Esperé con mi cuerpo pegado al de la joven. Su cara no llamaba la atención ni por hermosa ni por fea. Su silueta era invisible entre tanta gente. Sólo pude tantear sus dimensiones y su tersura suave y blanda. Mi erección no tardó en aparecer y la coloqué entre sus nalgas.

Una de mis manos sostenía una bolsa, pero con la otra atrapé su cintura y me apreté contra ella para que sintiese el volumen y la dureza de mi sexo. Continuó mirando prendas y colgando alguna que otra en su antebrazo. Confieso que me aproveché para sobarla con una lujuria senil sus caderas y sus glúteos, el vientre, y su costado hasta llegar a un sujetador que me impedía tocar sus pechos.

Tres o cuatro minutos más tarde, me cogió de la mano y zigzagueando entre mujeres con ansias de comprar y algún hombre apático, me llevó hasta las cabinas de los probadores. Tuvimos que ponernos en una hilera de personas que esperaban su turno. Se colocó delante de mi y pegó su cuerpo al mío. Mi erección continuaba, alimentada por tantos roces femeninos y por el deseo de aquella joven desconocida.

No intercambiamos ninguna palabra hasta que estuvimos dentro de la cabina.

– No tengo condones –fue todo lo que dije.

Se agachó y me bajó los pantalones. Besó mi falo erecto y los testículos y su lengua recorrió todo el miembro hasta tenerlo todo bien lubricado. Lo introdujo en su boca y con una mano subía y bajaba el prepucio par darme tanta intensidad de placer que unas gotas de líquido preseminal aparecieron por el agujero del glande. Las saboreó y continuó lamiendo y chupando con tanta lujuria que con la mano libre se acariciaba su vulva por encima de la braguita.

– Voy a correrme en tu boca –le dije.

– No, espera.

Retuve el orgasmo y ella se quitó una braguita blanca de encaje. No pude resistir la tentación de acariciar su chocho. Tenía unos labios mayores muy abultados y duros. Por la raja emergían dos pétalos rosados y en la parte superior el clítoris asomaba a la superficie por sí mismo, como un pequeño óvalo. Mis roces provocaron una mayor lubricación e introduje un par de dedos en la vagina.

Sacó un condón de su bolso y me lo colocó con maestría. Se giró y se apoyó sobre el espejo.

Se la introduje con suavidad o, más bien, ella se la fue metiendo con vaivenes lentos hasta tenerla toda dentro. A partir de ese momento inició un juego de presiones internas con su vagina; la introducía toda y creo que era la entrada de su útero lo que se estrechaba sobre mi glande. Al mismo tiempo atrapaba la base del pene y presionaba intermitentemente. Lo sacaba casi todo y se contoneaba realizando un masaje delicioso sobre mi sexo. Después de unos minutos sujetándome la eyaculación, empezó a tocarse ella mismo el clítoris hasta alcanzar unos delirios que la producían jadeos y suspiros profundos. No aguanté más y se lo dije. Creí lanzar al espacio infinito toneladas de leche; extraer de lo más profundo nuevas oleadas que se descargaban acompañadas de unos sonidos guturales asfixiantes. Al final de mi corrida, ella tuvo su orgasmo. Largo, dulce, intenso, agitado y alocado. Nos quedamos quietos un par de minutos hasta que la erección bajó tanto que mi picha, por sí sola, abandonó aquella vagina juvenil tan deliciosa.

Recogimos las prendas y salimos. Las dejamos sobre una mesa en donde habían más ropas abandonadas. Yo fui a la caja a devolver la blusa de mi esposa. Ella se cogió del brazo de una amiga y salieron a la calle.

Le expliqué a mi esposa lo sucedido.

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Perdiendo la virginidad

Cuando tenía 17 años me agarraba unas calenturas tremendas con mi novio Pedro. Íbamos a bailar y a refregarnos, nos franeleábamos y de vuelta a casa, sola en mi habitación y haciendo esfuerzos por no gemir, me hacia unas pajas bárbaras. Mis amigas hacían otro tanto, ya que algunas ya habían cogido y contaban las maravillas del sexo, pero la mayoría teníamos un miedo horroroso a quedar embarazadas.

Un día, por una de esas casualidades, nos quedamos mi amiga Brenda y yo en casa solas, sabiendo que mis padres no vendrían hasta la noche. Habíamos quedado en salir con nuestros novios, los cuales vinieron a buscarnos. Me entretuve un rato hablando con Pedro y Brenda y su amiguito se trenzaron en el sofá. Pedro me arrincono en el comedor y comenzamos a calentarnos. Me pidió que subiéramos a mi cuarto, prometiéndome que no pasaría nada. Decidí que si, que era la hora de la gran paja mutua, sabia que no pasaría nada que yo no quisiera. Tenia ganas de verlo acabar en mi mano. Le dije a Pedro que si iríamos a mi cuarto, bajo la promesa que no hiciera nada que yo no quisiera, él acepto y subimos la escalera. Pero ni bien llegamos a mi cuarto, él me tiro en la cama y me quiso coger. Le dije que no porque tenia miedo de quedar embarazada. Intento convencerme, pero no pudo. En cambio de eso empezamos a besarnos y a tocarnos apasionadamente. Me deje sacar la bombacha, a condición de que él sacara su pija afuera. Estando los dos desnudos me la quiso meter y para evitarlo me di vuelta. Me la metió entre las nalgas, pegándose a mí de costado. Yo saque la cola para atrás para permitirle que encajara bien. Le pedí que acabara ahí, medio entre mis nalgas, medio entre mis muslos. Se acomodo bien y comenzó a moverse. Entre la lubricación que le salía a él y yo, que estaba empapada, la sentía moverse sin problemas.

Me alegre de que por fin sentiría la leche de Pedro sobre mi piel, así que me relaje por completo y me empecé a sobar el clítoris. Me vino enseguida, casi tan rápido como a él. Los dos nos olvidamos del mundo mientras estábamos acabando y sin darnos cuenta se le corrió la pija entre mis muslos y de atrás me entro en la vagina como un tubo. Sentí un pequeño dolor, pero como estaba acabando no me importó. Cuando volvimos a la realidad nos dimos cuenta que yo ya no era virgen y que habíamos cogido.

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Cinco amigas zorras

Somos un grupo de cinco buenas amigas. No nos une nada más que una buena amistad, porque ni tenemos todas el mismo trabajo, ni vivimos en el mismo barrio, ni somos de la misma edad… Amigas que nos reunimos de vez en cuando para tomar café y charlar, o simplemente para dar una vuelta.

Una tarde de sábado, tras realizar unas compras, nos detuvimos las cinco a tomar un café. Alicia y Belinda estaban más animadas de lo habitual, y aunque en ellas era normal hablar de sexo y de hombres, esa tarde estaban especialmente salidas. Las demás no les íbamos a la zaga. Alicia llamó nuestra atención sobre el paquete del camarero diciendo algo así: “menuda polla ha de guardar ese semental bajo la bragueta” Hicimos ademán de escandalizarnos, pero todas reímos su ocurrencia. Belinda continuó: “Yo creo que lo que guarda no tiene porqué ser todo polla, sino unos testículos con mucho merengue acumulado”. Continuamos riendo como locas, incluso creo que el guapo camarero se dio cuenta que la cosa iba con él.

Roberta, otra de las amigas, muy científica y racional siempre ella, sacó el tema de que a unos testículos, por mucho que lleven sin vaciarse, no se les nota en el tamaño. Así surgió un debate acalorado en el que unas decían que sí y otras que no; unas decían que daba igual que un hombre llevase mucho o poco tiempo sin eyacular porque eso no influía en la cantidad de semen expulsado, otras opinaban lo contrario. Unas decían que todos los hombres eyaculaban más o menos la misma cantidad y otras opinaban lo contrario; por ejemplo yo.

Se quedaron mirándome, pidiéndome una explicación, que me obligaron a dar: “Mi marido”-dije con timidez. “Tu marido ¿qué?” –inquirieron al unísono. Finalmente expliqué que mi marido podía expulsar en ocasiones eyaculando casi un cuarto de litro de semen. Rieron. Belinda dijo que eso sólo lo podían hacer los elefantes. Mi mirada confiada y enigmática les obligó a preguntarse si aquello era cierto, lo que sólo era posible averiguar viéndolo. Sí mi marido era partidario y nadie más se enteraba de aquello lo verían al cabo de dos semanas, tiempo e el que mi marido cargaría las pilas.

Mi marido recibió ufano a mis amigas en casa. Jugueteamos con él, lo pusimos a tono y finalmente nos mostró su verga orgullosa y grande. Mis amigas querían ver el milagro y mi esposo tan sólo exigió una cosa: vernos a todas desnudas y eyacular sobre nosotras. Aceptamos y él nos explicó su idea. Nos abrazaríamos nosotras en corro al pie de la escalera; él desde arriba se masturbaría contemplándonos hasta correrse sobre nosotras.

El manantial de vida, la lluvia de esperma caída sobre nuestros rostros y cuerpos no parecía cesar. Éramos como diosas recibiendo la bendición de Zeus, que desde el monte Olimpo gemía extasiado mientras regaba la carne.

Desde entonces mis amigas demandan bañarse bajo la fuente cada fin de semana. El dios eyaculador no me pertenece a mí sola.

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Flor de puta mi amiga

Parecía una perdida de tiempo… Si, eso es… una total y completa perdida de tiempo. No estaba hecho para aquello. No debí dejarme convencer tan fácilmente por el cabrón de Paco.

Sabía de las andanzas de mi compañero de oficina, aunque en honor a la verdad, siempre pensé que faroleaba más de la cuenta…. Vamos que se comía una y contaba veinte, como en el parchís. Pero parecía que mis impresiones eran equivocadas, a juzgar por la familiaridad con la que se desenvolvía en aquél tugurio el muy golfo. Más de una chica le llamó directamente por su nombre…. Bueno, en realidad le llamaban “Paquito”, supongo que por su baja estatura, o por su cara jovial, a pesar de que rondaba la cuarentena larga. Parecía el típico españolito de los 60-70, bajito, regordete y mujeriego…. ¡Coño! si hasta se traía un aire a Fernando Esteso.

Yo por mi parte me llamo Juan, soy algo más delgado que Paco, aunque ya no mucho, los años y el matrimonio me han engordado más de la cuenta. No soy ni alto, ni bajo. Ni guapo, ni feo y como dice Sabina ni más larga ni corta que cualquiera. También cuarentón, estoy en pleno proceso de divorcio, bueno, en realidad lo estaba en ese momento, ahora ya es definitivo. Además os contaré un pequeño secreto que jamás confesaría a mis amigos o familiares: Fue ella quien me dejó…. Decía que ya no se divertida conmigo y que estaba cansada de la rutina….Sin comentarios…. Bueno solo uno: ¡Que le den por culo, que lo tiene bien grande!…. Total que allí estaba yo, que jamás se me había pasado por la cabeza irme de putas, en aquel lugar, con el compañero de oficina que más detestaba ( y son unos cuantos) mirando el género, apoyado en la barra, con un gin-tonic en la diestra (el quinto o sexto, no sé) un cigarro en la zurda y una cara de panoli que tiraba de espaldas. El porqué estaba yo allí en realidad, es un misterio hasta para mí. Supongo que el hecho de que mi mujer me hubiera dicho esa mañana que había conocido a alguien influyó algo, claro. Luego los deseos de venganza y el hijoputa de Paco hicieron el resto.

El lugar era más o menos como uno se imagina que son esos sitios…. Bueno, algo más cutre. Poca luz blanca, mucha de colorines, espejos, barra de striptease, putas…vamos, lo normal. Había algunos grupos de hombres en algunas mesas y algún que otro tipo solitario en la barra del bar. Las golfas iban y venían de un grupo a otro intentado convencer a algún cliente para que subiera a las habitaciones. Y poco más.

El caso es que allí estaba, y aunque no estaba nada convencido de lo que iba a hacer, me temía que no podía escapar. Habíamos venido en el coche de Paco y estábamos a unos 30 kilómetros de mi cuidad… En realidad aquello estaba perdido de la civilización, metido en medio de huertos y caminos rurales, a unos cuantos kilómetros de la salida de autovía en que nos desviamos.

“Tranquilo tío, que vas conmigo” me había dicho el muy cabrón, pero a la que me di cuenta, salió detrás de una pedazo de negra, que le sacaba dos palmos y que tenia las tetas del tamaño de dos sandias que se salían literalmente del sujetador blanco que llevaba por única prenda superior, dejando ver, o entrever, unos enormes y oscuros pezones. Trate de seguirle con la vista, esperando que la cosa no fuera a mayores y volviera conmigo, pero que va, el capullo me dejo tirado y desapareció escaleras arriba con la mulata bien agarrada por la cintura.

Y ahí estaba yo, solito, bebido y triste… y aunque en ese momento no lo sabía, o no quería saberlo, mi tristeza estaba producida más por mi patética situación que por que mi mujer quisiera divorciarse, que mirándolo bien, era lo mejor para los dos. El caso es que, influenciado obviamente, por las copas de más que llevaba encima, empecé a llorar como un patético borracho de mierda…. Y aunque la pequeña parte que de mi cerebro que quedaba lúcida estaba totalmente horrorizada por el espectáculo tan lamentable que estaba dando, no pudo controlar al resto que estaba totalmente ido. Y ahí seguí un rato, compadeciéndome a mi mismo, hasta que se pasó el bache y pude levantar la vista de la barra y comprobar que la gente me miraba de reojo… bueno, lo de reojo es un decir, porque algunos se estaban descojonando de risa a mi costa. Las fulanas, que incomprensiblemente (o sabiamente) no me habían perturbado en esos delicados momentos, empezaban a mirarme, dedicándome sonrisas entre pícaras y misericordiosas. Y yo, que no sabía muy bien lo que hacer, hice lo único medianamente sensato que podía hacer… ir a mear. Por lo menos así podría despejarme la cabeza sin sentir los ojos de la gente mirando.

Pensar pude pensar, pero no despejarme la cabeza. El olor a mierda, orín, sexo y putrefacción era intenso, más que olerlo, se masticaba. La puerta del baño estaba marcada por aquellos que querían dejar huella de su paso en tan honorable lugar. Y el espejo estaba rajado por la mitad, haciendo que el reflejo de mi imagen fuera doble… de ridícula.

Pero el caso es que ahí estaba, y allí debía quedarme. Por lo menos hasta que Paco terminara con la morena. Así que me recompuse lo mejor que pude, me lavé la cara y salí de nuevo hacía la barra. Dispuesto no sé muy bien a que, pero tratando de mantener la poca dignidad que aun me quedaba.

Entonces apareció ella, o mejor dicho, entonces la vi, porque supongo que había estado por allí todo el rato, o arriba. El caso es que me senté a su lado en la barra. No sonaron violines, ni oí campanillas ni nada de eso, en realidad su apariencia no era nada del otro mundo si la comparabas con alguna de las mujeres que por allí estaban. Pero por alguna razón, me gustó. Tal vez el motivo fuera que no me miraba ni con picardía, ni con pena, sino con una especie de gesto que decía: (y quizás fueran imaginaciones mías) “te comprendo, la vida es una puta mierda y nosotros estamos justo en medio”. La cuestión es que empezamos a charlar y bueno…. En aquel lugar y dedicándose a lo que se dedicaba, pues terminamos en una habitación cutre, con sabanas desechables en la cama y condones en la mesilla de noche.

Me gustaría contar que fue una experiencia increíble, o como dice el gilipollas ese “una experiencia religiosa”, y que nos enamoramos y que la saqué de allí… y todas esas chorradas que se cuentan en los relatos, pero la verdad es que no fue así, y después de aquella noche no volví por allí, ni tampoco la he vuelto a ver. Y si cuento todo esto es simplemente por que de vez en cuando me viene a la memoria la cara de la chica, sus ojos, verdes, brillantes e inteligentes, y la maldita sensación de que aquella puta de club nocturno me comprendía mejor que toda la gente que me conoce de siempre y a la que supuestamente importo algo. Y que de alguna manera, como dice la canción de Amaral, ambos estamos solos en medio de un montón de gente.

Así que ella, que supongo sabría o intuía que yo necesitaba evadirme del mundo, decidió tomar toda la iniciativa y sin más preámbulos me hizo sentar en la cama y se arrodillo delante de mí. Mientras desabrochaba mi correa y mis pantalones me miraba a la cara, con aquellos ojos, sin decir nada… en realidad había muy poco que decir… y acto seguido acerco su rostro sobre mi entrepierna y comenzó a chuparme la polla. Tardo un poco en endurecerla, el alcohol hace estragos a mi edad, pero luego mi miembro respondió poniéndose tieso y duro como una vara. Ella que tenía el pelo castaño claro y la tez pálida propia de la gente del norte de Europa (Rusa o quizás Polaca o que sé yo) se alejo de mi polla para desprenderse del sujetador que llevaba, dejando a mi vista dos pequeños y blancos pechos coronados por dos aureolas acordes al tamaño de la teta y que apenas se distinguían del resto de la piel por una pequeña tonalidad marrón muy, muy clarita. Luego volvió a lamer y chupar mi pene, acompañando esta vez a su boca con la mano que me masturbaba rítmicamente, mientras yo me desprendía de la camisa.

Una vez libre de la camisa, toqué con mis manos por primera vez a la chica, puse mis manos sobre su cabeza, para acompañar los movimientos que hacia sobre mi polla… Así estuvimos un buen rato, hasta que ya mi cuerpo comenzaba a reaccionar y comenzó a subirme por el vientre ese cosquilleo previo a la eyaculación. Traté de separarla de mí para evitar correrme pero ella no quiso y siguió mamando hasta que ya no pude más y soltando un gemido llené su boca y sus labios de semen. Y la verdad, pensé que eso sería todo, pero la chica, no paró de masturbarme y chuparme la polla y consiguió ponerla en funcionamiento otra vez en un tiempo increíblemente rápido para mí.

Después de eso, se levanto, se limpio los labios con un pañuelo de papel y se quitó la minúscula falda y el tanga… tenía el sexo depilado. Su cuerpo no era voluptuoso pero si proporcionado, femenino, sensual. Su cuello era largo y fino y sus caderas se estrechaban de forma increíble dejando paso luego a un perfecto y respingón culo.

Calculo que tendría unos veintipocos años, o eso aparentaba su cuerpo. Sus ojos en cambio parecían mayores, más maduros, más vividos quizás. Todo su rostro en realidad me parecía tener una enorme capacidad de comprensión a pesar de su evidente juventud. Sus manos en cambio parecían los de una adolescente, pequeñas palmas y largos y finos dedos. Toda su piel era suave y lisa y no se le veían manchas ni lunares, tampoco estaba tatuada, y esa pureza me gustó. Se echó sobre la cama y yo me puse entre sus piernas de rodillas e inclinándome un poco, alcancé sus pechos con mi boca, comenzando a lamer aquel pequeño pezón que no sé si por excitación o por frío estaba ya duro como una piedra. Al poco, mi polla rozo involuntariamente su coño haciendo que mi polla endureciera más aun. Y ya no hubo más preámbulos. Comencé a follarla. Ella rodeo mi cuerpo con sus piernas y puso una mano en mi hombro y otra sobre mi cadera y así follamos mirándonos a la cara, a los ojos. Sin hablar, sin decir guarradas ni estupideces, tan sólo sintiéndonos el uno al otro. Tan sólo algún pequeño gemido o respiración entrecortada cortaban el silencio entre los dos.

Cada vez más rápida y frenéticamente seguí bombeando con ahínco casi juvenil a la chica, que ya comenzaba a arquear su cuerpo y acelerar la respiración, sintiendo seguramente un orgasmo. Sensación que hizo que mi excitación aumentara de forma insoportable, no pudiendo contenerme más y explotando en una corrida intensa y profunda.

Eso fue todo. Después de eso, caí exhausto en la cama durante unos minutos. Tiempo que ella aprovechó para limpiarse y vestirse. Luego se disponía a irse cuando a punto de salir de la habitación se volvió hacia mí, me miró por ultima vez y musitó un: “Hasta luego” y desapareció tras la puerta, sin darme casi ni tiempo a decirle un “Adiós” que creo que no pudo oír y que quedó flotando por la estancia.

Y es esa última mirada, la que me viene aún hoy después de tantos meses a la mente. Esos ojos, resignados a su suerte, que parecían comprender lo triste, solo y jodídamente desesperado que puede llegar a estar alguien como yo… y como ella.

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